El otro día estaba en TikTok, como quien no quiere la cosa, cuando me topé con una entrevista de Ben Affleck. Así, Ben Affleck, Hollywood, Batman, alfombras rojas, y de pronto sueltan que su palabra favorita en español es “sacapuntas”.
Sacapuntas.
No amor, no corazón, no tequila. Sacapuntas.
Me dio risa, pero también me hizo pensar. Porque la palabra no es elegante ni romántica, pero tiene algo… es fuerte, es concreta, es honesta. Es una palabra que dice exactamente lo que hace. Saca puntas. Fin. No promete más de lo que cumple. Y ahí fue cuando pensé: todos tenemos palabras favoritas, aunque no sepamos por qué.
Yo sí las tengo. Muchas. Y no porque suenen finas, sino porque me provocan algo. Algunas me abrazan, otras me hacen reír, otras me recuerdan a mi niñez, a mi familia, a sobremesas largas, a carcajadas sin reloj.
Yo amo las palabras porque me han metido en problemas pero también me han salvado la vida.
El español tiene eso: es exagerado, dramático, sabroso. No dice “un poco”, dice “poquito”. No dice “está mal”, dice “está de la fregada”. No se conforma con existir, necesita sentirse.
Así que inspirada por Ben Affleck y su sacapuntas, hoy decidí sentarme a escribir sobre mis palabras favoritas en español. No son las mejores, ni las más correctas, ni las más cultas. Son las que me gustan a mí. Las que me salen sin pedir permiso.
Aquí van, sin ningún orden lógico, como debe ser la vida:
1. Afán
2. Siniestro
3. Estrenar
4. Chafa
5. Antojo
6. Quejido
7. Chicharrones
8. Madrugada
9. Relajo
10. Carcajada
11. Compadres
12. Cacahuate
13. Aguantar
14. Comezón
15. Desvelada
16. Ideático
17. Desahogo
18. Taninos
19. Finiquito
20. Resonancia
21. Arracada
22. Cosquillas
23. Tranquilidad
24. Vinito
25. Gerundio
Mientras escribía esta lista me di cuenta de algo: nuestras palabras favoritas hablan mucho de nosotros. De lo que necesitamos, de lo que valoramos, de lo que extrañamos. No es casualidad que muchas de las mías tengan que ver con conexión, con emoción, con comunidad.
Tal vez por eso me encantó lo de Ben Affleck. Porque entre tanto glamour, eligió una palabra sencilla, casi infantil. Y eso me recordó que el lenguaje no es para impresionar, es para sentir.
Así que la próxima vez que alguien te pregunte cuál es tu palabra favorita, no contestes rápido. Piénsala. Seguramente ahí hay una pista de quién eres hoy.
Y si no sabes cuál es… empieza por sacapuntas. Quién quita y te cambie el día.

Nos vemos a la próxima.
