El Corte

Siempre que me corto el cabello lloro. Lloro de verdad, con lágrimas y todo. Aunque me haya gustado como quedó, se me hace un nudo en la garganta y lloro.

No se psicológicamente que signifique.

Me fuí a “dar una cortadita” a mi melena para estar lista para mi viaje a Cancun próximamente.

Por estar ocupada no puse atención a lo que estaba diciendo ni haciendo la americana que me estaba cortando el pelo.

Creo que me preguntó si me cortaba todo lo maltratado ó algo así, a lo cual le dije que sí.

Cuando por fin voltié a ver el espejo, la mitad de mi cabello estaba recortado con navaja. NO con tijera normal, sino navajeado y grafilado.

La última vez que me hicieron esto fue en los 90s y me dió mucho trabajo peinarme por lo cual juré nunca volver a hacerlo.

No fué mi decisión pero permití que sucediera porque confié.

Yo se que es una tontería pero siempre me pasa igual.

Me ví en el espejo y la gringa me decía toda contenta en inglés, “¿te gusta tu nuevo look?”

Nomás sonreía mientras veía el espejo, con el nudo en la garganta.

Pagué, no sin antes comprar productos para el cabello.

Me subí al carro y lloré.

Lloré mucho.

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Era lo que necesitaba.

Me sequé los ojos como niña, con la blusa sin importar que mi maquillaje se corriera.

Tenía que manejar y la verdad mi vista estaba un poco nublada. Manejé mucho ese día. Me hizo pensar en porque andaba tan sensible.

¿La edad?

¿Las hormonas?

¿Porqué había llorado tanto ese día?

Creo que tengo un talento para llorar. Con sólo tratar de llorar lo logro. Como si fuera una actriz dramática. Sí hubiera sido muy buena actriz. La verdad.

Me sentía en calma y al pasar mis dedos sobre mi cabellera la podía sentir tan suave, tan sana, sin resequedad ni puntas maltratadas.

Y fue cuando entendí.

Tengo muchos años que quiero lograr tener mi cabello largo pero llega el momento en que está tan maltratado que tengo que cortarlo. Y siempre es la misma historia.

Para que “crezca sano” uno debe cortarlo.

Lo mismo me ha pasado con gente en mi camino, con situaciones tanto personales como de trabajo.

Entonces esta anécdota de como lloro al cortarme el cabello es comparable con el sentir esa pérdida obligatoria de lo querido para poder salir adelante.

¿Cuántas veces hemos tenido que sacrificar algo para mejorar nuestra situación?

Hemos tenido que ‘cortarlo’ para poder progresar.

En lo personal siento que me la vivo “cortando” situaciones para no quedarme en el camino.

Es despedirme de muchas cosas, de mucha gente, de situaciones de trabajo, de situaciones personales que se comienzan a maltratar porque no las puedo a veces cuidar como debe de ser.

Y sé que es lo correcto, sé que es lo que uno debe de hacer para triunfar.

Duele hacerlo, uno se siente egoísta ó que comete un error.

Luego pasan los días y comienzas a sentir que el peso que cargabas con lo que llevabas es menos.

Te liberas de lo maltratado.

Me imagino que muchos de ustedes están pensando, “Wow, si es cierto, que bien”.

Estaba muy orgullosa por el tema hasta que vi un meme en una red social que me vino a contradecir todo lo que he escrito anteriormente.

El meme era lo siguiente:

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Entonces estoy en un dilema.

Volviendo a mi simple tema del cabello, ¿Porqué me desesperé y lo corté en lugar de cuidarlo, darle tratamiento, repararlo con productos buenos? Me dí por vencida y lo fácil fue cortarlo para no complicarme con el peinado en mi próximo viaje.

¿Y si ese meme es verdad?

¿Y si en verdad nos estamos complicando más dejando ir en lugar de arreglar las cosas?

Pasa con los clientes en bienes raíces. A veces a uno le da gana de decirles, “Creo que trabajará mejor con otro agente”. Pero uno no lo hace porque hace todo lo posible por que funcione para poder cobrar una comisión.

Pasa en los matrimonios. A veces los problemas son pequeños y por no arreglarlos a tiempo se van juntando hasta que lo mejor es deshacer la relación.

Pasa en las relaciones amorosas.

Pasa con amistades.

Entonces, mis queridos amigos que me leen, el haber llorado por mi cabello fue porque mi subconsciente se siente cobarde de no haber tenido el valor de cuidarlo más, de peinarlo mejor y de darle los tratamientos adecuados.

¿Qué piensan ustedes?

Por lo pronto les dejo una foto de como quedé.

(Lo bueno es que crece, dicen).

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

Hace 20 años

Para ti, Luisa Fernanda, que cumples años mañana.

