Eres Perfecta

Hoy les vuelvo a escribir sobre Mariana. Sí, es ficción. Pero al final es una ficción muy entrelazada con la realidad. Todos somos Mariana. Me gusta escribir sobre ella porque combino la realidad con la imaginación sin salirme de algo que es real para muchos.

En este cuento Mariana es una jovencita todavía en la escuela preparatoria. Mariana es perfecta ante los ojos de todo el que la rodea. Sus padres, hermanos, amigos, maestros y la sociedad como tal. Por lo tanto, le exigen perfección. Esperan de ella eso. Perfección.

 

Mariana alistaba su uniforme una noche antes. Sus zapatos boleados, calcetas blancas y un listón rojo el cual hacía juego con la falda de cuadros que caracterizaba ese colegio de monjas en el sur del país.

En la esquina de su recámara impecable estaba su mochila con todos los libros y tareas guardadas perfectamente en orden, listas para entregarse el día siguiente para obtener, como siempre, la mejor de las calificaciones.

La escuela se le daba de manera tan natural. No era un genio pero era lo suficientemente inteligente para organizarse y aprobar sus materias sin ningún problema.

Desde la primaria sus papás nunca se tuvieron que preocupar por el desempeño escolar de Mariana. Era la hermana mayor a sus dos hermanos varones, Miguel y Mario.

Presidenta del club de debate, catequista por la tarde, organizadora juvenil del Comité Pro-Orfanatorio de la Ciudad, bailarina de ballet desde los 3 años y tenista de buen nivel en el club social junto con todas sus amigas de la infancia.

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Mariana, la hija, estudiante, hermana y amiga perfecta.

Alejandro, su novio, la adoraba por lo mismo.

Mariana estaba un poco estresada esa noche. El día siguiente anunciarían quienes de la escuela recibirían una beca para estudiar en el extranjero por mérito académico y ella era lo que más deseaba. Irse. Volar lejos de su mundo perfecto.

Ella quería ser Mariana. No quería ser la ‘hija de’, ‘la novia de’, ‘la hermana de’… ella quería ser ella.

La campana del reloj despertador sonaba como si tuviera una bocina adicional. Retumbaba en el oído de Mariana, mientras se cambiaba para salir corriendo al colegio.

“¡Apúrenle, de prisa!”, les decía a sus hermanos que seguían desayunando con toda la calma del mundo.

El papá de Mariana ya se había ido temprano a la empresa ese día ya que venía visita del corporativo estadounidense y había que atenderlos.

La mamá les daba la bendición a los 3 hijos para despues continuar con sus esculturas de barro que tenía que entregar en la galería a fin de mes.

Mariana y sus hermanos se subían rápidamente a la camioneta y arrancaban al mismo colegio ya que sólo se llevaban un año cada uno.

El día en el colegio pasaba rápido. Los mismos amigos, Alejandro de su mano en cada receso, y un yogurt sin terminar porque traía malestar estomacal ese día.

“Ugh, estos nervios me tienen el estómago hecho nudos”, suspiraba Mariana mientras Alejandro le acomodaba el listón rojo en su cabello.

“Todo estará bien, Marianita”, la tranquilizaba Alejandro. “Tu sabes que es tuya esa beca”.

Mariana se sentía emocionada y al mismo tiempo tenía mucho miedo. Tanto estrés la había hecho sentirse mal. Hasta sangre se sacó un par de días atrás, para descartar una anemia ya que lucía un poco pálida últimamente. Pero pronto pasaría el pendiente y hoy en la tarde, antes de irse a casa, la Madre Superiora le daría los sobres de las becas a un muy bajo grupo de alumnos destacados.

“Mariana, eres perfecta. Obvio que te dan la beca”, le decían sus amigas, casi en coro.

Mariana sonreía, no queriendo verse muy segura.

Mariana sabía que era de ella esa beca porque nadie en su escuela era tan dedicada y organizada. Era estudiosa y responsable.

Ella se la merecía porque sería un premio a tanta obediencia. Era obediente en su casa. Obedecía las reglas de la escuela y obedecía todo lo que se le pedía.

Esa beca era la meta inmediata para darle un giro a su vida. Estudiar Economía Internacional en Londres era un sueño. Un sueño que estaba a punto de cumplirse. En ese sobre que le entregarían más tarde estaría escrito que su beca y aplicación a esa escuela estaban listos.

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En la última clase, Mariana ya estaba mareada de pensar tanto. La puerta del salón se abría y entraba la Madre con su túnica negra. En sus manos llevaba solo 4 sobres. Se escuchaban los murmullos de todos porque se esperaban un mínimo de 10 becas. Pero al parecer sólo eran 4.

