Onda Cálida

Siempre he admirado a los que predicen cómo va a estar el clima. Tienen una precisión increíble y aunque a veces les falla, casi siempre nos podemos dar una idea de cómo va a estar el día para poder hacer planes.

Por eso cuando nos llegaban las alertas de que iban a subir mucho las temperaturas, la verdad si les hice caso.

San Diego se reconoce como una ciudad que tiene el mejor de los climas el 90% del tiempo. Es un clima perfecto (en mi opinión) aunque conozco personas cercanas que dicen que prefieren tener las 4 estaciones del año marcadas.

Se llegó el día en que las temperaturas subirían y pues la verdad si estuvo difícil la humedad que se combinaba con un sol ardiente.

Ya sé, muchos me van a decir que soy una simple si vengo de las ciudades más calientes de México (Hermosillo y Mexicali), pero la diferencia que yo pude ver es que, en las ciudades acostumbradas al calorón, se cancelan las actividades en el día.

Aquí en San Diego/Tijuana no fue así. Las actividades siguieron y el calor se sentía mucho por la humedad tan tremenda que había.

A mi la verdad el calor en sí no me daba miedo. Me preocupaba que estamos en la peor sequía en años en todo el estado de California y con estas temperaturas tan altas nos ponemos en riesgo de incendios forestales de esos que destruyen todo lo que ven en su paso.

Las autoridades nos daban instrucciones de qué hacer para protegernos del sol. Nos daban instrucciones de que hacer con las mascotas y sobre todo de como hacerle en tu casa para mantenerla fresca.

Muchos lugares en el área de Tijuana/San Diego no tienen aires acondicionados. Restaurants y bares no tienen cómo enfriar los establecimientos en caso de estas ondas cálidas.

Me puse a pensar en todos los turistas que ya tenían viaje planeado a San Diego por ser fin de semana largo por Labor Day. Si tenían planeado ir al Zoo o al Sea World creo que no la pasaron de maravilla, sobre todo si trajeron niños chiquitos.

Sí, los cachanillas y sonorenses me han de estar diciendo “no aguantan nada”, pero como les dije anteriormente, la gente acostumbrada a un clima agradable no tiene idea lo que le puede pasar si no se cuida del calor.

Me dio risa quemarme las manos con el volante en mi carro. Me dio risa ir caminando a medio día en el sol en Tijuana viendo una expo maravillosa de Turismo. Me dio risa tenerme que tomar un Electrolyte para no sentirme mal después de la super sudada.

Era para mi algo raro andar en el calorón. Yo debo de saber que a esas horas no se sale si el clima es así, pero siempre en mi mente pienso “Ni que fuera Mexicali”. (Allá si sabemos sobrevivir el calorón).

En fin, este clima raro me hizo reflexionar que nos acostumbramos muy rápido a lo cómodo y nomas hay un cambio imprevisto, nuestro alrededor entra en pánico y nuestro gobernador de California nos manda una alerta de que el estado no sabe que hacer con tanto gasto de energía eléctrica, (que apaguemos el aire, dice).

Pues así es. Por eso Mexicali y su gente serán los sobrevivientes del apocalipsis. Yo viví mis años mas bonitos en Mexicali, con todo y calor, pero ahora resulta que me hice una débil comodina del buen clima.

¡Qué mal!

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 😊

La Revista Binacional

No cabe duda de que cuando se juntan grandes personalidades, cosas maravillosas suceden.

No sé cómo ni cuándo, pero me invitaron a ser parte de un gran proyecto que me permite combinar lo que me encanta ser con lo que sé hacer.

Carlos Flores y Rafael García me pidieron ser parte de una nueva plataforma binacional que promete cambiar la manera que hacemos negocio y vivimos en la frontera.

Estamos comenzando en San Diego y Tijuana, expandiéndonos hacia las dos Californias. Una vez que estemos consolidados, queremos llegar a Sonora/Arizona, Texas/Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas para después extendernos en ambos países.

