La Fortune Cookie

Fui a un restaurant de comida china acá en San Diego. No se compara jamás a la comida china de Mexicali ni a la de Paco Wong en El Paso pero estuvo muy buena.

Al momento de traer las galletas de la suerte, mi papelito decía:

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“Obtendrás sabiduría del siguiente amigo/amiga que conozcas”

Al principio me emocioné pensando en que conocería una amistad misteriosa llena de sabiduría.

No lo buscaba, ni mucho menos. Pero en el fondo si quería que la fortuna de esa galleta se cumpliera.

Pasaron los días y ya lo había olvidado lo que decía la galleta. Mi semana siguió, con altas y bajas… y más bajas.

Se llegó el día de tener un Open House en una casa que tiene en venta la oficina de Dean Aguilar.

Ese sábado puse letreros, publiqué mi anuncio en las redes sociales e invité a cuanta gente conocía del área de San Diego/Tijuana.

Estando en el Open House de una casita muy linda por el área de Otay, había muy poco flujo de gente. Esperaba un mar de personas porque ahorita hay mucho comprador en el área de Eastlake/Otay Ranch. Pero no. Algunos vecinos que iban a ver la casa. Otra pareja con su agente de bienes raíces y ya.

Llega en eso un señor de unos 70 años. Lo saludo y le doy la bienvenida. Le digo que pase a ver la casa y con gusto le contesto todas sus dudas de bienes raíces. Acaba de vender su casa y quiere comprar otra.

“¿Me puedo sentar mientras llega mi pareja?”, me dice el señor mientras le doy agua.

La verdad no me sentí incómoda y fui por unas botellas de agua y galletas que hice para que se comiera una.

Y nos sentamos a platicar.

No era necesariamente Jaimito el Cartero del Chavo del 8 con su Tangamandapio, pero algo parecido.

Salió al tema mis hijos, mi llegada a San Diego después de 18 años de vivir en Texas, mi experiencia en bienes raíces, Puerto Nuevo y las langostas, la diferencia entre una IPA y una Lager y la serie de Seinfeld.

Un señor americano, de lo más educado y fino. Estudiado y de mundo. De todo sabía. Y lo sabía bien.

Y pues ya saben, la metiche de yo le pregunté:

“¿Cómo es que conoce tanto de tantas cosas?”

Soltó la carcajada y se disculpó pensando que me estaba aturdiendo.

“Lo que pasa es que ya estoy viejo y tu apenas empiezas tu vida”, me dijo mientras se saboreaba otra de mis galletas de avena.

¿Empezar mi vida? No creo. Voy más de la mitad y eso me aterra, pero ese es otro blog.

“Veras Gina, hace 15 años tuve la dicha de viajar por todo el mundo en un velero. Nos fuimos mi pareja y yo. Navegamos por 4 años y medio por todo el planeta”.

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Yo, la que dice lo que piensa, dije, “¿Y de dónde sacabas dinero?”

(Ya se, que me importa, come torta).

Para esto estaba medio contenta que no llegaba nadie a mi Open House porque había encontrado en mi nuevo amigo un tesoro de conocimientos. Me lo quería llevar a mi casa. Era como un proxoy server.

“Tomé prestado de mis ahorros del retiro, de mi IRA, de unas inversiones y vendí propiedades que tenía en la costa este de Estados Unidos. Florida se vende bien”.

Para esto los dos ya queríamos un vino.

El me platicaba de los puertos a los que llegaba y la gente que conocía. Dice que cada lugar tiene su olor, su color, su sabor. No hay ningún lugar igual en el mundo.

Salió un día con su pareja de San Diego, navegando hacia Puerto Vallarta, después hacia el Pacífico del Sur.

Navegó en mares que parecían espejos y veía los atardeceres y los amaneceres a 360 grados.

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Peligró su vida en las tormentas tropicales pero dice que no son tan feas como en las películas. “Hollywood es muy exagerado”, me dijo sonriendo.

No aprendió muchos idiomas pero aprendió a leer al ser humano.

“Ningún colegio ni Universidad te da la sabiduría de viajar. Me da un poco de pena a los norteamericanos (gringos) que no conocen lo que hay fuera de USA.  No me malinterpretes, USA es un país magnífico, pero porque somos la mezcla de todo ese mundo de afuera. Somos un mini mundo”.

Yo con la boca abierta y pellizcándome una uña del pie sin que me viera. (Eso hago cuando me enfoco en una sola cosa y este señor me tenía cautivada. No se rían).

Tenía mucho tiempo que no platicaba tan intensamente con un desconocido. Lo veía como un profesor ó quizá es la ausencia de mi padre lo que me hace añorar pláticas con señores mayores.

El me confesó de la misma manera y yo me desahogué con el de muchas cosas.

Me preguntó muy serio

“¿Y tú que quieres?

Yo le contesté sin pensarlo, “Salud para mi familia, poder darles a mis hijos buena Universidad, apoyar a mi hermana, trabajar mucho”.

Me interrumpe rápidamente.

“Olvida el mundo, tu familia, amigos, hijos y dime ¿La Gina qué quiere?”

Me le quedé viendo y no podía contestarle.

“No sé”, le dije, y me puse muy seria.

“Ay my dear, tienes mucha tarea. ¿Cómo vas a lograr lo que quieres si no sabes que es?”

Me ayudó a guardar las aguas y las galletas en mi carro y en eso llega su pareja por el.

No he vuelto a hablar con el. Creo que son de esas personas que no sabes de donde aparecen y te traen una lección rápida a tu vida. Le mandé un correo agradeciendo su visita, pero también sé que tiene un agente con contrato de por medio y debo respertarlo.

Tenía toda una vida sabiendo lo que quiero.

Lo logré a jalones, patadas y sacrificios.

Desde que llegué a San Diego si sé que quiero ciertas cosas, pero me falta ese plan maestro que alguna vez tuve y lo pude conseguir.

No se, tanto año luchando que cuando lo logras terminas en cero. Cero energía, agotada, como cuando corres un maratón y llegas a la meta. Te relajas después, te tomas un break, unas vacaciones… hasta que ves en un futuro otra carrera, te inscribes, entrenas.

¿Qué quiero?….. Ahora si me puso a pensar.

La galleta de la suerte de la comida china se cumplió.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

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