Mariana no quería voltear a ningún lado. La Madre Superiora comenzaba un discurso acerca del esfuerzo y dedicación de las personas que estaban a punto de recibir un sobre.

“Esteban Andrés Solórzano”, decía en una voz fuerte la Madre.

Mariana escuchaba entre aplausos y ruidos un zumbido en su cabeza. Quería llorar pero no podía.

“Mariana Eres Matamoros”, decía la Monja.

Mariana se levanta y toma el sobre. “Lo sabía mi Mariana”, le decía la Madre, con un gesto maternal que le indicaba a Mariana que era la consentida de la monja estricta y fría.

La felicidad que sentía Mariana era inigualable.

Les habló inmediatamente a sus padres y mandó textos a todos sus contactos.

Alejandro la abrazaba, emocionado de verdad.

“Lo hice, Alex”, sonreía Mariana. “De verdad logré lo que quería”.

“Vamos a festejar en la tarde Marianita. Me pongo de acuerdo con tus papás”, decía Alejandro mientras tomaba sus libros.

“Sí, claro. Nomás paso a la clínica del Dr. Burgos. Me imagino que me faltan unas vitaminas ó algo así dijo la enfermera”, mientras se despedían.

Miguel y Mario, sus hermanos, estaban encantados con la noticia.

“¡Aaaah, por fin nos vamos a librar de ti hermana!”, le decía Miguel mientras Mario le quitaba las llaves de la camioneta para manejar.

Los hermanos la esperaban en el carro mientras ella se bajaba corriendo a la clínica.

Sentada, viendo la pared blanca, sólo podía pensar en Londres. Esa universidad tan prestigiada. Necesitaba pasaporte, visa de estudiante, delegar algunas obligaciones de sus clubs, dejar el equipo de tenis, ver como despedirse de su familia. Despedirse de Alejandro.

Mariana suspiraba.

“Mariana Eres”, decía la recepcionista. “Pase por favor. La espera el doctor”.

Mariana entraba al consultorio tan familiar del Dr. Burgos. Desde que nació la atendía. ¡Cuántas rodillas raspadas tuvo que curar el doctor!

“Marianita hermosa, que gusto”, le decía el doctor.

“Hola tío”, le decía Mariana mientras se sentaba en una de las sillas frente a su escritorio.

El Dr. Burgos era el primo de su padre y muy cercano a toda la familia. Era el médico de cabecera de ella y sus hermanos desde que nacieron.

“Marianita, ¿cómo estás?”, le decía el dr. mientras sacaba el sobre con los resultados del laboratorio.

Mariana hablaba y hablaba sobre su día. Le contaba al doctor de la beca, de Londres, de sus planes.

El Dr. Burgos iba perdiendo su sonrisa poco a poco hasta quedar serio.

“Mariana, los resultados salen bien. Eres una niña sana, un poco de anemia”, decía el doctor Burgos.

“Ay, lo sabía”, decía Mariana, interrumpiéndolo. “Ya me tengo que ir doctor, me esperan mis hermanos en el carro y ya me están mandando textos de que me apure”.

El doctor se le queda viendo.

Mariana no sabe que decir.

“¿Qué pasa, tío?”, dice Mariana un poco preocupada.

“Mariana. Estás embarazada”.

 

 

 

 

 

gina dewar  NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Serpientes y Escaleras

Este fin de semana que pasó estuvo muy lindo. Vinieron mi hermana y toda su familia, así como mis primas a unas compras y pendientes.

La noche del viernes estuvimos jugando un juego de mesa de Disney llamado PICTOPIA, una trivia de películas y todo lo relacionado con Walt Disney. Vas avanzando con los dados y respondiendo correctamente unas preguntas.

Tenía rato que no lo jugaba y fue muy entretenido. Se nos olvidan lo divertido que son los juegos de mesa por estar pegados a los celulares ó cualquier aparato tecnológico.

Nos fuimos a unas tiendas el día siguiente. Yo pensando en tantas cosas que nos han pasado y nos van a pasar estos próximos meses me tenìan distraìda.

Es muy rara la sensación de saber qué sigue. Casi siempre nos toman por sorpresa muchas cosas.

Mientras esperaba que se midieran alguna ropa, entre un vestido y otro, me puse a pensar en los juegos de mesa y como la vida es un tablero parecido a SERPIENTES y ESCALERAS.

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Sé que hay un juego llamado LIFE que te pone diferentes escenarios de una vida con diversos problemas que tienes que solucionar pero ojalá fuera tan fácil.

Yo más bien me he sentido en un juego de Serpientes y Escaleras…. trepando y trepando… cayendo y deslizando… y luego te topas otra escalera y vuelves a escalar.

