Desenchufe

Me quedé sin hijos unos días porque se fueron a pasear con su papá al norte de Estados Unidos. Me gusta quedarme sola porque es una sensación que pocas veces tengo.

Desayuné lo que me dió la gana, a la hora que quise. No tenía pendientes mas que de la Kiara mi perrita.

De las cosas que más disfruté fue el hecho de que por fin la tele era para mi sola. No tenía que “esperar” mi turno para poner lo que yo quería. (Lo chistoso es que terminé viendo cosas que probablemente hubiera visto con mis hijos).

Mientras veía una película, el Playstation (donde vemos todos los canales como Netflix, Hulu, Disney+, etc.) arrojó un letrero que decía “Technical issues”.

La pantalla negra y un recuadro gris en medio con esa leyenda, que había “problemas técnicos”, seguido de un número de referencia y un teléfono al que tenía que marcar.

Apagué el sistema y otra vez, seguía ese recuadro allí, en medio de la pantalla.

Los que me conocen saben que no me gusta hablar por teléfono. Me choca y más porque te mandan a pura máquina contestadora que te indica los pasos a seguir para resolver tu problema.

Me comencé a desesperar y por fin marqué al 1-800 que indicaba la pantalla.

Tal como lo temía, tuve que presionar mil botones de preguntas hasta poder llegar a la opción donde puedes marcar 0 para poder hablar con un representante.

Ya que por fin presioné el cero, una voz en inglés me decía que yo era un cliente muy valioso y que ya casi seguía mi turno.

Pasaron como unos 15 minutos cuando una voz humana finalmente me contestó.

Le explicaba al que me contestó lo que había pasado. Sin colgar, me dijo que fuera haciendo ciertas cosas con el sistema para ver si lo podía “resetear” y hacerlo funcionar de nuevo.

Lo apagaba, lo volvía a encender, le picaba al mismo tiempo unos botones en el aparato. Nada.

Por fin Timothy (el muchacho que estaba ayudándome en el teléfono) me dice: “OK, vamos a tener que desenchufarlo y esperar 20 segundos”.

“Ok, va.”, le dije, mientras desenchufaba el Playstation de la corriente eléctrica.

“Es muy importante que el aparato esté al menos 20 segundos desconectado, si no el sistema no se va a reactivar debidamente y en su memoria seguirá presente el problema. No lo vayas a enchufar antes”.

Muy obendiente esperé los 20 segundos y hasta un poquito más.

El sistema, al enchufarlo y encenderlo, actualizó todo a su versión más reciente y fin del problema.

Le agradecí a Timothy porque fue muy paciente y amable y le pregunté: “¿Qué le pasó?”

Me explicaba que el sistema ya necesitaba desde hace un rato una actualizada. Los macros corrían con versiones más viejas y muy probablemente mis hijos le ponían “actualizar despues” hasta que el sistema dijo “Ya estuvo” y se apagó.

Continué viendo la película pero mi mente no dejaba de pensar en lo que había pasado con el sistema.

Me lo tomé como un aviso de lo que hago y tengo que dejar de hacer.

¿Cuántas veces postponemos una revisión personal porque no queremos interrumpir nuestra vida cotidiana?

Hay tantas cosas que nos suceden en el día que a veces no podemos estar totalmente actualizados ni cuidados física ni mentalmente para funcionar.

Y vemos las señales. Avisos de “Please update system now”, llamadas de atención de nuestro cuerpo, nuestro sistema y que simplemente le ponemos un “remind me later”, un ‘luego lo hago’.

Me han de decir: “Ay, yo si me cuido. Yo si duermo bien. Yo si descanso”.

Sí, el Playstation siempre es apagado debidamente todas las noches pero a la hora detener un problema, eso no fue suficiente. El sistema se tuvo que desconectar y desenchufar por un tiempo bien marcado ó si no de nada iba a servir.

Es necesario ‘desenchufarnos y mantenernos desenchufados’ por un tiempo determinado para sanar lo que sea que tenemos que sanar.

Pensamos que seguir funcionando, seguir trabajando, seguir haciendo todo como si no pasara nada el sistema solito se va a curar. No es así, el sistema se congela, se atora, se rinde.

Le echamos la culpa al tiempo, al trabajo, a los hijos, a la pareja. No podemos ni pensar en estar apagados mucho menos desenchufados de todo. Tenemos que analizarnos un poco, ver esos avisos de que nuestro sistema se está sobresaturando y la única manera de ponernos al corriente de todo es desconectarnos.

Tanto stress, tantas redes sociales, tantos chats polémicos de Whatsapp, tantas traiciones de seres que estimas, tanto qué hacer. Llegamos a pensar que si nos desenchufamos un rato de todo, el mundo se acaba (un concepto tan ególatra que nos hace sentir indispensables y al final eso es lo que nos está saturando hasta que lleguemos un día a tronar por no tomarnos un ‘break’).

No ignores ese dolor de cabeza, esa fluctuación rara en tu peso, esa pesadez en los hombros, ese insomnio. No eches en saco roto los comentarios de ‘te veo cansado’, ‘te veo preocupado’. Usa esto para planear un descanso, un break, un viaje lejos para poder desconectarte.

Uno sabe cuando el cuerpo te avisa que tiene que descansar. Pero es más fácil ignorarlo hasta que ya de plano lo único que nos funciona es un desenchufe.

Me dicen que si se desenchufa el Playstation por menos de 20 segundos, de nada sirve. Me imagino que lo mismo es para las personas. Tenemos que desenchufarnos un tiempo determinado para lograr que todo nuestro sistema vuelva a prenderse y funcione como si fuera nuevo, actualizado y descansado.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

En Papel

Todos tenemos metas que cumplir. No necesariamente son metas de negocios ni económicas sino son logros personales, logros familiares, metas muy de cada quien.

Cuando me dicen “Piensa en una meta que no sea de trabajo ó de dinero”, automáticamente pienso en una meta personal.

Sacar adelante a mis hijos, organizar mis finanzas, cuidar mi salud tomando decisiones más sanas ó simplemente la meta de ser feliz y ya.

Estos días me he hecho una experta en planeación, en presupuestar, en desarrollar ideas usando toda la imaginación y creatividad que tengo.

Tu dame un proyecto y te lo inicio, con todas las ideas más increíbles, con presupuestos y visiones. Sé como hacer las cosas. Todo es perfecto.

En papel.

Te has de preguntar “¿cómo que en papel?”.

Pues así, tal cual. El plan, el proyecto, la meta, todo, escrito en el papel.

