Eres Perfecta

Hoy les vuelvo a escribir sobre Mariana. Sí, es ficción. Pero al final es una ficción muy entrelazada con la realidad. Todos somos Mariana. Me gusta escribir sobre ella porque combino la realidad con la imaginación sin salirme de algo que es real para muchos.

En este cuento Mariana es una jovencita todavía en la escuela preparatoria. Mariana es perfecta ante los ojos de todo el que la rodea. Sus padres, hermanos, amigos, maestros y la sociedad como tal. Por lo tanto, le exigen perfección. Esperan de ella eso. Perfección.

 

Mariana alistaba su uniforme una noche antes. Sus zapatos boleados, calcetas blancas y un listón rojo el cual hacía juego con la falda de cuadros que caracterizaba ese colegio de monjas en el sur del país.

En la esquina de su recámara impecable estaba su mochila con todos los libros y tareas guardadas perfectamente en orden, listas para entregarse el día siguiente para obtener, como siempre, la mejor de las calificaciones.

La escuela se le daba de manera tan natural. No era un genio pero era lo suficientemente inteligente para organizarse y aprobar sus materias sin ningún problema.

Desde la primaria sus papás nunca se tuvieron que preocupar por el desempeño escolar de Mariana. Era la hermana mayor a sus dos hermanos varones, Miguel y Mario.

Presidenta del club de debate, catequista por la tarde, organizadora juvenil del Comité Pro-Orfanatorio de la Ciudad, bailarina de ballet desde los 3 años y tenista de buen nivel en el club social junto con todas sus amigas de la infancia.

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Mariana, la hija, estudiante, hermana y amiga perfecta.

Alejandro, su novio, la adoraba por lo mismo.

Mariana estaba un poco estresada esa noche. El día siguiente anunciarían quienes de la escuela recibirían una beca para estudiar en el extranjero por mérito académico y ella era lo que más deseaba. Irse. Volar lejos de su mundo perfecto.

Ella quería ser Mariana. No quería ser la ‘hija de’, ‘la novia de’, ‘la hermana de’… ella quería ser ella.

La campana del reloj despertador sonaba como si tuviera una bocina adicional. Retumbaba en el oído de Mariana, mientras se cambiaba para salir corriendo al colegio.

“¡Apúrenle, de prisa!”, les decía a sus hermanos que seguían desayunando con toda la calma del mundo.

El papá de Mariana ya se había ido temprano a la empresa ese día ya que venía visita del corporativo estadounidense y había que atenderlos.

La mamá les daba la bendición a los 3 hijos para despues continuar con sus esculturas de barro que tenía que entregar en la galería a fin de mes.

Mariana y sus hermanos se subían rápidamente a la camioneta y arrancaban al mismo colegio ya que sólo se llevaban un año cada uno.

El día en el colegio pasaba rápido. Los mismos amigos, Alejandro de su mano en cada receso, y un yogurt sin terminar porque traía malestar estomacal ese día.

“Ugh, estos nervios me tienen el estómago hecho nudos”, suspiraba Mariana mientras Alejandro le acomodaba el listón rojo en su cabello.

“Todo estará bien, Marianita”, la tranquilizaba Alejandro. “Tu sabes que es tuya esa beca”.

Mariana se sentía emocionada y al mismo tiempo tenía mucho miedo. Tanto estrés la había hecho sentirse mal. Hasta sangre se sacó un par de días atrás, para descartar una anemia ya que lucía un poco pálida últimamente. Pero pronto pasaría el pendiente y hoy en la tarde, antes de irse a casa, la Madre Superiora le daría los sobres de las becas a un muy bajo grupo de alumnos destacados.

“Mariana, eres perfecta. Obvio que te dan la beca”, le decían sus amigas, casi en coro.

Mariana sonreía, no queriendo verse muy segura.

Mariana sabía que era de ella esa beca porque nadie en su escuela era tan dedicada y organizada. Era estudiosa y responsable.

Ella se la merecía porque sería un premio a tanta obediencia. Era obediente en su casa. Obedecía las reglas de la escuela y obedecía todo lo que se le pedía.

Esa beca era la meta inmediata para darle un giro a su vida. Estudiar Economía Internacional en Londres era un sueño. Un sueño que estaba a punto de cumplirse. En ese sobre que le entregarían más tarde estaría escrito que su beca y aplicación a esa escuela estaban listos.

