Eres Romántica

Mariana despertaba ese día temprano. Tallaba sus ojos debido a la alergia que le provocaban las cobijas pero cada vez le daba más frío en la noche.

Se levantaba de manera lenta. Primero un pié, despues el otro. Respiraba y veía el suelo de madera de su recámara.

Hoy era su cumpleaños número 80.

“¡Aaah!”, exclamaba al levantarse.

A pesar de sus múltiples cirugías a sus rodillas, todavía el levantarse de la cama le molestaba.

Mariana se veía en el espejo. Su piel blanca pero sin brillo. Las manchas de la piel a pesar de haber usado bloqueador toda su vida y las arruguitas de sus ojos por haber reído a carcajadas en su juventud.

Sus canas con algunos mechones rosas (sus nietos la habían llevado a pintarse sus canas blancas de colores un día en el verano y la verdad ya no había tenido ganas de retocarse).

Las manos igualitas a las de su madre y su abuela. Con pecas por la edad pero eso sí, con las uñas perfectamente manicuradas con esmaltes serenos de tonos rojizos.

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En un rato comenzarían a llegar todos los de la familia para pasar el día con ella por su cumpleaños.

Se escuchaban los ruidos de Ely en la cocina, la señora que le ayudaba a Mariana desde hace décadas. Ely tambien ya estaba grande pero todavía era una señora fuerte que iba todos los días a tomar café con ella, ayudarle con los quehaceres de la casa y sobre todo el jardín tan grande que tenía.

“¡Señora hermosa, felicidades!”, le decía Ely a Mariana mientras le servía un café en una taza blanca.

“¡Ay Ely! 80 años. ¿Tú crees?”, decía emocionada Mariana.

Ely comenzaba a sacar unos cortes de carne del congelador para que cuando llegaran todos estuvieran listos para el asador.

Mariana estaba en la mesa, saboreando como cada mañana su café con crema deslactosada pero sin azúcar. Nunca lo había podido tomar negro.

“Señora, ¿qué tanto piensa?”, decía Ely. Se limpiaba las manos en un trapo que traía amarrado del cinto de su falda.

“Tantas cosas mi Ely. No puedo entender cómo es que cumplo 80 y todavía me siento de 20. La vida se me ha ido y no sé si haya cumplido mi misión en este mundo”, le contestaba Mariana.

Ely se le quedaba viendo a Mariana. Era una mirada de cariño, de amistad de tantos años y sobre todo de lealtad porque Mariana había sido más que una patrona. Era familia.

“Pues qué bueno que todavía no cumple su misión Señora Mariana. Quiere decir que le queda más tiempo en este mundo”, sonreía Ely.

“Señora Mariana, ¿recuerda toda su vida?”, le decía en tono de broma Ely.

“Fíjate que sí Ely. Recuerdo absolutamente cada uno de mis 80 años, y de manera muy clara. O al menos eso creo. Lo recuerdo todo”, sonreía.

“¡Ay señora! ¿A poco recuerda su primer beso?”, preguntaba Ely levantando sus cejas como emocionada.

Mariana sonreía mientras el café caliente tocaba suavemente su boca.

“Mi primer beso. Sí. Mi primer beso me lo dió Gilberto”.

“Eres Romántica Mariana… ay, perdón. Es usted romántica señora”, tuteaba y se arrepentía Ely.

Ely no podía platicar con Mariana de manera casual, tuteando. Tenía que hacerlo con un respeto y hablarle de usted aunque muchas veces Mariana le había pedido que se dejara de formalidades.

“Sí Ely. Siempre he sido muy romántica. Me gusta la sensualidad, he disfrutado de mi sexualidad y me ha metido en problemas eso también”, reía al platicarlo Mariana.

“Pero platíqueme más de su primer beso Señora, ándele”, se sentaba Ely frente a Mariana en la mesa para ponerle toda la atención que la historia requería.

“Estaba en un baile con los amigos del colegio. Mi madre me había dado permiso de ir con la condición de que Gilberto no iría. Verás, ella no aprobaba de él porque era un niño que tenía fama de no estudiar ni hacer nada de provecho. Tú conociste a mi mamá Ely y sabes cómo era”, se levantaba Mariana por más café.

Ely ya se había servido un poco de té para seguir con la atención a la anécdota.