En el papel escribo todo aunque muchas veces el pensarlo tambien es válido, sobre todo para planes a corto plazo con soluciones rápidas.

Creo que todos llegamos bien a este paso, cuando nos lo proponemos.

Si quieres iniciar una dieta, escribes el menu diario, mides las porciones. Tienes todo listo para empezar.

Si quieres reconociliarte con tu pareja, ir al gimnasio, emprender ese negocio, viajar a Europa, hacer la fiesta… todo se planea y se escribe en el papel.

Es de lo mas divertido, ¿a poco no? Cuando recien estamos planeando todo, viendo detalles, contando con el presupuesto ó de donde vamos a sacar el dinero nos emocionamos casi igual que si ya hubieramos terminado el producto.

Todo se ve tan lindo ‘en papel’.

¿Porqué se nos facilita la planeación?

Hoy en día en todos lados te facilitan la planeación. Sistemas de cómputo, apps en los teléfonos, cuadernos y agendas que casi te dicen paso a paso que sigue en cualquier proyecto.

Todos, tarde ó temprano, nos hacemos expertos en planear. Y pensamos que con eso ya todo nos va a salir bien.

Hace un par de semanas, platicando con el Sr. Luis Molina (autor del libro “Las Guías”) tocamos ese tema y dijo algo que me llamó mucho la atención y quizá me lo tomé muy personal.

Me dijo “Mi amigo Daniel Flores siempre me dice esto: DICIENDO Y HACIENDO”.

Me quedé muy pensativa con esas tres palabras.

A ver, tu que me lees ahorita, ¿cuántos grupos en Messenger/Whatsapp tienes ahorita en donde el único propósito del grupo es planear algo?

Yo tengo muchos. MUCHOS.

Unos ya se convirtieron en proyectos reales y esos chats son un instrumento para comunicarnos con todos los involucrados.

Otros solo son pláticas donde todos dan ideas y lanzan planes creativos. Todos decimos siempre “Sí, hay que hacerlo”. Y ya. Allí se empolvan.

Diciendo y haciendo.

Uno tiene que ahora tomar ese plan, llenarse de valor y cumplir el primer punto. Eso que pusiste como prioridad la tienes que llevar a cabo para pasar al segundo punto.

Ese plan ‘en papel’ lo tienes que leer mil veces porque le vas a ir encontrando errores y para eso está en papel, para borrarse, tacharse y volver a escribir. Los planes en papel para eso son, para modificarse en lo que se va avanzando.

Ya que uno comienza a ver avances, comenzamos a festejar antes de tiempo. ¿A poco no?

Y luego pasa que nos atoramos en una etapa del plan y nos frustramos. Nos ponemos a dudar si lo que estamos haciendo está bien ó si vale la pena el esfuerzo.

Nos extendemos en el tiempo planeado y a veces hasta se nos acaba el presupuesto destinado a cumplir el plan.

No faltan los amigos y familiares que te dicen “¿y vas a poder? ¿vale la pena? Es que como que no se ve que avances”. (No siempre lo dicen por mala onda, a veces es por metiches ó porque no ven todo el plan en papel como lo ves tu)

Pero nada de eso nos debe de detener. Tenemos que seguirle.

Lo que decimos lo tenemos que hacer.

Comencemos con esas metas fáciles, las que no fallaremos. Eso nos motiva y nos da fuerza para seguirle.

Lo que hemos dicho en papel lo tenemos que ir haciendo.

Recuerda que lo que está en papel puede tener dos desenlaces:

Que la meta se cumpla satisfactoriamente y todos felices.

Que la meta no se cumpla y el proyecto no se de. Eso se ve como aprendizaje y no como un fracaso.

Einstein lo dijo “Lo intenté 99 veces y fallé pero a la 100 lo logré”.

Revisa tus planes, vuelve a ponerlos en papel, y ve haciendo todo lo que dices que quieres hacer.

La vida se va muy rápido.. que no se quede tu vida “en papel”.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

La grúa

Llegamos un día mi hermana y yo a mi casa, despues de ir a cenar con mi prima Maria Luisa y nos traumó lo caliente que estaba todo. “No sirve el aire”, nos explicaron los niños.

Nuestros hijos veían Titánic. Habían pedido pizzas y horneado unos pastelitos. El vapor y calor eran insoportable. Casi creemos que estaban un poco deshidratados porque ni los perros ladraron cuando llegamos.

Revisé el termostato y estaba en lo mas alto que se podía. (Era para que la casa estuviera congelada). Pero la casa estaba hecha un horno.

Abrimos ventanas y dormimos ese día con mucho calor (aunque no lo crean, San Diego ha tenido unos días horribles de calor y humedad).

Avisé a la oficina e inmediatamente mandaron el día siguiente a los muchachos de mantenimiento. Me pusieron un aire portátil mientras llegaba una pieza de fábrica para el aparato.

10 días despues, la pieza ya estaba en manos de los técnicos. Me avisaron que estarían trabajando todo el día y me fui a la oficina.

Al bajar (estoy hasta el último piso del edificio y sin elevador), vi una grúa gigantesca. No era una grúa normal, sino de esas de construcción que alcanzan hasta lo mas alto de un edificio.

No podía salir de mi cochera así que me quedé observándola un rato. Era una grúa gigante, y atada en el gancho de la misma iba un aparato de refrigeración, que me imagino va instalado en los techos de los edificios de los depas donde vivo.

Mientras veía toda la acción vi el señor que manejaba la grúa muy inútilmente no podía atinarle a donde querían los señores del techo el aparato. Se gritaban en español y los ví medio estresados. Fue justo allí que me puse a pensar en aquel cuento de “La Grúa y la Jirafa” (de orígen argentino de Vladimir Bellini y el cual yo conocí en su versión adaptada y en inglés cuando era maestra del kinder en El Paso). Se los voy a contar como me acuerdo que iba (obviamente totalmente adaptado a lo que es mi imaginación, con el debido respeto al autor original jajaja)

Había una vez una jirafa que vivía en un zoológico. Era un animal muy hermoso, elegante con aquel cuello largo y orgulloso. Todos envidiaban su altura pero la jirafa no era feliz. No le gustaba ser la alta y nunca podía comer con sus amigos porque le daba mucho trabajo tomar el alimento del piso como todos los demás.

La jirafa siempre se sintió diferente, triste y sola.

Sí, la rodeaban todos los animales, pero con ninguno podía realmente estar mucho tiempo. Se cansaban de verla hacia arriba y terminaban por irse corriendo a jugar con los demás. Ella entonces se quedaba solita de nuevo.

