El Perdón

El perdón es una palabra que puede significar todo y al mismo tiempo nada. Depende de quién perdona y qué es lo que se está perdonando.

¿Cuántas veces decimos “ay, perdón” en el día?

-“¡Ay, perdón! No vi tu mensaje.

-“¡Ay, perdón! Se me olvidó tu cumpleaños.

-¡Ay, perdón! Estaba enojada cuando lo dije

-¡Ay, perdón! No quise ofenderte.

Es tan fácil decir “¡Ay, perdón!” que ni siquiera analizamos ya porqué pedimos perdón y tampoco nos aseguramos que la persona ofendida nos perdona.

Perdonar es decir “Ok, no pasa nada. Queda en el olvido tu ofensa”.

¿Realmente perdonamos al 100%? ó ¿Queda un resentimiento después de decir que perdonamos?

Pffttt… Tema largo para este miércoles blogguero y no creo que lo pueda resumir en 500 palabras (ya reduje el total de palabras por blog para que me lean más rápido, jejeje).

Me pasan por la mente muchas cosas cuando pienso en un perdón. Quizá lo primero que quisiera definir es si cuando perdonamos es porque queremos demasiado ó sólo para llevar la fiesta en paz lo hacemos.

Perdonar es de lo más difícil que hay en la vida. ¿A poco no?

Es un antes y un después de un acto que causó lesiones y se tiene que comenzar a sanar por medio de un perdón.

Perdonar es no querer venganza ni querer tomar represalias hacia la persona que te dañó. Perdonar es dejar ir para el bien del ofendido.

Y claro, toma su tiempo y cada quien sabe cuando está listo para perdonar. Ni un minuto antes ni un minuto después.

Yo soy una persona que le cuesta mucho trabajo perdonar. No se porque soy así pero me cuesta mucho. Será que trato de nunca ser yo la que ofenda y cause daño y espero el mismo trato.

Admiro a la gente que perdona y perdona la misma ofensa de la misma persona. ¿Cómo le hace?

¿Perdonan por miedo ó por amor? (Depende, yo creo, de la gravedad del dolor causado).

Pedir perdón muchas veces por la misma ofensa hace que las palabras ya queden huecas y no sinceras.

Como pueden ver, la palabra PERDON me causa muchos sentimientos encontrados.

¿Qué si la persona a la que debes perdonar ya no está?

¿Qué si no te piden PERDON? ¿Cómo se perdona?

No. No es ausencia de carácter moral lo que me hace cuestionar tanto esta palabra. Ha sido siempre un juego psicológico el PEDIR Y OTORGAR el perdón.

¿Quién es el héroe? ¿El arrepentido ó el que dice “No pasa nada, queda olvidado”?

No cabe duda que en el Pedir está el Dar.

Si un día me equivoco ó la riego, quiero saber cómo pedir perdón de mis errores.

Si no puedo yo perdonar algo, mejor hago como que no pasó y que quede en el pasado.

Tal vez esa sea mi manera de usar ese PERDON tan necesario y tan innecesario si todos pensáramos en los demás.

¿Lo más difícil? Perdonarse a sí mismo.

(Leí un ensayo de Dr. Nikki Martínez acerca del perdón, por eso decidí transmitirles por medio de este blog lo que a mi me dejó reflexionar acerca de esto).

PERDON si estuvo muy chafa. jajajaja.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

¿Qué haces?

Me topé con un ‘meme’ muy simple pero que al mismo tiempo me hizo pensar mucho.

En español, esta foto nos dice que “la gente te pregunta a qué te dedicas para calcular el nivel de respeto que te deben de dar”.

Al principio, me estresé mucho porque la verdad yo si soy muy de preguntar “¿y qué haces?”

Nunca pensé que se pudiera mal interpretar. La verdad yo pregunto muy seguido eso para saber qué temas platicar y tratar de aprender de cada persona lo que hacen.

Me gusta conocer a las personas muy a fondo en mis primeras pláticas. No sé, le echo la culpa a mi signo zodiacal geminiano.

Me interesa sinceramente lo que hace la gente. Es para mi un juego mental el decidir si lo que hacen le queda al físico.

Muchas veces me han sorprendido las personas.

Una vez en la oficina de una casa de inversiones, yo platicaba muy agusto con una americana, rubia y muy menudita, muy petite.

Muy curiosa niña, de unos veintitantos, me explicaba que ya quería comenzar a invertir y abrir sus cuentas con expertos que le podían manejar su dinero.

Me llamaba mucho la atención cual pudiera ser su profesión, así que muy francamente le dije “¿pues qué haces?”

“I am a moritician”.

En mi mente distraída le dije “¿Te disfrazas de Morticia para alguna obra de teatro?”.

