Toda Hongo

Caminaba en la tarde con mi perrita Kiara. Ya había oscurecido. Aunque no era muy tarde (el sol se mete a las 5pm en San Diego), había muy poca luz.

Es muy chistoso como la falta de sol hace que todo a tu alrededor parezca un poco más peligroso.

No se puede ver bien donde pisas, no se sabe con exactitud si hay hoyos ó escalones que puedan hacer que tropieces.

Si no llevas colores claros, los carros no te ven en la oscuridad.

Pero hay un cierto sentir de misterio en lo oscuro. Te salen de repente personas y como en las películas de terror, piensas que es el asesino en serie que andan buscando las autoridades.

No me gusta que se me haga tarde para sacar a la perrita a su caminata vespertina (la de la mañana es a las 7:30am muy rutinaria. Pareciera que sabe la hora porque se pone en la puerta a esperar que le enganche la correa para pasear).

Pero es que el sol se esconde muy temprano en este horario de invierno. ¡A las 5! Eso es prácticamente medio día, sobre todo cuando los niños salen más tarde de la escuela.

El caso es que caminaba muy tranquila, con el pendiente de tener cuidado adicional, sobre todo al cruzar las calles.

No había nadie afuera, quizá era por el viento frío que se podía sentir. Era la única en la calle, muy chistoso. Como si todo el mundo hubiera desaparecido.

En eso, mientras me fijaba donde pisar para no caerme (si me conoces sabes que me caigo todos los días por diferentes motivos ), lo ví.

Allí estaba, en medio de la nada, rodeado de lodo y abono, un hongo.

Solito, paradito y muy fresco.

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En ese momento se me vino a la mente un dicho que desde que yo me acuerdo lo dice mi hermana para todo “Toda hongo” (les traduzco: sola como hongo).

Me dió mucha risa ver el dicho de mi hermana en vivo y a todo color.

“No fue nadie, estaba toda hongo”. “Juega siempre toda hongo”. “No me dejes toda hongo, espera”.

Me seguía riendo al recordar a mi hermana con tan simple dicho pero que pensándola bien, es muy de ella.

Sola como hongo.

Ultimamente siempre ando sola como hongo.

En mi trabajo de bienes raíces estoy en una oficina donde no tengo que ir para nada. Sola como hongo trabajo (al menos que ande con clientes) y no saben como disfruto de no tener compromisos laborales.

En mi vida tengo que solucionar problemas difíciles sola como hongo pero eso me ha hecho madurar y ser más inteligente en mis decisiones. He aprendido que puedo sola y no me da miedo nada.

He ido al cine sola como hongo y no pasa nada. Al contrario, me puedo meter a la pantalla casi entera y en tercera dimensión como si fuera parte de la trama porque no tengo que comentar con nadie nada.

Lo más difícil que he hecho (aunque ya lo hago con mucha naturalidad) es haber ido toda hongo a un restaurant a cenar. No se porque es me hizo difícil. Sería porque la ‘hostess’ del restaurant me preguntó dos veces “Just one?” Pues sí, solo una persona. Y me la pasé muy bien. Sin distracciones pude degustar el vino sugerido del somelier. Pude saborear el aderezo cítrico de mi ensalada kale y casi pude adivinar cada ingrediente que contenía. Fuí una excelente compañía.

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Toda hongo manejo, organizo, me bajo a eventos sociales, visito clientes, escribo este blog.

No se cómo explicarlo pero no me molesta andar sola como hongo. Lo disfruto mucho.

Al igual que el hongo que me encontré, la razón por la que llamaba la atención era por estar allí, sin ningún otro hongo a su alrededor. Resaltaba y hasta creo que brillaba.

Orgulloso portaba su soledad y tenía la libertad de crecer hacia donde le daba la gana.

Esa soledad que tantos temen fue lo que me hizo a mi voltear a verlo. 😉

Creo que eso es lo negativo de andar así por tanto tiempo. Te acostumbras a ser solitario en todo. Te haces fuerte y no dejas que nadie se acerque así por nomás. Te cuidas y es como si fuera un movimiento de auto-protegerte.

Pero luego llega un momento, dentro de tu día loco y lleno de actividades, donde te pasa algo muy padre y volteas hacia tu derecha a comentarlo y… no hay nadie.

Estás viendo algo increíble y quisieras compartirlo con alguien pero en ese momento no hay nadie.

Allí es donde la maravillosa soledad nos recuerda que somos seres sociales, es decir, pertenecemos a una sociedad.

La soledad, cuando duele, nos recuerda que debemos tener un balance en todo…

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Si te sientes solo cuando estás solo, quizás estés en mala compañía. —Jean Paul Sartre

No es malo andar toda hongo..

Lo malo es creer que somos hongos.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

 

¿Demasiado amable?

Dicen los psicólogos que uno nunca debe de ser demasiado amable.

Me imagino que a todos ustedes les ha pasado en alguna ocasión de sus vidas. Somos de tal manera en ciertas situaciones que la gente alrededor espera que uno siempre sea igual.

“Ay, tan linda que eres. Siempre tan servicial y amable”.

“Me encanta que siempre puedo contar contigo”

“Eres muy buena gente”.

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Y tal vez sí seas todo eso pero, ¿qué pasa cuando un día contestas de diferente manera, actúas distinto ó dejas de hacer algo por alguien?

La gente se detiene y te voltea a ver con cara de “Orale, ¿y esta que tiene hoy?”