Una revista urbana de negocios, de comunidad, de combinar dos culturas y dos naciones respaldadas por un equipo de trabajo de primera con oficinas en Tijuana y San Diego. (Gracias a Michelle, Andrea, Lucía, José Luis, Miguel, y Derrick porque siempre están listos para ayudarnos en todo).

Nuestra cultura binacional es a veces incomprensible para muchos.

No todos en este mundo tienen el privilegio de poderle entender a una serie como Seinfeld y al mismo tiempo a La Rosa de Guadalupe.

Es una cultura donde disfrutas un concierto de Elton John y al mismo tiempo reconoces que el Buki tiene canciones buenas que te hacen llorar poquito.

No es nada raro saber que puedes desayunar en Breakfast Republic y tener la fortuna de ver el atardecer en algún restaurant en las playas de Rosarito en el mismo día.

Tienes conocimiento, casi de nacimiento, de qué sale mas barato comprar en México y qué sale mas barato comprar en USA.

Dominas la conversión del tipo de cambio de dólar a peso y viceversa, aunque hayas reprobado matemáticas en la primaria.

Cuando me dijeron que el proyecto se llamaría “La Revista Binacional”, me sorprendió que nadie en el mundo tenía registrado el dominio ni el nombre tal cual. Era como si estuviera reservado para nosotros.

Gracias a la visión de Carlos como empresario, el talento inigualable de Rafael para reunir patrocinadores y clientes y mi colaboración han hecho que este proyecto esté creciendo mucho más rápido de lo que anticipamos.

Mientras planeábamos la plataforma, la lluvia de ideas no cesaba. Todo se iba acomodando. Los clientes, los patrocinadores, el diseño, el contenido, el estudio de podcast y el entusiasmo iban creciendo.

Se me ocurrió que, si ya teníamos todo para grabar, ¿Por qué no grabábamos todos los artículos en una plataforma de audio?

Eso nos llevó a posicionarnos en un camino a la certificación para cumplir con los requisitos de ser compatibles e incluyentes de todas las personas con alguna discapacidad visual y/o motriz.

Nuestra plataforma tiene entonces ya una causa: Ser incluyente con los que no nos pueden leer, pero sí nos pueden escuchar.

Esto vino a motivarnos aún más. Cada día queremos ser mejores y cumplir con lo que planeamos. La estructura, la dirección, la puntualidad, la aceptación a las ideas de todo el equipo, las críticas constructivas y la visión unánime me dan la seguridad que nos podemos posicionar en un buen lugar como medio incluyente con un muy buen alcance.

Vuelvo a agradecer a Carlos y a Rafael por creer en mí, tanto lo hicieron que me invitaron a ser dueña y socia, junto con ellos, de este proyecto.

Con todo mi orgullo, con el nervio que esto me da, pero prometiendo que daré lo mejor de mí, puedo decir que: La Revista Binacional es mía, tuya y de todo el que quiera ser parte de ella.

Les dejo el enlace para que la vean y por favor sigue a La Revista Binacional en todos los medios.

http://WWW.LAREVISTABINACIONAL.COM

Facebook : http://www.facebook.com/larevistabinacional/

Instagram: https://instagram.com/la_revista_binacional?igshid=YmMyMTA2M2Y=

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 😊

Hace 5 años

Esta semana cumplimos 5 años en San Diego. Cinco.

Los mismos que tengo sin regresar a El Paso. ¿En qué momento se convirtieron en meses los días y en años los meses?

Han cambiado tantas cosas. He cambiado tanto yo.

Recuerdo perfecto que estaba en la recámara de lo que fué mi casa. Me estaba peleando con una cinta adhesiva de esas gruesas para cartón. Eran las últimas cajas que empacaba. Todo lo demás ya estaba guardado.

Estaba sola porque mis hijos se habían ido ese día. Curiosamente ningún conocido pudo ir a ayudarme aunque la verdad no quería molestar a nadie.