(Si, yo pensaba que me había dicho Morticia, la esposa del Gomez de la familia Addams. En mi defensa, vivo en California y todo es posible).

Me dijo que era preparadora de cuerpos para cremación, mientras se reía de mi.

No checaba su físico con el de una persona funeraria. Era tan linda y tan frágil.

“¿Y cómo mueves los cuerpos?”

Mi inquietud y curiosidad me tenían muy preocupada por ella.

“Hay un staff muy grande en la casa funeraria donde trabajo. Yo me encargo de varias cosas que tiene que tener el cuerpo antes de ser cremado”. Me explicaba mientras se tomaba su Starbucks que olía mucho a vainilla.

“Me imagino que lo primero que debes de checar es que no respire, ¿verdad?”.

Se carcajeó y en eso fue su turno de hablar con un agente de inversiones.

Así soy yo.

Me gusta saber que hace la gente porque se me hace tan interesante todo lo que hace cada quien. Aún en mi misma carrera de bienes raíces, siempre hay agentes que tienen un don especial en ciertas áreas que los hacen espectaculares en su carrera.

Nunca había yo pensado que el preguntar ‘¿qué haces’ se pudiera interpretar como que yo quería juzgarlos para así saber el respeto y la admiración que se merecen.

Tantas y tantas veces que pregunto.

Nunca pasó por mi mente que pudiera alguien sentirse ofendido ó juzgado.

Mi nivel de respeto y admiración hacia una persona muchas veces depende del trato que veo que le dan a los demás y tambien a mi persona.

De nada sirve tener todos los doctorados y medallas colgadas en una pared si con la gente son bien feos. De nada sirve el más exitoso de los hombres si conmigo ó con cualquier otra persona es malo.

Yo pregunto lo que haces no para respetarte más ó menos.

Yo lo pregunto por metiche, porque me gusta conocer a las personas a mi alrededor y sea cual sea tu profesión, nivel educativo, nivel socio-económico y éxito.

Mi respeto hacia ti siempre serán tus actos de humildad y de bondad hacia los demás y tambien hacia mi.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Ponte en mis zapatos.

Si me conoces bien, entonces sabes que no me gusta ir de compras. Sí, ya se, soy diferente a todas pero no me gusta andar en los centros comerciales de tienda en tienda buscando de entre lo mismo que ciertos diseñadores te dicen que te debes de poner en la temporada.

PERO…

Sí, un pero en mi afirmación.

Pero, si se trata de zapatos, entonces no tengo fuerza de voluntad. No sé porque me gustan tanto los zapatos. Si me ganara la LOTTO, creo que si me iría toda una tarde a comprarme todos los que quiero y no como ahorita, sólo para lo que me alcanza.

Zapatos.

Me acordé de un dicho muy sabio que dice “CAMINA EN MIS ZAPATOS”.

Camina en mis zapatos, es decir, ponte en mi lugar antes de opinar de lo que sea sobre mi.

¿Cuándo fue la última vez que diste una opinión de algo de lo que tenías absoluta certeza de lo que se trataba?

Es muy fácil opinar de todo tema y muchas veces desconocemos lo que hay en el fondo.

No podemos hablar por nadie si no estamos pasando por exactamente lo mismo.

Me imagino a ciertas personas caminando en mis zapatos. Me da risa en pensar que se los quitarían al tercer paso.

Y es que uno se acostumbra a andar con ciertos zapatos, por más que duelan ó sean incómodos. Uno les encuentra el lado, el modo al andar.

Muchas veces usamos plantillas, otras veces unas cintas especiales para que no nos duelan las ampollas que nos causan.

Unos zapatos nos hacen ir de prisa pero nos van dañando las rodillas si no son buenos.

Los tacones ó zapatos ‘elegantes’ nos das porte, altura y tal vez hasta nos hagan sentir importantes pero nos duelen, nos lastiman los pies.

Yo estoy segura que no podría caminar en tus zapatos porque hay un proverbio indio que dice que cada quien fue dado el par de zapatos que van con la medida de sus pies.

Yo no podría caminar igual como tu lo has hecho. Pero me gustaría intentarlo.

Tengo en mente un día intentar dar un paso en tus zapatos para ver lo que sientes todos los días. ¿Cómo sigues de pie? ¿Cómo encuentras el balance? ¿Qué te duele en cada paso?

¿Porqué sigues caminando con los zapatos mal amarrados? ¿Porqué no usas los nuevos?

¿Y si caminamos juntos descalzos un rato para que no nos duela tanto el andar?

Quizá poniendo los pies sobre la tierra podamos llenarnos de fuerzas para seguir en este camino que parece largo pero que se acaba en la esquina menos esperada.