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En la última clase, Mariana ya estaba mareada de pensar tanto. La puerta del salón se abría y entraba la Madre con su túnica negra. En sus manos llevaba solo 4 sobres. Se escuchaban los murmullos de todos porque se esperaban un mínimo de 10 becas. Pero al parecer sólo eran 4.

Mariana no quería voltear a ningún lado. La Madre Superiora comenzaba un discurso acerca del esfuerzo y dedicación de las personas que estaban a punto de recibir un sobre.

“Esteban Andrés Solórzano”, decía en una voz fuerte la Madre.

Mariana escuchaba entre aplausos y ruidos un zumbido en su cabeza. Quería llorar pero no podía.

“Mariana Eres Matamoros”, decía la Monja.

Mariana se levanta y toma el sobre. “Lo sabía mi Mariana”, le decía la Madre, con un gesto maternal que le indicaba a Mariana que era la consentida de la monja estricta y fría.

La felicidad que sentía Mariana era inigualable.

Les habló inmediatamente a sus padres y mandó textos a todos sus contactos.

Alejandro la abrazaba, emocionado de verdad.

“Lo hice, Alex”, sonreía Mariana. “De verdad logré lo que quería”.

“Vamos a festejar en la tarde Marianita. Me pongo de acuerdo con tus papás”, decía Alejandro mientras tomaba sus libros.

“Sí, claro. Nomás paso a la clínica del Dr. Burgos. Me imagino que me faltan unas vitaminas ó algo así dijo la enfermera”, mientras se despedían.

Miguel y Mario, sus hermanos, estaban encantados con la noticia.

“¡Aaaah, por fin nos vamos a librar de ti hermana!”, le decía Miguel mientras Mario le quitaba las llaves de la camioneta para manejar.

Los hermanos la esperaban en el carro mientras ella se bajaba corriendo a la clínica.

Sentada, viendo la pared blanca, sólo podía pensar en Londres. Esa universidad tan prestigiada. Necesitaba pasaporte, visa de estudiante, delegar algunas obligaciones de sus clubs, dejar el equipo de tenis, ver como despedirse de su familia. Despedirse de Alejandro.

Mariana suspiraba.

“Mariana Eres”, decía la recepcionista. “Pase por favor. La espera el doctor”.

Mariana entraba al consultorio tan familiar del Dr. Burgos. Desde que nació la atendía. ¡Cuántas rodillas raspadas tuvo que curar el doctor!

“Marianita hermosa, que gusto”, le decía el doctor.

“Hola tío”, le decía Mariana mientras se sentaba en una de las sillas frente a su escritorio.

El Dr. Burgos era el primo de su padre y muy cercano a toda la familia. Era el médico de cabecera de ella y sus hermanos desde que nacieron.

“Marianita, ¿cómo estás?”, le decía el dr. mientras sacaba el sobre con los resultados del laboratorio.

Mariana hablaba y hablaba sobre su día. Le contaba al doctor de la beca, de Londres, de sus planes.

El Dr. Burgos iba perdiendo su sonrisa poco a poco hasta quedar serio.

“Mariana, los resultados salen bien. Eres una niña sana, un poco de anemia”, decía el doctor Burgos.

“Ay, lo sabía”, decía Mariana, interrumpiéndolo. “Ya me tengo que ir doctor, me esperan mis hermanos en el carro y ya me están mandando textos de que me apure”.

El doctor se le queda viendo.

Mariana no sabe que decir.

“¿Qué pasa, tío?”, dice Mariana un poco preocupada.

“Mariana. Estás embarazada”.

 

 

 

 

 

gina dewar  NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Surfeando

Otra semana más. Es increíble cómo pasan los días, como si fuera una carrera de velocidad sin meta.

Uno se engancha en ese ritmo veloz del día a día. Siempre hay algo qué hacer en la casa, un e-mail que mandar a un cliente, una casa que ir a visitar, una publicación que hacer en un grupo de Facebook, 200 mensajes de Whatsapp por contestar, algún lugar a donde ir, un hijo que ir por el, otra hija que ir a dejar… no tiene fin.

El mártes decidí salirme de ese ritmo por 30 minutos y me fuí al único lugar dónde siempre encuentro paz: El Océano Pacífico.

Me estacioné justo enfrente en Pacific Beach.  Llegué temprano, todavía no estaba el sol expuesto.. era una neblina en la costa muy rica, fresca y corría el aire apenas y moviendo mi cabello.

Me doblé los pantalones y me quité mis sandalias para bajar a la arena fría.