Mi niña Luisa Fernanda,

Hace 20 años también me encontraba en San Diego al igual que hoy. Estaba en una cama de hospital con un suero en la mano izquierda, un monitor en mi mano derecha y un cinto que iba midiendo como mi cuerpo se contraía y se relajaba a un ritmo tan perfecto que sólo puede ser obra de Dios.

Exactamente el 7 de Noviembre, a las 11:45pm llegaste a este mundo.

Nunca voy a olvidar el frío que sentí cuando salías de mi cuerpo. Realmente era una parte de mi que se desprendía mediante el corte frío del cordón umbilical.

¡Qué sensación tan rara! Emoción, miedo, confusión, responsabilidad y mucho frío.

Por nueve meses te llevé dentro de mi, horneándote como si fueras un pastelito delicioso y de pronto ya estabas en mis brazos.

Estabas tan pequeñita, rosita y sin ningún cabello. Tu nariz y tu boca tan delineadas que parecían dibujadas y hechas a mano.

Tus pestañas largas y tu cuerpecito que no llenaba la ropita rosa que te había comprado tu papá ese mismo día.

Nos hiciste papás. ¿Sabes lo que es eso? Tú veniste a revolucionar a toda la familia que acababa de perder a tantos seres queridos. Llegaste a traernos luz y esperanza, y aunque te choca que los colores sean de géneros, tú nos pintaste la vida de rosa.

Luisa Fernanda. ¡Qué rápido han pasado estos 20 años!

Te veo cómo vas luchando día a día para lograr tus sueños. Ese carácter tan determinante que nadie hace que cambies de opinión es algo que respeto tanto de ti.

Mi niña, contigo aprendo todos los días a ser mamá y eso puede ser difícil para la primogénita. Te lo digo porque yo también fuí la primera hija y nieta.

Me acuerdo que en todo mi embarazo, no quisimos saber si eras niño ó niña. Y cuando el doctor al recibirte dice, “It is a beautiful girl!”, algo en mí supo que ya nunca jamás estaría sola en el mundo. Una niña. Una preciosa niña que iba a revolucionar mi vida.

Mi niña, qué difícil mundo nos ha tocado vivir juntas, ¿verdad?

Cuando te oigo hablar de tu pasión por la ley y los derechos humanos no puedo dejar de sentirme orgullosa de tí y de cómo ves el mundo.

Tus metas las tienes tan fijas que ahora soy yo la que aprende de tí. Me enseñas lo fuerte que podemos ser las mujeres a pesar de a veces tener obstáculos.

Me has enseñado el significado de luchar y de no vencerte.

Me llenas de orgullo cuando veo que cada día logras metas y te acercas más a cumplir tus sueños.

Sí, soy una mamá muy ‘jodona’ (para los sonorenses no es mala palabra), mal hablada, resongona, regañona, gritona y enfadosa.

Con el tiempo te vas a parecer a mí (aunque te traumes, así será, jajaja. Ley de la vida).

Me encanta la manera que tienes de defender a los que reciben injusticias de la vida ó de la sociedad. Tu amor al prójimo, sin importar de donde vienen, su color de piel, su personalidad ó vida me llenan de orgullo de ser tu mamá.

Hay días en que te veo llorar ó te veo estresada y quisiera tener el poder de quitarte todas tus angustias para que no sufras.

Pero luego veo como las superas y te conviertes en una mujer más fuerte cada vez.

Gracias por mantenerme joven compartiendo tu gusto por la música, por tenerme al tanto de lo que se usa, de lo que se habla en las redes sociales, por reírte de mis selfies y de mis publicaciones de cervezas y vinos.

Nunca le hagas caso a todos los que te digan “no vas a poder” “es muy difícil” “¿vas a poder?” porque tu vas a poder todo lo que te propongas.

Cuando ví que fuiste una niña, se me vino a la mente muñecas, vestidos, moños y pleitos porque te ibas a poner mis accesorios. Lo que me enseñaste tú siendo niña fue esa fuerza de mujer maravilla que todas tenemos dentro y que tardamos en encontrar. Tú la usas desde que naciste. Desde niña sabes que ser mujer es tu súper poder y me encanta como defiendes las injusticias.

20 años.

VEINTE.

Y recuerdo cada uno perfectamente.

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Feliz cumpleaños mi amor.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

Eres Perfecta

Hoy les vuelvo a escribir sobre Mariana. Sí, es ficción. Pero al final es una ficción muy entrelazada con la realidad. Todos somos Mariana. Me gusta escribir sobre ella porque combino la realidad con la imaginación sin salirme de algo que es real para muchos.

En este cuento Mariana es una jovencita todavía en la escuela preparatoria. Mariana es perfecta ante los ojos de todo el que la rodea. Sus padres, hermanos, amigos, maestros y la sociedad como tal. Por lo tanto, le exigen perfección. Esperan de ella eso. Perfección.