Me da risa que alguien quiera caminar en mis zapatos para ver lo que siento. No podrían. Tengo la mala costumbre desde que tengo 4 años de no desabrocharme nunca los tenis. Es decir, los amarro una sola vez y así, “a la fuerza” me los pongo.

Pero bueno, te invito a que camines en mis zapatos un día y quizá puedas así por fin conocerme un poco más y no solo de lo que escribo, publico ó platico.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Lunerías

Branson, Bezos y Musk. Tres de los más ricos del mundo han comenzando una competencia de conquista en el espacio. Se tiene trabajando en esto mucho tiempo y hace unos días Branson pudo hacer su paseo espacial por unos minutos.

Mientras el mundo les aplaude y los admira por tener una vida fantástica llena de logros materiales, yo la verdad estoy muy preocupada por otra situación de estos viajes espaciales.

Estoy segura que lo que están planeando es invadir a la Luna. Para mi esto sería casi sacrilégico. La Luna debe de ser intocable. Solo admirada y venerada desde la tierra.

Lo último que necesita el mundo es un mensaje de “si las cosas se ponen peor, me puedo mudar al espacio”. Estos privilegios serán para unos cuantos que quieran gastar una fortuna en explorar el espacio y peor aún, construir viviendas en la luna.

Yo estoy en bienes raíces y conozco la ambición de los que más tienen. Mientras la gran mayoría de nosotros estamos viendo como calificar para comprar un pedacito de propiedad y poder hacer los pagos mensuales, estos billonarios materiales están solo viendo que el mundo ya les quedó chico, sucio y corrompido.

No quiero que toquen la luna. No por envidia sino por cuestiones místicas. (No me regañen, entiendo la diferencia de mi religión y de lo metafísico, pero la Luna es la Luna).

Acusada de ser la causante de los malos humores y personalidades, de los hombres lobos, de mover las aguas oceánicas, de llenar de suerte y de iluminar al caminante nocturno, la Luna no debe ser tocada ni por el más millonario.

Si nos estamos acabando el mundo por los descuidos a su esencia, ¿qué va a pasar si la luna se llena de sucursales de Oxxos?

A mi no me emociona que puedan ir al espacio estas personas. Me impresionarían más si usaran sus recursos en mejoras a su actual planeta.

No vayan a la luna, por favor.

No quiero que invadan la luna porque ella me guarda mis secretos.

En las noches más tristes y llenas de soledad, con ella he platicado.

Me ha visto llorar sin consuelo.

Ha sido testigo de besos que me han robado y de besos que he regalado.

La luna siempre sale, aún cuando se oculta por estar en su fase nueva, siempre está.

Me ha enseñado que es mágica aunque de lejos solo se vea como incompleta.

La luna llena me ha enseñado a que está bien que la gente te admire cuando estás en tu esplendor.

La luna me ha inspirado a escribir los textos más candentes y me he bañado con su luz para sentirme acompañada.

Ella siempre sale para ver si logra ver al sol, aunque sea unos segundos.

La luna me enseñó a ser paciente y a disfrutar cada momento bonito, aunque estos parezcan durar unos segundos nada más.

Si por algo un día tuviera suficiente dinero para ir a verla de cerca, creo que no iría.

Imagínate por fin poder tocarla y no sea lo que te has imaginado toda una vida.

Me quedo con esa magia mística y con el uso de mi imaginación mejor.

No la toquen.

Déjenla en paz.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

De Lejecitos

Primero que nada quiero ofrecer una disculpa por no haber publicado nada el pasado miércoles 30 de junio. Fue el mero día de la cirugía de mi sobrino y la verdad se me olvidó todo.

Pero ya estamos de regreso, cada día estamos mejor y me siento muy bendecida de tener la familia que tengo.

Hoy quiero que observen las siguientes fotografías. Traten de adivinar que son.

Son cuatro fotografías normales a las que les hice un buen ZOOM (las acerqué) mientras jugaba con mi teléfono y se me ocurrió escribir sobre esto.

Estos llamados CLOSE-UPS tan difíciles. Bien dicen que las pinturas (obras de arte) deben ser observadas desde una cierta distancia para apreciar su belleza.

Cuando uno ve de cerca algo, la imagen se distorciona, se pierde la esencia del todo por irse a lo detallado.

“De lejecitos”, siempre me decía mi abuela cuando le queríamos tomar foto ó cuando hablábamos de alguien que no nos caía bien (jajaja, la extraño).

Ahora bien, lo del acercamiento no solo se refiere a lo visual. Muchas veces creemos conocer a una persona pero entre mas pasa el tiempo y mas te ‘acercas’ a ella, comienzas a darte cuenta que no era tan lindo como cuando era persona lejana.