Caminé un poco, meditando, rezando… dando gracias por bendiciones en el trabajo y pidiendo fuerza y paciencia para otros pendientes. Tenía ganas de llorar.

Agradecida con la vida de poder estar allí, absorbí toda la vibra positiva que pudiera brindarme el mar esa mañana.

Se veían a lo lejos algunos ‘surfeadores’ (No sé si así se dice en español sin ser ‘pocha’).

Me senté en la arena para contemplar el mar gris y frío de la mañana.

En eso llegan dos muchachos y se ponen enseguida de mi. Avientan unas mochilas, toallas y comienzan a limpiar sus tablas de surfear.

Me saludaron muy sonrientes con un “good morning” con voz de jóvenes.

Les contesté con otro “gud mornin” con mi voz…

Los observé.

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Me encanta ver a los jóvenes subirse a sus tablas y dominar esas olas del Pacífico.

Veo como se aseguran que la cuerda que amarra la tabla esté bien puesta para luego amarrarla a los tobillos.

Me gusta ver como se meten al agua congelada sin decir nada.

(No como nosotros que gritamos “¡inagtuuu, qué fríaaaa!”, “¡Neeel, no se hace!”, “¡no mamssss!”, “¡Pinkyyyy frío!”)

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Entran a esa inmensidad de agua sin saber qué les espera.

Se meten a esa profundidad seguros y con valentía, aunque lo hacen tan seguido que no se sienten valientes. Se divierten.

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Pacientes esperan esa ola perfecta para tomarla, dominarla, vencerla.

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Esa precisión de saber cómo balancear la tabla.

La fuerza de las piernas para poder pararse sin sujetarse de nada.

Ese balance perfecto de mover con los pies la tabla hacia la dirección que quieres ir.

La importancia de ‘saber caer’ cuando se acaba la ola.

Las ganas de volver a conquistar la ola que sigue.

No entiendo porqué se me vienen a la mente ‘enseñanzas’ con las cosas simples que veo en el día a día, pero estos ‘surfos’ me dieron otra lección de vida.

Pude enteder lo siguiente:

La vida está representada por el mar, por lo tanto la vida es lo máximo.

La tabla de surfear representa todo lo que nos da seguridad como Dios, la familia, los amigos cercanos, tu pareja. Es importante recalcar que deben estar siempre amarrados a uno, aunque sea del tobillo, para no perdernos en la vida.

Los surfos que ví no le ‘sacatearon’ al agua fría. Entraron sin miedo, sin titubear, sin quejarse, decididos y seguros. ¿No les dió frío? Muy probablemente sí pero no iban a perder el tiempo quejándose. Cuando no hay de otra, le entras sin excusas ni pretextos. No le temen a la vida.

Una vez dentro, flotaban sin desesperarse. Estudiaban el agua y sus movimientos. Aplaudían si otro surfo lograba montar la ola de manera perfecta. Esto me hizo sentir que en la vida uno necesita porras de los que te rodean pero es muy importante tambien uno ser porrista del prójimo.

Vi la precisión que tuvieron de decidir cual ola montar. Aquí se combinaba la experiencia con el instincto y sexto sentido. Ni la pensaban, sólo la sentían.

El tiempo que tienen entre la decisión de la ola y poder pararse en la tabla con buen balance es menos de un segundo. Igual que en la vida, hay oportunidades “de oro” que se deben de tomar en el momento, sin titubear ni dudar porque se nos va la “ola”.

Al ir parados, balanceados en esa tabla, nuestros pies deben ser el timón de hacia donde queremos ir. La fuerza y seguridad que tenemos que tener al ir logrando el objetivo sólo se logra con precisión, dirección y sin rendirse.

En el mar como en la vida, algunas veces nos toparemos olas pequeñas. Otras veces podremos irnos en unas olas gigantes y perfectas.

Hay que saber “bajarse de la ola”, cayendo ó solo aventándose al agua. Y salir sonriendo porque lo que haya durado fue divertido, fue experiencia y fue enseñanza.

Es importantísimo que la tabla siempre esté bien atada al tobillo. Es la que nos mantiene a flote. Sin la tabla (Dios, familia, fe, amistades) ni siquiera podemos surfear. La necesitamos.

Los surfos me enseñaron que no pasa nada si algo se termina ó no se da porque siempre hay otra oportunidad de mejorar.

