Toda Hongo

Caminaba en la tarde con mi perrita Kiara. Ya había oscurecido. Aunque no era muy tarde (el sol se mete a las 5pm en San Diego), había muy poca luz.

Es muy chistoso como la falta de sol hace que todo a tu alrededor parezca un poco más peligroso.

No se puede ver bien donde pisas, no se sabe con exactitud si hay hoyos ó escalones que puedan hacer que tropieces.

Si no llevas colores claros, los carros no te ven en la oscuridad.

Pero hay un cierto sentir de misterio en lo oscuro. Te salen de repente personas y como en las películas de terror, piensas que es el asesino en serie que andan buscando las autoridades.

No me gusta que se me haga tarde para sacar a la perrita a su caminata vespertina (la de la mañana es a las 7:30am muy rutinaria. Pareciera que sabe la hora porque se pone en la puerta a esperar que le enganche la correa para pasear).

Pero es que el sol se esconde muy temprano en este horario de invierno. ¡A las 5! Eso es prácticamente medio día, sobre todo cuando los niños salen más tarde de la escuela.

El caso es que caminaba muy tranquila, con el pendiente de tener cuidado adicional, sobre todo al cruzar las calles.

No había nadie afuera, quizá era por el viento frío que se podía sentir. Era la única en la calle, muy chistoso. Como si todo el mundo hubiera desaparecido.

En eso, mientras me fijaba donde pisar para no caerme (si me conoces sabes que me caigo todos los días por diferentes motivos ), lo ví.

Allí estaba, en medio de la nada, rodeado de lodo y abono, un hongo.

Solito, paradito y muy fresco.

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En ese momento se me vino a la mente un dicho que desde que yo me acuerdo lo dice mi hermana para todo “Toda hongo” (les traduzco: sola como hongo).

Me dió mucha risa ver el dicho de mi hermana en vivo y a todo color.

“No fue nadie, estaba toda hongo”. “Juega siempre toda hongo”. “No me dejes toda hongo, espera”.

Me seguía riendo al recordar a mi hermana con tan simple dicho pero que pensándola bien, es muy de ella.

Sola como hongo.

Ultimamente siempre ando sola como hongo.

En mi trabajo de bienes raíces estoy en una oficina donde no tengo que ir para nada. Sola como hongo trabajo (al menos que ande con clientes) y no saben como disfruto de no tener compromisos laborales.

En mi vida tengo que solucionar problemas difíciles sola como hongo pero eso me ha hecho madurar y ser más inteligente en mis decisiones. He aprendido que puedo sola y no me da miedo nada.

He ido al cine sola como hongo y no pasa nada. Al contrario, me puedo meter a la pantalla casi entera y en tercera dimensión como si fuera parte de la trama porque no tengo que comentar con nadie nada.

Lo más difícil que he hecho (aunque ya lo hago con mucha naturalidad) es haber ido toda hongo a un restaurant a cenar. No se porque es me hizo difícil. Sería porque la ‘hostess’ del restaurant me preguntó dos veces “Just one?” Pues sí, solo una persona. Y me la pasé muy bien. Sin distracciones pude degustar el vino sugerido del somelier. Pude saborear el aderezo cítrico de mi ensalada kale y casi pude adivinar cada ingrediente que contenía. Fuí una excelente compañía.

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Toda hongo manejo, organizo, me bajo a eventos sociales, visito clientes, escribo este blog.

No se cómo explicarlo pero no me molesta andar sola como hongo. Lo disfruto mucho.

Al igual que el hongo que me encontré, la razón por la que llamaba la atención era por estar allí, sin ningún otro hongo a su alrededor. Resaltaba y hasta creo que brillaba.

Orgulloso portaba su soledad y tenía la libertad de crecer hacia donde le daba la gana.

Esa soledad que tantos temen fue lo que me hizo a mi voltear a verlo. 😉

Creo que eso es lo negativo de andar así por tanto tiempo. Te acostumbras a ser solitario en todo. Te haces fuerte y no dejas que nadie se acerque así por nomás. Te cuidas y es como si fuera un movimiento de auto-protegerte.

Pero luego llega un momento, dentro de tu día loco y lleno de actividades, donde te pasa algo muy padre y volteas hacia tu derecha a comentarlo y… no hay nadie.

Estás viendo algo increíble y quisieras compartirlo con alguien pero en ese momento no hay nadie.

Allí es donde la maravillosa soledad nos recuerda que somos seres sociales, es decir, pertenecemos a una sociedad.

La soledad, cuando duele, nos recuerda que debemos tener un balance en todo…

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Si te sientes solo cuando estás solo, quizás estés en mala compañía. —Jean Paul Sartre

No es malo andar toda hongo..

Lo malo es creer que somos hongos.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