 

Mariana alistaba su uniforme una noche antes. Sus zapatos boleados, calcetas blancas y un listón rojo el cual hacía juego con la falda de cuadros que caracterizaba ese colegio de monjas en el sur del país.

En la esquina de su recámara impecable estaba su mochila con todos los libros y tareas guardadas perfectamente en orden, listas para entregarse el día siguiente para obtener, como siempre, la mejor de las calificaciones.

La escuela se le daba de manera tan natural. No era un genio pero era lo suficientemente inteligente para organizarse y aprobar sus materias sin ningún problema.

Desde la primaria sus papás nunca se tuvieron que preocupar por el desempeño escolar de Mariana. Era la hermana mayor a sus dos hermanos varones, Miguel y Mario.

Presidenta del club de debate, catequista por la tarde, organizadora juvenil del Comité Pro-Orfanatorio de la Ciudad, bailarina de ballet desde los 3 años y tenista de buen nivel en el club social junto con todas sus amigas de la infancia.

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Mariana, la hija, estudiante, hermana y amiga perfecta.

Alejandro, su novio, la adoraba por lo mismo.

Mariana estaba un poco estresada esa noche. El día siguiente anunciarían quienes de la escuela recibirían una beca para estudiar en el extranjero por mérito académico y ella era lo que más deseaba. Irse. Volar lejos de su mundo perfecto.

Ella quería ser Mariana. No quería ser la ‘hija de’, ‘la novia de’, ‘la hermana de’… ella quería ser ella.

La campana del reloj despertador sonaba como si tuviera una bocina adicional. Retumbaba en el oído de Mariana, mientras se cambiaba para salir corriendo al colegio.

“¡Apúrenle, de prisa!”, les decía a sus hermanos que seguían desayunando con toda la calma del mundo.

El papá de Mariana ya se había ido temprano a la empresa ese día ya que venía visita del corporativo estadounidense y había que atenderlos.

La mamá les daba la bendición a los 3 hijos para despues continuar con sus esculturas de barro que tenía que entregar en la galería a fin de mes.

Mariana y sus hermanos se subían rápidamente a la camioneta y arrancaban al mismo colegio ya que sólo se llevaban un año cada uno.

El día en el colegio pasaba rápido. Los mismos amigos, Alejandro de su mano en cada receso, y un yogurt sin terminar porque traía malestar estomacal ese día.

“Ugh, estos nervios me tienen el estómago hecho nudos”, suspiraba Mariana mientras Alejandro le acomodaba el listón rojo en su cabello.

“Todo estará bien, Marianita”, la tranquilizaba Alejandro. “Tu sabes que es tuya esa beca”.

Mariana se sentía emocionada y al mismo tiempo tenía mucho miedo. Tanto estrés la había hecho sentirse mal. Hasta sangre se sacó un par de días atrás, para descartar una anemia ya que lucía un poco pálida últimamente. Pero pronto pasaría el pendiente y hoy en la tarde, antes de irse a casa, la Madre Superiora le daría los sobres de las becas a un muy bajo grupo de alumnos destacados.

“Mariana, eres perfecta. Obvio que te dan la beca”, le decían sus amigas, casi en coro.

Mariana sonreía, no queriendo verse muy segura.

Mariana sabía que era de ella esa beca porque nadie en su escuela era tan dedicada y organizada. Era estudiosa y responsable.

Ella se la merecía porque sería un premio a tanta obediencia. Era obediente en su casa. Obedecía las reglas de la escuela y obedecía todo lo que se le pedía.

Esa beca era la meta inmediata para darle un giro a su vida. Estudiar Economía Internacional en Londres era un sueño. Un sueño que estaba a punto de cumplirse. En ese sobre que le entregarían más tarde estaría escrito que su beca y aplicación a esa escuela estaban listos.

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En la última clase, Mariana ya estaba mareada de pensar tanto. La puerta del salón se abría y entraba la Madre con su túnica negra. En sus manos llevaba solo 4 sobres. Se escuchaban los murmullos de todos porque se esperaban un mínimo de 10 becas. Pero al parecer sólo eran 4.

Mariana no quería voltear a ningún lado. La Madre Superiora comenzaba un discurso acerca del esfuerzo y dedicación de las personas que estaban a punto de recibir un sobre.

“Esteban Andrés Solórzano”, decía en una voz fuerte la Madre.

Mariana escuchaba entre aplausos y ruidos un zumbido en su cabeza. Quería llorar pero no podía.

“Mariana Eres Matamoros”, decía la Monja.

Mariana se levanta y toma el sobre. “Lo sabía mi Mariana”, le decía la Madre, con un gesto maternal que le indicaba a Mariana que era la consentida de la monja estricta y fría.