Nosotros como seres humanos tenemos en nuestra naturaleza y primer instinto el ser buenas personas. Yo si creo que uno nace para ser bueno (sin tomar en cuenta la crianza, reglas sociales ni miedos inculcados por las religiones).

Es parte importante del ego el sentirse el “buena onda”, “el que todos quieren”, “wow, tiene muchos amigos”.

No tiene nada de malo ser así, siempre y cuando no dejes que tus intereses y planes sean destruidos para cumplir los deseos de los demás.

He aquí el problema. La mayoría de todos nosotros comenzamos relaciones laborales, de amistad, amorosas echándole todas las ganas para pertenecer, aprender, quedar bien. Nos esforzamos porque estamos acostumbrados a que uno al comenzar cualquier cosa se hace con todas las esperanzas y anhelos de que funcione.

Nos presentamos así, con esa ‘manera de ser’ y que a veces suele ser muy cansada pero pues “vamos empezando bien”.

Pasa el tiempo y todos ya te quieren, las relaciones van bien, te sientes bien y por fin estas donde quieres estar. PERTENECES.

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Pero un día te piden un favor y no lo quieres hacer porque significa sacrificar mucho de ti. Y dices “Hijole, no puedo ayudarte”.

El mundo se detiene y sabes que automáticamente “la buena persona” que eras para todos ya queda en el pasado.

¿Les ha pasado?

Estoy casi segura de que sí. En algún momento de sus vidas han dicho NO y han ‘lastimado’ a personas que tenían la seguridad que nunca les ibas a fallar.

Pero déjenme decirles que estamos mal en pensar así. No le hemos fallado a nadie. No es nuestra culpa las expectativas que la demás gente se haga de ti. No podemos agradarle a todo el mundo. Es imposible lograrlo debido a que todos somos diferentes, tenemos criterios diferentes y esperamos cosas diferentes.

Uno no falla al decir NO. Es una respuesta válida a cualquier pregunta que nos hagan. Aunque siempre hayamos dicho que SI a la misma pregunta, puede llegar el día en que la respuesta sea NO y no estaremos haciendo algo malo.

Las razones por las que a veces nos hacemos de la fama de ser DEMASIADO AMABLES son:

  • Culpa. Por sentirnos culpables de no tener el tiempo para hacer algunas cosas con ciertas personas, nos adueñamos de sus responsabilidades y de sus pendientes para resolverlos y así ‘pagar’ nuestra ausencia.
  • Chantajes. Tenemos que tener cuidado de cuando las personas que nos rodean se aprovechan de que somos buena onda y comienza el chantaje. A veces lo disfrazan tan bien que no lo vemos. Nos sentimos mal cuando vemos que no haremos algo por alguien y nos chantajean. No estoy diciendo que seamos unos desconsiderados pero hay un balance.
  • Inseguridad. Como lo dije anteriormente, cuando uno es nuevo en cualquier círculo social, relación, lugar, estamos vulnerables a lo desconocido y somos inseguros. No conocemos a las personas, el trabajo, la ciudad y por lo tanto sabemos que siendo muy amables vamos a caer bien y ‘encajar’. NO es hipocresía, sino más bien un mecanismo de defensa automático. Son muy pocos los que conozco que llegan con ‘la espada desenvainada” a un lugar totalmente desconocido.
  • Miedo al rechazo. Aunque va ligado con la inseguridad, lo que menos queremos es que nos rechacen por ser “muy fea persona”. No queremos que nos dejen de invitar a lugares, no queremos que el jefe no nos considere para puestos claves dentro de la empresa, no queremos que nuestro interés romántico nos deje de hablar.

Es importantísimo poner primero nuestros intereses propios. (Jajajaja, como si fuera tan fácil ¿verdad?)

Lo único cierto que he aprendido, tanto por experiencia propia como por leer en ensayos de psicología, es que la persona que siempre es DEMASIADO AMABLE es la persona que más sufre y necesita empatía y un abrazo.

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Es contraproducente ser siempre buena persona. Lo he aprendido a lo largo de mi vida. No debes “mal criar” a los padres, hijos, pareja, amigos, jefe, compañeros de trabajo y los clientes. Los ‘echas a perder’ si siempre eres demasiado amable porque se llega el día en que tienes que decirles:

  • “Epale, esperen”
  • “Esto no me gusta”
  • “Esto no va con lo que yo quiero”
  • “Así no”
  • “No puedo”
  • “No lo voy a hacer”
  • “No he cambiado, siempre he querido lo mismo”

Siempre he querido lo mismo…pero nadie me había preguntado que era lo que YO quería.

Sí, seamos amables.

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Pero no seamos DEMASIADO AMABLES.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

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Eres Romántica

Mariana despertaba ese día temprano. Tallaba sus ojos debido a la alergia que le provocaban las cobijas pero cada vez le daba más frío en la noche.

Se levantaba de manera lenta. Primero un pié, despues el otro. Respiraba y veía el suelo de madera de su recámara.

Hoy era su cumpleaños número 80.

“¡Aaah!”, exclamaba al levantarse.

A pesar de sus múltiples cirugías a sus rodillas, todavía el levantarse de la cama le molestaba.

Mariana se veía en el espejo. Su piel blanca pero sin brillo. Las manchas de la piel a pesar de haber usado bloqueador toda su vida y las arruguitas de sus ojos por haber reído a carcajadas en su juventud.

Sus canas con algunos mechones rosas (sus nietos la habían llevado a pintarse sus canas blancas de colores un día en el verano y la verdad ya no había tenido ganas de retocarse).