No eran perfectos, no dieron el espectáculo pero a ellos no les importaba. Ellos vivieron sus olas, vivieron su día en el Océano Pacífico y me inspiraron para escribirles hoy.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

La Fortune Cookie

Fui a un restaurant de comida china acá en San Diego. No se compara jamás a la comida china de Mexicali ni a la de Paco Wong en El Paso pero estuvo muy buena.

Al momento de traer las galletas de la suerte, mi papelito decía:

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“Obtendrás sabiduría del siguiente amigo/amiga que conozcas”

Al principio me emocioné pensando en que conocería una amistad misteriosa llena de sabiduría.

No lo buscaba, ni mucho menos. Pero en el fondo si quería que la fortuna de esa galleta se cumpliera.

Pasaron los días y ya lo había olvidado lo que decía la galleta. Mi semana siguió, con altas y bajas… y más bajas.

Se llegó el día de tener un Open House en una casa que tiene en venta la oficina de Dean Aguilar.

Ese sábado puse letreros, publiqué mi anuncio en las redes sociales e invité a cuanta gente conocía del área de San Diego/Tijuana.

Estando en el Open House de una casita muy linda por el área de Otay, había muy poco flujo de gente. Esperaba un mar de personas porque ahorita hay mucho comprador en el área de Eastlake/Otay Ranch. Pero no. Algunos vecinos que iban a ver la casa. Otra pareja con su agente de bienes raíces y ya.

Llega en eso un señor de unos 70 años. Lo saludo y le doy la bienvenida. Le digo que pase a ver la casa y con gusto le contesto todas sus dudas de bienes raíces. Acaba de vender su casa y quiere comprar otra.

“¿Me puedo sentar mientras llega mi pareja?”, me dice el señor mientras le doy agua.

La verdad no me sentí incómoda y fui por unas botellas de agua y galletas que hice para que se comiera una.

Y nos sentamos a platicar.

No era necesariamente Jaimito el Cartero del Chavo del 8 con su Tangamandapio, pero algo parecido.

Salió al tema mis hijos, mi llegada a San Diego después de 18 años de vivir en Texas, mi experiencia en bienes raíces, Puerto Nuevo y las langostas, la diferencia entre una IPA y una Lager y la serie de Seinfeld.

Un señor americano, de lo más educado y fino. Estudiado y de mundo. De todo sabía. Y lo sabía bien.

Y pues ya saben, la metiche de yo le pregunté:

“¿Cómo es que conoce tanto de tantas cosas?”

Soltó la carcajada y se disculpó pensando que me estaba aturdiendo.

“Lo que pasa es que ya estoy viejo y tu apenas empiezas tu vida”, me dijo mientras se saboreaba otra de mis galletas de avena.

¿Empezar mi vida? No creo. Voy más de la mitad y eso me aterra, pero ese es otro blog.

“Veras Gina, hace 15 años tuve la dicha de viajar por todo el mundo en un velero. Nos fuimos mi pareja y yo. Navegamos por 4 años y medio por todo el planeta”.

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Yo, la que dice lo que piensa, dije, “¿Y de dónde sacabas dinero?”

(Ya se, que me importa, come torta).

Para esto estaba medio contenta que no llegaba nadie a mi Open House porque había encontrado en mi nuevo amigo un tesoro de conocimientos. Me lo quería llevar a mi casa. Era como un proxoy server.

“Tomé prestado de mis ahorros del retiro, de mi IRA, de unas inversiones y vendí propiedades que tenía en la costa este de Estados Unidos. Florida se vende bien”.

Para esto los dos ya queríamos un vino.

El me platicaba de los puertos a los que llegaba y la gente que conocía. Dice que cada lugar tiene su olor, su color, su sabor. No hay ningún lugar igual en el mundo.

Salió un día con su pareja de San Diego, navegando hacia Puerto Vallarta, después hacia el Pacífico del Sur.

Navegó en mares que parecían espejos y veía los atardeceres y los amaneceres a 360 grados.

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Peligró su vida en las tormentas tropicales pero dice que no son tan feas como en las películas. “Hollywood es muy exagerado”, me dijo sonriendo.

No aprendió muchos idiomas pero aprendió a leer al ser humano.

“Ningún colegio ni Universidad te da la sabiduría de viajar. Me da un poco de pena a los norteamericanos (gringos) que no conocen lo que hay fuera de USA.  No me malinterpretes, USA es un país magnífico, pero porque somos la mezcla de todo ese mundo de afuera. Somos un mini mundo”.