La felicidad que sentía Mariana era inigualable.

Les habló inmediatamente a sus padres y mandó textos a todos sus contactos.

Alejandro la abrazaba, emocionado de verdad.

“Lo hice, Alex”, sonreía Mariana. “De verdad logré lo que quería”.

“Vamos a festejar en la tarde Marianita. Me pongo de acuerdo con tus papás”, decía Alejandro mientras tomaba sus libros.

“Sí, claro. Nomás paso a la clínica del Dr. Burgos. Me imagino que me faltan unas vitaminas ó algo así dijo la enfermera”, mientras se despedían.

Miguel y Mario, sus hermanos, estaban encantados con la noticia.

“¡Aaaah, por fin nos vamos a librar de ti hermana!”, le decía Miguel mientras Mario le quitaba las llaves de la camioneta para manejar.

Los hermanos la esperaban en el carro mientras ella se bajaba corriendo a la clínica.

Sentada, viendo la pared blanca, sólo podía pensar en Londres. Esa universidad tan prestigiada. Necesitaba pasaporte, visa de estudiante, delegar algunas obligaciones de sus clubs, dejar el equipo de tenis, ver como despedirse de su familia. Despedirse de Alejandro.

Mariana suspiraba.

“Mariana Eres”, decía la recepcionista. “Pase por favor. La espera el doctor”.

Mariana entraba al consultorio tan familiar del Dr. Burgos. Desde que nació la atendía. ¡Cuántas rodillas raspadas tuvo que curar el doctor!

“Marianita hermosa, que gusto”, le decía el doctor.

“Hola tío”, le decía Mariana mientras se sentaba en una de las sillas frente a su escritorio.

El Dr. Burgos era el primo de su padre y muy cercano a toda la familia. Era el médico de cabecera de ella y sus hermanos desde que nacieron.

“Marianita, ¿cómo estás?”, le decía el dr. mientras sacaba el sobre con los resultados del laboratorio.

Mariana hablaba y hablaba sobre su día. Le contaba al doctor de la beca, de Londres, de sus planes.

El Dr. Burgos iba perdiendo su sonrisa poco a poco hasta quedar serio.

“Mariana, los resultados salen bien. Eres una niña sana, un poco de anemia”, decía el doctor Burgos.

“Ay, lo sabía”, decía Mariana, interrumpiéndolo. “Ya me tengo que ir doctor, me esperan mis hermanos en el carro y ya me están mandando textos de que me apure”.

El doctor se le queda viendo.

Mariana no sabe que decir.

“¿Qué pasa, tío?”, dice Mariana un poco preocupada.

“Mariana. Estás embarazada”.

 

 

 

 

 

gina dewar  NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

¿Qué prefieres?

Me gustan mucho los juegos de mesa ó los juegos en familia y entre amigos en las reuniones. Siempre terminan con risas ó todos peleados porque a nadie le gusta perder.

Me estaba acordando de un juego que hace mucho no jugamos. Se llama (en inglés) “Would you rather?”, que para efectos prácticos traduzco como ‘¿Qué prefieres?’

Un juego muy sencillo que la verdad no tiene fin porque no hay perdedores ni ganadores. Son preguntas simples que hacen que conozcas más a las personas que están jugando.

Yo lo hacía mucho cuando era maestra. Me gustaba analizar a mis alumnos, obviamente con preguntas aptas para su edad, pero que al mismo tiempo me decían tanto.

Este blog será de este juego. Voy a escribir una serie de preguntas (no me las tienes que contestar y menos por escrito).

Puedes hacerlas a tí mismo y estoy segura que te harán pensar mucho.

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Puedes usar las preguntas en reuniones familiares, en el trabajo, en cualquier lugar donde haga falta un ‘rompehielo’ para conocerse mejor.

Van las preguntas.

¿QUE PREFIERES?