Lo mismo pasa con las situaciones ó problemas. Tenemos que alejarnos un poco cuando tenemos un problema para poder ver todo el panorama de la situación.

Si vemos de cerca el problema, el error, la situación negativa, entonces jamás podremos ver hacia donde debemos ir ó recorrernos para solucionarlo.

Muchas veces si damos unos pasos hacia atrás podemos ver que la salida está cerca.

Quizá psicológicamente uno se ‘esconde’ a veces de la sociedad que te rodea. Te gusta estar ‘de lejecitos” porque conoces tus errores, tus defectos y tus arrugas (jaja) y no quieres que sepan que no eres lo que ven de lejos.

Es una exageración, tal vez. Yo se que los que estan conmigo me quieren así como estoy, distorsionada, media bruja, media loca, distraída y con la facilidad de expresarme (que puede ser algo malo).

Sin embargo, hay casos, personas y situaciones que las prefiero “de lejecitos”, así no me vuelven a lastimar y se me olvida que una vez las ví de cerca y me perjudicaron.

Me estoy riendo mientras escribo. ¡Cuánta razón tenía mi abuela! Antes pensaba que lo decía por sangrona, pero ahora que estoy más vieja puedo ver que mi abuela lo decía por sabia. Creo que es hora de escribir más de sus dichos y cómo las señoras de antes tenían todas las frases célebres en su cabeza y no en memes de Pinterest.

“¡Uy no mi hijita! De lejecitos ella”. Jajajajaja. Tendré que hacer una junta especial con mis tios y primos para acordarme de su filosofía.

A ver, díganme… ¿supieron que era cada foto que les publiqué arriba?

Aquí estan las respuestas:

Mi consejo de hoy tal vez sea que si no es necesario ver muy de cerca algo, así déjalo. Luego uno se decepciona. Mejor “de lejecitos”.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

De lejecitos, mejor!!!

Botón importante

Estos tiempos de pandiemia me hicieron ver Netflix más que nunca. No sólo Netflix sino todas las aplicaciones de televisión que hay: Hulu, Peacock, Disney+, HBO Max, etc.

La televisión en vivo casi no la veo ya, y mucho menos he tenido tiempo de ver canales de televisión mexicana, (aunque les confieso que a veces extraño esos programas tan llenos de nada y tan nulos pero que me hacían reír).

Series, películas y más series. Mexicanas, americanas, españolas y colombianas. Siempre hay algo que ver en estas aplicaciones. A toda hora, en cualquier episodio, puedes retomar la historia de cada una.

Con los ojos cerrados mis hijos manejan los controles, como si estuvieran en automático. Yo todavía tengo que alejar el control de mi para enfocar mi vista y ver que no le pique a otra cosa (si, ya se. Lentes).

Ahorita nos tiene muy entretenidos la serie de MODERN FAMILY y es una terapia verla en familia. Está prohibido que uno de nosotros avance en capítulos si no estamos los tres. Eso hace que sea un compromiso que disfrutamos mucho.

A veces hacemos “popcorn’, a veces una tablita de quesos y carnes frías. A veces agua y a veces vinito. La serie es tan simple que nos hace sentir muy bien cada que la vemos. Nos reímos y es comedia sana sin ser grosera.

Dentro de todo el ritual de estar viendo la serie, siempre hay alguien que dice “ponle pausa, voy al baño”, ó “ponle pausa, voy por mas vinito” y todos muy de acuerdo nos sincronizamos. Es muy chistosa la manera que se ha convertido en rutina por las noches. Apagamos celulares y no se contestan hasta que terminamos. Es la regla para estar conviviendo sin tecnología.

Al momento de poner la pausa, llego a la conclusión que puede ser el botón más importante en el control de la TV.

Tener el poder mágico de congelar el tiempo de una película para poder hacer otras cosas importantes se me hace a mi algo fantástico.

Nada de adelantarle ni regresarse en la película. No está padre regresarse a ver lo que ya viste ni tampoco está padre adelantarle a lo que va a pasar porque te puedes perder detalles que definan el final.

Lo más importante es ponerle pausa.

Se le pone en pausa cuando no hay nada crítico. Es decir, no le vamos a poner pausa a un episodio donde se hizo una pregunta importante. Vamos a esperar a ponerle pausa cuando esté la escena cambiando sin nada importante que ver.

Pausa.

Yo quisiera un botón de pausa en la vida real.

El botón de regresarme en la vida lo usaría para revivir momentos que me llenaron de felicidad y volver a sentir lo que sentí en su momento. (No la volvería empezar de nuevo, sólo me iría a los momentos bonitos).