Yo con la boca abierta y pellizcándome una uña del pie sin que me viera. (Eso hago cuando me enfoco en una sola cosa y este señor me tenía cautivada. No se rían).

Tenía mucho tiempo que no platicaba tan intensamente con un desconocido. Lo veía como un profesor ó quizá es la ausencia de mi padre lo que me hace añorar pláticas con señores mayores.

El me confesó de la misma manera y yo me desahogué con el de muchas cosas.

Me preguntó muy serio

“¿Y tú que quieres?

Yo le contesté sin pensarlo, “Salud para mi familia, poder darles a mis hijos buena Universidad, apoyar a mi hermana, trabajar mucho”.

Me interrumpe rápidamente.

“Olvida el mundo, tu familia, amigos, hijos y dime ¿La Gina qué quiere?”

Me le quedé viendo y no podía contestarle.

“No sé”, le dije, y me puse muy seria.

“Ay my dear, tienes mucha tarea. ¿Cómo vas a lograr lo que quieres si no sabes que es?”

Me ayudó a guardar las aguas y las galletas en mi carro y en eso llega su pareja por el.

No he vuelto a hablar con el. Creo que son de esas personas que no sabes de donde aparecen y te traen una lección rápida a tu vida. Le mandé un correo agradeciendo su visita, pero también sé que tiene un agente con contrato de por medio y debo respertarlo.

Tenía toda una vida sabiendo lo que quiero.

Lo logré a jalones, patadas y sacrificios.

Desde que llegué a San Diego si sé que quiero ciertas cosas, pero me falta ese plan maestro que alguna vez tuve y lo pude conseguir.

No se, tanto año luchando que cuando lo logras terminas en cero. Cero energía, agotada, como cuando corres un maratón y llegas a la meta. Te relajas después, te tomas un break, unas vacaciones… hasta que ves en un futuro otra carrera, te inscribes, entrenas.

¿Qué quiero?….. Ahora si me puso a pensar.

La galleta de la suerte de la comida china se cumplió.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

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MAS QUE PALABRAS

Nada daña más que las palabras imprudentes en el peor momento…

Hoy no escribo las mil palabras promedio de cada miércoles.

Hoy me cierro la boca, dejo el teclado y no digo nada… en honor a todo aquel que se ha sentido víctima de abuso cibernético, donde te destrozan tu persona por opinar ó ser diferente.

(No fue a mi, pero he visto cómo se están destrozando personas en redes sociales y se me hace muy mal).

Es importante la libertad de expresión.

Pero es más importante saber callar.

Hoy les dejo imágenes y los invito a verlas e imaginar que dice este blog.

Saber callar es un SUPERPODER.. Hoy lo usaré.

 

Serpientes y Escaleras

Este fin de semana que pasó estuvo muy lindo. Vinieron mi hermana y toda su familia, así como mis primas a unas compras y pendientes.

La noche del viernes estuvimos jugando un juego de mesa de Disney llamado PICTOPIA, una trivia de películas y todo lo relacionado con Walt Disney. Vas avanzando con los dados y respondiendo correctamente unas preguntas.

Tenía rato que no lo jugaba y fue muy entretenido. Se nos olvidan lo divertido que son los juegos de mesa por estar pegados a los celulares ó cualquier aparato tecnológico.

Nos fuimos a unas tiendas el día siguiente. Yo pensando en tantas cosas que nos han pasado y nos van a pasar estos próximos meses me tenìan distraìda.

Es muy rara la sensación de saber qué sigue. Casi siempre nos toman por sorpresa muchas cosas.

Mientras esperaba que se midieran alguna ropa, entre un vestido y otro, me puse a pensar en los juegos de mesa y como la vida es un tablero parecido a SERPIENTES y ESCALERAS.

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Sé que hay un juego llamado LIFE que te pone diferentes escenarios de una vida con diversos problemas que tienes que solucionar pero ojalá fuera tan fácil.

Yo más bien me he sentido en un juego de Serpientes y Escaleras…. trepando y trepando… cayendo y deslizando… y luego te topas otra escalera y vuelves a escalar.

Tal vez digan “Ay, si. A todos nos pasa igual”. Pues sí, es verdad. Todos pasamos por cosas así en nuestra vida.

Cosas que nos paralizan. Situaciones que nos hacen trepar hasta la cima y casi podemos alcanzar nuestra meta. Y luego hay ocasiones en las que caemos desde lo más arriba, ya con la meta a dos pasos.. y deslizamos hasta el cuadrito número uno.