Las manos igualitas a las de su madre y su abuela. Con pecas por la edad pero eso sí, con las uñas perfectamente manicuradas con esmaltes serenos de tonos rojizos.

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En un rato comenzarían a llegar todos los de la familia para pasar el día con ella por su cumpleaños.

Se escuchaban los ruidos de Ely en la cocina, la señora que le ayudaba a Mariana desde hace décadas. Ely tambien ya estaba grande pero todavía era una señora fuerte que iba todos los días a tomar café con ella, ayudarle con los quehaceres de la casa y sobre todo el jardín tan grande que tenía.

“¡Señora hermosa, felicidades!”, le decía Ely a Mariana mientras le servía un café en una taza blanca.

“¡Ay Ely! 80 años. ¿Tú crees?”, decía emocionada Mariana.

Ely comenzaba a sacar unos cortes de carne del congelador para que cuando llegaran todos estuvieran listos para el asador.

Mariana estaba en la mesa, saboreando como cada mañana su café con crema deslactosada pero sin azúcar. Nunca lo había podido tomar negro.

“Señora, ¿qué tanto piensa?”, decía Ely. Se limpiaba las manos en un trapo que traía amarrado del cinto de su falda.

“Tantas cosas mi Ely. No puedo entender cómo es que cumplo 80 y todavía me siento de 20. La vida se me ha ido y no sé si haya cumplido mi misión en este mundo”, le contestaba Mariana.

Ely se le quedaba viendo a Mariana. Era una mirada de cariño, de amistad de tantos años y sobre todo de lealtad porque Mariana había sido más que una patrona. Era familia.

“Pues qué bueno que todavía no cumple su misión Señora Mariana. Quiere decir que le queda más tiempo en este mundo”, sonreía Ely.

“Señora Mariana, ¿recuerda toda su vida?”, le decía en tono de broma Ely.

“Fíjate que sí Ely. Recuerdo absolutamente cada uno de mis 80 años, y de manera muy clara. O al menos eso creo. Lo recuerdo todo”, sonreía.

“¡Ay señora! ¿A poco recuerda su primer beso?”, preguntaba Ely levantando sus cejas como emocionada.

Mariana sonreía mientras el café caliente tocaba suavemente su boca.

“Mi primer beso. Sí. Mi primer beso me lo dió Gilberto”.

“Eres Romántica Mariana… ay, perdón. Es usted romántica señora”, tuteaba y se arrepentía Ely.

Ely no podía platicar con Mariana de manera casual, tuteando. Tenía que hacerlo con un respeto y hablarle de usted aunque muchas veces Mariana le había pedido que se dejara de formalidades.

“Sí Ely. Siempre he sido muy romántica. Me gusta la sensualidad, he disfrutado de mi sexualidad y me ha metido en problemas eso también”, reía al platicarlo Mariana.

“Pero platíqueme más de su primer beso Señora, ándele”, se sentaba Ely frente a Mariana en la mesa para ponerle toda la atención que la historia requería.

“Estaba en un baile con los amigos del colegio. Mi madre me había dado permiso de ir con la condición de que Gilberto no iría. Verás, ella no aprobaba de él porque era un niño que tenía fama de no estudiar ni hacer nada de provecho. Tú conociste a mi mamá Ely y sabes cómo era”, se levantaba Mariana por más café.

Ely ya se había servido un poco de té para seguir con la atención a la anécdota.

“El baile era formal, ibamos todos con nuestros mejores vestidos y trajes. Antes bailábamos sólo con el niño que te sacaba a bailar, no como ahora que bailan todos solos y todos contra todos. Antes no. Tenías que esperar a que te sacaran a bailar. Mis amigas todas estaban bailando pero yo no. Me la pasaba volteando hacia la puerta para ver si llegaba. Mis amigas me hacían señas de que Tony quería sacarme a bailar pero yo esquivaba la mirada y me hacía la que caminaba hacia otro lugar. Lo estaba esperando pero no llegaba.”, continuaba Mariana mientras Ely estaba con la boca abierta.

“Caminé hacia la mesa donde servían agua y algunos bocadillos. Había tambien unas aguas frescas y tomé un poco de limonada. En eso siento que me tocan el hombro derecho. Volteo y es él. Gilberto.”

“¡Me muero!”, exclamaba Ely.

“¡Jajaja! Por eso tienen éxito las novelas Ely. Por gente como tú. Pero sí, había llegado Gilberto. Alto, peinadito y bien vestido. Las niñas de todo el salón de baile lo veían, lo deseaban a pesar de ser el chico malo. Yo sentía que moría de emoción Ely. Mi mamá me hubiera matado si supiera que estaba con él.”

“¿y qué más?”, insistía Ely.

“Me sacó a bailar con la de Bésame Mucho. Yo no sabía ni donde poner las manos Ely ni mucho menos sabía si las piernas me obedecerían. Estaba muy nerviosa pero el sabía como abrazarme y llevarme con la música. Me veía con esos ojos oscuros tan llenos de misterio y yo flotaba. La canción casi terminaba cuando me pide que cierre los ojos para sentir la música. Ingenuamente los cerré y sentí como tocaba su boca suavemente mis labios”, Mariana tocaba su boca con su mano.

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Los ojos de Mariana se llenaban de lágrimas de nostalgia y Ely la acompañaba en sus recuerdos.

“¡Ay señora que lindo es recordar! Pero ¿Cuál fué su último beso?”, preguntaba Ely para ver si Mariana le contaba otra historia.

“Ely, mi último beso todavía no me lo han dado”, sonreía Mariana.

