Clair de Lune

Clair de Lune es luz de luna. La he extrañado estos días. La nueva luna llegó después de tantos días nublados. Extraño la luz brillante que a veces entra por la ventana de mi cuarto cuando estoy a punto de dormirme.

Esto me hizo buscar la canción “Clair de Lune” en YouTube. No sé, a veces uno anda sentimental y necesita la magia de estas notas musicales para respirar.

En lo que buscaba, me topé con un video (el que les puse arriba). Me puse a verlo. Lo terminé y otra vez lo volví a ver. Así estuve por un rato. No pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. No se si era la canción lo que me hacía llorar, o el ver a esta persona en el video y su andar por las escaleras.

El hombre se cae al ir subiendo, pero cae con gracia y rebota. Eso lo ayuda a subir. El hombre cada que cae sube más arriba.

No sé qué me impactó más. La manera en la que cae sin miedo y eso lo hace impulsarse cada vez o que después de subir tanto y caer tanto, termina donde comenzó, agotado y finalizando su hazaña.

No fue fácil para mi ver esto. Lo vi como un llamado a mi persona. Yo físicamente me caigo a cada rato. Mi hermana tiene las mejores historias de veces que me he caído.

Mis familiares en Ciudad Juárez tienen los recuerdos de que en cada piñata a las que llevaba a mis hijos, yo me caía. Siempre.

Me da mucho miedo caerme y quizá por eso la gravedad me jala. Y no me caigo con gracia. Me caigo toda, desparramada y tirando lo que traigo en las manos.

Ver al hombre en este video dejarse caer para rebotar me abrió los ojos. A veces uno se aferra a cosas para no caerse, pero caer también a veces sirve para impulsarse.

De las mas tristes despedidas, llegan las mas bonitas bienvenidas. Lo he visto en lo profesional, en lo personal, en decisiones de mi vida.

En ocasiones he pensado “Esto tenía que pasar para yo poder llegar a donde estoy”, tal cual el señor del video.

En el video la escalera es corta y como todo ser humano, nos proponemos llegar a lo mas alto. Unos se caen a medias y ya no se pueden levantar. Otros llegan a lo más alto, pero al final también caen.

La enseñanza quizá sea que tenemos que disfrutar la escalera de la vida, aprovechar las caídas para levantarnos, tratar de llegar lo mas arriba de ella y saber que después de todo, vamos a terminar debajo de ella, cansados pero ojalá que satisfechos de lo que logramos.

Vean el video todas las veces que necesiten verlo. Escuchen la canción y disfrútenla. Claude Debussy, el compositor de esta obra musical, fue un impresionista francés que quería inspirar felicidad, melancolía, miedo, angustia, emociones, curiosidades, etc. a todo el que la escuchara. Quiso transmitir cada sentimiento que uno tiene cuando va por la escalera de la vida. Y es por eso por lo que quise platicarles un poco de lo que experimenté esta semana.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

¡Oyeme bien!

Es un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso

un payaso vanidoso inconsciente y presumido

falso enano y rencoroso que no tiene corazón.

Ven, si eres hombre ven a verme y háblame
Cara a cara, frente a frente, dímelo
Un cobarde y mentiroso como tú
Sin valor, sin dignidad

Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo
Que mi cuerpo no tiembla de ganas al verte encendido

Óyeme bien no te me acerques te lo digo por tu bien
Te estas pasando te lo digo de una vez
Aunque me muera yo te juro serte infiel

Pobre idiota podrías ofertarte al dos por uno con
riesgo a que ninguna y a ninguno le puede interesar
pobre idiota

Caprichoso, embustero, mujeriego, traicionero

Pero a solas me pregunto Que es lo te hace creer
Que necesito tus brazos Para sentirme mujer

…Y como principio borraré tu nombre.

Sí, las frases de arriba son las letras de las canciones que cantaban nuestras mamás en los ochentas cuando nos llevaban a la escuela. Son las frases que forman algunas canciones de Lupita D’Alessio y que cuando era niña las cantaba sin saber la violencia que emitían.

Estos días que sacó Shakira una canción donde le dice a Piqué cosas como: Cambiaste un ROLEX por un CASIO; un FERRARI por un TWINGO; Las mujeres no lloran, las mujeres facturan.

Mientras me dio risa la letra de la canción y la verdad no deja de sorprenderme la manera que Shakira es una poeta de naturaleza, lo que más me llamó la atención fue cómo impresionó a la juventud este “atrevimiento”.

Y sí, la letra tiene su chiste y obviamente es para PIQUE por terminar a Shakira por otra, pero…

¿Qué opinaría nuestra juventud y adolescencia si estuvieran de moda las canciones de La D’Alessio? Tan delicados todos. Todo lo que decimos es ofensivo para las nuevas generaciones. No hubieran sobrevivido a nuestros tiempos, jaja.

Esas letras que dejaban mudos a los hombres y mejor se escondían. Esa interpretación con dolor de cada canción que no daban risa sino que te contagiaban la pena de la mujer desesperada y llena de coraje.