Tal vez digan “Ay, si. A todos nos pasa igual”. Pues sí, es verdad. Todos pasamos por cosas así en nuestra vida.

Cosas que nos paralizan. Situaciones que nos hacen trepar hasta la cima y casi podemos alcanzar nuestra meta. Y luego hay ocasiones en las que caemos desde lo más arriba, ya con la meta a dos pasos.. y deslizamos hasta el cuadrito número uno.

En lo personal, hablando de trabajo, así me siento. En El Paso, creo que dominaba el mercado de bienes raíces en cuestión de saber exactamente como se trabaja. Conocía a los mejores bancos, casas de título, a todos los agentes y podía sacar el precio de una casa muy parecido al de un valuador profesional.

La vida me hizo tirar el dado para ver que seguía después de tomar una decisión muy fuerte y me tocó una serpiente en cuestión laboral. Me deslicé hasta volver a empezar. Fue volver a la escuela para prepararme para mi licencia de bienes raíces en California. Fue estudiar y pasar un examen bien difícil (ó ya estoy bien vieja para andar haciendo exámenes).

Claro, esa deslizada me hizo llegar a la ciudad más bonita que conozco. Siempre había sido mi sueño vivir aquí. Hubo unos años en que pensé que jamás lo lograría, sin embargo, creo que mi subconsciente no me dejó en paz hasta que lo logré.

A nadie le importaba mi sueño y fue cuando decidí que la única persona que puede realizar tu sueño es tú mismo.

Aquí la serpiente me deslizó hasta el principio en lo laboral (aunque con la experiencia sé que volveré a trepar rápido), pero caí en lo que siempre había querido: vivir en San Diego, Ca.

El día 1 de Febrero comienzo oficialmente ya con DEAN AGUILAR GROUP.. http://www.deanaguilargroup.com

 

Me decidí por este grupo porque son una familia muy pequeña, y es justo lo que necesito para comenzar a trepar. Escaleras chiquitas, baby steps, pero muy firmes.

No se si viva aquí siempre, pero mientras esté en San Diego lo voy a disfrutar mucho.

Creo que con mis hijos, hemos tenido puras escaleras y las hemos subido poco a poco. Los deslices han sido muy pocos y verlos a ellos planear a futuro me hace sentir muy orgullosa de todo lo que hemos logrado.

Tenemos todavía el pendiente de mi sobrino Sergio Miguel. Aquí creo que fue una gran serpiente la que nos hizo tocar fondo con su crisis renal inesperada hace 2 meses. Nos sacudió el piso de como un niño tan sano por fuera pudiera estar tan delicado por dentro, sin síntomas ni antecedentes.

Hemos subido escaleritas con algunos diagnósticos. Hemos subido escaleras grandes gracias al apoyo de tantas maneras de mucha gente que nos quiere.

Todo requiere dinero, deducibles gigantes, pólizas de seguros, cuotas no reembolsables.

Sus oraciones y sus apoyos incondicionales hacen que mi hermana, cuñado y sobrinos se sientan muy queridos, y por lo mismo yo me siento bendecida también, al igual que mi mamá y toda la familia Angulo Dewar.

A veces nos enteramos que nos critican ciertas cosas y como que nos deslizamos un poco porque no entendemos qué ganan con hablar negativamente de nosotros, pero luego nos damos cuenta que no es problema nuestro sino de ellos.

Como pueden ver, no siempre bajar por las serpientes es algo malo. Es simplemente un cambio a tu camino y no pasa nada.

Ahora que por fin pudo visitar el Rady’s Children’s Hospital mi sobrino, sentimos que estamos otra vez en el principio del juego. Con una meta gigante y medio lejos, pero de alguna manera ya sabemos un caminito mas seguro a lograrlo.

Sí, es un poco estresante no saber que sigue en esto. Sólo es aceptar la fecha a un mes más para otra cita y otro estudio.

Seguimos en lo mismo, con mucha fe y ganas de que ya podamos salir de esto.

Siguiendo con la analogía, en el juego de mesa, subir es positivo y bajar es alejarte de ganar. Un juego de mesa, tiene un principio y un final.

Lo único bueno de jugar Serpientes y Escaleras en la vida real es que si de plano te resbalaste hasta el fondo de una meta, hay dos opciones… O cambias de meta ó le sigues sin parar, tirando el dado y esperando que puedas subir más rápido que de lo que caes.

Aquí seguimos, viviendo al día, disfrutando cada amanecer y cada atardecer. Ya me estoy acostumbrando a tanto cambio diario. Creo que lo hace divertido.

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Ahora sí, a trabajar muy duro… vamos a crear un reino lleno de cosas bonitas… para que me visiten, y si se quieren quedar, se queden muy contentos conmigo.

Yo feliz de tenerlos en mi vida.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