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¿Sentirán lo mismo?

Sin querer escucharme presumida, tengo toda la semana durmiendo y despertando con el sonido de las olas del mar.
Es un sonido tan pacífico, tan dulce y tan poderoso a la vez.
Levantarme a caminar por la orilla del mar con el aire fresco en mi cara.
El olor a humedad que solo en la playa logras percibir.
Sentarme frente a las olas por horas, viendo hasta donde mis ojos no alcanzan más.
Llega un momento en el día en que el horizonte y el cielo se mezclan a un mismo tono de azul.
Ves la inmensidad del agua, la fuerza de las olas…
El sol brilla y calienta el clima frio del Océano Pacífico.
No tardan en aparecer los pelicanos, volando en parvada clavando de repente en el agua para lograr pescar. Otros nadando pacíficamente, con el pico agachado que se mecen con el ritmo de las olas.
Las gaviotas traviesas que aprovechan cualquier descuido robarnos la bolsa de Ruffles con queso que dejaste semi-abierta.


Los delfines que pasan de norte a sur brincando por las mañanas y los ves devolver de sur a norte por las tardes.
Las plantas tropicales, esas flores raras y exóticas.
Las elegantes palmeras largas y delgadas.
Los platillos producto de verdadero artista culinario de la región. El ceviche, el coctel, el aguachile. La cerveza helada.
Todo sabe más rico al nivel del mar!
Esos amaneceres que te hacen sentir que no solo un nuevo día comienza sino que una nueva oportunidad renace cuando el sol aparece.
Ese atardecer colorido que te dice que un día más concluye y es tiempo de regresar a tus sueños para ponerlos en función la siguiente mañana.

Mi reflexión es:

¿Acaso disfruto y me fijo en la belleza de la playa porque solo estoy aquí una vez al año?
Es decir,
¿Sentirán lo mismo al ver este paisaje aquellas personas que viven siempre aquí?
Creo saber la respuesta.
Creo que no viven su entorno con la misma intensidad que uno que no vive aquí.
Es la ley del ser humano el ‘acostumbrarse’ a lo que tiene y sentir que ‘muere’ de añorar lo que no tiene.
¿Porque siempre queremos lo que no tenemos ó no podemos tener?
¿Es inconformidad ó será simplemente que somos seres cambiantes?
Pero piensen poquito.
Siempre uno deseando lo que no tiene.
Luchando para tenerlo.
Y ¿qué pasa cuando uno lo obtiene al fin?
¿Se pasa el encanto luego luego?
¿Dura para siempre la emoción ó se desvanece cuando uno se acostumbra?

Aplica para todo en esta vida!

Ese trabajo que siempre soñaste. Ya sea diferente o un ascenso en la misma empresa. Y al estar en él te das cuenta que no estaba tan padre. Requiere todo tu tiempo y sacrificio de familia.

El carro que por fin te compraste. Y te estas preocupando porque cambia de modelo el próximo año!

El amor que se convirtió en matrimonio. Y estas viendo que la convivencia no es tan ‘luna de miel’ como pensabas!

La casa de tus sueños que por fin pudiste comprar. Y ahora te preocupa poderla mantener para toda la vida.

Los aparatos de tecnología que les pudiste regalar a tus hijos. Y ahora ya no te acuerdas de como son sus voces y ves cómo se les va la niñez frente a un teclado.

Y así. Tantos ejemplos mas!

Si yo algún día viviera a la orilla del mar, lucharía contra mi ‘ser cambiante’ para siempre sentir esa magia que me transmite este ambiente playero.
Es tan padre la emoción de cuando sabemos que llegará el verano y estaremos frente al mar por unas semanas!
Mis hijos también sienten ya lo mismo.
Los planes de lo que vamos a hacer en la playa, los diseños de los castillos de arena, el escoger los trajes de baño, la compra de los bloqueadores y demás artículos necesarios comienzan desde meses antes.
Me siento bendecida y agradecida de que Dios y la vida me han permitido disfrutar de los veranos playeros junto a mi familia!

¡Un fuerte abrazo desde ROSARITO, B.C. MEXICO!

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