“El baile era formal, ibamos todos con nuestros mejores vestidos y trajes. Antes bailábamos sólo con el niño que te sacaba a bailar, no como ahora que bailan todos solos y todos contra todos. Antes no. Tenías que esperar a que te sacaran a bailar. Mis amigas todas estaban bailando pero yo no. Me la pasaba volteando hacia la puerta para ver si llegaba. Mis amigas me hacían señas de que Tony quería sacarme a bailar pero yo esquivaba la mirada y me hacía la que caminaba hacia otro lugar. Lo estaba esperando pero no llegaba.”, continuaba Mariana mientras Ely estaba con la boca abierta.

“Caminé hacia la mesa donde servían agua y algunos bocadillos. Había tambien unas aguas frescas y tomé un poco de limonada. En eso siento que me tocan el hombro derecho. Volteo y es él. Gilberto.”

“¡Me muero!”, exclamaba Ely.

“¡Jajaja! Por eso tienen éxito las novelas Ely. Por gente como tú. Pero sí, había llegado Gilberto. Alto, peinadito y bien vestido. Las niñas de todo el salón de baile lo veían, lo deseaban a pesar de ser el chico malo. Yo sentía que moría de emoción Ely. Mi mamá me hubiera matado si supiera que estaba con él.”

“¿y qué más?”, insistía Ely.

“Me sacó a bailar con la de Bésame Mucho. Yo no sabía ni donde poner las manos Ely ni mucho menos sabía si las piernas me obedecerían. Estaba muy nerviosa pero el sabía como abrazarme y llevarme con la música. Me veía con esos ojos oscuros tan llenos de misterio y yo flotaba. La canción casi terminaba cuando me pide que cierre los ojos para sentir la música. Ingenuamente los cerré y sentí como tocaba su boca suavemente mis labios”, Mariana tocaba su boca con su mano.

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Los ojos de Mariana se llenaban de lágrimas de nostalgia y Ely la acompañaba en sus recuerdos.

“¡Ay señora que lindo es recordar! Pero ¿Cuál fué su último beso?”, preguntaba Ely para ver si Mariana le contaba otra historia.

“Ely, mi último beso todavía no me lo han dado”, sonreía Mariana.

“¡Ahhh que señora tan tremenda!” reía Ely mientras se levantaba para seguir alistando todo.

En eso se escuchan unos carros llegar y Mariana se asomaba por la ventana.

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Comenzaban a llegar todos a festejar su día.

Desde que comencé a compartir estos blogs donde escribo acerca del personaje ficticio Mariana Eres, una personita que leía semanalmente mi blog me dijo “Yo soy Mariana y además me llamo Mariana así que esas historias las voy a vivir como propias, pero un día quiero platicarte mi historia y la adaptas a tu personaje”.

Ese día no llegó porque Mariana Sánchez Díaz se nos adelantó esta semana. Amiga de la infancia de mi hermana y un ser humano excepcional. Creo que Mariana quería que mi personaje Mariana Eres tuviera un episodio donde le daban un diagnóstico de cáncer ó que podía superar cualquier adversidad como ella.

Mariana, descansa en paz. Voy a extrañar tus comentarios y tus opiniones de lo que escribo. Así que Mariana Eres va por tí, porque eres Mariana. #todossomosmariana

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Indispensable

En uno de los vuelos hacia la boda de la Latosetung (mi amiga Laurelena) con Raúl, se sentó una señora de Mexicali enseguida de mi.

Su nombre era Carolina y viajaba a bucear a Cozumel junto con su marido. Los que me conocen saben que toda la vida hablo hasta con las piedras y este vuelo no iba a ser la excepción.

Contadora como profesión e intentando bucear por hobby platicábamos de Mexicali, su esposo bombero de la CFE en Cerro Prieto me expresaba su frustración con los Aguilas de Mexicali en el béisbol de la Liga del Pacífico.

Compartimos unos Takis que compré a la señorita de Volaris y ellos habían subido hamburguesas del Burger King.

En la plática, Carolina me platicaba de su trabajo y cómo estaba nerviosa de haber dejado tantos días su chamba.

“¿Y si hay un problema y no me pueden contactar?”, me preguntaba.

Y yo, mientras me chupaba los dedos por el chilito de los Takis le decía, “Supongamos que si te localizan. ¿Qué puedes hacer a 4000 kilómetros de distancia? Más un ferry.”

“Pues sí, ¿verdad?”, me contestaba mientras mordía su Whopper del Burger King. (que se me antojó mucho).

