El Refractar de la Luz

Era domingo, después de los Oscares. Un día exageradamente cansado porque viajamos de regreso de Mexicali ya que fuimos a visitar doctores, dentistas y ahora veterinario.

Mi tío Martín nos salvó el día recibiéndonos en su casa con un filet mignon para terminar de ver los Academy Awards.  (¡Viva México y todos sus ganadores ese día!)

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Esa noche, ya tarde, me encontraba sentada en el sillón de mi sala, viendo hacia la mesa del comedor. El depa donde vivo tiene una luz, tipo candelabro moderno, con focos LED que dan una luz espectacular (yo la regulo con un switch especial en la pared).

Mis hijos se encontraban en sus recámaras ya dormidos. La cachorrita Kiara (Princess Kiara le digo yo), estaba despierta, buscando comida pero el veterinario la puso a dieta (la entiendo a la pobre). Le dí agua y como que me puso cara de ‘¿es neta?’

En fin, me encontraba sentada y veía la luz. Pensaba en mil cosas. Pendientes. Cosas del pasado. Personas del pasado, presente y futuro. Situaciones que tienen solución. Problemas que sólo están en las manos de Dios.

Sin pensarlo y sin sentirlo, lloré.

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No sollozos ni lágrimas de desesperación sino más bien era como cuando un vaso con agua ya está lleno y le sigues echando más agua y poco a poco se vierte.

Comencé a darme cuenta que lloraba porque las lágrimas corrían por mi cara y caían en medio de mis bubis.. jaja.. (es la verdad).

Lloraba y sentí que las lágrimas en ningún momento salieron al mismo tiempo. Primero salía la izquierda y luego luego la derecha.

Sentía que jugaban carreritas a ver quien iba a ser la primera en clavarse entre mi brasier.

Me sentía con poca fiebre y me acordé de tomarme el antibiótico que me recetaron. Me dolía la cabeza y me sentía un poco confundida.

Me hice un té de limón, vinagre de manzana, miel de abeja, canela y un poco de cayenne. Me lo tomaba a sorbos pequeños.

Seguían las lágrimas cayendo. Era tal vez la luna. A lo mejor se debió a cansancio, a las hormonas ó simplemente a que el vaso estaba lleno de agua y tenía que vertir.

La perrita ya se había acomodado en su almohada después de hacer pipí en el pañal que le tengo en una esquina. Creo que por fin va a avisar.. (mejor que mis hijos, creo).

Seguía sentada con mi taza vacía. Con mi mano izquierda la detenía y con la mano derecha, usando el índice, delineaba la taza dándole vueltas y pensando en nada.

Mi cara estaba mojada de lágrimas pero ya no salían. Mis ojos los sentía pesados y sabía que tenía fiebre pero no me importó.

Veía el candil del comedor. La luz era blanca pero mis ojos estaban nublados y llenos de agua.

Si entrecerraba un poco los ojos, esa luz blanca se convertía en miles de bolitas de arcoiris.

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¡Se veía tan linda la luz!

Nunca le he entendido a la ciencia cuando se trata de la explicación de la refracción de la luz.

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No me explico que todos los colores al unirse forman el color blanco de la luz, pero al cambiar de ‘sentido’ por un objeto, al ser ‘refractados’ se dividen en los colores del arco iris perfectamente delineados y visibles.

Movía mi cabeza, con los ojos entrecerrados viendo el candil y las gotas de arco iris se movían igual.

Y en eso, como por magia, me comencé a relajar.

Me puse a reflexionar lo que vi sentada ese domingo en el sillón.

La luz del candil me estaba dando la respuesta.

A veces caminamos por un camino lleno de luz. Pasa el tiempo y no hay contratiempos. La luz siempre brilla, el camino siempre sigue sin problemas.

Pero cuando uno va por ese camino, vamos cambiando. La luz puede que no nos moleste pero es tan uniforme que tal vez no nos maravilla.

Creo que la vida debe de vivirse sorprendida todos los días. Algo bonito y diferente debe tener cada día que lo haga distinto al ayer.

Entonces, así como esa luz del candil, es necesario una ‘refractada’, un choque, un cambio de dirección.

Así es como la luz blanca se hace un mundo de colores brillantes y bonitos que nos maravillan de nuevo..

Yo he venido chocando, ya no tanto como antes, pero sigo tropezando cada rato. Mi cambio de dirección en tantas cosas se vió reflejada en lágrimas que sirvieron de prismas para poder refractar esa luz.

¡Era necesario que llorara para ver los colores que hay siempre en mi vida!

Me dormí, aunque tarde, tranquila.

El lúnes comenzó acelerado pero lleno de noticias, de planes, de trabajo y de sorpresas lindas que no son más que coincidencias que la vida nos brinda para hacernos sentir que uno cambia de dirección para ver la vida colorida.

Todo va a estar bien.

Recuerda.

Si la luz de tu vida no te maravilla, cambia el sentido. Haz algo diferente.

Usa un prisma en tu rutina, aunque ese prisma sean las lágrimas de un día triste.

Te aseguro que verás otros colores en esa luz.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