Me seguía peleando con ese “tape”, el rollo de cinta adhesiva. No encontraba donde estaba la orilla para cortarlo. Por fin la encontraba y al irla jalando, se iba rompiendo mal, en pedacitos sin irse de un jalón.

No se si era agotamiento físico ó mental pero precisamente eso, el no poder cortar el pedazo de cinta, hizo que me tirara al suelo a llorar desconsoladamente. Algo tan simple pudo romper con esa fuerza que según yo tenía.

Se oye exagerado eso de tirarme pero mi recámara ya no tenía cama ni sillones. Sólo estaban esas últimas cajas.

Lloré mucho en aquel piso frío de madera. Lloré quizá todo lo que no lloré en mucho tiempo. Aproveché que nadie me veía, nadie me podía decir nada (porque a veces hasta las palabras de consuelo ó de ánimo no las quieres escuchar. Necesitas llorar).

Comenzó a invadirme el miedo, la duda, los cuestionamientos a mi persona, a mis decisiones. Me juzgué entera en ese momento. “No voy a poder”. Me lo repetía una y otra vez.

Me daba miedo dejar 18 años de vida. Familia y amigos que se convirtieron en familia. Trabajo y escuelas de mis hijos. Dejaba un cielo muy bonito. De repente todo se oscurecía y lo que yo tanto había planeado lograr me estaba aterrando ahora que lo estaba realizando.

Los primeros 12 meses fueron muy difíciles. Me costó mucho (anímicamente hablando). Me costó trabajo perdonarme tal vez. Me sentía culpable de cierta manera de modificar la vida de mis hijos.

Ya tengo 5 años en San Diego. ¿Qué si ya se me quitó el miedo? No. Siempre tengo miedo. Pero he aprendido a no hacerle mucho caso porque el miedo es muy mentiroso.

Se me ha quitado un poco el miedo cuando veo lo que he avanzado emocionalmente. Se me ha quitado un poco cuando mis hijos me dicen que es lo mejor que hemos hecho (irnos a San Diego por todas las oportunidades que tienen aquí). Se me ha quitado un poco el miedo cuando me doy cuenta que me es menos difícil ya irme de lugares y de personas con la seguridad de que no pasa nada.

En estos 5 años he aprendido a soltar, a no tomar todo tan personal, a no juzgarme tanto porque veo el avance.

Hace 5 años que vivo en la ciudad que siempre quise vivir. Mucha gente me dijo que no la iba a hacer, que era muy difícil, que mejor me fuera a donde todos me conocen, a una ciudad menos cara, que no, que jamás, que era una atrevida.

Pues sí, me atreví hace 5 años.

No ha sido fácil pero me siento muy orgullosa de que ahi la llevo. (Y sí, a cada rato lloro, me da miedo, me estreso.. pero solo un ratito porque en cada momento he sentido que Dios no me ha abandonado, aunque a veces mis decisiones no hayan sido pensando en mis creencias religiosas).

Tengo 5 años en San Diego y quiero morirme aquí…. pero en muchos años más…

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Dos Años

Hace dos años ya.

DOS AÑOS.

Todavía recuerdo lo que sentía cuando empacaba una vida entera en unas cuantas cajas que había comprado en LOWES.

Me acuerdo andar como aturdida, como esa sensación que da cuando se te tapan los oídos en las alturas. Escuchaba todo pero no entendía nada.

Con el dolor de perder a mis mejores amigos que no supieron estar conmigo cuando más los necesité y ese sentimiento tan feo de despedirme de la familia que en un total de 18 años fui adoptando y amando. Esos amigos que fueron más que amistad y se conviertieron en verdaderos lazos.

Ese momento de libertad tan llena de peso y miedo.

Empaqué mis mejores recuerdos y dejé en Texas todo lo que me hizo llorar un día. Sin rencor, sin malos pensamientos y decidida llegué a San Diego.

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La ciudad que desde que era muy chiquita pensaba “un día viviré aquí”.

San Diego.