Me tomaba mi agua y sentía que le tenía que seguir dando consejos a mi ‘Sweet Caroline’…

“Y ¿te digo algo?”, continuaba sin que nadie me pidiera hablar, “Uno siempre piensa que ser indispensable en un trabajo es seguridad de que siempre nos van a necesitar. Lo que aprendí un día fue que si en mi trabajo nadie más puede hacer lo que yo hago, me hace estancarme allí para siempre”.

“Pues eso es bueno, ¿qué no? Ser indispensable para que uno siempre tenga trabajo”, mientras le ponía ketchup a sus papitas fritas.

“Eso pensaba yo tambien”, le explicaba. “Pero un día aprendí mi lección. En una empresa donde trabajaba se había abierto un puesto a nivel gerencial. Mi jefe americano me habla y me dice que si quién de mis asistentes puede subir a ese nivel. Despues de analizarlo sugerí que Laurita era la más preparada aunque eso significara que mi departamento iba a sufir una pérdida por lo eficiente que ella era en lo que hacía”.

“¿Y entonces?”, me preguntaba Carolina ya muy atenta a lo que le decía.

“Pues que mis jefes superiores no quisieron hacer ningún cambio con ella. Era ‘indispensable’ para mi departamento y que mejor escogerían a alguien que no lo fuera”, le dije mientras me abrochaba de nuevo el cinturón del avión porque había un poco de turbulencia.

Carolina se quedó pensativa. Yo tambien me quedé pensativa porque eso era algo que había aprendido ese día. No es bueno ser indispensable. En realidad nadie lo es del todo. Pero tambien ser indispensable, mientras te asegura tu lugar en una empresa, tambien te limita a que te consideren para superarte.

Ahora bien, uno como madre se siente muy indispensable con los hijos, tengan la edad que tengan. Es una costumbre rara de pensar que sin nosotras el mundo de ellos se derrumba, ó se mueren de hambre.

Como mamá es difícil dejar todo en órden para que tus hijos sigan sus vidas como si estuvieras allí. Es coordinar desde antes invitaciones a comer, raites, dejarles dinero, pendientes resueltos.

Pero no somos indispensables. Lo pude comprobar. Por primera vez en mucho tiempo me sentí avanzando en una libertad deseada.

No soy INDISPENSABLE y no saben el gusto que me da.

INDISPENSABLE era faltar a la boda de mi amiga Laurelena y de Raúl. No podía haber excusa alguna que fuera válida.

Gracias a que soy NO INDISPENSABLE pude disfrutar de lo siguiente:

