Eres Enemiga

Mariana terminaba de levantar todos los juguetes tirados por toda la casa. Estaba muy cansada pero al fin estaban dormidos los niños.

Sus piernas le dolían mucho. Había comenzado a correr de nuevo y su cuerpo ya no era el de antes.

Alejandro, su marido, no llegaría temprano a casa. Otra vez. El despacho lo estaba acabando con tanto trabajo pero al final era por el bien de su familia.

Mariana iba a su recámara y sacaba un cuaderno y pluma del cajón junto a su cama. Se acomodaba en las almohadas y comenzaba a dibujar rueditas y triangulitos mientras pensaba y pensaba. Su mente necesitaba una distracción ó se iba a volver loca. Algo no andaba bien con Alejandro pero no podía realmente confirmar lo que imaginaba.

“Necesito escribir”, suspiraba Mariana en lo que dejaba su pluma y cerebro conectar con la imaginación.

Tomaba de nuevo el cuaderno y comenzaba a escribir una carta:

Querida,

Aléjate de mi. Deja de hacerme tanto daño. Me tienes acabada. Todos los días despierto para entender qué me harás.

Por más que quiero alejarte de mí, no puedo. 

Trato de explicarte todos los días que no soy fea como dices.

Por más que me arreglo y me pongo guapa, encuentras algo malo en mí y no descansas hasta convencerme que soy fea. 

Te digo también que a veces me canso mucho pero lo único que haces es decirme que mi cansancio se debe a que no soy joven ni activa como antes. Por eso comencé a correr, para demostrarte que puedo.

Criticas mi comida, mi sazón insípido. 

Me comparas con mis amigas, con mis comadres, con mi familia. Para ti siempre soy menos que todos. 

Yo todavía no entiendo porque no me puedo defender de tí. 

Y trato.

Pienso qué más hacer para que ya no me critiques ni trates mal. 

Luego metes a mis hijos en esto. Para ti nunca voy a ser una buena madre. Me culpas de todos los errores de mis hijos, de su comportamiento, de todo lo malo que les suceda.

Nunca me alabas por lo bueno que hago por ellos, como si no tuviera derecho a festejar sus triunfos. No me dejas hacerlo.

Deja de criticar mi piel, mi sobrepeso ligero, mis arrugas. No seas tan cruel conmigo cuando ves que las canas reaparecen a los 5 días de ir al salón de belleza.

No sé cómo complacerte. Me siento culpable cuando compro algo para mi porque no lo apruebas. No debo comprarme nada. 

Me haces dudar de toda mi inteligencia cuando estoy presentando un proyecto con mi jefe. Me detengo a analizar si lo que estoy diciendo está bien porque siento que me estás viendo para criticarme. 

No me dejas disfrutar a mi esposo porque siempre estás intentando hacerme sentir no merecedora de su cariño. 

Me echas la culpa de que por eso el casi no está en casa, prefiere el trabajo a su familia. No es mi culpa, siempre estoy aqui, cuando puedo.

Pero tu me culpas de que no esté. 

Me cansas mucho. Quiero que guardes silencio. Quiero cerrar los ojos y que al abrirlos ya no me vuelvas a molestar más.

 Te pido que me dejes ser feliz. 

A pesar de todo esto, yo te quiero.

Con cariño,

Mariana

 

“Cualquiera que lea esta carta dirá que estoy loca”, decía Mariana a sí misma mientras trozaba la hoja del cuaderno y la rompía. 

“Escribiendo a mi peor enemiga la cual soy yo misma”… suspiraba Mariana.

Mariana se desahogaba con ella misma. Necesitaba encontrar culpables de su desdicha, su depresión. 

Se distraía escribiendo y destruyendo lo escrito en cuanto lo terminaba. 

Era ya un ritual antes de dormir. 

Eso la relajaba. Era un juego mental para confundir sus pensamientos y lograr descansar.

Era la distracción perfecta para no aceptar lo que ya sabía como mujer.

Alejandro la iba a dejar muy pronto.

leaving

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