  1. Llevar puesto todos los días de tu vida un tuxedo/vestido de novia ó  sólo vestir en traje de baño para siempre ?
  2. Un ataque de perros ó un ataque de pájaros ?
  3. Ser el más inteligente de la reunión ó el más interesante?
  4. Ganarte $50000dlls ó que tu mejor amigo se gane $500000?
  5. Continuar con tu vida como está ó volver a empezarla?
  6. Saber cómo morirás ó la fecha exacta en que morirás?
  7. Hablar todos los idiomas ó poder hablar con los animales?
  8. Leer mentes ó predecir el futuro?
  9. Vender todas tus pertenencias ó vender uno de tus órganos?
  10. Comer pasta cruda y seca ó una taza de arroz sin cocer?
  11. Sentir que alguien siempre te está siguiendo ó que alguien siempre te está viendo?
  12. Tener siempre ojos secos ó nariz chorreando ?
  13. Encontrar el amor de tu vida ó un maletín con 5 millones de dólares?
  14. Estar solo toda tu vida ó estar rodeado de gente que no soportas toda tu vida?
  15. Ser accidentalmente el responsable de la muerte de un niño ó ser accidentalmente el responsable de la muerte de 3 adultos?
  16. Nunca tener que volver a trabajar ó nunca tener que volver a dormir (no te cansarías ni te enfermaras)?
  17. Ser un famoso escultor ciego ó un famoso músico sordo?
  18. Despertar en medio de un desierto desconocido ó despertar en medio del océano sin tierra a la vista?
  19. Tener buen cuerpo pero no ser inteligente ó cuerpo normal pero ser genio?
  20. Deber más de $100000dlls ó nunca poder hacer más de $3500dlls al mes?
  21. Envejecer del cuello para arriba ó envejecer del cuello para abajo?
  22. Ver el mundo pero ser pobre ó quedarte en un sólo lugar y ser rico?
  23. Ser famoso ó poderoso?
  24. Cortarte los dedos cada vez que tomas un pedazo de papel ó morderte la lengua cada vez que comes?
  25. Tener piernas de lo largo de los dedos de tus manos ó tener dedos de lo largo de tus piernas?
  26. Despertar en la mañana con cara de jirafa ó con cara de oso polar?
  27. Comerte las sobras de los platos de un restaurant ó beberte las sobras de los tragos?
  28. Teñirte el cabello verde limón ó solo tener una ceja?
  29. Lavarte los dientes con aderezo Ranch ó lavarte los dientes con salsa chimichurri?
  30. Comer pizza todos los días ó nunca jamás poder probar la pizza ?
  31. Siempre estar atorado en el tráfico ó tener el internet más lento del planeta?
  32. Que te falte un dedo ó tener dedos extras?
  33. Usar calcetines mojados por el resto de tu vida ó sólo poder bañarte una vez al año?
  34. Estar casado con alguien demasiado atractivo ó tu ser demasiado atractivo?
  35. Compartir un cepillo de dientes con un extraño ó besar en la boca a un extraño?
  36. Dejar que tu pareja lea todos tus textos de tu teléfono ó dejar que tu jefe lea todos los textos de tu teléfono?
  37. Ir a la luna 3 horas ó a un viaje de tus sueños por 3 meses?
  38. Estar sentado todo el día ó estar parado todo el día?
  39. Ganador del Oro en las Olimpiadas ó ganador de un premio Nobel de la Paz?
  40. Poder volar ó poder ser invisible?
  41. Apestar a orines de gato por el resto de tus días ó que todo huela a orines de gato?
  42. Dormir con una tarántula ó un murciélago?
  43. Estar solo en una isla desierta ó estar en una isla desierta con alguien que no para de hablar?
  44. Quedarse con $100000dlls seguros ó aventarse un volado: caras $1000000dlls cruz $0 ?
  45. Que se te cumpla 1 deseo ahorita ó tener 3 deseos en 5 años?
  46. Ser vegano ó nunca poder tomar nada que contenga alcohol?
  47. Toda la vida sentir comezón en la piel ó toda la vida que te hagan cosquillas?
  48. No tener codos ó no tener rodillas?
  49. Usar zapatos de payaso todos los días ó peluca de payaso todos los días?
  50. Poder controlar el agua ó poder controlar el fuego?

Me imagino que te sorprendiste con tus propias respuestas, ¿verdad?

Usen estas preguntas en sus próximas reuniones. Les garantizo que se van a reir mucho, van a alegar mucho y sobre todo van a descubrir cosas de la gente que los rodea.. se pueden sorprender mucho.

NOS VEMOS EL PRóXIMO MIERCOLES 🙂

gina dewar

Carta para ti

Querido lector,

Antes que nada, quiero agradecer el tiempo que dedicas a leerme. En una época donde todos preferimos ver un video en vivo, escuchar un ‘podcast’ ó ver una foto convertida en ‘meme’, el que tú te detengas a leer este promedio de 1000 palabras cada miércoles significa mucho para mí. Así que, ¡gracias!

¡Ah, mi lector! Tantos años escribiendo en este monitor blanco que parpadea letras negras acomodadas de tal manera que te provoquen una sonrisa, una reflexión ó un consejo que puedas aplicar. 

Te confieso que hay días en los que sólo escribo lo que traigo en la mente sin detenerme a pensar en tí y qué te gustaría leer ese día.

Pero hoy es diferente. Hoy pienso en tí.

Se me vienen tantas preguntas a la mente.