  1. Viajar con la Silvia M. como si fueramos THELMA & LOUISE
  2. Escuchar el inglés de los pilotos de Volaris
  3. Ver millones de personas en el AICM que pudieran ser los dopplegangers de todos mis conocidos.
  4. Probar la sopa de tortilla (sopa azteca) más rica del mundo en un restaurant llamado FOGONCITO.
  5. Viajar en Premium todos los vuelos por el increíble precio de $2000 pesos redondo Mexicali-Cancún.
  6. Aprender que si te sientas en donde son las salidas de emergencia (en medio) donde salen los toboganes en caso de una emergencia, como ayudantes somos los últimos pasajeros en salir del avión, antes que los de Volaris. O sea ayudamos a todos salirse. (a la hora de la hora creo que les diría, “ahi se ven” y brincaría)
  7. Sentir el golpecito de humedad al salir del avión.
  8. Tardar horas en encontrar al chofer que pensaba que eramos internacionales.
  9. Pedirle de favor al chofer del taxi rumbo al hotel que si me podía llevar a la farmacia por bloqueador solar y productos para poderme peinar. Y nos lleva a una farmacia local que tenía absolutamente todo.
  10. Llegar al hotel y que el guardia del estacionamiento no nos deje pasar porque no estamos registradas.
  11. La cena en el restaurant Ritratto D’Italia del hotel. Deliciosa.
  12. La botella de Barbera Sto Tomás 2015 (que no estaba incluída pero con todo el gusto la pagamos y la disfrutamos)
  13. Los mapaches en los jardines y en los cuartos del hotel
  14. Desvelarnos en el lobby del hotel con Lidia y Pepe y una plática que sigue pendiente de lo agusto que la pasamos.
  15. Absolut all inclusive
  16. Ver el sol salir del mar y no de montañas.
  17. El café en la terraza del cuarto rodeada de paisaje paradisiaco
  18. La playa caribeña y sus leyendas de piratas
  19. Perdernos el desayuno y conocer a Roberto, el mesero de uno de los restaurants que viene al Valle de Guadalupe a recorrer viñedos. (tambien le hicimos plática)
  20. Intentar peinar mi trasquilado cabello
  21. Pagar $150 pesos al taxi por llevarnos a donde sería la boda y que los Velez llegaran por la playa gratis
  22. Madrugar al evento y sentarnos en una salita de la entrada donde veíamos pasar a todos por detras de las puertas de cristal.
  23. Saludar a tanta gente conocida
  24. Ver a la novia espectacular (la felicidad es el mejor accesorio, no cabe duda)
  25. Participar en la celebración maya
  26. Dudar de lo que el humo del chamán contenía (como que todos nos pusimos muy contentos)
  27. Quitarnos los zapatos para ir a la playa a seguir la ceremonia con el miedo de que los zapatos no volvieran a quedar bien (todo bien, jejeje)
  28. La hamaca y las fotos
  29. Ver en acción a uno de los mejores fotógrafos que conozco (Jose Arce, @Josejacobo en Instagram)
  30. El baile de los novios y la lloradera de todos emocionados (Otras Vidas con Carlos Rivera) ♪No se si yo te encontré, ó si me encontraste tú♫
  31. El buffet yucateco, Sopa de Lima, Panuchos, Empanadas de Queso, Pescado en Achiote, Cochinita Pibil, Frijoles Negros, Arroz Blanco… me enchilé con una salsa verde que pensé que era guacamole y pues era puro chile.
  32. La Mesa 10 (Juan, Laura, Silvia, Lydia, Pepe, Grace, Efraín, Zuta, Karla, Gaby, Rury, Natalia, Lauro, el Mesero Ariel y yo)
  33. El Tempranillo de Santo Tomás
  34. El DJ que ponía todas las canciones que le pedimos.
  35. El vlog de las Cuarentonas y Felices de Normita Escandón
  36. La influencer GRACE y sus fotos maravillosas
  37. La familia del novio (el papá, la mamá hermosa, los hijos, Juan Carlos y Erika y Mara guapísima)
  38. Lo blanco de nuestras ropas vs  la nutela de las Marquesitas
  39. La madre de la novia (beautiful mother of the bride tia!) las hijas Arantxa y Mariana y los hermanos de la Novia Paulina y JoséLauro… un gusto verlos, así como a toda la familia.
  40. El atardecer en el mar sin ver como se metía el sol
  41. El brindis del padrino Victor.
  42. El agradecimiento del novio (sigo llorando)
  43. El agradecimiento de la novia
  44. Mis etapas juntas (faltó el Tuti)
  45. El cafecito CONTENTILLO (Letty, Erika, Ale, Gabriela, Norma, Carmen, Vero, Edith, Karla) sus amigas de toda la vida.
  46. Los bailables de la Laurita y Karla
  47. Lydia y sus bailes de la porra del Salva
  48. Natalia y la letra de todas las canciones
  49. Los bailes de Menudo, Caballo Dorado, Vaselina, Timbiriche (cuidándonos la ciática, los dolores de espalda y la presión arterial… y otros achaques de cuarentonas)
  50. Sobrevivir 12 horas de fiesta
  51. La hora extra de música cortesía del hermano del novio
  52. Los celulares extraviados
  53. Las flores que repartía Lucio
  54. Bailar descalza mientras Laurita movía el abanico estilo Locomía
  55. Las hamburguesas a las 4:30am en el restaurant Route66
  56. La cama deliciosa del hotel
  57. El café con Pepe Arce
  58. Despedirnos de los Cachanillas
  59. Mi voz norteña que asustaba al del Taxi
  60. Las 60 horas de felicidad que viví

Gracias por invitarme a otro evento importante de tu vida Laurelena…

Me encantó dejarte hasta la otra punta del país de la mano de el hombre que era para tí…

Los quiero.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

El Corte

Siempre que me corto el cabello lloro. Lloro de verdad, con lágrimas y todo. Aunque me haya gustado como quedó, se me hace un nudo en la garganta y lloro.

No se psicológicamente que signifique.

Me fuí a “dar una cortadita” a mi melena para estar lista para mi viaje a Cancun próximamente.