“¡Ahhh que señora tan tremenda!” reía Ely mientras se levantaba para seguir alistando todo.

En eso se escuchan unos carros llegar y Mariana se asomaba por la ventana.

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Comenzaban a llegar todos a festejar su día.

Desde que comencé a compartir estos blogs donde escribo acerca del personaje ficticio Mariana Eres, una personita que leía semanalmente mi blog me dijo “Yo soy Mariana y además me llamo Mariana así que esas historias las voy a vivir como propias, pero un día quiero platicarte mi historia y la adaptas a tu personaje”.

Ese día no llegó porque Mariana Sánchez Díaz se nos adelantó esta semana. Amiga de la infancia de mi hermana y un ser humano excepcional. Creo que Mariana quería que mi personaje Mariana Eres tuviera un episodio donde le daban un diagnóstico de cáncer ó que podía superar cualquier adversidad como ella.

Mariana, descansa en paz. Voy a extrañar tus comentarios y tus opiniones de lo que escribo. Así que Mariana Eres va por tí, porque eres Mariana. #todossomosmariana

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Indispensable

En uno de los vuelos hacia la boda de la Latosetung (mi amiga Laurelena) con Raúl, se sentó una señora de Mexicali enseguida de mi.

Su nombre era Carolina y viajaba a bucear a Cozumel junto con su marido. Los que me conocen saben que toda la vida hablo hasta con las piedras y este vuelo no iba a ser la excepción.

Contadora como profesión e intentando bucear por hobby platicábamos de Mexicali, su esposo bombero de la CFE en Cerro Prieto me expresaba su frustración con los Aguilas de Mexicali en el béisbol de la Liga del Pacífico.

Compartimos unos Takis que compré a la señorita de Volaris y ellos habían subido hamburguesas del Burger King.

En la plática, Carolina me platicaba de su trabajo y cómo estaba nerviosa de haber dejado tantos días su chamba.

“¿Y si hay un problema y no me pueden contactar?”, me preguntaba.

Y yo, mientras me chupaba los dedos por el chilito de los Takis le decía, “Supongamos que si te localizan. ¿Qué puedes hacer a 4000 kilómetros de distancia? Más un ferry.”

“Pues sí, ¿verdad?”, me contestaba mientras mordía su Whopper del Burger King. (que se me antojó mucho).

Me tomaba mi agua y sentía que le tenía que seguir dando consejos a mi ‘Sweet Caroline’…

“Y ¿te digo algo?”, continuaba sin que nadie me pidiera hablar, “Uno siempre piensa que ser indispensable en un trabajo es seguridad de que siempre nos van a necesitar. Lo que aprendí un día fue que si en mi trabajo nadie más puede hacer lo que yo hago, me hace estancarme allí para siempre”.

“Pues eso es bueno, ¿qué no? Ser indispensable para que uno siempre tenga trabajo”, mientras le ponía ketchup a sus papitas fritas.

“Eso pensaba yo tambien”, le explicaba. “Pero un día aprendí mi lección. En una empresa donde trabajaba se había abierto un puesto a nivel gerencial. Mi jefe americano me habla y me dice que si quién de mis asistentes puede subir a ese nivel. Despues de analizarlo sugerí que Laurita era la más preparada aunque eso significara que mi departamento iba a sufir una pérdida por lo eficiente que ella era en lo que hacía”.

“¿Y entonces?”, me preguntaba Carolina ya muy atenta a lo que le decía.

“Pues que mis jefes superiores no quisieron hacer ningún cambio con ella. Era ‘indispensable’ para mi departamento y que mejor escogerían a alguien que no lo fuera”, le dije mientras me abrochaba de nuevo el cinturón del avión porque había un poco de turbulencia.

Carolina se quedó pensativa. Yo tambien me quedé pensativa porque eso era algo que había aprendido ese día. No es bueno ser indispensable. En realidad nadie lo es del todo. Pero tambien ser indispensable, mientras te asegura tu lugar en una empresa, tambien te limita a que te consideren para superarte.

Ahora bien, uno como madre se siente muy indispensable con los hijos, tengan la edad que tengan. Es una costumbre rara de pensar que sin nosotras el mundo de ellos se derrumba, ó se mueren de hambre.

Como mamá es difícil dejar todo en órden para que tus hijos sigan sus vidas como si estuvieras allí. Es coordinar desde antes invitaciones a comer, raites, dejarles dinero, pendientes resueltos.

Pero no somos indispensables. Lo pude comprobar. Por primera vez en mucho tiempo me sentí avanzando en una libertad deseada.

No soy INDISPENSABLE y no saben el gusto que me da.

INDISPENSABLE era faltar a la boda de mi amiga Laurelena y de Raúl. No podía haber excusa alguna que fuera válida.