¿De qué parte del mundo me lees? Probablemente de algún lugar cercano a mí ó tal vez estás al otro lado del mundo y nos hemos conectado por medio de esta mágica plataforma universal. Me lees en el baño como mi amiga Rossana, ó quizá estás en tus 5 minutos para ti mismo, con un café delicioso leyendo mis ocurrencias. Tal vez siempre me lees ó tal vez hoy es la primera vez que te topaste con mi sitio en internet. 

Quizá me leas mientras bebes un merlot una noche tranquila. Tal vez alguna persona te lo recomendó. 

Mi lector, yo no sé que haría a veces sin ti. Porque siempre digo que no escribo para que me lean sino porque es una terapia emocional pero cuando me lees y me comentas puedes hacer que mi día y semana den un giro a lo positivo de una manera increíble. 

Esta plataforma mágica me dice el número de lectores que abrieron mi publicación en un día. Sí puedo ver cuando me lees y la frecuencia con la que lo haces. 

Es muy chistoso. Cuando me preparo muy bien con un tema, no me lees. Sin embargo, cuando escribo sin ganas ó muy a fuerza, me comentas y hasta siento la necesidad de pedirte perdón por hacerte perder el tiempo. Pero siempre estás contento por haberme leído y eso te hace especial para mi.

Me gustaría ver tu cara al leerme. Creo que casi puedes distinguir el tono de mi voz en cada palabra. Si me conoces entonces la recuerdas. Si soy una escritora que jamás has escuchado entonces te imaginas mi voz y su timbre. De cualquier manera, sé que sabes que soy norteña y fuerte cuando hablo. Suelo ser más dulce al escribir que al hablar. Aunque te confieso que me atrevo a decir más cosas en esta plataforma que  en persona.

Aquí nada nos distrae, querido lector. Sólo somos tú y yo y todas las preguntas que tienes te las puedo adivinar y decirte que tus planes saldrán bien. 

¿Sabes? Somos muy parecidos. Los dos tenemos sueños, miedos, amores y desamores. Hemos dudado de nosotros mismos y nos hemos echado porras solos sin que nadie se entere de nuestros logros personales . Nos hemos reído de lo cómico que puede ser el mundo y nos hemos preocupado con lo injusto de la vida tambien.

Todas las veces que pienso en dejar de escribir, lo único que me motiva a seguirle eres tú. Tú y tu manera tan simple que le das importancia a lo que tengo que decirte. 

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Por eso te escribo el día de hoy, para agradecerte desde el fondo de mi corazón todas las veces que me leíste, criticaste,  compartiste mis publicaciones  y me hiciste sentir importante. 

Gracias por que al escribir recibo más de lo que doy. Me llenas de inspiración, me motivas de querer seguir diciendo lo que pienso.  

Esta semana te escribo desde mi corazón, con unas ganas de verte pronto en persona, pero mientras eso ocurre, me conformo con un comentario, una sugerencia, un tema que quisieras que desarollara para ti. Ficción ó no. Real ó no. Algo tuyo y mío. Dime.

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

 

 

Eres Muy Fuerte

Mariana alistaba las cosas en su portafolio. La junta con los directivos había durado más de lo previsto. Su propuesta era firme y no se dejó vencer por las negativas de la directora de mercadotecnia ni por los números del director de finanzas del corporativo. Había ganado su lugar en el consejo administrativo aunque el día de hoy tuvo que pelear por lo que creía que era mejor para la empresa.

“Eres muy fuerte Mariana”, le dijo el jefe mientras le cerraba un ojo. “Felicidades, muy buena presentación. Reúne a todo el equipo el próximo viernes para explicarles el nuevo proyecto que tu vas a encabezar”.

Mariana sonreía mientras le retumbaban en la cabeza esas 3 palabras “Eres muy fuerte“.

Bajaba por las escaleras del edificio viejo. El ascensor no funcionaba el día de hoy y no había otra opción más que tomar las escaleras desde el 5to piso. 

Le dolía el hombro derecho del cual colgaba una mochila con su laptop, su bolso con sus pertenencias personales y un termo de agua fría que no se había terminado en todo el día.

Llegó al estacionamiento donde había dejado su camioneta blanca. Guardó todo en la cajuela menos su bolso y celular.

Se quitó los tacones finos que llevaba y que la estaban matando de dolor todo el día.

“Ugh. Tan caros estos zapatos”, suspiraba mientras se subía al coche y los aventaba al asiento de atrás. 

Por fin se sentaba despues de un día tan largo de trabajo.

Sonreía porque todo el sacrificio personal había valido la pena. La junta y su proyecto habían sido todo un éxito. 

Bajaba el espejo del visor para ver su cara. Una de las luces del mismo estaba fallando. 

“¡Ay, Mariana! Te ves cansada”, se decía así misma, mientras limpiaba un poco de delineador café debajo de sus ojos y corregía un poco el labial que se le comenzaba a escurrir de un lado del labio inferior.