El botón de adelantarle no me gustaría usarlo para mi vida. Imagínate ver tu futuro y que no sea lo que piensas que va a ser. ¡Qué chafa! Me espero a que pase en vida real mejor.

Pero ese botón de PAUSA. Poder detener el tiempo en cualquier momento y situación. Cuando sale un imprevisto poder ponerlo en pausa para analizar la manera que lo vas a resolver.

Pausa a esos momentos bonitos donde quieres ver detenidamente los detalles de una escena en tu vida. Esos momentos de la vida que no quieres que acaben.

Pausa para respirar. Servirte más vinito para seguirle.

Piensa en uno de los momentos más bonitos de tu vida. Un momento en el que hayas sido feliz en todo, donde te sientes pleno, te sientes volar. Un momento profesional, emocional, personal.

Ahora ponle pausa a ese momento. ¿A poco no es como una sensación de que esa felicidad se prolonga?

La puedes admirar a detalle.

Ahora bien, en vida real y presente, imagina que tienes un problema que te agarra fuera de base (como se dice en el beisbol). Que padre sería poner pausa para organizar los sentimientos y pensar adecuadamente para la solución del mismo.

Ultimamente despierto con la necesidad de encontrarle pausa a mi día para organizarme.

Lo peligroso es que si dejas mucho presionada la PAUSA, automáticamente se apaga la aplicación ó continúa con ó sin ti la película.

Para pensarse, ¿a poco no?

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES.

¡Flota , Mariana!

Mariana Eres caminaba por el muelle. La brisa salada rizaba sus cabellos. Ese viento en su cara y la emoción de poder irse a ver el atardecer sola en un yate rentado le provocaban una sonrisa medio pícara y contagiosa.

Cansada, estresada y presionada había tenido la audacia de decidir navegar sola, aunque fuera por una tarde.

No iba lejos, solo alrededor de la bahía y siempre supervisada con un GPS que la orientaría desde la torre de control en el puerto de la ciudad.

Un delicioso chardonnay estaba ya puesto en hielos y ella llegaba al pequeño yate, no lujoso ni ostentoso pero lo suficiente para llevarla y perderla por una sola tarde.

Ese yate significaba tanto para ella. Era un escape a una realidad aunque fuera por sólo un momento.

Las clases de navegación que había tomado a escondidas (para evitar críticas) por fin iban a probarse.

No debo de beber y conducir este barquito“, pensaba Mariana en lo que se servía una copa y se dirigía hacia el timón para salir.

Cuerdas sueltas, velas puestas, yate encendido… Mariana se iba alejando poco a poco de la tierra.

Mariana, alta y espigada con la cara hacia enfrente, dominaba el gran Pacífico. El viento estaba más fresco y cada vez se veía menos la tierra.

Mariana ya no estaba en la bahía y no estaba ya tan cerca pero la señal de la navegación aún indicaba que se encontraba en territorio seguro y fácil.

El chardonnay fresco tocaba sus labios y ella disfrutaba cada sorbo lentamente.

Encontró un espacio lejos de toda tierra, en medio de las aguas y detuvo el yate.

Su celular estaba apagado porque no quería enterarse de nada ni de nadie.

Eran Mariana y el mar.. y ese vinito que ya le cosquillaba la cabeza.

En sus grandes ojos se podía ver el resplandor que el sol obsequiaba ese atardecer. Era todo un espectáculo ver el sol ser tragado por la inmensidad del mar.

Con el cielo en tonos morados y la marea un poco picada, Mariana cerraba sus ojos y se dejaba mecer en el yate.

El frío, el silencio y la melodía de las olas la llevaron a un estado de relajación profundo.

Voy a cerrar los ojos un ratito más“, se decía así misma mientras el yate encendía en automático sus luces.

Mariana se dejaba llevar por esa tranquilidad en falso ya que la rodeaban aguas peligrosas y la oscuridad que no se hacía esperar.

Mariana se dormía profundamente…

Un dolor en la espalda como cuchillos la despertaron. El ruido violento de láminas la confundían. No veía nada. Sólo sentía frío y dolor en su cuerpo.

Choqué. Estoy en el mar, atrapada“, medio pensaba en lo que reaccionaba despues de un mal giro que dió el yate en medio del mar.

No quiso averiguar con qué había chocado pero tenía que pedir ayuda antes de que el barco se hundiera.

En un momento su paz y tranquilidad se esfumaron. Mariana se había confiado de un yate y había violado dos reglas importantes de la navegación: No ir solo y no distraerse.

El viento no la estaba ayudando. Mariana estaba ya en el agua y no podía accesar al kit de emergencias para pedir ayuda.