Gracias a que soy NO INDISPENSABLE pude disfrutar de lo siguiente:

  1. Viajar con la Silvia M. como si fueramos THELMA & LOUISE
  2. Escuchar el inglés de los pilotos de Volaris
  3. Ver millones de personas en el AICM que pudieran ser los dopplegangers de todos mis conocidos.
  4. Probar la sopa de tortilla (sopa azteca) más rica del mundo en un restaurant llamado FOGONCITO.
  5. Viajar en Premium todos los vuelos por el increíble precio de $2000 pesos redondo Mexicali-Cancún.
  6. Aprender que si te sientas en donde son las salidas de emergencia (en medio) donde salen los toboganes en caso de una emergencia, como ayudantes somos los últimos pasajeros en salir del avión, antes que los de Volaris. O sea ayudamos a todos salirse. (a la hora de la hora creo que les diría, “ahi se ven” y brincaría)
  7. Sentir el golpecito de humedad al salir del avión.
  8. Tardar horas en encontrar al chofer que pensaba que eramos internacionales.
  9. Pedirle de favor al chofer del taxi rumbo al hotel que si me podía llevar a la farmacia por bloqueador solar y productos para poderme peinar. Y nos lleva a una farmacia local que tenía absolutamente todo.
  10. Llegar al hotel y que el guardia del estacionamiento no nos deje pasar porque no estamos registradas.
  11. La cena en el restaurant Ritratto D’Italia del hotel. Deliciosa.
  12. La botella de Barbera Sto Tomás 2015 (que no estaba incluída pero con todo el gusto la pagamos y la disfrutamos)
  13. Los mapaches en los jardines y en los cuartos del hotel
  14. Desvelarnos en el lobby del hotel con Lidia y Pepe y una plática que sigue pendiente de lo agusto que la pasamos.
  15. Absolut all inclusive
  16. Ver el sol salir del mar y no de montañas.
  17. El café en la terraza del cuarto rodeada de paisaje paradisiaco
  18. La playa caribeña y sus leyendas de piratas
  19. Perdernos el desayuno y conocer a Roberto, el mesero de uno de los restaurants que viene al Valle de Guadalupe a recorrer viñedos. (tambien le hicimos plática)
  20. Intentar peinar mi trasquilado cabello
  21. Pagar $150 pesos al taxi por llevarnos a donde sería la boda y que los Velez llegaran por la playa gratis
  22. Madrugar al evento y sentarnos en una salita de la entrada donde veíamos pasar a todos por detras de las puertas de cristal.
  23. Saludar a tanta gente conocida
  24. Ver a la novia espectacular (la felicidad es el mejor accesorio, no cabe duda)
  25. Participar en la celebración maya
  26. Dudar de lo que el humo del chamán contenía (como que todos nos pusimos muy contentos)
  27. Quitarnos los zapatos para ir a la playa a seguir la ceremonia con el miedo de que los zapatos no volvieran a quedar bien (todo bien, jejeje)
  28. La hamaca y las fotos
  29. Ver en acción a uno de los mejores fotógrafos que conozco (Jose Arce, @Josejacobo en Instagram)
  30. El baile de los novios y la lloradera de todos emocionados (Otras Vidas con Carlos Rivera) ♪No se si yo te encontré, ó si me encontraste tú♫
  31. El buffet yucateco, Sopa de Lima, Panuchos, Empanadas de Queso, Pescado en Achiote, Cochinita Pibil, Frijoles Negros, Arroz Blanco… me enchilé con una salsa verde que pensé que era guacamole y pues era puro chile.
  32. La Mesa 10 (Juan, Laura, Silvia, Lydia, Pepe, Grace, Efraín, Zuta, Karla, Gaby, Rury, Natalia, Lauro, el Mesero Ariel y yo)
  33. El Tempranillo de Santo Tomás
  34. El DJ que ponía todas las canciones que le pedimos.
  35. El vlog de las Cuarentonas y Felices de Normita Escandón
  36. La influencer GRACE y sus fotos maravillosas
  37. La familia del novio (el papá, la mamá hermosa, los hijos, Juan Carlos y Erika y Mara guapísima)
  38. Lo blanco de nuestras ropas vs  la nutela de las Marquesitas
  39. La madre de la novia (beautiful mother of the bride tia!) las hijas Arantxa y Mariana y los hermanos de la Novia Paulina y JoséLauro… un gusto verlos, así como a toda la familia.
  40. El atardecer en el mar sin ver como se metía el sol
  41. El brindis del padrino Victor.
  42. El agradecimiento del novio (sigo llorando)
  43. El agradecimiento de la novia
  44. Mis etapas juntas (faltó el Tuti)
  45. El cafecito CONTENTILLO (Letty, Erika, Ale, Gabriela, Norma, Carmen, Vero, Edith, Karla) sus amigas de toda la vida.
  46. Los bailables de la Laurita y Karla
  47. Lydia y sus bailes de la porra del Salva
  48. Natalia y la letra de todas las canciones
  49. Los bailes de Menudo, Caballo Dorado, Vaselina, Timbiriche (cuidándonos la ciática, los dolores de espalda y la presión arterial… y otros achaques de cuarentonas)
  50. Sobrevivir 12 horas de fiesta
  51. La hora extra de música cortesía del hermano del novio
  52. Los celulares extraviados
  53. Las flores que repartía Lucio
  54. Bailar descalza mientras Laurita movía el abanico estilo Locomía
  55. Las hamburguesas a las 4:30am en el restaurant Route66
  56. La cama deliciosa del hotel
  57. El café con Pepe Arce
  58. Despedirnos de los Cachanillas
  59. Mi voz norteña que asustaba al del Taxi
  60. Las 60 horas de felicidad que viví

Gracias por invitarme a otro evento importante de tu vida Laurelena…

Me encantó dejarte hasta la otra punta del país de la mano de el hombre que era para tí…

Los quiero.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

El Corte

Siempre que me corto el cabello lloro. Lloro de verdad, con lágrimas y todo. Aunque me haya gustado como quedó, se me hace un nudo en la garganta y lloro.

No se psicológicamente que signifique.

Me fuí a “dar una cortadita” a mi melena para estar lista para mi viaje a Cancun próximamente.

Por estar ocupada no puse atención a lo que estaba diciendo ni haciendo la americana que me estaba cortando el pelo.