Lo que la jirafa ignoraba era que detrás del cerco del zoo, una grúa trabajaba en una barda. La grúa veía todos los días a la jirafa. Como era alto como ella, la podía ver desde las alturas. La grúa ponía los ladrillos de la barda, bloque sobre bloque, y al final de día, cuando era momento de descansar, quitaba con el gancho el último bloque de enmedio de la barda para seguir viendo a su jirafa.

La grúa amaba a aquella creatura grandiosa y hermosa. La veía llorar por las noches cuando todos los animalitos se metían a dormir a sus cuevas y ella no podía por alta y espectacular. La grúa no sabía realmente porqué lloraba la jirafa, pero cada día se encariñaba más.

Para la sorpresa de la grúa, la jirafa un día la pudo ver mientras comía unas hojas verdes de lo más arriba del árbol más alto de todo el parque zoológico. Sus miradas se fijaron y se sonrieron.

Pasaban los días y la grúa siempre procuraba trabajar del lado del muro donde podía cuidar de lejos a la jirafa. Todos los días esperaban esos momentos de poderse ver. La grúa podía ver que su jirafa ya no lloraba. Al contrario, sonreía y era por su causa.

Un día, muy temprano, la grúa se preparaba para su día de trabajo y se paralizó al ver lo que pasaba. La jiraba estaba siendo transportada hacia un barco que la llevaría a otro sitio. Los encargados del zoo la habían vendido a otro parque, al otro lado del mundo.

La grúa de volada se dió cuenta lo que iba a suceder y sus movimientos se entorpecieron. Derrumbaba algunos bloques mientras los constructores trataban de apagarla.

La jirafa llevaba cara de asustada. No se quería ir lejos de su grúa. Era su nueva motivación.

La grúa, como pudo, salió a todo motor detrás de ella. Brincó al barco donde se encontraba la jirafa y la rescató.

Imagen del cuento de Vladimir Bellini

Se perdieron ambos en un bosque donde todos suponemos que vivieron para siempre muy feliz. (Hasta tuvieron su gruajirafita 🙂 )

Espero que estén así como en la foto de arriba despues de leer el cuento. Obviamente no es el original de Vladimir Bellini (yo así lo interpreté pues, jajajaja), pero quise darles una adaptación a lo que el cuento me hizo sentir.

Sentirse diferente. Sentir que no perteneces a ninguna parte. “Ni de aquí ni de allá”. Te sabes diferente y eso transmites a tus círculos sociales.

Por eso este cuento me conquistó hace como unos 10 años. Me dió mucho gusto recordarlo esta semana al ver la grúa en mi estacionamiento. NO dudé en compartirlo con ustedes.

El cuento en sí no tiene diálogo. Sólo es un video tipo caricatura que les mostrábamos a los niños de 4 años, para fomentar que siempre hay un amigo para ti, que te quiere como eres, con muchas cosas similiares a tí y aunque sean totalmente diferente, funciona una amistad ó relación.

Me encanta la jirafa. Alguien por fin la veía, a su mismo nivel. La grúa nunca dejó de cuidarla, de lejos y en silencio. Ninguno de los dos se tenía que agachar para verse ni para sentir que pertenecían.

Este cuento me encantó porque pude sentirme la jirafa en muchas etapas de mi vida. Otras veces he sido esa grúa esperando que esa persona que me necesita tambien me voltee a ver.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Resumen mental

Me pregunto, casi a diario, ¿cómo llegamos a esto?

¿A qué?“, te has de preguntar.

Pues a esto. A todo lo que se lee a diario en las noticias y redes sociales.

Los que están a favor y en contra. De todo y de nada. Porque sí ó porque no. Abrimos ó cerramos negocios. Nos metemos ó salimos. Me cuido ó me vale. Los que creen y los que piensan que todo es un plan malévolo de los poderes mundiales.

Vivir en medio de dos países me hace sentir una terrible angustia por ambos lados de la frontera. Me preocupa mi México. Me estresa Estados Unidos.

Vemos tantas cosas que están pasado. Tanto odio y tanta división, muchas de las veces peleamos por cosas que ni nos afectan.

Vienen elecciones en el país estadounidense, así que ya se han de imaginar todo lo que se lee. Se avecinan crisis económicas en ambos países y en el mundo entero ya que nos van alcanzar los meses en cuarentena.

Mi hijo ya está en su tercer semana de clases en línea, mi hija no se podrá ir a su universidad hasta enero (si bien nos va) y yo no he visto a mi mamá desde febrero porque no quiero ser la que le lleve el virus. (Que se contagie en el Oxxo ó con el Dr. Simi, pero no quiero eso en mi conciencia, jejeje).

Las playas aquí en San Diego están llenas. La gente con sus tapabocas en los codos, en la frente, de mascada y para detener el cabello.. en todos lados menos en la boca y nariz.

Ya no se guardan esos 6ft de distancia, la gente se abraza, sale a restaurants (aunque nos sienten afuera), se sigue lavando las manos pero poco a poco se ha ido perdiendo ese nervio del COVID19. Los contagios siguen a la alza pero la taza de mortandad es menor ya. Como que todo mundo está ya relajado de que la elección del que se enferme sea de la naturaleza. Nadie hace caso, mucho menos las generaciones jóvenes.

Mientras me preocupaba por la vida y por problemas ajenos y lejanos, vi una publicación anónima que me llamó mucho la atención.

Era un cuadro negro con letras blancas y decía:

“Si el COVID-19 afectara principalmente a los niños y jóvenes, todos los adultos estaríamos haciendo hasta lo imposible por cuidarlos y acabar con esta pandemia”.

Me congelé a analizar lo que leía.

Mi piel se erizó en un instante.

Me puse a imaginarme a nuestro mundo si la situación fuera al revés.

Imagínate que el COVID-19 atacara de manera agresiva a niños y jóvenes. Imagina saber que si sales a la tienda, a comer a un restaurant, a trabajar sin tomar las medidas de precaución para no obtener el virus, vas a llegar a tu casa y tus hijos, bebés y niños se pueden contagiar.

Imagina a esos niños con la vida truncada, atados a una cama de hospital y con tubos de oxígeno mientras los doctores los tienen en un coma inducido para que puedan recuperarse de mejor manera.

Imagina tu impotencia como padre de familia, como madre, como tía, abuela… ver a los menores de las familias morir ó enfermar gravemente y quedar lastimados de por vida.