Algo jalaba a Mariana desde abajo. Sus zapatos estaban atorados en algo y ella sentía que una fuerza la hundía.

Mariana comenzó a nadar, a patalear y manotear para mantenerse a flote.

¡No me puedo ahogar!“, gritaba como si la escuchara alguien.

Tenía esa presentación importante en el trabajo. Había que llevar a los niños a los partidos esta semana. Mañana era el cumpleaños de la comadre y ella llevaría el pastel. Los pagos de la casa no estaban en automático y ella tenía que pagarlos. El nunca le regresó la llamada despues de aquella noche. Tenía que ir por los resultados del diagnóstico de ese quiste en su brazo izquierdo. El fin de semana llegaba toda la familia a festejar el inicio del verano. El periódico la estaba esperando con el artículo de los problemas de los migrantes. No le había pedido perdón a una amiga que ofendió sin querer. Ya iba a comenzar su membresía en el gimnasio. La vida la esperaba. Mariana no se podía ahogar.

El cansancio ya era mucho y ella sabía que iba a perder la batalla contra el mar que se la quería tragar.

Mariana comenzaba a hundirse y ya no alcanzaba a agarrar aire. Luchaba y luchaba. Pataleaba y movía los brazos para nadar pero era todo en vano.

Mariana sabía que tal vez esto era su final.

Pero una voz dentro de ella le decía “Mariana, flota. Deja de luchar contra la corriente. Déjate ir. Flota, Mariana“.

Mariana se rendía sin fuerzas. Mariana dejó de forzar su cuerpo a nadar. Mariana soltó lo que no podía controlar.

Y Mariana flotó…

Mariana al dejar de luchar contra toda la corriente, se pudo calmar y su cuerpo subió a la superficie.

Mariana agarraba aire de nuevo.

Ella aprendió, casi de inmediato y porque no tuvo otra alternativa, a flotar en medio de la tempestad.

Mariana, ¡flota!“, se escuchaban ya unas voces con unas luces que venían a rescatarla.

Para el mundo, Mariana había luchado solo unos minutos.

Para Mariana, la lucha contra la corriente del mar fue equivalente a toda una vida tratando de estar a flote.

Mariana esa noche aprendió a flotar, soltando lo que no podía controlar.

Me dió gusto platicarles otro cuento de Mariana Eres, mi personaje ficticio favorito. Porque al final del día, todos somos MARIANA ERES.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Mentalidad de León

Si el león es el rey de la selva, ¿cómo puede ser el rey de la selva si no es el más grande? El elefante es el más grande . Tampoco el león es el más veloz, porque ese es el cheetah (leopardo cazador). Tampoco es el más inteligente. Ahora bien, si no es el más grande, más rápido ni más inteligente, ¿cómo es que el león es el rey?

La respuesta es: su mentalidad.

El león se sabe rey aunque lo rodeen miles de hienas porque el sabe de su poder.

¿Qué pasa si somos unas gacelas?

A las gacelas se les empuja, se les mueve, se les dicta que hacer. La gacela corre si el león va detrás de ellas porque si se detiene, se convierte en la cena del león.

Si a la gacela no la corretean, esa gacela deja de moverse, deja de correr y se queda en el mismo lugar.

En cambio el león siempre se está moviendo porque sabe que tienen que hacerlo por la familia entera de la selva.

El león se mueve porque su mentalidad le dicta que avance.

Si hay algo que nos enseña la naturaleza es que los felinos no solo cazan para comer. Cazan porque les gusta hacerlo.

Les gusta ver a una gacela despistada en medio de la sabana africana. Se emocionan y casi creo que pueden pensar “hmmm, esa mera”.

Disfrutan ir despacio entre el matorral en silencio y escondiendo su cuerpo para no ser detectado por la gacela. Sabe el león que se tiene que acercar lo más que puede.

Al león le encanta arrancarse detrás de la gacela que no tiene ni idea que pasa pero sabe que si no corre ya valió.

En resumidas cuentas con lo escrito arriba, al león le gusta el proceso casi más que el resultado.

Nosotros, como seres humanos, a veces nomás queremos que se nos entrega en charola de plata ya servida esa gacela sin tener que cazarla.

Queremos el premio sin pasar por el proceso. Queremos ganar sin participar. Queremos sacarnos la Lotto sin comprar boleto.

No nos gusta el proceso. No nos gusta esa disciplina de tener una meta, de ver los caminos a llegar a ese premio y no nos gusta correr. No lo disfrutamos.

Tenemos que enamorarnos del proceso y las herramientas para llegar a ese premio.

Un verdadero ganador no solo quiere el premio sino que quiere disfrutar la manera en que lo obtiene.