Por estar ocupada no puse atención a lo que estaba diciendo ni haciendo la americana que me estaba cortando el pelo.

Creo que me preguntó si me cortaba todo lo maltratado ó algo así, a lo cual le dije que sí.

Cuando por fin voltié a ver el espejo, la mitad de mi cabello estaba recortado con navaja. NO con tijera normal, sino navajeado y grafilado.

La última vez que me hicieron esto fue en los 90s y me dió mucho trabajo peinarme por lo cual juré nunca volver a hacerlo.

No fué mi decisión pero permití que sucediera porque confié.

Yo se que es una tontería pero siempre me pasa igual.

Me ví en el espejo y la gringa me decía toda contenta en inglés, “¿te gusta tu nuevo look?”

Nomás sonreía mientras veía el espejo, con el nudo en la garganta.

Pagué, no sin antes comprar productos para el cabello.

Me subí al carro y lloré.

Lloré mucho.

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Era lo que necesitaba.

Me sequé los ojos como niña, con la blusa sin importar que mi maquillaje se corriera.

Tenía que manejar y la verdad mi vista estaba un poco nublada. Manejé mucho ese día. Me hizo pensar en porque andaba tan sensible.

¿La edad?

¿Las hormonas?

¿Porqué había llorado tanto ese día?

Creo que tengo un talento para llorar. Con sólo tratar de llorar lo logro. Como si fuera una actriz dramática. Sí hubiera sido muy buena actriz. La verdad.

Me sentía en calma y al pasar mis dedos sobre mi cabellera la podía sentir tan suave, tan sana, sin resequedad ni puntas maltratadas.

Y fue cuando entendí.

Tengo muchos años que quiero lograr tener mi cabello largo pero llega el momento en que está tan maltratado que tengo que cortarlo. Y siempre es la misma historia.

Para que “crezca sano” uno debe cortarlo.

Lo mismo me ha pasado con gente en mi camino, con situaciones tanto personales como de trabajo.

Entonces esta anécdota de como lloro al cortarme el cabello es comparable con el sentir esa pérdida obligatoria de lo querido para poder salir adelante.

¿Cuántas veces hemos tenido que sacrificar algo para mejorar nuestra situación?

Hemos tenido que ‘cortarlo’ para poder progresar.

En lo personal siento que me la vivo “cortando” situaciones para no quedarme en el camino.

Es despedirme de muchas cosas, de mucha gente, de situaciones de trabajo, de situaciones personales que se comienzan a maltratar porque no las puedo a veces cuidar como debe de ser.

Y sé que es lo correcto, sé que es lo que uno debe de hacer para triunfar.

Duele hacerlo, uno se siente egoísta ó que comete un error.

Luego pasan los días y comienzas a sentir que el peso que cargabas con lo que llevabas es menos.

Te liberas de lo maltratado.

Me imagino que muchos de ustedes están pensando, “Wow, si es cierto, que bien”.

Estaba muy orgullosa por el tema hasta que vi un meme en una red social que me vino a contradecir todo lo que he escrito anteriormente.

El meme era lo siguiente:

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Entonces estoy en un dilema.

Volviendo a mi simple tema del cabello, ¿Porqué me desesperé y lo corté en lugar de cuidarlo, darle tratamiento, repararlo con productos buenos? Me dí por vencida y lo fácil fue cortarlo para no complicarme con el peinado en mi próximo viaje.

¿Y si ese meme es verdad?

¿Y si en verdad nos estamos complicando más dejando ir en lugar de arreglar las cosas?

Pasa con los clientes en bienes raíces. A veces a uno le da gana de decirles, “Creo que trabajará mejor con otro agente”. Pero uno no lo hace porque hace todo lo posible por que funcione para poder cobrar una comisión.

Pasa en los matrimonios. A veces los problemas son pequeños y por no arreglarlos a tiempo se van juntando hasta que lo mejor es deshacer la relación.

Pasa en las relaciones amorosas.

Pasa con amistades.

Entonces, mis queridos amigos que me leen, el haber llorado por mi cabello fue porque mi subconsciente se siente cobarde de no haber tenido el valor de cuidarlo más, de peinarlo mejor y de darle los tratamientos adecuados.

¿Qué piensan ustedes?

Por lo pronto les dejo una foto de como quedé.

(Lo bueno es que crece, dicen).