Creo que me preguntó si me cortaba todo lo maltratado ó algo así, a lo cual le dije que sí.

Cuando por fin voltié a ver el espejo, la mitad de mi cabello estaba recortado con navaja. NO con tijera normal, sino navajeado y grafilado.

La última vez que me hicieron esto fue en los 90s y me dió mucho trabajo peinarme por lo cual juré nunca volver a hacerlo.

No fué mi decisión pero permití que sucediera porque confié.

Yo se que es una tontería pero siempre me pasa igual.

Me ví en el espejo y la gringa me decía toda contenta en inglés, “¿te gusta tu nuevo look?”

Nomás sonreía mientras veía el espejo, con el nudo en la garganta.

Pagué, no sin antes comprar productos para el cabello.

Me subí al carro y lloré.

Lloré mucho.

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Era lo que necesitaba.

Me sequé los ojos como niña, con la blusa sin importar que mi maquillaje se corriera.

Tenía que manejar y la verdad mi vista estaba un poco nublada. Manejé mucho ese día. Me hizo pensar en porque andaba tan sensible.

¿La edad?

¿Las hormonas?

¿Porqué había llorado tanto ese día?

Creo que tengo un talento para llorar. Con sólo tratar de llorar lo logro. Como si fuera una actriz dramática. Sí hubiera sido muy buena actriz. La verdad.

Me sentía en calma y al pasar mis dedos sobre mi cabellera la podía sentir tan suave, tan sana, sin resequedad ni puntas maltratadas.

Y fue cuando entendí.

Tengo muchos años que quiero lograr tener mi cabello largo pero llega el momento en que está tan maltratado que tengo que cortarlo. Y siempre es la misma historia.

Para que “crezca sano” uno debe cortarlo.

Lo mismo me ha pasado con gente en mi camino, con situaciones tanto personales como de trabajo.

Entonces esta anécdota de como lloro al cortarme el cabello es comparable con el sentir esa pérdida obligatoria de lo querido para poder salir adelante.

¿Cuántas veces hemos tenido que sacrificar algo para mejorar nuestra situación?

Hemos tenido que ‘cortarlo’ para poder progresar.

En lo personal siento que me la vivo “cortando” situaciones para no quedarme en el camino.

Es despedirme de muchas cosas, de mucha gente, de situaciones de trabajo, de situaciones personales que se comienzan a maltratar porque no las puedo a veces cuidar como debe de ser.

Y sé que es lo correcto, sé que es lo que uno debe de hacer para triunfar.

Duele hacerlo, uno se siente egoísta ó que comete un error.

Luego pasan los días y comienzas a sentir que el peso que cargabas con lo que llevabas es menos.

Te liberas de lo maltratado.

Me imagino que muchos de ustedes están pensando, “Wow, si es cierto, que bien”.

Estaba muy orgullosa por el tema hasta que vi un meme en una red social que me vino a contradecir todo lo que he escrito anteriormente.

El meme era lo siguiente:

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Entonces estoy en un dilema.

Volviendo a mi simple tema del cabello, ¿Porqué me desesperé y lo corté en lugar de cuidarlo, darle tratamiento, repararlo con productos buenos? Me dí por vencida y lo fácil fue cortarlo para no complicarme con el peinado en mi próximo viaje.

¿Y si ese meme es verdad?

¿Y si en verdad nos estamos complicando más dejando ir en lugar de arreglar las cosas?

Pasa con los clientes en bienes raíces. A veces a uno le da gana de decirles, “Creo que trabajará mejor con otro agente”. Pero uno no lo hace porque hace todo lo posible por que funcione para poder cobrar una comisión.

Pasa en los matrimonios. A veces los problemas son pequeños y por no arreglarlos a tiempo se van juntando hasta que lo mejor es deshacer la relación.

Pasa en las relaciones amorosas.

Pasa con amistades.

Entonces, mis queridos amigos que me leen, el haber llorado por mi cabello fue porque mi subconsciente se siente cobarde de no haber tenido el valor de cuidarlo más, de peinarlo mejor y de darle los tratamientos adecuados.

¿Qué piensan ustedes?

Por lo pronto les dejo una foto de como quedé.

(Lo bueno es que crece, dicen).

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

Hace 20 años

Para ti, Luisa Fernanda, que cumples años mañana.

Mi niña Luisa Fernanda,

Hace 20 años también me encontraba en San Diego al igual que hoy. Estaba en una cama de hospital con un suero en la mano izquierda, un monitor en mi mano derecha y un cinto que iba midiendo como mi cuerpo se contraía y se relajaba a un ritmo tan perfecto que sólo puede ser obra de Dios.

Exactamente el 7 de Noviembre, a las 11:45pm llegaste a este mundo.

Nunca voy a olvidar el frío que sentí cuando salías de mi cuerpo. Realmente era una parte de mi que se desprendía mediante el corte frío del cordón umbilical.

¡Qué sensación tan rara! Emoción, miedo, confusión, responsabilidad y mucho frío.

Por nueve meses te llevé dentro de mi, horneándote como si fueras un pastelito delicioso y de pronto ya estabas en mis brazos.

Estabas tan pequeñita, rosita y sin ningún cabello. Tu nariz y tu boca tan delineadas que parecían dibujadas y hechas a mano.

Tus pestañas largas y tu cuerpecito que no llenaba la ropita rosa que te había comprado tu papá ese mismo día.