Hace dos años me decían muchos “no te va a alcanzar”, “tan caro que es”, “mejor vete a otra ciudad”, como si me fueran a mantener opinaban como tratando de convencerme que no debía estar en San Diego.

Hace dos años llegué, exactamente el 17 de julio del 2017.

Llena de miedo, de incertidumbre, con la cabeza llena de sentimientos encontrados de tanta gente que me decía que me equivocaba y opinaba sin que les hubiera yo pedido consejos.

Hace dos años me dieron la llave de mi departamento que había rentado por internet, a ciegas, sin ver como era y con la tranquilidad que donde fuera que estuviera estaríamos bien.

Desempacaba pocas cosas en mi nueva casa que hasta la fecha se siente como un resort en el cual estoy de vacaciones a pesar de que pago la luz, renta, cable, agua todos los meses.

En estos dos años he desempacado poco a poco a la Gina Dewar que ha quedado atrapada en los escombros del tiempo, la presión del autoestima y la exigencia propia de ser mejor cada día.

Creció en este tiempo mi obsesión por la mujer maravilla, no porque me sienta la Wonder Woman, pero me recuerda que cada quien es su propio héroe.

En estos dos años me siento cada día más libre, más ligera (aunque la cheve artesanal y tanta comida rica me hagan pesada, jeje) y por primera vez puedo decir que no tengo miedo.

No tengo miedo.

No tengo plan, ni nada es seguro pero ya no tengo miedo.

En estos dos años he aprendido el valor del dinero y como hacerlo rendir.

Cliente frecuente de las “thrift shops” y doñita de cupones manejo y domino los supermecados.

Experta en saber donde hay “happy hour” de comidas y bebidas en todos los barrios de San Diego me han permitido vivir al máximo la experiencia en esta ciudad que es cara por ser turística.

No tengo plan y aún sigo cayendo en ese clavado que me aventé.

Pero ya no me da miedo.

Mis hijos comienzan a volar y van lejos. Van llenos de oportunidades y sueños por cumplir, apoyados por tantas cosas que la ciudad y el estado (California) les ofrece.

Yo tengo desarrollando en estos dos años muchos proyectos. Y ¿saben qué? Los estoy cumpliendo poco a poco. Ahi la llevo.

Antes me detenía el miedo.

En estos dos años he llorado, reído, disfrutado, descubierto, convivido, aprendido, me he desesperado, me he deprimido, he caído y me he levantado.

No sé cuánto dure en esta ciudad. No se qué hay para mí en mi futuro. Quizá muera aquí, quizá en un tiempo me vaya a otro lugar a buscar nuevas aventuras. Estoy en manos de Dios y Su plan.

Pero ya no me da miedo.

Hace dos años muchas cosas que creía imposibles me han pasado y he logrado.

Aprendí en el camino que visualizar lo que uno quiere es la clave de lograrlo.

Dos años ya.

“Como has cambiado”, me dijeron… y hasta la fecha creo que ha sido el mejor cumplido que he recibido.

GRACIAS POR SEGUIR LEYENDOME CADA SEMANA..

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

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Menú por Fuera

El sábado pasado me fui a pasear con mis hijos a Seaport Village, un lugar muy padre en San Diego, cerca del downtown. Queda con vista a la bahía y a Coronado, la isla. Me gusta ese lugar porque siempre está igual, nunca cambia. Tiene las mismas tiendas, los mismos personajes, la misma comida de toda la vida.

Me pude dar cuenta que hay algunos locales comerciales vacíos y como agente de bienes raíces me preocupó. Ibamos a visitar a una tienda de café para nuestro nuevo negocio y nos topamos con la sorpresa que ya no estaba. Una tienda tan linda cerró, sin avisar.

“Upstart Crow Bookstore and Coffee House” ya no existe.. No se si fue que la compañía está declarada en bancarrota desde 1987 ó porque se avecina un cambio radical en Seaport Village (despues les platico que va a suceder en este lugar).

En fin, nos pusimos tristes y a mi en lo personal me dió melancolía que nada tenemos seguros en esta vida.. un día estás y el otro no. Un día te quieren, el otro no. Un día estás de moda, el otro no. Un día sonríes y luego ya no.

