Billar

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Billar. ¿Deporte, pasatiempo ó metáfora?

El sábado pasado, en la primera comunión de Regina, había una mesa de billar en la fiesta.

Mi hijo el Coco me retó a jugar.

Soy super maleta pero si me retan, le entro.

Le mesa estaba exquisita. La madera y el trabajo carpintero me llamaron la atención.

La tela de feltro no era el verde bandera tradicional sino un cafécito claro, como café con leche. (Así le llamo al café casi beige, porque es igual que el café de mi taza cuando le echo leche de clavel).

Me gustó la mesa porque se me hizo original. Su color, su estructura. Dominaban tambien algunos tonos rojizos.

El Coco le ponía gis a su taco. “Esto es la clave”, me decía muy sabiondo.

“Tu quiebra las bolas mamá”, me decía mientras acomodaba el triángulo.

No se porqué me puse nerviosa.

Quizá me acordé una vez que estaba en Los Angeles, con mi hermana en casa de un jefe de mi papá. Su hijo y su novia nos invitaron a jugar billar a un barecito. Era por Melrose Place y nos dejaron entrar sin pedir ID (teníamos mucho menos de 21 años).

“¿Juegan billar?”, nos pregunta la gringuita.

NO me pregunten porqué pero se me ocurre abrir la boca y decir, “Soy campeona”.

Mi hermana me voltea a ver en cámara lenta. No sabe si atacarse de la risa ó preocuparse por mi gran mentira que ni al caso.

“Wow! Entonces ustedes las hermanitas contra nosotros”, nos dice el muchacho. “Pero nosotros no jugamos tan bien”.

Y que comienzan. Tiros perfectos, tiros de aturdimiento, tiros de stop. Por arriba, por abajo.

Yo me quería morir. No quería seguir.

Llegó mi turno y me tardé años. Parecía el Quico del Chavo del 8, cuando se está preparando para jugar y se pone hasta baba en las orejas.

Le pegué y fatal.

Mi hermana se quería meter debajo de la silla.

Lo bueno fue que no dijeron nada. Captaron que era una mentirosa y nos dieron una paliza.

Lección aprendida!

En fin, volviendo ya al juego con mi hijo el Coco este pasado fin de semana, centré la bola blanca para darle bien recio a las bolas y lograr que entraran a las bolsas.

Me acomodé y le dí según yo muy fuerte. La pelota blanca apenas y llegó y las bolas solo se desacomodaron.

Mi hijo me puso cara de “Bruh!”.

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“Es que me da miedo mi fuerza y pegarle demasiado fuerte”, le dije.

“Simón”, me dijo el sope.

Jugamos 5 juegos. Siempre me tocaba ser las bolas sólidas.

En el último juego me faltaba sólo echar el número 8, la bola negra.

Al Coco le quedaban 6 bolas rayadas.

Fácil le iba a ganar.

Y me empecé a emocionar. Y fallaba cada vez.

El Coco metía una y yo fallaba otra.

Otra adentro de mi hijo y yo fallaba.

Me alcanzó y me ganó de la manera mas espantosa que se puedan imaginar. Me regresé a aquella vez en Los Angeles. 😛

Me puse triste la verdad. Me vi bien loser.

Mientras jugaba mi mente volaba y se comenzaba a inspirar para este blog.

Me identificaba con el billar. Mucho.

Llegué a la conclusión que metafóricamente, el billar era mi vida.

Las 15 bolas eran:

  1. La FE
  2. La familia
  3. Trabajo
  4. Salud
  5. Estabilidad económica
  6. Amistades
  7. Aceptación de la realidad
  8. INSEGURIDAD
  9. El pasado que duele
  10. El presente que se nos olvida vivir
  11. El futuro incierto
  12. Toma de decisiones
  13. Educación
  14. Quien está apoyándote
  15. Quien te deja morir

BOLA BLANCA: La determinación.

No se si esté muy simple mi relación con mi vida, pero así se me presentó en la mente.

Al estar acomodando la bolas en el triángulo para romperlas, me decía el Coco, “No importa el órden, pero que no esten todas las sólidas juntas. Que se vea mezclado todo. Y siempre el 8 negro enmedio de todas”.

Si no saben como se juega, cada jugador trata de echar las bolas en las bolsas de los lados de la mesa de billar.

Si echas primero una bola sólida de color, entonces sólo te concentras en echar las de color sólido y tu oponente las de color rayado y viceversa.

La última que debe caer en las bolsas es la NEGRA, ya que si cae pierdes todo automáticamente.

Si cae la bola blanca, el oponente la saca y la puede colocar a su favor.

Así que usen su imaginación…

En la vida, uno usa la determinación para lograr las cosas y ‘echarlas’ en la bolsa. A veces tu tino y determinación no son tan precisos y no puedes lograr que ‘caigan’ ó se cumpla todo.

A veces estar muy determinada es contraproducente y no caen porque rebotan.

A veces la falta de determinación ni siquiera hace que se mueva un centímetro cada bola.

A veces por estar concentrado en una bola, no ves otra y empujas la negra con el 8 hasta que cae antes que nada.

Esa bola 8 que para mi representa la INSEGURIDAD y que está siempre en medio de todas las demás es muy hábil y parece ponerse siempre cerca de las bolsas para hacerte perder.

Estoy jugando un buen billar. La riego a veces y meto la bola blanca pero mis oponentes en este caso son mis aliados. Y ellos sacan esa bola blanca y me ayudan a meter las demás.

Tengo contados los que están conmigo, pero son los que tienen que estar.

Seguiremos jugando este billar, bola por bola.

Cuando se logre todo en cierta etapa, se vuelven a acomodar todas las “bolas” y se comienza un nuevo juego.

Y sí, el juego pasado, ya sea perdido ó ganado ya no cuenta. Llega el momento en que ni te acuerdas como estuvieron las jugadas.

Tienes que concentrarte en tu actual juego de billar.

Pegar con la precisión requerida, usando estrategias. A veces sacrificas golpes para acercarte a tu misión.

Porque el juego mas importante es el que se juega en el presente. Y ya.

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