Piqué ya hasta contrato tiene con la marca de relojes CASIO por la canción. De nada sirvió su desahogada.

Y quizá esa es mi opinión:

Nadie puede juzgar que pasa entre una pareja por solo escuchar un lado de la historia. Ni defiendo al hombre ni defiendo a la mujer.

Ni Shakira ni la D’Alessio están bien ni mal.

Hay cosas que mejor se calla uno.

De todos modos, volvamos a poner de moda las canciones de la Lupita D’alessio, que sin ser los “inútiles” de Paquita la del Barrio, si te llegan al corazón cuando llorando la escuchas cantar “Mentiras, tu me alimentaste siempre de mentiras. ¡Qué estúpida que siempre te creí!”

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Eres Dudosa

Mariana Eres se preparaba para recibir a todas sus amigas esa tarde en su casa. Estar de vacaciones de su despacho por un par de semanas después de su tratamiento médico la hizo aprovechar para invitar a sus más cercanas amistades a convivir un rato.

La ilusión de verlas a todas, que al fin pudieron ponerse de acuerdo y verse debido al ritmo de vida de cada una, la motivaba a sacar su mejor mantel y vajilla.

Limpiaba las copas “de ocasiones especiales” y ponía a enfriar los chardonnays y acomodaba los tintos de crianza rioja para que estuvieran a la temperatura ambiental perfecta.

Alcanzó a medio pintarse la boca y a peinarse rápidamente mientras tocaban en la puerta.

“¡Martha, qué gusto!”, exclamaba Mariana en lo que abrazaba a su amiga de la secundaria. “Pásale por favor y te encargo el horno en lo que subo a cambiarme de zapatos”.

Martha llegaba y abría el refrigerador para abrir una cervecita y sentarse en la barra de la cocina.

La puerta había quedado abierta y en eso llegaban al mismo tiempo Lydia y Paty. Paty venía hablando por teléfono con uno de sus empleados que siempre tiene que andar arreando mientras que Lydia apenas podía caminar con sus Louboutins del año pasado, pero que juró ponerse hasta que se le acabara la suela roja.

Nancy se disculpó en un texto que les envió por Whatsapp debido a un imprevisto y las 4 decidieron pasar a la mesa y comenzar la cena.

Mariana había hecho un sinfín de bocadillos gourmets de recetas que había visto en el TikTok

“¡Qué bárbara Mariana! Deberías de ser una caterer”, le decía Lydia. “Todo está delicioso y parece de revista”.

“Ay, sí. Déjenme tomarle fotos a todo para subirlo a las redes y las etiqueto”, decía Martha.

“Pero que no salga yo”, decía Lydia. “Luego todo mundo dice que salgo todos los días”

“Equis”, decía Mariana. “De mi inventan tantas cosas que ya no me afecta”.

La tarde se iba y ellas se ponían al tanto de sus vidas. Todo iba bien hasta que Martha le pregunta a Mariana por Eduardo.

Eduardo, el marido de Mariana, era muy amigo de todas ya que lo conocían de muchos años.

Mariana puso una cara triste y las amigas se sirvieron mas vino al notar su gesto.

“¿Qué pasó?”, preguntó Paty.

“Nada, todo bien. Solo que con el nuevo puesto llega muy tarde y siempre anda como enojado, pero yo sé que es estrés”, explicaba Mariana.

“Si, eso pasa. Animo amiga. Es por el bien tuyo y de los niños”, le explicaba Lydia. “Mario viaja mucho pero no me quejo porque está logrando los sueños de todos como familia”.

“Ay, ya se. Es lo que me dice mi mamá también”, decía Mariana. “¿Quieren que ya parta el cheesecake?”

Martha se le quedaba viendo. No opinaba nada, solo tomaba su tinto y trataba de servirse todo lo que no tuviera carbohidratos.

Pasando el tiempo, se acaba el ‘cheesecake’ y las botellas, Martha de la nada le pregunta a Mariana, “¿y estás segura de que sí está trabajando?”

Mariana se congeló. Nunca había dudado de Eduardo ni de su relación.

“O sea, que raro que toooodos los días llegue tarde”, seguía Martha.

Lydia y Paty agachaban la cabeza y trataban de cambiar el tema. “Ya hemos tomado bastante Martha, toma agua, o algo”, decía Lydia. “Estas diciendo puras tonterías”.

“No. Que raro, es todo lo que digo. Que raro horario tiene tu marido Mariana’, y se levantaba a servirse un café.

Paty volteaba a ver a Mariana y le decía “Se le pasó el vinito, no le hagas caso”.

Mariana sonreía y mejor continuaba con la reunión sin complicar las cosas.

Pero se quedó pensativa toda la noche, aún cuando guardaba la última copa lavadita en la vitrina de su cocina.

Eran las 11pm y Eduardo todavía no llegaba. Nunca había sentido esa opresión en el estómago.

