Tuvimos un Sirenito

Quizá todavía tenemos ese ‘sirenito’ (ó sirenita) dentro de nosotros.

¿Se acuerdan de la película de Disney “The Little Mermaid”? Es decir, ¿”La Sirenita”?

En realidad no es de Disney, sino de el autor danés Hans Christian Andersen.

La historia de esta “Princesa” de Disney es una de mis favoritas. Tambien de mis hijos.

La historia, como ya deben de conocerla, trata de una sirena que sueña ser humana, es decir, tener piernas para poder vivir lejos del mar.

Su deseo es grande porque quiere volver a ver a Eric, un príncipe humano que Ariel conoce cuando su barco se hunde y la sirena le salva la vida.

El papá de Ariel es Tritón, la cual ‘deshereda’ por querer ser humana y renunciar a ser sirena.

La bruja de la historia es Ursula (un pulpo) la cual le dice que puede convertirla en humana a cambio de su melodiosa voz.

Sin platicarles todo el cuento, Ursula usa la voz de la Sirenita para engañar a Eric, mil broncas y enredos hasta que al final, Ariel se convierte en humana y vive feliz para siempre con su príncipe Eric.

Muy bonito cuento y lleno de mil mensajes.

Ahora van a hacer la versión ‘de personas reales’ pero no será de Disney.

Por supuesto que pienso verla.

Esa era mi inocencia de los cuentos hasta que PINTEREST puso una foto que me traumó y me mantuvo pensando toda la semana.

Véanla detenidamente y después lean lo que escribo. ¿Pensaron lo mismo que yo?

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Sí.

Tarde ó temprano, la Sirenita está tratando de volver a ser lo que siempre ha sido. Una sirena con cola de pescado y no piernas. La pintura es triste. Ariel tiene una cara de tristeza, como arrepentida de todo y quiere ‘enmendar’ lo que ha hecho para volver a ser ella. 😦

La Sirenita abandona toda su vida, se pelea con su familia, regala su voz melodiosa, deja el fondo del mar, todo por perseguir un sueño (en su caso es el amor de Eric). Deja de ser ella, se va lejos de su familia, de su reino en el fondo del mar. El papá trata de detenerla pero ella insiste que su felicidad está siendo humana, cambiando su naturaleza.

Todos hemos sido esos sirenos y sirenas en algo de nuestra vida. No me lo pueden negar. Nos hemos puesto hasta ‘rebeldes’ con los consejos de los que nos quieren. Nos aferramos a ser algo diferente.

Estoy segura que todos hemos tenido sueños que tal vez hemos logrado pero que nos ha costado mucho. Sacrificios, dinero, abandono de lo conocido y amado… tantas cosas que uno acomoda para lograr alcanzar lo que nosotros pensamos será nuestra felicidad.

Y luego cuando ya estás viviendo ese sueño logrado te das cuenta que no todo es como lo pensabas.

No eres tan feliz como pensaste serlo.

La balanza se comienza a tambalear donde lo que sacrificaste comienza a pesar más que lo que ganaste.

Tener que cambiar de ser para lograr lo que queremos no está bien.

Nuestra esencia es con lo que nacemos. Podemos disimular muchas veces algunas cosas y aguantarnos otras por tal de ‘pertenecer’.

Pero tarde ó temprano eso nos alcanza y comenzamos a dudar de nuestras decisiones.

La Sirenita tuvo miedo a que su Eric supiera que era una sirena. Este es otro mensaje muy fuerte.

Si alguien no te quiere por lo que eres, entonces no es la persona para ti. Tratar de cambiar por alguien ó por algo termina siempre mal.

La pintura muestra una sirenita herida, con aguja y con hilo está remendando lo que cambió.

Quiere volver a tener esas escamas y poder andar nadando en lo mas profundo del océano.

No tiene que usar el maldito brasier (es que yo los odio, es más, yo hubiera sido muy feliz en la época hippie donde nadie usaba ropa interior). Siendo sirena se puede poner unas conchas en el busto y listo! ¿Cuál varilla? ¿Cuál sofoco? ¿Cuál lonja del brasier?

Tal vez a la Sirenita la ahoga el aire. Sí, se gana el amor de todos los humanos. Es fácil caerles bien porque tiene su carisma natural. Pero extraña de donde viene. Su familia, sus miles de hermanas sirenas y su papá regañón.

En esa pintura, ¿Qué pasaría con Eric?

¿Se pelearon?

Lo que pasa es que Disney nunca nos dice que pasa despues del “Vivieron felices para siempre”.

Esta pintura nos da una probadita de la realidad.

Nos recuerda que nada vale la pena si tenemos que cambiar rotundamente de vida por alguien ó algo.

Tambien nos dice esa pintura que podemos ‘enmendar’ y remediar cualquier equivocación del pasado.

Le va a doler mucho sanar y tal vez no quede como al principio, pero si de algo estoy segura es que el tiempo lo cura todo y todo vuelve a acomodarse.

La sirenita tal vez pueda volver a nadar en el fondo del mar.

El aceptar querer regresar a su mar ya es ganancia porque pudo haberse quedado en negación y vivir condenada a ser una persona que no es.

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