Mariana reía, sola, encerrada en el carro. “Ay sí. Mariana la fuerte“, decía mientras reía menos y regresaba una mirada triste a su rostro.

No podía entender cómo la veían fuerte, en especial los directivos importantes de la corporación.

Mariana había despertado ese mismo día en su cama, sola y fría. Tenía años que Alejandro se había ido con la pasante de su despacho. Tenía otra familia ya y ella se había quedado con sus dos hijos para criarlos sola.

Armando y Arturo, sus hijos, unos gemelos con problemas severos de déficit de atención y un ligero roce de autismo, eran el motor de su día a día. 

Mariana no se creía fuerte ya que había levantado a sus hijos a gritos debido a una falla en el despertador. Si no corrían, todos llegarían tarde. 

Ella no se creía fuerte porque había ‘mal servido’ un desayuno que consistía en dos chocomilks, 2 panes tostados con mermelada y dos jugos de té verde.

Ella sabía que no era fuerte porque la desesperaban lo lento de sus hijos el día de hoy, y tenía que volver a gritarles para que se apresuraran al ponerse los uniformes del colegio.

Mariana no se sentía fuerte porque en cuanto encendía la regadera con agua caliente y el agua tocaba su rostro, ella rompía en un llanto inconsolable. Ya era rutina romper en llanto al bañarse mientras el enjuague barato perfumaba su cabello mal pintado. Allí en ese baño lleno de vapor ella respiraba, inhalando esperanza y exhalando un llanto que describía estrés y depresión.

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No, Mariana no se creía una mujer fuerte porque ya estaba cansada a las 7:30am. Un cansancio que ni un café cargado alivianaba. 

Mariana no se sentía esa mujer fuerte debido a que no podía dejar a medias el cigarrillo que no era nada bueno para su salud física pero que de alguna manera calmaba su salud mental.

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No, Mariana no se sentía fuerte porque al salir de casa volvía a sentir esa presión al ver los recibos de la luz, agua, gas, cable y la hipoteca que estaban pendientes ya. Todos con recargos por pagarse tarde.

Ella no se sentía fuerte porque había días en los que quisiera salir corriendo y dejarlo todo.

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No se sentía fuerte porque una vez mas utilizaría la olla de cocción lento para otro estofado más, insípido y que los gemelos hacían ruidos de descontento cuando se los servía de nuevo. “Ugh, esta carne otra vez”, decían casi al mismo tiempo los dos.

No era fuerte porque se sentía insegura con la ropa que llevaba puesta para su presentación. La plancha no había calentado lo suficiente y ella estaba consciente de unos pliegues arrugados al frente de la falda.

No, no era fuerte porque al dejar a los hijos en el colegio sentía un alivio de que ya no eran su pendiente por las próximas 7 horas, sino eran responsabilidad de las maestras y psicólogas.

Mariana no se sentía fuerte porque tenía que tragarse su orgullo y hablar con Alejandro para explicarle que el seguro médico de los niños había aumentado debido a la terapia adicional de psiquiatría que necesitaban ahora que eran casi adolescentes. Ella necesitaba a Alejandro todavía. No, no era fuerte.

Mariana no era fuerte porque todavía sentía feo cuando Graciela, la nueva esposa de Alejandro era la que contestaba el teléfono, inclusive su celular personal. 

Mariana no se sentía fuerte porque había dejado ropa en la lavadora mojada sin secar y ropa arrugada en la secadora sin planchar.

Ella no se sentía fuerte porque sentía morir los días que no iba Lucrecia, la señora que le ayudaba de vez en cuando con el quehacer de la casa. Hoy le tocaba a Lucrecia descansar y Mariana no se sentía fuerte sin la ayuda.

No, Mariana no se sentía fuerte porque parpadeaba el foco de aviso del motor de la camioneta y no le gustaba andar con los mecánicos que sólo le veían la cara cada vez que iba.

Mariana no se sentía fuerte porque había gastado un poco demás de lo presupuestado en unos zapatos finos de tacón que la hacían sentir segura ese día.

Ella no se sentía fuerte porque había perdido la fé y se había alejado de su religión sin razón.

Mariana no se sentía fuerte porque todavía se enamoraba de todo el que le hablara bonito. Era débil ante la caricia de los hombres y estaba segura que eso la hacía menos fuerte ante los demás. Amaba la idea de tener una relación pero no se sentía fuerte para volver a un compromiso. 

“No soy fuerte”, decía mientras encendía la camioneta y se dirigía a la escuela donde sus hijos de seguro la estarían esperando, hambrientos y con mil pendientes de tarea donde ella los tendría que ayudar.

Si, un poco de ficción para cambiarle al blog un poco.