Debemos enamorarnos del proceso sin que nos importe los tiempos en los que lo logramos. Eso sí, no debemos parar hasta conseguir ese premio, meta ó esa gacela.

Tenemos que ser leones en nuestra manera de vivir. Como estudiante, como empresario, como persona….. ser ese león.

Pero tenemos que creernos leones. Dejar de ser esas gacelitas que ven la vida pasar comiendo zacate y esperando a un día tener que correr por nuestras vidas porque los leones de nuestra sociedad nos van a acabar.

Leones. Cazadores. Reyes de la Selva.

Seamos los que controlan lo que hacemos, ignorando críticas (aunque sean constructivas). Un león no anda pidiendo consejos ni opiniones de lo que hace.

El león se levanta con una meta y la logra.

Los leones duermen 20 horas al día lo que nos indica que esas 4 horas restantes las aprovecha al máximo con la mentalidad de que no va a perder tiempo y todo le va a salir bien.

Indestructible, temido y respetado por su actitud y seguridad. (Nada tiene que ver el poder del león con la inteligencia, rapidez, grandeza ni mucho menos la suerte).

(Post data: las cazadoras somos las leonas -hembras-. Los leones protegen a la familia de los enemigos. Trabajo en equipo entre leones. El más sólido que hay).

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Esos 48 años con 12 meses

Cumplí 49 y aunque ya los comienzo a ver y sentir, agradezco a Dios poder llegar a esta edad.

Quiero agradecerle, muy en especial, por mi cuerpo. Pobrecito mi cuerpo. Tanto que lo maltrato.

No le doy de comer a veces porque quiero que esté flaco. Lo insulto cuando no me veo bien en el espejo (según mis estándares de belleza). Le doy vitaminas y tés de especias para hacerlo bello y solo lo dejo indispuesto. A veces hasta lo intoxico con recetas de TikTok que no sirven.

No lo cuido como debería y me quejo de el mucho, últimamente. Que si la espalda, que los pies cuando me pongo tacones, que mis hombros, que mi cintura cada vez menos marcada.

Me enoja no rendir igual en el gimnasio y que me falte el aire cuando subo muy de prisa con las bolsas del mandado hasta el tercer piso de mi edificio.

Soy una malagradecida porque este cuerpo me ha mantenido sana en esta pandemia. No me ha fallado. Tanto que lo insulto y se ha portado a la altura protegiéndome y funcionando como una máquina perfecta para cuidarme de no enfermarme del Covid19.

Ahorita lo tengo que premiar con cuidados que hace mucho no le doy por falta de ganas, quizá por falta de energía y a lo mejor una ligera depresión por tantas cosas que pasan en mi cabeza.

Así que, públicamente quiero pedirle perdón a mi cuerpo. Perdón por no agradecerle el ser tan sano para que yo pueda disfrutar de mi vida. Espero que siga fuerte por muchos años más.

49. Híjole. No me da miedo decir mi edad. Me da miedo la edad 49 en especial.

Verán, esa edad me da miedo desde 1995.

Mi papá, a sus 49 años y 10 meses de vida se muere de un infarto fulminante en abril de 1995.

Sí, fue doloroso todo, pero les confieso que algo que nunca pude superar fue la edad a la que murió. No murió en accidente ni se suicidó ni fue asesinado. Murió porque hasta esa edad dejó de latir su corazón.

Mi tío Richie Montiel, esposo de la hermana de mi mamá (Tía Norma), a sus 49 años y 10 meses se muere de cáncer en noviembre de 1995.

De esas casualidades de la vida que te hacen pensar y tener mucho miedo.

49. Mi papá y mi tío murieron a mi edad y eso me llena de un sentimiento muy extraño. No vayan a pensar que estoy sientiendo algo, alguna premonición ni veo lo que el futuro tiene para mí, pero simplemente no me gusta tener esta edad.

Así que, quiero mejor tener 48 años y 12 meses.. y luego 48 años y 13 meses hasta llegar a los 50.

Quizá pueda entender un poco el stress que vivía mi papá y mi tío a esta edad. Lo veo porque me doy cuenta como está el mundo laboral, lo que es tener que pensar que negocio hacer para sacar adelante no solo a los hijos sino ahorrar para un futuro.

Entiendo que a esta edad te sientes joven y no te cuidas como deberías. Es por eso que es tan peligrosa. Las mujeres comenzamos otra vez a sentir todas la loquera de hormonas preparando nuestros cuerpos para otra etapa no muy lejana.

Dejamos de dormir, es más fácil tomarte una cheve que un jugo natural, y comes lo que hay sin pensar en una dieta para estar sanos.