“Martha y sus cizañas”, pensaba.

Pero por primera vez en mucho tiempo, Mariana esperaba a Eduardo en la sala, triste y con miedo.

Se escuchaba la cochera abrirse y entraba Eduardo “Mi amor, te debiste dormir”, le decía mientras apagaba luces.

¿Dónde estabas, Eduardo?”, quería preguntarle Mariana.

Pero era un debate entre su intuición y el “que raro” que le había dicho su amiga.

Mariana decidió mejor callarse, aunque a partir de ese comentario de su amiga, se había convertido ya en una mujer dudosa. No podía entender si se sentía triste por dudar de su marido ó por tener a una “amiga” que la hizo dudar.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

El SINDROME del IMPOSTOR

“¡Qué bonito tu collar!”

— “¡Ay, gracias! Me costó super barato, aparte tenía un cupón y estaba en oferta. Es casi gratis”.

“¡Qué guapa eres!”

— “Estas loco tú, ni al caso. Toda arrugada y vieja ya

“Escribes muy bonito”

— “¡Claro que no! Toda pocha y mal escrito mi castellano

Y muchas cosas por el estilo.

Desde siempre me he dado cuenta de que tengo algo que no me permite aceptar mis logros y trato de disculparme cuando algo hago bien. Pensaba que era timidez aceptar que algo lo lograba con mi esfuerzo y dedicación, pero no.

Eso que tengo tiene nombre y es EL SINDROME DEL IMPOSTOR.(Yo digo que lo tengo, pero pues siempre me ando auto diagnosticando como buena hipocondriaca).

Yo no sabía que existía este nombre, ni mucho menos que era para describir lo que padecemos tantas mujeres (porque curiosamente se da el síndrome entre mujeres, mucho mas que en hombres).

Es un fenómeno psicológico entre las mujeres que logran sus objetivos sobre todo en el área laboral y profesional.

No solo es en lo profesional, también en lo personal y en tu área familiar.

¿Cómo saber si alguien que conoces (o tu) tiene este síndrome?

  • Se presiona mucho en cuanto a su trabajo y su imagen, lo que genera dudas en si mismo y falta de confianza en lo que hace.
  • Te dices a ti mismo “Fue suerte lo que me puso aquí.” O “Ya me tocaba” y no aceptas que fue por tu trabajo y tu capacidad.
  • Sientes que si no es perfecto lo que estas haciendo no se merece un reconocimiento.
  • Sacrificas tu bienestar por el trabajo y por los demás.
  • Agotamiento constante tanto físico como mental
  • Sientes que cualquier rato van a descubrir que no eres la gran maravilla y entra tu ansiedad.
  • Dudas de ti mismo
  • Eres perfeccionista
  • Exceso de trabajo siempre
  • Miedo al fracaso
  • Sentir una culpa por alcanzar el éxito.

¿Qué lo ocasiona?

  • El ver a pocas mujeres en puestos claves de empresas incrementa la inseguridad de decir “es que ni al caso que yo pueda con el rol de alta ejecutiva”
  • La sociedad ve normal que una mujer se sienta sumisa y de su lugar a otra persona (especialmente un hombre).
  • Algunos traumas no sanados de la infancia
  • Presiones por los padres a corta edad
  • La pareja sentimental que influye en tu persona

¿Qué hacemos para lograr disminuir el síndrome del impostor?

  • Mide tus hechos, ve lo que haces y ponte a pensar que opinarías si esos logros fueran de otra persona. Cuantifícalos
  • Reconoce lo que haces, valida tus actos y sigue adelante
  • Platica con tus seres queridos de lo que sientes
  • Replantea tus pensamientos, viendo lo positivo de tu día y no lo que te faltó cumplir o hacer.
  • Los mentores te puedes ayudar mucho con consejos y con jalada de orejas.
  • Aprende a celebrar tus logros, publícalos en redes, disfruta de esos elogios y de esos “likes”, sin cuantificarlos porque ese es otro tema. Brinda por lo que vayas logrando, por más pequeño que sea.
  • Vete en el espejo en la mañana y repite “Hoy le gano a la YO de ayer”. Se tú, tu propia competencia.

Es muy difícil decir “Sí, soy muy bueno en lo que hago”, es casi imposible. Es un miedo caer en la soberbia y en el egocentrismo.

Pero es también muy malo decir “Ni se porque me dieron el puesto. Fue suerte o las oraciones de mi mamá”

Eso es el síndrome del impostor… es sentirse que cuando te están elogiando, están hablando de otra persona que no eres tú.

Eso es el IMPOSTOR, el que sientes que te ponen en un lugar donde falsamente perteneces.

Trabajaremos en esto porque no quiero que se me vaya la vida sintiendo que todo lo que he logrado ha sido suerte, oraciones o porque ya me tocaba.

Quiero llegar a muy viejita y decir “¡Ah! ¡Cómo hice cosas bonitas en mi vida!” Y creérmela.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