En lo personal, hablando de trabajo, así me siento. En El Paso, creo que dominaba el mercado de bienes raíces en cuestión de saber exactamente como se trabaja. Conocía a los mejores bancos, casas de título, a todos los agentes y podía sacar el precio de una casa muy parecido al de un valuador profesional.

La vida me hizo tirar el dado para ver que seguía después de tomar una decisión muy fuerte y me tocó una serpiente en cuestión laboral. Me deslicé hasta volver a empezar. Fue volver a la escuela para prepararme para mi licencia de bienes raíces en California. Fue estudiar y pasar un examen bien difícil (ó ya estoy bien vieja para andar haciendo exámenes).

Claro, esa deslizada me hizo llegar a la ciudad más bonita que conozco. Siempre había sido mi sueño vivir aquí. Hubo unos años en que pensé que jamás lo lograría, sin embargo, creo que mi subconsciente no me dejó en paz hasta que lo logré.

A nadie le importaba mi sueño y fue cuando decidí que la única persona que puede realizar tu sueño es tú mismo.

Aquí la serpiente me deslizó hasta el principio en lo laboral (aunque con la experiencia sé que volveré a trepar rápido), pero caí en lo que siempre había querido: vivir en San Diego, Ca.

El día 1 de Febrero comienzo oficialmente ya con DEAN AGUILAR GROUP.. http://www.deanaguilargroup.com

 

Me decidí por este grupo porque son una familia muy pequeña, y es justo lo que necesito para comenzar a trepar. Escaleras chiquitas, baby steps, pero muy firmes.

No se si viva aquí siempre, pero mientras esté en San Diego lo voy a disfrutar mucho.

Creo que con mis hijos, hemos tenido puras escaleras y las hemos subido poco a poco. Los deslices han sido muy pocos y verlos a ellos planear a futuro me hace sentir muy orgullosa de todo lo que hemos logrado.

Tenemos todavía el pendiente de mi sobrino Sergio Miguel. Aquí creo que fue una gran serpiente la que nos hizo tocar fondo con su crisis renal inesperada hace 2 meses. Nos sacudió el piso de como un niño tan sano por fuera pudiera estar tan delicado por dentro, sin síntomas ni antecedentes.

Hemos subido escaleritas con algunos diagnósticos. Hemos subido escaleras grandes gracias al apoyo de tantas maneras de mucha gente que nos quiere.

Todo requiere dinero, deducibles gigantes, pólizas de seguros, cuotas no reembolsables.

Sus oraciones y sus apoyos incondicionales hacen que mi hermana, cuñado y sobrinos se sientan muy queridos, y por lo mismo yo me siento bendecida también, al igual que mi mamá y toda la familia Angulo Dewar.

A veces nos enteramos que nos critican ciertas cosas y como que nos deslizamos un poco porque no entendemos qué ganan con hablar negativamente de nosotros, pero luego nos damos cuenta que no es problema nuestro sino de ellos.

Como pueden ver, no siempre bajar por las serpientes es algo malo. Es simplemente un cambio a tu camino y no pasa nada.

Ahora que por fin pudo visitar el Rady’s Children’s Hospital mi sobrino, sentimos que estamos otra vez en el principio del juego. Con una meta gigante y medio lejos, pero de alguna manera ya sabemos un caminito mas seguro a lograrlo.

Sí, es un poco estresante no saber que sigue en esto. Sólo es aceptar la fecha a un mes más para otra cita y otro estudio.

Seguimos en lo mismo, con mucha fe y ganas de que ya podamos salir de esto.

Siguiendo con la analogía, en el juego de mesa, subir es positivo y bajar es alejarte de ganar. Un juego de mesa, tiene un principio y un final.

Lo único bueno de jugar Serpientes y Escaleras en la vida real es que si de plano te resbalaste hasta el fondo de una meta, hay dos opciones… O cambias de meta ó le sigues sin parar, tirando el dado y esperando que puedas subir más rápido que de lo que caes.

Aquí seguimos, viviendo al día, disfrutando cada amanecer y cada atardecer. Ya me estoy acostumbrando a tanto cambio diario. Creo que lo hace divertido.

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Ahora sí, a trabajar muy duro… vamos a crear un reino lleno de cosas bonitas… para que me visiten, y si se quieren quedar, se queden muy contentos conmigo.

Yo feliz de tenerlos en mi vida.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