De Segunda

“¡No! No debes de comprar cosas usadas en la Goodwill ni en las tiendas de antigüedades”…

Sí, toda la vida me han dicho eso. Que cuando compras algo usado te traes con ese artículo la energía del dueño anterior. ¿Será?

Yo soy fan de esas tiendas. Me emociona ir a pesar que huelen a closet lleno de cosas con polilla. Tengo lámparas que me he encontrado en botes de la basura y nadie sabe (jajajaja, hasta hoy pues). Un mueble rojo que compré a $20dlls y todo mundo piensa que es de la Pottery Barn es de mis mejores hallazgos.

De basura a tesoro.. un dicho muy popular y muy cierto.

Pues la verdad no sé si sea verdad que las energías se quedan plasmadas en las cosas. Siempre he pensado que mi energía es dominante, así que cualquier rastro se borra rápido entrando a mi casa. (es lo que llamo el ‘cocowash’ para no estar mal pensando).

Se dice que la salvia se usa como hierba poderosa para hacer limpias a las cosas. La verdad no sabría decirles. Lo único que he probado de la salvia últimamente fue una cerveza artesanal hecha en el restaurant Salvia Blanca Restaurant, dentro del hotel boutique Contemplación Hotel en el Valle de Guadalupe B.C. Fue una experiencia meramente curativa en medio de nuestra dieta detox de enero. (es la verdad).

Pero volviendo al tema de ir a comprar cosas usadas, mi hijo el Coco quiso ir conmigo a una tienda de “segunda” aquí en San Diego llamada “Consignment Classics”. Estaba muy frío y lluvioso el día pero teníamos ganas de volver allí porque la última vez que fuimos hacía demasiado calor y no se podía andar agusto.

Me encontré esta taza y me regresó a la cocina de mi mamá en mi casa de Nogales, Sonora. Casi creo que las tazas de mi mami eran de otro color pero recuerdo perfectamente como tomaba mis deditos y sentía el rombo liso y el rombo con puntitos alzados. En mi escuela nos estaban enseñando a leer en Braille (para ciegos) y quizá era una manera que yo tenía de enseñarle a mis dedos entrenarse a leer puntos.

Despues ví este par de saleros. La sal y la pimienta… Pero no. La canela le hizo un gane a la pimienta. Me dió risa. Con razón lo están vendiendo. Una pareja no común, que no queda (sin agraviar).

Vi a los Raggedy dolls, a Andy limpiecito y en perfectas condicones. Pero Raggedy Ann estaba encerrada con un letrero que pedía ayuda para salir. Mi mente hizo mil historias pero estaba realmente curiosa la manera que estaban puestas ambas muñecas. Raggedy Ann, mi muñeca de la infancia.

No se si esten bien tomadas estas fotos de muñecas porque cerré los ojos al hacerlo. No me daba miedo haberlas encontrado. Me dió miedo pensar en las manos que las crearon. Alguien que en su mente dijo “Sí, haré una muñeca con pelos de clavos”. Y ni hablar con las muñecas sin cuerpo y el tercer ojo abierto. Ay no. Paso.

Llegué a la sección vintage de marcas reconocidas. Desde Gucci hasta Chanel. Los zapatos muy bonitos pero no eran de mi talla ni tenía los $600dlls que costaban (con eso mejor me iría a la Neiman Marcus por unos nuevos sin energías de gente pasada).

No pude hacer nada más que llenarme de sentimiento al ver este ATARI, una consola de videojuegos igualita a la que teníamos mi hermana y yo de muy chiquitas. Nos la trajo el Santa Claus junto con dos videojuegos (el de Golf y el de Baseball. Nótese que el Santa pensó más en mi papá que en nosotras. Yo quería el Frogger y mi hermana el Asteroid, los cuales mi mamá nos tuvo que comprar inmediatamente cuando las dos niñas nomás ponían la cara de ¿? jajajjaja).

Siguiendo por el gran almacén, (porque realmente está gigante la bodega), me topaba cada cosa que me daba risa, nostalgia, miedo y asco. Asco porque había ropa que se veía sudada de años atrás, manchadas de los sobacos (axilas pues, para los que no son de confianza). Me encontré un montón de macramés, que por cierto sé hacer y no he vuelto a hacer desde 1981 y una lámpara de una maniquí con una sola pierna con una media muy sexy. Estuve a una nada de comprarla. Se los juro pero mejor me voy a esperar a cuando tenga una casa sin hijos que no les de pena de lo que haga.

Me topé con una máquina de escribir que me transportó a mediados de los 80s cuando en la secundaria la profesora Lacsy nos enseñaba LA SOSA LOLA A ESOS OSOS SOLO ASEA y el tan afamado ASDFG ÑLKJH… planas y planas de lo mismo, sin errores ó volvías a empezar. Gracias a esa maestra escribo muy rápido en el teclado. 🙂 No era OLIVETTI pero muy parecida. No me dieron ganas de comprarla pero si suspiré un “awww” llenito de melancolía.

Encontré ropa maravillosa, de esa que ya no hay. Pude entender que estamos acostumbrados a la costura muy corriente de ropa confeccionada de manera masiva. Mucha ropa antigua, de verdad de los 70s y 80s. Los sacos bien hechos, con forros gruesos. Los vestidos perfectos y con esa tela que no le pasa nada ni por el pasar de los años. La ropa de hoy en día te dura tres lavadas, es cara y no es original. Todo mundo tiene lo mismo puesto. La ropa de antes está mucho mas linda, fina y colorida. La anduve viendo y metía las manos a las bolsas de los sacos a ver si me encontraba un billete olvidado. Fue nula la búsqueda.

La tetera del oriente, el pedestal peludo blanco y la muchacha bichi tocando el piano fueron artículos que me quedé con ganas de comprar. Estaban muy caros para mi presupuesto pero voy a volver por al menos uno de ellos. Siempre he querido una tetera de colores para en ella hervir los eucaliptos y respirar mejor. El pedestal de peluche blanco estaba increíble pero se me hizo caro por $450dlls. Y pues la pintura me llamó la atención porque nunca se me ocurriría tocar el piano sin ropa y a la protagonista sí. Me hizo pensar en qué razones tendría.

Llegué a un puesto con accesorios de los tiempos de antes y me quedé impactada con lo pesado de cada una de las diademas. Preciosas piezas parecidas a las de hoy en día pero algo en ellas las hacía únicas y es cuando me puse a pensar que tal vez era la energía que transmitían. Quizá fueron piezas usadas en ocasiones lindas, mágicas y de felicidad.

No pude resistir y me compré una diadema de cristales para usarla en alguna ocasión en la que quiera sentirme como una mujer de antes, una diva ó una princesa.

¿Qué tal me queda?

Pues así estuvo más ó menos esta visita al almacén de antigüedades. Lo disfruté cada minuto y estoy segura que a la otra que regrese encontraré muchas más cosas. No me importa si las cosas tienen energía ó no. Yo me encargo de llenarlas de positivismo y quitarle ese stigma de que trae toda la mala vibra de una vida pasada ó que pertenecen a gente que ya murió.

Lo padre es la experiencia de poder buscar, tener ese buen ojo de descubrir algo de valor entre todo el arnero que hay. Porque tambien hay cosas espantosas y sucias. Es nomas estar pendiente de aquello que brille ó te llame.

Yo si creo que las cosas materiales buscan a sus dueños. A mi todavía no me encuentra el Tesla que me anda buscando, jejeje.

¿Qué te pareció? ¿Vamos? Yo te llevo.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

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