¿Saldríamos de igual manera?

Yo no estoy criticando a los que han salido. YO he salido y mucho. (Creo que psicológicamente estoy retando al virus porque no entiendo como es que no me he contagiado. Pero ese es otro tema)

Yo creo que si el virus atacara a los menores y no a los adultos mayores, nosotros los “viejos” estaríamos haciendo hasta lo imposible por parar el virus.

Haríamos lo que fuera por protegerlos.

Tendríamos a las madres de familia con todos los sentidos puestos en que ningún virus ataque a la familia. No estaríamos pensando “a dónde ir” de vacaciones aunque sea un día y guardando la sana distancia.

No estaríamos ni pensando en lo difícil que es darles clases en línea con la ayuda de sus escuelas.

No estaríamos traumadas que las señoras que nos ayudan en la casa no pudieran venir a trabajar.

Estaríamos completamente entregadas a ver la manera de erradicar el virus, de seguir las instrucciones de los médicos y gobiernos, de obedecer para que esto pasara rápido.

Imagina el miedo de vivir en un mundo donde tus hijos y bebés pueden morir por negligencia propia, por pensar que “ay, no pasa nada”, “estamos vitaminados”, “es que ya no podemos estar encerrados ni un momento más”.

¿Porqué no hemos cuidado a nuestros adultos mayores de igual manera?

No, jóvenes. Estamos mal. (Me incluyo en la juventud, al menos mentalmente).

No podemos ser tan egoístas, tan “ay whatever”.

Es mucha la gente que ha fallecido por el COVID19. Mucha gente conocida, sin importar su status económico ni social.

Creo que este blog me hace pensar en algo muy profundo:

¿A qué edad le dejamos de importar al mundo?

NOS VEMOS LA PROXIMA SEMANA 🙂

Somos Historias

Vi un escrito en Instagram y me tomé la libertad de copiarlo y ponerlo en mi Facebook.

117600686_10157709937958337_6590503739187615325_n

No sé porqué me puso a pensar esta imagen. Quizá fué porque es totalmente cierta.

¿Alguna vez has pensado cómo sería tu historia?

¿En qué etapa la empezarías a contar? (¿serías tú mismo el narrador de la historia?)

La historia, dicen, es del que la cuenta. Si no me creen, pregúntenle a todos los escritores de las grandes obras cinematográficas que le han dado su toque especial a historias ‘basadas en hechos reales’.

Es casi ley que cada vez que se cuenta una historia, se cuenta diferente. Se le agregan episiodios, se modifican acciones y se quedan en el olvido otras cosas que quizá hubieran sido clave para que la historia fluyera hacia otro lugar.

En tu historia, obviamente tú como protagonista, ¿serías héroe ó villan@?

Me puse a pensar en la mía, mi historia. Sencilla tal vez para los ojos de cualquier lector pero digna de premios Nobel para mi mente.

Cada día que abrimos los ojos para comenzar la rutina estamos haciendo historia, es un capítulo más.

Imagina que un público te observa (y no hablo de redes sociales porque esas son falsas, se publica solo lo bonito del día).

Pero imagina que tu casa, trabajo, carro es un escenario donde te observan millones de espectadores en el público. Te ven recién despierta, con esos cabellos que no sabes en qué momento se enredaron así.

Te ven prender la cafetera, revisar tu teléfono y checar la agenda para mas ó menos planear el día.

Te ven en la caminata respirando aire fresco. Te ven llorando en la regadera porque te acordaste de algo (del capítulo pasado).

Cada movimiento que hacemos estamos haciendo nuestra historia. Todo se resume a las decisiones que tomamos durante el día.

La buena decisión de tomar agua desde temprano despues del ejercicio y tambien esa mala decisión de comerte los Takis que dejaron en un plato los niños.

La historia se va tejiendo basada en lo que decidimos hacer.

¿Me enojo ó no me enojo?

¿Le digo ó no le digo?

¿Le escribo ó me espero a que él se comunique?

Las coincidencias de la vida me hacen pensar que el público que nos observa se emociona.

No me digan que soy la única que tiene esta mente soñadora. Jajajaja.

No vivo en una fantasía, créanme. Mis problemas, mis tragedias son muy reales y las trato de ocultar lo mejor que puedo.

La edad, tal vez, me ha hecho tan empática a las situaciones de cada persona. No justifico las malas acciones de muchos sino que simplemente los comprendo y los entiendo.

Cuando conocemos personas que tienen una historia enredada y complicada, ¿quién dijo que eramos los jueces ó justicieros de su vida?

Las personas, todas, somos historias.

Hay cuentos de princesas donde la historia nos dice que fueron rescatadas despues de sufrir mucho.

Hay historias que nos tienen en suspenso.

Hay otras historias de terror, donde el protagonista es el antagonista de sí mismo y de todos los que lo rodean.

Las historias de misterio, en las cuales las personas nos ocultan siempre su verdadero sentir y allí anda uno adivinando como ayudarlos.

Historias de comedia, donde la vida de las personas pareciera ser copiada de un programa de televisión con risas grabadas.

Historias de acción, de guerra, de aventura, de drama…

Y hay historias de romance y erotismo, las cuales nos hacen sentir más vivos que nunca.

Nuestra historia se forma de la historia de cada una de las personas que se nos atraviesan en este mundo.

Coincidir con las personas en el mismo tiempo y espacio, de tantos mundos (exactamente como dice la canción) nos indica que iban a ser parte de la historia nuestra.

A veces podemos palpar el cómo las historias de otros influyen en lo que pase en la nuestra.

Si una persona no hubiera tomado una decisión en su vida, quizá esa persona no estuviera en tu historia.

Todos estamos conectados, tal como siempre se ha dicho con el “Six degrees of Separation”, que nos dice que todos estamos conectados con todo el mundo por medio de 6 personas. (O sea estoy a 6 personas de distancia de conocer a Johnny Depp).

Historias, basada en hechos.

Una amiga me comentó “O tal vez leyendas”.

Las leyendas son historias que jamás se podrán comprobar como reales.

Allí me confunde el diccionario. ¿Qué quiero ser? ¿Historia ó leyenda?

Por lo pronto, hagamos de nuestra vida una historia que todos quieran conocer.

Ya despues, cuando no estemos en este mundo, que alguien más se encargue de contarla y nos mantenga vivos en la imaginación de futuras generaciones.

Ven, escribe tu propia historia. No tiene que ser poética ni perfecta.

Y si quieres, yo te ayudo a empezarla.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

117105749_597158794281039_7205581653532807613_n

Challenge Accepted

Mujeres.