El stress que los hijos causan (sin querer) es inevitable. Quieres lo mejor para ellos y por eso se nos olvida cuidarnos por cuidar de ellos. Si ellos están bien, tu estás bien. (Aunque la ciencia y la sociedad nos dicta que es al revés. Una mamá/papá que están sanos y contentos automáticamente ayuda para que los hijos estén bien.)

En la numerología significa estabilidad, trabajo y progreso. Es símbolo de continuidad y de persistencia.

En la religión judía representa el nivel más alto de espiritualidad en los humanos. (El nivel 50 ya es de Dios)

Hmmm. A lo mejor tengo que darle una oportunidad a estos 48 años con 12 meses.

Así que si me oyen decir que tengo 48 con 15 meses, recuerden que es por ese estigma del 49 y no porque me quiera quitar la edad.

No creo en eso de quitarme la edad. Es más, mi tío Ariel me descubriría adrede y mis tantos amigos y familia que nacieron en 1972 tambien.

Así que espero que me acompañen en este nuevo año para mi y me lean cada semana para asegurarse que hubo blog como siempre y que los 48 años y 12 meses lleguen rápido en un año lleno de logros personales y profesionales. (Mi deseo al soplar las velitas)

Gracias de nuevo por seguirme leyendo.

Hoy les confesé un secreto muy mío. Me lo guardan pues.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Cerré Los Ojos

Cerré los ojos. No supe exactamente en que momento, pero estaba consciente de que los cerraba.

Los cerré y apagué mis sentidos. No puedo explicarlo, pero me desconecté.

Dejé de oír, de sentir, de estar.

Era una paz tan profunda. Solté todo el cuerpo.

Por primera vez en mucho tiempo (quizá años) yo cerré los ojos.

No sé si fue el cansancio físico, emocional ó mental lo que hizo que me detuviera.

Cerré los ojos y no tuve miedos ni preocupaciones.

Cerré los ojos y nada importaba. Todos los ruidos ambientales y de la gente a mi alrededor no existían.

Cerré los ojos y estoy segura que cerré todo a mi alrededor.

No sentía miedo ni tristeza ni angustia. Solo cerré mis ojos.

Me quedé dormida en un sofá, semi-sentada en medio de todos.

Cerré mis ojos y me regalé una siesta de unos cuantos minutos que, sin saberlo, mi cuerpo me pedía a gritos.

Los que me conocen saben que mi sueño es ligero y que cualquier ruido, luz ó movimiento me hace despertar. Todas las noches me duermo como “de a mentiritas”.

Pero esta tarde fue diferente.

Cerré los ojos superando cualquier ruido y obstáculo.

Los cerré aún con ruidos de mis sobrinos y mis hijos platicando.

Los cerré con los dos perritos encima de mi.

No sentí nada.

Fue una ‘power nap’, una pausa en mí muy necesaria.

No se porque me pasó esto pero lo disfruté.

Pude despegarme de mis actividades, de contestar recaditos, de agendar citas, de pensar en mis hijos, en la casa, en mi.

Cerré los ojos y me gustó no sentir nada. No podía abrirlos. Es más, no quería hacerlo.

Creo que fueron unos 12 minutos los que estuve totalmente dormida.

Al abrirlos exclamé, “Creo que me dormí”.

Nunca había descansado así de esa manera.

Al abrirlos me sentí nueva, llena de pilas para seguirle en el día.

No entendí porque estuvo tan perfecta la siesta en tan poquitos minutos.

Es cuando comprendí lo de “No importa la cantidad sino la calidad”.

Nos enfocamos siempre en la cantidad mensurable que olvidamos que lo que importa realmente es la calidad. (Aplica a todo lo que hacemos).

Esa cerrada de ojos me hizo ver aunque me contradiga en esta frase.

Me hizo apreciar la calidad y no la cantidad.

Me puso a pensar que debo de aplicar eso en todo lo que me rodea.

Preferible tener pocos amigos pero fieles.

Es mejor tener poca familia pero sincera.

En el trabajo, prefiero tener 3 buenos clientes a 30 que no me harán avanzar.

Cerré los ojos y llegó un momento en que no los quise volver a abrir.

Me sentía tan a gusto.

“Ya estoy vieja”, pensaba cuando me levantaba de ese sofá despues de mi ‘power nap’.

Tal vez.

O realmente estoy joven aún pero con muchas ganas de cerrar los ojos momentáneamente, con calidad, para reponer esa energía que se me escapa en el día a día.

Cerré los ojos y me sentí muy bien.

No se cuando mi cuerpo vuelva a regalarme una siesta igual. De todos modos le voy a echar ganas para tener de nuevo una experiencia así.

Cerraré los ojos pero esta vez quiero soñar con lucidez para así descansar dentro de una fantasía.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