Era medio día y ya teníamos hambre. No estabamos muy seguros que queríamos comer allí porque no queríamos la llamada ‘fast food’.

Pasamos por el Harbor House Restaurant, el único que se nos antojaba, y nos pusimos a ver el menú que tienen en vitrinas por fuera.

“Es para nosotros los pobres el menú”, me dijo mi hijo.

Mi hija y yo nos reímos, pero al mismo tiempo estuvimos de acuerdo.

Es una idea formidable que muchos restaurants ponen sus menús en la banqueta, con precios y todo actualizado.

Lo hacen para que veas que hay (si es que no lo conoces), en especial en zonas turísticas.

Pero sí, a mi me sirvió para decirles “Nel, no se hace. No traigo para comernos platillos de $40dlls cada uno. Mejor a buscar otro lugar”.

Me prometí a mi misma luego volver a ese restaurant a comer con mis hijos (pero con dinero pues).

Me quedé pensando en esa tendencia de siempre tener el menú completo en vitrinas por fuera del restaurant.

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No estoy hablando de pizarrones con sugerencias del chef sino toda la carta a la vista, con precios y vinos actuales. Los de mariscos nos indican los pescados frescos disponibles, etc.

Me gusta la idea porque así ya sabes a lo que vas. No hay sorpresas ni te vas para atrás cuando te das cuenta que sólo puedes pedir agua y un ‘appetizer’ porque está todo muy caro. (Ya se, la pobre pues)

La idea de poder ver lo que hay antes de entrar debería de aplicarse a todo en esta vida.

Esta vida debería de venir con un menú completo, actualizado y expuesto para saber si le entramos a ciertas cosas ó no.

No hablo de un ‘plan’, sino de lo que realmente se sirve, pasa, sucede, acontece.

  • Una nueva relación amorosa debe de tener ese menú a la vista, con sus precios, desde el aperitivo, platillo fuerte, postres, vinos y sobre todo el precio de cada cosa.
  • Un nuevo trabajo debe de poner el menú verdadero. No lo que espera de tí sino realmente que es el trabajo y cuánto esfuerzo nos va a costar.
  • Un hijo debe de venir con lo que va a llegar. No que esperamos como padres sino que debe de traer cada uno lo que realmente servirá para saber si le entramos ó no (jajaja, es broma mis hijos)
  • Un viaje debe de explicar exactamente como nos va a ir en cada lugar, en el transporte, en los hoteles para saber si nos vamos ó no.
  • Etc

Muy simple la analogía y quizá esté un poco cansada de tanta sorpresa de la vida que me sacan de onda ó desvían mi plan.

Las sorpresas son muy lindas, no me mal interpreten, pero a veces cuando te hacen  parar en seco todo para volver a analizar lo que está sucediendo, parece como si perdieras tiempo.

A lo mejor ustedes se sienten así, como que le entraron a un restaurant que no conocían, se sentaron y cuando les trajeron el menú se dieron cuenta que no les gusta la comida que sirven ó está muy fuera del presupuesto que tienen para comer.

 

Les hubiera gustado una ‘advertencia’, un “si me hubiera fijado”, un “si lo hubiera analizado antes”.

Lo inesperado a veces es padre… pero otras veces yo prefiero leer el Menú por fuera..

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

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Tráfico

San Diego.

¡Cómo lo disfruto!

Pero me la vivo manejando últimamente.

Todo el día estoy manejando. Dejando hijos, a la oficina, con clientes, etc.

Miles de carros  y yo atorados en el 805 Freeway, en el I-8, en el I-5, en la mañana y en la tarde.

Para mucha gente esto es muy estresante.

Yo soy una de esa ‘mucha gente’.

Es una desesperación no poder avanzar en las horas pico del tráfico.

Las 10 millas que recorrías en 6 minutos, ahora te toma 39 minutos.

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¡ugh!