Nos hiciste papás. ¿Sabes lo que es eso? Tú veniste a revolucionar a toda la familia que acababa de perder a tantos seres queridos. Llegaste a traernos luz y esperanza, y aunque te choca que los colores sean de géneros, tú nos pintaste la vida de rosa.

Luisa Fernanda. ¡Qué rápido han pasado estos 20 años!

Te veo cómo vas luchando día a día para lograr tus sueños. Ese carácter tan determinante que nadie hace que cambies de opinión es algo que respeto tanto de ti.

Mi niña, contigo aprendo todos los días a ser mamá y eso puede ser difícil para la primogénita. Te lo digo porque yo también fuí la primera hija y nieta.

Me acuerdo que en todo mi embarazo, no quisimos saber si eras niño ó niña. Y cuando el doctor al recibirte dice, “It is a beautiful girl!”, algo en mí supo que ya nunca jamás estaría sola en el mundo. Una niña. Una preciosa niña que iba a revolucionar mi vida.

Mi niña, qué difícil mundo nos ha tocado vivir juntas, ¿verdad?

Cuando te oigo hablar de tu pasión por la ley y los derechos humanos no puedo dejar de sentirme orgullosa de tí y de cómo ves el mundo.

Tus metas las tienes tan fijas que ahora soy yo la que aprende de tí. Me enseñas lo fuerte que podemos ser las mujeres a pesar de a veces tener obstáculos.

Me has enseñado el significado de luchar y de no vencerte.

Me llenas de orgullo cuando veo que cada día logras metas y te acercas más a cumplir tus sueños.

Sí, soy una mamá muy ‘jodona’ (para los sonorenses no es mala palabra), mal hablada, resongona, regañona, gritona y enfadosa.

Con el tiempo te vas a parecer a mí (aunque te traumes, así será, jajaja. Ley de la vida).

Me encanta la manera que tienes de defender a los que reciben injusticias de la vida ó de la sociedad. Tu amor al prójimo, sin importar de donde vienen, su color de piel, su personalidad ó vida me llenan de orgullo de ser tu mamá.

Hay días en que te veo llorar ó te veo estresada y quisiera tener el poder de quitarte todas tus angustias para que no sufras.

Pero luego veo como las superas y te conviertes en una mujer más fuerte cada vez.

Gracias por mantenerme joven compartiendo tu gusto por la música, por tenerme al tanto de lo que se usa, de lo que se habla en las redes sociales, por reírte de mis selfies y de mis publicaciones de cervezas y vinos.

Nunca le hagas caso a todos los que te digan “no vas a poder” “es muy difícil” “¿vas a poder?” porque tu vas a poder todo lo que te propongas.

Cuando ví que fuiste una niña, se me vino a la mente muñecas, vestidos, moños y pleitos porque te ibas a poner mis accesorios. Lo que me enseñaste tú siendo niña fue esa fuerza de mujer maravilla que todas tenemos dentro y que tardamos en encontrar. Tú la usas desde que naciste. Desde niña sabes que ser mujer es tu súper poder y me encanta como defiendes las injusticias.

20 años.

VEINTE.

Y recuerdo cada uno perfectamente.

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Feliz cumpleaños mi amor.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

Eres Perfecta

Hoy les vuelvo a escribir sobre Mariana. Sí, es ficción. Pero al final es una ficción muy entrelazada con la realidad. Todos somos Mariana. Me gusta escribir sobre ella porque combino la realidad con la imaginación sin salirme de algo que es real para muchos.

En este cuento Mariana es una jovencita todavía en la escuela preparatoria. Mariana es perfecta ante los ojos de todo el que la rodea. Sus padres, hermanos, amigos, maestros y la sociedad como tal. Por lo tanto, le exigen perfección. Esperan de ella eso. Perfección.

 

Mariana alistaba su uniforme una noche antes. Sus zapatos boleados, calcetas blancas y un listón rojo el cual hacía juego con la falda de cuadros que caracterizaba ese colegio de monjas en el sur del país.

En la esquina de su recámara impecable estaba su mochila con todos los libros y tareas guardadas perfectamente en orden, listas para entregarse el día siguiente para obtener, como siempre, la mejor de las calificaciones.

La escuela se le daba de manera tan natural. No era un genio pero era lo suficientemente inteligente para organizarse y aprobar sus materias sin ningún problema.

Desde la primaria sus papás nunca se tuvieron que preocupar por el desempeño escolar de Mariana. Era la hermana mayor a sus dos hermanos varones, Miguel y Mario.

Presidenta del club de debate, catequista por la tarde, organizadora juvenil del Comité Pro-Orfanatorio de la Ciudad, bailarina de ballet desde los 3 años y tenista de buen nivel en el club social junto con todas sus amigas de la infancia.

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Mariana, la hija, estudiante, hermana y amiga perfecta.

Alejandro, su novio, la adoraba por lo mismo.

Mariana estaba un poco estresada esa noche. El día siguiente anunciarían quienes de la escuela recibirían una beca para estudiar en el extranjero por mérito académico y ella era lo que más deseaba. Irse. Volar lejos de su mundo perfecto.

Ella quería ser Mariana. No quería ser la ‘hija de’, ‘la novia de’, ‘la hermana de’… ella quería ser ella.

La campana del reloj despertador sonaba como si tuviera una bocina adicional. Retumbaba en el oído de Mariana, mientras se cambiaba para salir corriendo al colegio.

“¡Apúrenle, de prisa!”, les decía a sus hermanos que seguían desayunando con toda la calma del mundo.

El papá de Mariana ya se había ido temprano a la empresa ese día ya que venía visita del corporativo estadounidense y había que atenderlos.