Por todas las redes sociales estamos. Fotos blanco y negro inundan las plataformas más vistas. Mujeres de todas las razas, colores y situación económica comenzaron a tapizarnos con sus fotos maravillosas.

Millones de mujeres en todo el mundo subieron fotos con su respectivo #challengeaccepted, que quiere decir “acepto el reto”.

¡Ah, mujeres! Tan hermosamente complicadas que somos. Y yo puedo decirlo porque soy una mujer que a veces cae en su total feminismo de ser totalmente irracional, pero siempre sabemos lo que hacemos.

Funcionamos tan maravillosamente que ninguna computadora tiene nuestra memoria al detalle, desde a qué olía el ambiente en tal recuerdo hasta que ruido había en el fondo. Manejamos nuestro complejo cerebro a la perfección, pero es que estamos diseñadas para ser así.

¿Saben? Las personas que más me aman y quizá mis únicos enemigos son mujeres. Me llevo muy  bien con los hombres, desde mis mejores amigos hasta con los jefes y compañeros de trabajo que he tenido que tratar. Con ellos nunca he tenido problemas para sobrellevar las relaciones, cualesquiera que esta sea.

¡Ay, pero mis mujeres! Mis bullies de niña eran mujeres. Las que te hacían feas caras en las piñatas ó no se juntaban contigo porque venías de fuera. La que me rompió el techo de mi convertible hace mil años en Mexicali fue una mujer (y ahora es mi amiga). ¡Sí! Parece que me contradigo, pero no. Todas las mujeres que me leen saben de que estoy hablando.

Somos seres apasionados y maravillosos, no cabe duda.

Por eso cuando recibí la invitación de Cynthia Loera y de Elsa Rincón para participar en el reto #challengeaccepted, no dudé en hacerlo.

Este reto consiste en subir una foto blanco y negro a las redes sociales con leyendas como “Mujeres apoyando a mujeres”, como un juego de solidaridad, de hermandad.

La respuesta que ha tenido a nivel mundial ha sido impresionante. Millones en el # (hashtag), con fotos maravillosas y donde el hecho de no tener color hace que el alma de cada mirada de mujer brille aún más.

Comencé a etiquetar amigas y conocidas y unas lo hicieron (otras no). Me puse a leer en NY Times acerca del movimiento y cómo tal vez tenga un tono político porque a una miembra del Congreso de USA le faltaron al respeto. Tambien se debe a la violencia doméstica que se ha elevado en este tiempo de encierro. Sea cual sea la razón, fue un reto que todas estamos haciendo (porque esto va para largo).

Ví tambien en las redes sociales como comenzaron los ‘haters’ a publicar cosas que desacreditaban el movimiento. Ponían fotos de cebras, pandas, uniformes de rayas blanco y negro (presos), etc. con la leyenda #challengeaccepted.

Al principio me dió risa y luego me enojé. ¿Porqué siempre tiene que haber alguien que no apruebe un movimiento que no le hace daño a nadie?

Es por eso que decidí hacer el blog de esto y tambien hice un video con las mujeres que más me leen cada miércoles (quizá como para agradecerles un poco su tiempo y cariño).

Me “robé” fotos de todas aquellas que no habían participado aún en el reto y tambien de las que ya andaban circulando públicamente.

Comencé a editar las fotos, a subirlas y cuando les puse música para ir viendo como se veía, me dieron unas inmensas ganas de llorar. (No se que me pasa pero por todo lloro últimamente. Muy inútil de mi parte la verdad).

Y pensaba ¿porqué lloro?

Veía el video y lloraba cada vez mas. Lloraba y lloraba. Y capté lo que en realidad veía en cada foto. Veía a mujeres reales.

Mujeres, cada una de ellas (de ustedes) con una historia detrás de cada mirada.

Mujeres fuertes y determinadas. Honestas y fieles. Fuertes y dominantes. Sumisas y tiernas.

Cada vez que lo veía, veía una parte de mi en todas.

Madres, hermanas, tías, abuelas, primas, amigas, comadres..

Emprendedoras, empresarias, motivadoras, empáticas, asustadas, con miradas que sabemos que han derramado lágrimas.

Mujeres que este año han tenido que ser mas fuertes que nunca para no desequilibrar el bienestar emocional de la familia.

Mujeres que sonríen porque es más fácil hacerlo que explicar la angustia.

Mujeres que han sido víctimas y han sido héroes.

Mujeres que han brindado una mano al que lo necesita.

Valientes que han luchado contra enfermedades y realmente seres celestes las que han perdido a un hijo en esta vida.

Mujeres que yo se que si las necesito me van a ayudar.

Me ví en la que ha estado dudando de sus decisiones. En la que está a dieta porque pues no hay de otra.

Me ví en esas miradas jovencitas llenas de sueños e ilusiones por lo que falta de vida.

En las persistentes y defensoras de los derechos de todos.

En esas caritas de niña de todas, esas niñas que pensaron que la vida era de princesas y finales felices pero con el tiempo fueron viendo que había más dragones y hechizos.

Me ví en ti que me lees y que das la vida por que todo fluya a tu alrededor.

Me ví en ti que tienes miedo a lo desconocido, al futuro y muchas veces a la vida.

Me puse a escribir de ti y hacerte este video para agradecerte MUJER, el estar aquí, levantando mi ánimo cuando menos lo piensas.

Disfruten el video… lo hice con mucho amor y como agradecimiento por aguantarme, jeje.

 

 

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

116417801_1730490080448884_2680280294448939812_n

 

 

Sólo una razón

Soy fan de Lady Gaga. No desde siempre, pero últimamente me he detenido a escuchar la letra de sus canciones y he podido leer entre líneas como es en realidad su mente y su manera de componer.

Hay una canción en especial que tiene una frase que me dejó pensando: “Million Reasons”, donde en una parte dice “Me estás dando 100 millones de razones para irme pero sólo necesito 1 razón para quedarme”.

Tiene tanto significado esa frase. Está llena de enseñanza que podemos aplicar para cualquiera que sea nuestra duda en la vida.

No necesariamente habla de una relación sentimental sino que puede tratarse de una toma de decisión importante.

El día a día nos llena de preguntas donde tenemos que tomar una decisión y vamos poniendo cosas en una balanza para ver para que lado se inclina.

Imagínate que tienes que tomar una decisión que puede cambiar tu vida. Piensa en lo que sea, ya sea algo que estés viviendo ó sea algo que ya hayas tenido que hacer.

