Una Bocanada a la Vez

Hay placeres que no se pueden apresurar.

Vivimos en una época donde todo parece medirse en velocidad: respuestas instantáneas, entregas el mismo día, reuniones de treinta minutos y mensajes de voz que escuchamos a doble velocidad.

Sin embargo, hace unos días, en Jamul Casino, tuve la oportunidad de disfrutar algo que pertenece a otra categoría de experiencias: fumar un puro habano mientras brindábamos con un Old Fashioned perfectamente preparado.

No soy una experta en puros, pero sí en apreciar los pequeños lujos que nos recuerdan que la vida también debe saborearse.

Hay algo casi cinematográfico en sostener un buen puro. El ritual comienza mucho antes de encenderlo. Se observa, se huele, se aprecia su construcción. Después llega la primera bocanada, lenta y deliberada. No hay prisa. De hecho, la prisa es el único error posible.

Mientras disfrutaba aquella experiencia, pensé que fumar un puro sofisticadamente se parece mucho a construir una buena vida.

Nadie fuma un habano en cinco minutos. Si lo hiciera, perdería toda la experiencia. Lo mismo ocurre con nuestros sueños, nuestras carreras, nuestras amistades e incluso nuestros amores. Queremos resultados inmediatos, pero las mejores cosas requieren tiempo, paciencia y atención.

Un puro bien elaborado pasó años envejeciendo antes de llegar a nuestras manos. Nosotros también somos el resultado de nuestros propios procesos. Las decepciones, los éxitos, las pérdidas y los aprendizajes son las capas que nos dan carácter, igual que las hojas de tabaco cuidadosamente seleccionadas que terminan formando una pieza excepcional.

Y luego está el Old Fashioned.

Un cóctel clásico que ha sobrevivido modas, tendencias y generaciones. Mientras lo sostenía en la mano, pensé que la elegancia verdadera tiene mucho que ver con eso: no seguir cada tendencia pasajera, sino encontrar aquello que funciona para nosotros y permanecer fieles a ello.

Hoy se habla mucho de reinventarse constantemente. Pero también hay valor en perfeccionar lo que ya somos.

Quizás por eso me gustó tanto la combinación de un habano y un Old Fashioned. Ambos exigen presencia. Ninguno puede disfrutarse mientras revisamos correos electrónicos o corremos de una cita a otra. Nos obligan a estar aquí, en este momento.

Y qué raro se siente eso en estos tiempos.

A cierta edad, uno descubre que el verdadero lujo no es el precio de las cosas. El verdadero lujo es disponer de tiempo para disfrutarlas. Tiempo para una conversación sin ver el reloj. Tiempo para escuchar una historia completa. Tiempo para contemplar un atardecer. Tiempo para brindar con amigos y celebrar simplemente que seguimos aquí.

Porque al final, la vida no se mide por la cantidad de cosas que acumulamos, sino por la calidad de los momentos que recordamos.

Aquella tarde en Jamul Casino no fue realmente sobre el puro ni sobre el cóctel. Fue sobre la pausa. Sobre el placer de bajar la velocidad por un momento y recordar que algunas experiencias fueron diseñadas para disfrutarse lentamente.

Como un buen habano.

Como una buena conversación.

Como una buena vida.

Y quizás esa sea la mejor lección de todas: no todo lo valioso ocurre rápido. Algunas de las mejores cosas tardan años en construirse, pero cuando finalmente llegan, merecen ser saboreadas sin prisa, una bocanada a la vez.

Gracias Adri, Candy y Rafa por esa tarde donde me reí tanto.

Nos vemos a la próxima.

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