Ficción que nos deja muy en claro que todos (hombres y mujeres) hemos sido Mariana en algún momento de nuestras vidas.

Mariana se quedó con lo negativo del día, el “creer que no era fuerte” y olvidó que ese día había logrado triunfos en lo profesional mientras hizo todo lo que estuvo a su alcance por lo personal.

Mariana dejó que ganara lo negativo en un día tan positivo.

A la otra que nos digan “Eres muy fuerte” (seas hombre ó mujer), vamos a decir con la cabeza en alto “Ya lo sé”.

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

 

 

La Obviedad y su Olvido

Vivimos en un mundo tan lleno de información que si no lo leemos en las redes sociales ó en el internet, pues no pasó…

Déjenme les platico desde el principio lo que me inspiró a escribir de la obviedad.

Andaba en la WAL*MART, buscando una impresora de esas que son copiadoras y tambien puedes escanear documentos.

Los precios me sorprendieron. Pensé que eran mucho más caras y pues no. Han bajado mucho de precio desde la última vez que compré una.

Me llamó mucho la atención algo que decía una de las cajas de impresora. La caja venía con una foto de lo que es la impresora, y un teléfono celular, como que mostrando que del teléfono podías mandar a imprimir a la impresora por estar conectada al WI-FI.

 

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La foto traía (en letras más pequeñas) la leyenda que decía “el teléfono no viene incluído”.

Me dió risa y al mismo tiempo me hizo pensar quién sería el menso que pensó que venía un teléfono con la impresora sólo porque estaba esa foto en la caja.

Me imagino que hubo una demanda a Hewlett Packard exigiendo lo que venía en la foto de la caja.

Para la mayoría de nosotros, es OBVIO que no viene ningún teléfono con la impresora y que la foto sólo indica la función que ofrece dicho producto.

Por eso fue que me inspiré a escribir sobre las obviedades de la vida cotidiana y cómo parecen estar en el olvido.

Es tan fácil hacerse el “yo no sabía” para lograr cosas (ó no hacerse responsables de las mismas).

Hoy en día, nada es obvio.

Es decir, como que necesitamos una afirmación secundaria. Una confirmación de lo que creemos obvio sí lo es en verdad.

¿A qué se debe tanta duda de lo que es obvio?

Estamos invadidos de una inseguridad que no creemos que existe, pero sí.

Lo obvio no debería de necesitarse explicar, pero estamos tan distraídos con tantas variantes que se ha hecho necesario hacerse.

“Te quiero” (¿sí me querrá?)

“Eres la mejor en lo que haces” (Nah, hay mejores)

“Qué delgada te ves” (Claro que no, estoy más gorda)

Esa inseguridad que tenemos cancela lo obvio muchas veces y nos hace dudar, por lo tanto involuntariamente dejamos esa obviedad en el olvido.

Investigando un poco acerca de ‘lo obvio’, psicólogos através del tiempo concuerdan que “lo obvio” es lo más difícil de ver muchas veces debido a que por lo mismo pasaba desapercibido.

Es decir, como humanos, nosotros percibimos las diferencias antes que nada.

Entonces, psicológicamente podemos afirmar:

“No me quiere porque me dejó de buscar”

“Si estoy adelgazando porque la ropa me queda grande”.

Lo obvio tuvo que ser comprobado por alguna diferencia. Si no, jamás lo notaríamos.

Sí, un poco ilógico esto. Pero eso dicen los estudios psicológicos.

Somos normales si no percibimos muchas veces lo obvio.

Somos una sociedad que despierta, se cambia, comienza sus quehaceres de manera rutinaria. Tomamos el café siempre igual, tal vez en el mismo lugar todos los días.

Nuestros rezos, mantras, rituales matutinos los hacemos ya sin pensar (ó pensando en muchas otras cosas a la vez)

Hemos tenido que aprender a comer sin saborear la comida, sin detenernos a disfrutar cada bocado. Obviamente sabe igual que siempre, pasa desapercibido.

El tráfico igual, los correos electrónicos tambien.

La rutina de la obviedad hace que la misma pase al olvido.

Ah, pero ¿qué pasa cuándo no suena el despertador a la hora que lo pusimos?

¿Qué pasa cuando no hay café ó no hay ya de la leche que nos gusta ponerle?

¿Qué hacemos cuando en nuestra ruta al trabajo, escuela, oficina hay un accidente con desviaciones?

Todo esto nos ‘despierta’ a tomar decisiones. Nos recuerda que lo obvio existe. Estas variantes que nos hicieron pensar diferente equivalen a esas letritas de la impresora que nos indica que obviamente el teléfono no lo incluye la caja.

Es la diferencia que vemos. La obviedad queda en el olvido, en nuestro lado ciego. Pues sí, lo obvio siempre está. Hasta el día en que no.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