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

Hace 20 años

Para ti, Luisa Fernanda, que cumples años mañana.

Mi niña Luisa Fernanda,

Hace 20 años también me encontraba en San Diego al igual que hoy. Estaba en una cama de hospital con un suero en la mano izquierda, un monitor en mi mano derecha y un cinto que iba midiendo como mi cuerpo se contraía y se relajaba a un ritmo tan perfecto que sólo puede ser obra de Dios.

Exactamente el 7 de Noviembre, a las 11:45pm llegaste a este mundo.

Nunca voy a olvidar el frío que sentí cuando salías de mi cuerpo. Realmente era una parte de mi que se desprendía mediante el corte frío del cordón umbilical.

¡Qué sensación tan rara! Emoción, miedo, confusión, responsabilidad y mucho frío.

Por nueve meses te llevé dentro de mi, horneándote como si fueras un pastelito delicioso y de pronto ya estabas en mis brazos.

Estabas tan pequeñita, rosita y sin ningún cabello. Tu nariz y tu boca tan delineadas que parecían dibujadas y hechas a mano.

Tus pestañas largas y tu cuerpecito que no llenaba la ropita rosa que te había comprado tu papá ese mismo día.

Nos hiciste papás. ¿Sabes lo que es eso? Tú veniste a revolucionar a toda la familia que acababa de perder a tantos seres queridos. Llegaste a traernos luz y esperanza, y aunque te choca que los colores sean de géneros, tú nos pintaste la vida de rosa.

Luisa Fernanda. ¡Qué rápido han pasado estos 20 años!

Te veo cómo vas luchando día a día para lograr tus sueños. Ese carácter tan determinante que nadie hace que cambies de opinión es algo que respeto tanto de ti.

Mi niña, contigo aprendo todos los días a ser mamá y eso puede ser difícil para la primogénita. Te lo digo porque yo también fuí la primera hija y nieta.

Me acuerdo que en todo mi embarazo, no quisimos saber si eras niño ó niña. Y cuando el doctor al recibirte dice, “It is a beautiful girl!”, algo en mí supo que ya nunca jamás estaría sola en el mundo. Una niña. Una preciosa niña que iba a revolucionar mi vida.

Mi niña, qué difícil mundo nos ha tocado vivir juntas, ¿verdad?

Cuando te oigo hablar de tu pasión por la ley y los derechos humanos no puedo dejar de sentirme orgullosa de tí y de cómo ves el mundo.

Tus metas las tienes tan fijas que ahora soy yo la que aprende de tí. Me enseñas lo fuerte que podemos ser las mujeres a pesar de a veces tener obstáculos.

Me has enseñado el significado de luchar y de no vencerte.

Me llenas de orgullo cuando veo que cada día logras metas y te acercas más a cumplir tus sueños.

Sí, soy una mamá muy ‘jodona’ (para los sonorenses no es mala palabra), mal hablada, resongona, regañona, gritona y enfadosa.

Con el tiempo te vas a parecer a mí (aunque te traumes, así será, jajaja. Ley de la vida).

Me encanta la manera que tienes de defender a los que reciben injusticias de la vida ó de la sociedad. Tu amor al prójimo, sin importar de donde vienen, su color de piel, su personalidad ó vida me llenan de orgullo de ser tu mamá.

Hay días en que te veo llorar ó te veo estresada y quisiera tener el poder de quitarte todas tus angustias para que no sufras.

Pero luego veo como las superas y te conviertes en una mujer más fuerte cada vez.

Gracias por mantenerme joven compartiendo tu gusto por la música, por tenerme al tanto de lo que se usa, de lo que se habla en las redes sociales, por reírte de mis selfies y de mis publicaciones de cervezas y vinos.

Nunca le hagas caso a todos los que te digan “no vas a poder” “es muy difícil” “¿vas a poder?” porque tu vas a poder todo lo que te propongas.

Cuando ví que fuiste una niña, se me vino a la mente muñecas, vestidos, moños y pleitos porque te ibas a poner mis accesorios. Lo que me enseñaste tú siendo niña fue esa fuerza de mujer maravilla que todas tenemos dentro y que tardamos en encontrar. Tú la usas desde que naciste. Desde niña sabes que ser mujer es tu súper poder y me encanta como defiendes las injusticias.

20 años.

VEINTE.

Y recuerdo cada uno perfectamente.

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Feliz cumpleaños mi amor.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