Llantas entrenadoras

Soy muy observadora. Eso ya lo deben de saber.

Si algo he observado estos días es como hay niños en San Diego aprendiendo a andar en bici. (Son vacaciones y el clima lo permite yo digo)

Me encanta ver a los papás de los niños corriendo tras ellos en lo que agarran confianza.

Van a toda velocidad, cerca de la bahía, por enfrente del Océano Pacífico, por los jardines, en los centros comerciales… corren a toda velocidad.

De todas edades los ves corriendo.

Los mas chicos son los más confiados. Ellos presumen sus bicicletas con luces, canastas, adornos… y sus llantitas entrenadoras.

Las llantas entrenadoras.

¡Qué importancia tienen esas llantitas!

Esas llantas son las responsables de que el niño agarre la confianza necesaria para arrancarse en su bicicleta.

Comencé a observar a cada uno que pasaba.

Unos se les notaba que las necesitaban. Se tambaleaban, se iban de lado y las llantitas los enderezaban para que no perdieran el balance hasta caer.

Los papás corrían con ellos, casi creo que con el corazón apachurrado para que no se cayeran al soltarlos.

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Pero los soltaban y el niño con aquella adrenalina avanzaba.

Sus carcajadas entre nervio y miedo y emoción eran contagiosas.

Otros niños aún llevaban las llantitas aunque ya eran mayores.

Esas llantitas casi se caían. Estaban levantadas y ya ni las necesitaban, pero por alguna razón aún las traían semi-atornilladas a las bicis.

Me hizo pensar mucho en esa zona de ‘confort’ en la que todos vivimos.

¿A poco no?

He aprendido por muchos motivos que uno le tiene pánico a salir a la zona de ‘confort’ porque no nos gusta salir de lo que ya conocemos.

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Nos da tanto miedo ver que hay mas allá de lo que hacemos rutinariamente por miedo a fracasar.

¿Alguna vez has pensado en renunciar a ese trabajo que te tiene harto?

“Noooo. ¿Y luego de que vivo?”

“Mas vale malo por conocido que bueno por conocer”

“Si las cosas funcionan, ¿para que cambiarlas?”

Muchas excusas se nos pueden ocurrir para no salir de la zona que nos tiene cómodos, pero no siempre somos felices.

Las llantitas entrenadoras de bicicleta eso son.

Son una zona de confort que nos permiten ‘andar en bici sin caernos’ pero nunca podemos experimentar la libertad plena.

¿Porqué te permites estar en una relación amorosa donde no eres prioridad?

“Es que es hasta que la muerte nos separe” (Muerte del amor, ¿qué no?)

“No se hacer nada. Mínimo me tiene económicamente bien”

“No me salgo de mi casa. Es muy caro separarse”

“Felices los cuatro” (dice Maluma, jeje!)

Uno debe de pensar si estamos viviendo con esas llantas entrenadoras en todo lo que hacemos.

Es muy cómodo traerlas.

En el trabajo a veces nos apoyamos en compañeros para no caernos, porque nuestra confianza en lo que hacemos no está al 100% y esas ‘llantas entrenadoras’ nos permiten correr en la bici y no caer.

En las relaciones amorosas es igual.

No se vale que la pareja sentimental sirva como llanta entrenadora.

“Más vale pájaro en mano, que nada” (dicen).

No me malinterpreten este blog.

Yo le tengo un agradecimiento profundo a todas mis llantas entrenadoras que nunca me han soltado.

Siempre allí, siempre deteniéndome, siempre evitando que me caiga y permitiendo que yo pueda disfrutar de correr.

Eliminar las llantas entrenadoras de tu vida diaria no es fácil. Tienes que estar segura que puedes andar sin ayuda.

Tienes que saber que a lo mejor te caes, pero tienes que tener la seguridad que te puedes volver a subir a la bici y seguirle.

Vivir con llantitas entrenadoras toda la vida es muy cómodo.

La vida la llevas sin peligros.

Caminas y siempre hay alguien que te detiene.

Pero llega el momento en que de tanto usar las llantas entrenadoras, éstas se quiebran y salen volando.

Las llantas entrenadoras no duran toda la vida. A veces es tanta tu inseguridad que necesitas nuevas porque las otras ya no te soportan.

También llega el momento en la vida en la que las llantas entrenadoras ya no son necesarias.

Y pruebas esa libertad de andar en bici.

Corres sin peso adicional.

Vas a toda velocidad porque estás libre, sin ataduras, sin depender de nada ni de nadie.

Y en ese momento despiertas y sabes que siempre pudiste andar libre y sola.

Te das cuenta que vuelas en esa bici y te lleva de lugar en lugar sin caerte.

No te da miedo nada.

Te atreves a subirte a una bici de montaña.

Extremo.

Los que te conocen te dicen que “no vas a poder”, porque te recuerdan siempre con llantas entrenadoras.

Pero tu puedes.

Experimentas una felicidad que no puedes describir.

Comienzas a sonreír sin ningún motivo en especial.

Fácilmente tu boca sonríe.

Dominas todo solo.

Porque puedes.

Porque pudiste salirte de tu zona de confort.

El miedo que te daba ahora es fuerza para seguir.

Si. Tal vez te caigas y te duela y quieras volver a recurrir a las llantas entrenadoras.

Pero no lo haces.

Una vez que sabes andar sin las llantitas ya vuelas.

Y la vida se ve de diferente manera.

¿Extrañas esas llantas?

Si. Pero de manera de agradecimiento por haberte preparado para andar solo en la vida.

Y así comienzas a animarte a todo.

Te entrenaron muy bien.

También tenemos que recordar de no ser LLANTAS ENTRENADORAS toda la vida para nuestros hijos. Pero ese sería otro blog. 🙂

Saludos desde San Diego, CA.. mi nueva casa y tuya tambien.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