Tengo semanas quejándome de esto hasta que me dijeron “ya lo has dicho como mil veces” y como que capté que estoy haciendo un problema donde no lo hay.

Decidí entonces hacer de mi manejada algo positivo.

Voy observando cada vehículo a mi alrededor.

Hago mis historias de cada uno.

El señor que fuma desde temprano, cigarro a las 7am y logro escuchar su música Indie a todo volúmen.

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Las camionetas de los jardineros que viven en el sur de San Diego y trabajan en el Norte. 4 ó 5 hombres en una camioneta con una caja vacía (pero que regresará llena de ramas y hierbas de los jardines de La Jolla)

La señora que no despega sus manos del volante y que tiene una mirada fija hacia el camino. No parpadea, nada la hace voltear ni cambiarse de carril. Me imagino que tiene algún problema en casa y, al igual que yo, se refugia en el camino para pensar como hacer las cosas.

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La que va en el teléfono, texteando mientras maneja. Se distrae y no avanza. Avanza y casi no frena a tiempo por voltear a ver su celular. Es lo peor ir atrás de una porque te va asustando con sus frenones de repente.

Los que van por el carpool lane, el carril para vehículos con más de dos personas, y avanzan muy rápido. Con ganas de llevar un maniquí de co-piloto para poder usar ese carril. Se creen mucho porque avanzan mientras uno sigue atorado.

El carro loco que se cambia drásticamente de carril y que me hace cantar así:

“♪I try to discover, a little something to… ‘eeeste p$%dejo‘, make me sweeter…. Oh, baby refrain, from breaking my heaaarrrttt♫” 😛

Los que chocan, SIEMPRE. Dios me cuide de un choque porque la verdad no quiero chocar.

Los miles de LYFT y UBER con sus pasajeros muy seriecitos.

Y luego mis favoritos…. Los de las motos. Antes los odiaba porque me sacaban cada susto, pero ahora me encantan porque me entretienen. Los busco por el retrovisor y me hago un lado para que pasen por mi carril y luego hacen un gesto como el signo de la “paz”, en señal de agradecimiento porque les hice campito. A veces es lo que más me emociona del día, el ver a esos hombres misteriosos en cascos en sus motos a toda velocidad y que por un segundo coincidimos en este mundo, en esas calles y me dieron las gracias… Jajajaja, ¡con qué poco me conformo! ¿verdad? Los veo irse velozmente y nunca mas los volveré a ver. (me estoy convirtiendo en una viejita ‘pervert‘)

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Carros de todo tipo, con placas de todos lados, con prisas y con historias individuales.

A veces no tengo ganas de ver a la gente y me concentro en mi música. Pongo unas canciones que siempre me hacen llorar y lloro (aunque ya me dí cuenta que es algo muy peligroso porque no veo bien con las lágrimas)… ¿Porqué lloro? Porque sí, porque no… Porque me acuerdo. Porque me duele. Porque quisiera volver a ver a alguien. Porque no encuentro la solución a cada problema que tengo. Porque llorar me relaja.

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Muchas veces voy hablando sola en el carro. Como si trajera a alguien conmigo y practico qué le diría. O si algo me hizo enojar lo hablo en voz alta, yo sola. No soy la única que lo hace. Veo en el tráfico mucha otra gente hablando sola tambien..

He aprendido a estar más alerta que nunca en este tráfico tan pesado. He aprendido a relajarme y a disfrutar ese tiempo.

Estar en el tráfico a esas horas es muchas veces INEVITABLE. Es decir, no hay de otra. Así que tengo dos opciones: ó me amarga ó me divierte.

Así debemos de manejar cada situación frustrante que se nos presente…

Nos puede amargar la existencia ó le buscamos el lado amable para sobrellevarla.

Así que, a tomar la vida por el lado amable. Elimina lo que te quita la paz, ya sean situaciones ó personas.

Y llena ese hueco que dejen con cosas que solo te harán sonreír. Verás como cualquier pendiente se hace menos pesado y todo es mejor.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