La mamá les daba la bendición a los 3 hijos para despues continuar con sus esculturas de barro que tenía que entregar en la galería a fin de mes.

Mariana y sus hermanos se subían rápidamente a la camioneta y arrancaban al mismo colegio ya que sólo se llevaban un año cada uno.

El día en el colegio pasaba rápido. Los mismos amigos, Alejandro de su mano en cada receso, y un yogurt sin terminar porque traía malestar estomacal ese día.

“Ugh, estos nervios me tienen el estómago hecho nudos”, suspiraba Mariana mientras Alejandro le acomodaba el listón rojo en su cabello.

“Todo estará bien, Marianita”, la tranquilizaba Alejandro. “Tu sabes que es tuya esa beca”.

Mariana se sentía emocionada y al mismo tiempo tenía mucho miedo. Tanto estrés la había hecho sentirse mal. Hasta sangre se sacó un par de días atrás, para descartar una anemia ya que lucía un poco pálida últimamente. Pero pronto pasaría el pendiente y hoy en la tarde, antes de irse a casa, la Madre Superiora le daría los sobres de las becas a un muy bajo grupo de alumnos destacados.

“Mariana, eres perfecta. Obvio que te dan la beca”, le decían sus amigas, casi en coro.

Mariana sonreía, no queriendo verse muy segura.

Mariana sabía que era de ella esa beca porque nadie en su escuela era tan dedicada y organizada. Era estudiosa y responsable.

Ella se la merecía porque sería un premio a tanta obediencia. Era obediente en su casa. Obedecía las reglas de la escuela y obedecía todo lo que se le pedía.

Esa beca era la meta inmediata para darle un giro a su vida. Estudiar Economía Internacional en Londres era un sueño. Un sueño que estaba a punto de cumplirse. En ese sobre que le entregarían más tarde estaría escrito que su beca y aplicación a esa escuela estaban listos.

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En la última clase, Mariana ya estaba mareada de pensar tanto. La puerta del salón se abría y entraba la Madre con su túnica negra. En sus manos llevaba solo 4 sobres. Se escuchaban los murmullos de todos porque se esperaban un mínimo de 10 becas. Pero al parecer sólo eran 4.

Mariana no quería voltear a ningún lado. La Madre Superiora comenzaba un discurso acerca del esfuerzo y dedicación de las personas que estaban a punto de recibir un sobre.

“Esteban Andrés Solórzano”, decía en una voz fuerte la Madre.

Mariana escuchaba entre aplausos y ruidos un zumbido en su cabeza. Quería llorar pero no podía.

“Mariana Eres Matamoros”, decía la Monja.

Mariana se levanta y toma el sobre. “Lo sabía mi Mariana”, le decía la Madre, con un gesto maternal que le indicaba a Mariana que era la consentida de la monja estricta y fría.

La felicidad que sentía Mariana era inigualable.

Les habló inmediatamente a sus padres y mandó textos a todos sus contactos.

Alejandro la abrazaba, emocionado de verdad.

“Lo hice, Alex”, sonreía Mariana. “De verdad logré lo que quería”.

“Vamos a festejar en la tarde Marianita. Me pongo de acuerdo con tus papás”, decía Alejandro mientras tomaba sus libros.

“Sí, claro. Nomás paso a la clínica del Dr. Burgos. Me imagino que me faltan unas vitaminas ó algo así dijo la enfermera”, mientras se despedían.

Miguel y Mario, sus hermanos, estaban encantados con la noticia.

“¡Aaaah, por fin nos vamos a librar de ti hermana!”, le decía Miguel mientras Mario le quitaba las llaves de la camioneta para manejar.

Los hermanos la esperaban en el carro mientras ella se bajaba corriendo a la clínica.

Sentada, viendo la pared blanca, sólo podía pensar en Londres. Esa universidad tan prestigiada. Necesitaba pasaporte, visa de estudiante, delegar algunas obligaciones de sus clubs, dejar el equipo de tenis, ver como despedirse de su familia. Despedirse de Alejandro.

Mariana suspiraba.

“Mariana Eres”, decía la recepcionista. “Pase por favor. La espera el doctor”.

Mariana entraba al consultorio tan familiar del Dr. Burgos. Desde que nació la atendía. ¡Cuántas rodillas raspadas tuvo que curar el doctor!

“Marianita hermosa, que gusto”, le decía el doctor.

“Hola tío”, le decía Mariana mientras se sentaba en una de las sillas frente a su escritorio.

El Dr. Burgos era el primo de su padre y muy cercano a toda la familia. Era el médico de cabecera de ella y sus hermanos desde que nacieron.

“Marianita, ¿cómo estás?”, le decía el dr. mientras sacaba el sobre con los resultados del laboratorio.

Mariana hablaba y hablaba sobre su día. Le contaba al doctor de la beca, de Londres, de sus planes.

El Dr. Burgos iba perdiendo su sonrisa poco a poco hasta quedar serio.

“Mariana, los resultados salen bien. Eres una niña sana, un poco de anemia”, decía el doctor Burgos.

“Ay, lo sabía”, decía Mariana, interrumpiéndolo. “Ya me tengo que ir doctor, me esperan mis hermanos en el carro y ya me están mandando textos de que me apure”.

El doctor se le queda viendo.

Mariana no sabe que decir.

“¿Qué pasa, tío?”, dice Mariana un poco preocupada.

“Mariana. Estás embarazada”.

 

 

 

 

 

gina dewar  NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