La decisión es irte ó quedarte. Seguir ó parar.

Vas poniendo las razones en la balanza, una tras otra, y todas parecen indicarte que te tienes que ir. Una y otra razón. Cada una es más poderosa que la siguiente. La balanza está definida totalmente hacia irte. Son 100 millones de razones válidas y reales que te hacen decidir irte. Pero… llega luego a tu mente una razón para quedarte. Una contra 100 millones. Un motivo que pesa tanto que logra mover la balanza hacia el lado opuesto de lo que parecía lógico.

¿Alguna vez han estado en esa situación?

No necesariamente hablo de una relación sentimental. Puede muy bien ser una amistad de mucho tiempo que se ha convertido en algo tóxico sin querer. Quieres huir de la amistad por 100 millones de razones pero luego piensas en que es tu amigo, tu compa de toda la vida, tu familia por elección y te quedas. Conozco pocas amistades que por una sola razón se queden, siempre pesan mas las 100 millones de razones para irse.

Lo mismo aplica para un trabajo. Esas razones para quedarte que tanto hacen la diferencia de la única razón que tienes para irte.

Para todo tenemos que balancear razones.

¿Cuántas veces hemos lastimado a terceras personas por no poner en una balanza las razones al tomar decisiones?

Hablamos sin pensar, estando en lo que creemos correcto, sin importarnos como podemos lastimar a los demás.

Quizá sea necesario ver las razones que tenemos de expresarnos sin pensar y muchas veces sin conocer del tema.

Les confieso que estoy ya usando toda mi reserva de emociones positivas para seguir en este 2020. Sé que todos estamos igual y realmente no me ha ido mal pero esa vibra oscura que hay en cada publicación, en cada noticia, en cada cadena de oración por los enfermos me hace temblar de angustia.

Hay 100 millones de razones para estar tristes y angustiados (o más), así que mi  agotamiento se debe a que debo buscar una razón lo suficientemente fuerte que le gane a todas todos los días.

Una razón. Sólo una que no sea la típica salud, dinero y amor.

He llegado a la conclusión que si no encuentro una razón poderosa para irme de un estado de tristeza y angustia quiere decir que tal vez tenga que procesarlo y ya que se me pase pueda encontrar cualquier motivo para salir de allí.

Estoy segura que todos en este mundo andamos un poco así, como que tristes, apagados y tal vez incrédulos que estén pasando tantas cosas feas. Veo a mis amigos enojados con la vida, otros que pueden distraerse pero son criticados si se hacen los que no pasa nada, rompimientos amorosos, planes truncados, negocios temblando en sus últimas vidas. Ha sido un golpe bajo que nadie pudo ver venir. Veo a los fuertes que van a reactivar el mundo y tambien veo a los débiles que se van a quedar en el camino. (Yo digo que soy de las fuertes pero nada mas que estos días he andado bien agüitada, jeje).

gina dewar

Sigo buscando distracciones que mantienen mi mente tan activa y tan revoltosa ocupada en todo menos la realidad. Por eso invento tantas cosas en mis redes sociales, por eso en todos lados comento y disfruto ver a todos tratar de pasarla lo mejor que pueden. Vivo en una ciudad paradisiaca con el clima y sus playas, por eso entiendo y aplaudo a los que se han podido escapar de sus casas a vivir una cuarentena con otros aires.

He aprendido que cada uno de nosotros ha encontrado la manera de ver  la razón fuerte que mata esas 100 millones de razones que tenemos para soltarnos llorando. Cada uno de nosotros se ha vuelto mas creativo para no caer en una tristeza fuerte. Veo los que escriben, los que nos ponen música y conciertos, los que nos enseñan a ejercitarnos, los que nos dan ideas de qué comer el día de hoy. Tambien veo los que publican arte, los que se las han ingeniado para sobrevivir empezando de cero un negocio y los que siempre tienen algo chistoso que decir.

¿Saben qué?

Esto va a pasar. Nos vamos a volver a abrazar. Estamos unidos como comunidad (virtud que he aprendido especialmente de la revista GENTE BONITA MAGAZINE).

Sé lo que piensan.

Estar aquí, tu leyendo y yo escribiendo… una razón suficiente.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

black and white

 

 

 

Carpe Diem

Horacio, un poeta romano decía “carpe diem quam minimum credula postero” que traducido al español quiere decir: “aprovecha cada día, no te confíes del mañana”.

He estado leyendo poesía antigua, quizá para ver las diferencias de lo que pensaban antes a lo que decimos hoy. ¿Y saben qué? Pensamos lo mismo. Queremos lo mismo. Sentimos lo mismo.

Carpe diem. Vive el día.

Nada más cierto hoy en estos tiempos cuando no sabes cómo va a amanecer el mundo y que nuevas regulaciones nos van a dictar.

¿Cuántas veces hemos permanecido despiertos en la noche dándole vueltas a algo que todavía no pasa pero en nuestra cabeza ya inventamos mil cosas?

Esa horrible costumbre de planear todo hasta el último momento no es más que sólo una receta perfecta para una decepción.

Tendemos a pensar demasiado en lo que va a pasar y se nos va el hoy en eso.  Por estar viviendo en lo que va a pasar, se nos van los momentos especiales de cada día.

Perdemos la paz por angustiarnos por cosas que no han pasado (pero PUDIERAN pasar).

Me acaba de pasar esto esta semana. Resulta que por cosas del destino, el IRS (el mero mero de impuestos del gobierno estadounidense) dudaba que en realidad yo era yo. Es decir, mi identidad estaba comprometida quizá por vivir ahora en California despues de tantos años en Texas. Mis impuestos del 2018 se seguían procesando y como ya tengo que presentar los del 2019, decidí llegar al fondo de la situación.

Entre mil llamadas, me citaron en el edificio de gobierno de downtown el martes a las meras 10am.

Llegué super puntual y no había nadie en la fila. Los policías me quitaron los zapatos y mi bolsa (mismo registro que en los aeropuertos) y me pasaron por un marco detector de metales. Muy amables todos los policías conmigo. Todos con cubrebocas, me rocearon las manos con alcohol y gel antibacterial y me acompañaron hasta el elevador para indicarme que otro policía me llevaría hasta la oficina.

Muy amables todos en mi trayecto. El que me recibió mis identificaciones, el que me dió mi numerito de espera (que en el fondo me daba risa porque era la UNICA allí) y tambien muy amable la persona encargada del IRS que estaba revisando mi caso.

No se porque me sentía tan nerviosa antes de ir. Ese miedo inculcado de que el IRS es lo peor y todos le temen está muy mal.

Llevo días (ó meses) estresada por tener este pendiente con el IRS y en 5 minutos me resolvieron mi problema. Me había imaginado lo peor, una auditoría, sanciones y multas ó penalizaciones fuertes por haber dejado pasar tanto tiempo.

Aprendí que los del IRS son muy amables, desde la mujer con la que agendé la cita hasta el muchacho joven que me atendió. (La verdad es que nos da miedo todo lo que tenga que ver con trámites de gobierno).

Todo este tiempo me estuve preocupando en vano por algo que tenía solución. No VIVI EL DIA.

Estuve despues de mi cita, viendo el calendario del 2020 y como ya estaba lleno de eventos, semana con semana.

Citas de trabajo, eventos familiares, fecha de irnos a Los Angeles a dejar a Luisa Fernanda a UCLA, eventos con la revista GENTE BONITA MAGAZINE, etc. Era un 2020 lleno de convivios maravillosos con la gente que me rodea y quiero.

Todo enero y febrero me senté en las oficinas de la revista junto con Fabiola para llenar cada fecha con compromisos sociales.

No les sé decir cuantas horas nos pasamos viviendo en el futuro (pensando en cómo sería cada evento) para poder darles a los clientes el mejor servicio y cobertura.

Un calendario maravilloso. ¡Qué padre año!

Creo que eso ha sido de lo mas desgastante de toda esta pandemia (obviamente que despues de lo que es en sí la enfermedad y ese miedo que nos da de que nuestros seres queridos contagien ó lleguen a fallecer).

Tuvimos que ponernos en pausa, en parar todo y fue una lección inmensa de practicar el CARPE DIEM.

Despertar, asegurarnos que tenemos salud, comida básica y todo lo necesario para seguir practicando las medidas de higiene para sobrevivir a todo esto.

Vive el día y no critiques a los que andan en la playa ó andan “como si nada”. Preocúpate por tí. Y ya. No podemos ser los policías de la pandemia, juzgando quién sale y quién no.

Estamos muy cansados y eso que en San Diego tuvimos un mes de “recreo” y pudimos salir al gimnasio, a los centros comerciales y a los restaurantes (protegidos con mascarillas y con medidas de seguridad), pero a partir de hoy miércoles 15 de julio, todo vuelve a cerrarse.

Carpe Diem. Viviendo el día una vez más. En familia y si Dios lo sigue permitiendo, todos sanos.

Y pues ya, que truene los dedos Thanos (como dijo mi amigo el Tuti), que descubran un tratamiento efectivo, una vacuna que prevenga futuros contagios, que todos encontremos la manera de ayudarnos y apoyarnos en la crisis económica mundial que pasaremos, y como dijo mi amigo Payta en su programa de radio ayer citando a John Lennon (The Beatles) “No hay problemas, sólo soluciones”.

Nos vemos el próximo MIERCOLES 🙂

 

 

Juventud en Pausa

Hace algunos meses (o años), publiqué en este blog un artículo acerca de cómo la juventud de hoy está tan acostumbrada a tener todo al instante.

Narraba que no era culpa de ellos, sino que era culpa de la tecnología que les daba todo con sólo presionar teclas.

Mencionaba que gracias a eso, los jóvenes y niños no iban a saber jamás lo que significaba tener la virtud de la PACIENCIA.

Hablaba, como si fuera experta en el tema, de como es que ahora los niños y jóvenes todo saben, todo conocen, nada es sorpresa y al mismo tiempo irán tirando al olvido la práctica de ser pacientes y tener calma para lograr sus objetivos.

Hablaba y hablaba. Preocupada como madre de adolescentes pero al mismo tiempo como parte de la generación X que vivió mitad de su juventud sin tecnología y la otra mitad la vivió en esa transición.

Hoy la situación del COVID19 me ha callado la boca.

Me siento con una obligación moral de pedirle una disculpa a la niñez y juventud que critiqué por no tener conocimientos de lo que es la PACIENCIA.

Me ha tocado ver a mis sobrinos, a hijos de amigos, graduarse de manera virtual sin poder pisar la escuela todos juntos como salón. De verdad se me ha hecho nudo en la garganta cuando en las graduaciones por ZOOM ó Facebook Live dice el director “Ultima pasada de lista” y se mencionan a los niños/adolescentes que no están presentes por causas de la pandemia.

He visto en mis hijos sus caras de preocupación con las noticias. Los he visto encerrarse sin decir nada. Han seguido las indicaciones de no salir, de lavarse las manos si llegamos a salir a comprar algo, a usar cubrebocas y a estar sin socializar.

kid

Tantos niños que se han podido PACIENTEMENTE acoplar a una clase virtual, a ir a la escuela en pantalla, a hacer tareas con dudas de haberle entendido a medias a la pantalla que la maestra compartió.

Hemos podido sentir la tristeza de miles de universitarios que tendrán que volver a sus casas para tomar clases en línea hasta nuevo aviso. (Regresar al nido despues de volar puede ser muy difícil).

He visto a los jóvenes usar toda la paciencia para hacer cosas positivas dentro de sus casas. Las redes sociales están más activas que nunca gracias a que la generación de millenials y GEN Z las mantienen actualizadas.

Han estado pacientes a la espera del regreso del béisbol (pidiendo que si haya deportes en el otoño).

Se han asustado pero han manejado el pánico de que se les enferman seres queridos cercanos. Tienen la paciencia de calmar a los de mi generación que al parecer somos los más impacientes.

A la juventud/niñez se les arrebató la convivencia (que a esa edad es el motor de vida). No pueden ir al cine, ni a parques de diversiones, ni a restaurants (al menos que estén al aire libre y no en todos los países).

young

Todo se les ha limitado. Desde el menú de la comida disponible para llevar hasta cumpleaños donde han tenido que celebrar mediante desfiles de compañeritos y amigos pitando en sus carros frente a la casa mientras ellos con su tapabocas los saludan emocionados.

Paciencia.

Tal vez sea verdad que todos tenemos que ejercerla en algún momento de nuestras vidas (ó en varios) y esta juventud en pausa no fue la excepción.

Esta generación de jóvenes está aprendiendo a vivir con una situación que nunca pensaron posible.

Es una generación que todo tienen al alcance de su mano con su teléfono ó con solo pedirle a “Alexa” que los ayude con el problema que tengan. Es una generación que en vivo pueden ver las noticias sin tener que esperarte al noticiero de las 10 de la noche para saber qué pasa en el mundo.

Una generación que antes de ir a un lugar ya había visitado de manera virtual las instalaciones.

Ahora, esa misma generación nos da el más grande ejemplo de paciencia y ACEPTACION de los cambios que siguen dándose cada día (porque todos los días cambian las cosas).

Tenemos que aprender mucho de la juventud y su manera de ESPERAR cuando antes nunca lo hicieron.

Nosotros como generación más grande (menos jóven), necesitamos practicar más nuestra paciencia y abrazar a la juventud y niñez, que detrás de cada carita de “no pasa nada” está un niño con miedo al futuro, a enfermarse, a no volver a la vida de antes. Detrás de cada joven escondido en sus bailes del TikTok está una persona que se muere de angustia de no saber si podremos salir de todo esto en un tiempo a corto plazo.

Ya tenemos que ponernos las pilas como padres, tutores, abuelos, tíos, gobernantes, mentores y ser un ejemplo para esta juventud y niñez que nos sigue consultando para tomas de decisiones.

El título de este blog es JUVENTUD EN PAUSA… pero las generaciones mayores, ¿COMO ESTAMOS?

Tal vez no nos damos cuenta pero la juventud y la niñez absorbe todo lo que nosotros transmitimos. Mientras juegan FORTNITE ó están viendo  su NETFLIX, ellos nos sienten estresados, tensionados y automáticamente se contagian.

Paciencia. Todo va a estar bien. Todo va a pasar. Nuestros adultos mayores estarán a salvo. Nuestra juventud y niñez tendrán su futuro.

Somos esa generación “sandwich”, en medio de dos generaciones. Somos todos los ingredientes de enmedio y no podemos darnos el lujo de ponernos en pausa como los demás.

Si estamos fuertes, unidos, pacientes y tolerantes con empatía vamos a mover a las otras dos generaciones para salir triunfantes de tantos impedimentos por la pandemia.

Estamos para soportar a los mayores y para ayudarles a llegar a los jóvenes. Si lo podemos lograr.

Lo tenemos que lograr.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

107763097_323266975377839_4321571399652719444_n
Seriedad para recordar como ser paciente

 

 

Déjà vu

Sentir que algo ya pasó es lo que conocemos como un déjà vu, palabras francesas que significan eso “ya lo ví”.

¿Lo han experimentado alguna vez?

Se siente emocionante el estar como viviendo en un pasado exacto de lo que sucede en el presente. Es sentirse hasta cierto momento con un talento psíquico y vidente que nos llena de curiosidad y tambien de incertidumbre.

Científicos han estudiado esto por años sin llegar a conclusiones finales. Solo llegan a “supuestos”, a “posibles razones”.

-El subconciente se adelanta a percebir lo que ya pasó en la mente y cuando el subconciente lo vive, sentimos que ‘ya pasó’.-

-Es un recuerdo detallado de un sueño que se intervala con lo que estamos viviendo en realidad-

-Experiencias que hemos vivido en otras vidas y en otras plataformas de tiempo en este Universo tan infinito-

Sea cual sea la verdadera razón, es muy divertido sentir por esos segunditos el poder de ver ‘que va a pasar’.

download (3)

Ultimamente he experimentado más y más episodios de déjà vu y por eso me puse a pensar para ver si logro decifrar a qué se debe.

Le echo la culpa a este encierro y a esta pandemia. Ya nos dejaron salir hace un mes y ahora están amenazando de nuevo de que vuelven a cerrar algunos sectores de los comercios debido al despunte que han tenido los contagios y los decesos por este COVID19.

Y comienza la sociedad a sentir un DEJA VU dictado por las autoridades y los que de verdad saben que está pasando.

Vemos otra vez como la gente se comienza a asustar de que nos vuelven a encerrar como en marzo.

He visto en las tiendas que hay familias que comienzan a comprar de nuevo juegos de mesa, antibacteriales, papel del baño (por supuesto), y material para hacer manualidades.

He visto una disminución en la velocidad de todos los negocios otra vez.

Y otra vez, como un DEJA VU, vuelve esa sensación de no saber absolutamente nada de lo que sigue.

Me estoy cansando de ‘volver a empezar’.

Siento que llevo años enteros volviendo a empezar tantas cosas.

Nueva vida, nuevas ideas de negocios, nuevas licencias, nuevas estrategias, nuevas amistades, nuevos sentimientos, nuevos horizontes, nuevos placeres, nuevas aventuras, nueva yo.

Todos los que alguna vez han comenzado algo saben lo difícil que es empezar de nuevo, ahora imagínense empezar de nuevo todo una y otra vez. Empezar y empezar.

Libros enteros te sugieren que “nunca es tarde para volver a empezar”.

Yo le agregaría al título “pero ponte trucha para que no se te olvide como seguirle y culminar los planes”.

El COVID19 me tiene hasta la madre, como a todos.

Nos puso un alto a todo el mundo y nos acostumbramos a estar encerrados y vivir con lo mínimo. No nos pasó nada y aprendimos que hemos estado gastando dinero a lo tonto en épocas pasadas.

Hemos visto a miles de cumpleañeros resignadamente soplar una velita con solo los miembros de la casa y tal vez ver pasar una caravana de carros pitando haciendo relajo para que el festejo no pase desapercibido. Se empieza un nuevo año de manera diferente.

Hemos llorado con todos los graduados 2020 (desde los de kinder hasta los que se gradúan de profesional) y su fuerza y sonrisa  por haber culminado etapas de sus vidas teniendo que celebrar mediante pantallas y aislados. Se empieza otro nivel de manera diferente.

Los negocios que ya han empezado a abrir han tenido que volver a empezar ahora con muchas nuevas normas de higiene para que funcione todo.

Pienso que cada negocio ha tenido su DEJA VU de cuando abrió sus puertas al primer cliente cuando recién comenzó. Un miedo a no saber si tendrán éxito, si podrán sacar para solventar sus gastos fijos, si podrán, punto.

Se siente raro el ambiente, todo nuevo y todo el mundo volviendo a empezar como si fueran nuevos sin experiencia.

Estaremos reviviendo muchos sentimientos que ya habíamos superado en la cuarentena. (Otra vez a comenzar a ser dinámicos en la casa, a cocinar, a hacer ejercicio, a tomar a deshoras, a informarse de fuentes seguras).

Lo bueno es que somos seres humanos excepcionales que a todo se acostumbra… menos a no comer.

¿A poco no?

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂  (espero poder publicar más temprano la próxima semana)