Non-grata

Hace unos meses…..

El cielo de San Diego estaba tan azúl. No había ni una sola nube y el clima, como siempre, estaba perfecto.

Estaba con mis hijos, en la Isla de Coronado, comiendo en un restaurant muy lindo con vista a la bahía y al Downtown de San Diego.

Los ferries, los barcos, las naves militares y lanchas, navegaban por toda la bahía disfrutando de un día espectacular.

Yo saboreaba un delicioso Chardonnay, fresco y con un sabor único de esa uva digna de los mejores champagnes.

Mis hijos y yo platicábamos de todo. De las escuelas, de la comida deliciosa, de los planes, de películas que íbamos a ver.

Había un par de personas a un lado de nosotros. Unas mujeres muy bien arregladas con sus manos impecables y sus accesorios lujosos. Ojeaban nuestra mesa pero nada mas.

Tenían un gesto firme pero yo supuse (en mi mente fea) que era el Botox lo que las mantenía sin sonreír y sin decir una palabra.

Pedimos la cuenta, pagué y al levantarnos oigo como una de las mujeres le dice a la otra, “Uggh, finally they are leaving. I could not stand all that Spanish”… (“Uggh, finalmente se van. No soportaba ya todo ese español).

Me congelé. Me detuve aún sin voltear a verlas. No me obedecía mi cuerpo. Tuve dos opciones: Voltearme hacia ellas y en inglés preguntarles “¿cuál es tu problema?” ó agarrar aire y caminar con la cabeza en alto sin que me afectaran.

Hice lo segundo. Me fuí caminando pero mi hija me dice “¿Oíste eso?”

“Sí, vámonos”.

Nos subimos al carro y todo el camino platicando de la situación.

Ese día fue uno más de un montón de veces que me he topado con racismo en este país. Pero ese día en especial, me caló más que otras veces.

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En el 2017

Recién llegada a San Diego, tuve una entrevista por teléfono con una americana. Diane. Fascinada con mi curriculum me dijo que había pasado a la siguiente fase de entrevistas. (Es horrible andarte entrevistando a los cuarenta y tantos para trabajos).

Nuestras pláticas habían sido todas por teléfono y por fin se llegó el día de irme a entrevistar en persona a las oficinas de esta asociación “non-profit”. El puesto era perfecto para mi. Relaciones públicas y organizadora de todos los eventos de beneficiencia en todos los sectores y niveles del condado. Para relaciones públicas me pinto sola. Me sentía como pez en el agua.

Al entrar, me ve Diane pero pone cara de “ay, no creo que sea”.

“Gina? Gina Dewar?”, pregunta mientras en sus manos trae  un papel.

Y yo “Yes, hello”, y me levanto para saludarla de mano.

“Oh! Are you latina? Your English is so ‘american’ “, me dice abriendo los ojos como que asorada de que una frijolera no tenga acento al hablar.

“Um. Thanks, and yes. I am from MéJICO.”, le dije y me hice la que me dió mucha risa.

Se que entré a la oficina ya con la cabeza medio baja, como mortificada de que no me contrataran ó mortificada de que sí me dieran la chamba y tuviera que trabajar con esta chamaca (de unos 28 años) que se impresiona que la gente hable bien otro idioma.

“¿Porqué te llamas así? ¿Estás casada con un norteamericano?”, me preguntaba impresionada que mi nombre no era mexicano.

Le medio expliqué que mi nombre era el mío de soltera, que el abuelo de mi papá era de Escocia y había llegado a Sonora a un pueblo minero y pues lo demás era historia.

Cuando me estaba escuchando, me estaba enojando conmigo misma. ¿Qué ching*dos hacía yo explicando mis orígenes a una mujer que obviamente no estaba contenta que fuera mexicana?

“Does it matter?”, le pregunté, al grano. (Que si era importante si soy o no mexicana)

“Pues no es el perfil que queremos para organizar eventos con gente importante”.

Otra vez me vi en la situación de poder hacer dos cosas: levantarme, dar las gracias e irme ó pelearme.

Me levanté, le dije que no iba a hacerla perder su tiempo y que yo tampoco iba a perder mi tiempo y comencé a irme.

Me volteo en la puerta y le digo “I think you are making a big mistake. Huge”. Como la “Pretty Woman” y me salí.

Entre todo lo que estaba pasando por mi vida personal, recien divorciada, recien llegada a una ciudad tan grande y cara, organizando y manteniendo la paz espiritual y moral con mis hijos, mi sobrino recien diagnosticado con una enfermedad renal y sentirme tan poca cosa por culpa de una chamaca tonta, me subí al carro y lloré. Lloré todo.

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¿Sentiste raro por mis historias personales que te comparto?

Ahora imagínate despertar en tu mismo país donde naciste y saber que día a día peligras de que alguien te haga sentir inferior, te tenga miedo, no tengas oportunidades de trabajo ni de empleo y que desde que te acuerdas tus abuelos, familiares, padres han sido humillados y segregados como raza inferior y problemática por haber nacido con la piel de color negro.

Cansados de luchar, cansados de saber que nadie los tomará en serio, cansados de:

  • No poder usar capuchones
  • No poder entrar a una tienda sin que los sigan con la mirada
  • Saber que si te para un policía por manejar en exceso de velocidad puede resultar en tu muerte
  • Nadie hace nada por ti porque pues “son un desmadre, tienen la culpa”
  • Oir que digan cuando te ven “Pon seguro, ahi viene uno bien feo”
  • Saber que mataron a tus familiares de manera injusta
  • Saber que el mundo de drogas te rodea porque es la única manera que hay para sobrevivir. Nadie te contrata
  • Saber que todo te cuesta el doble lograr.
  • Saber, que desde que naces, eres una persona NON GRATA para una sociedad que cree que lo blanco es lo superior, nomás porque alguien así lo dijo.

Sí, soy pacifista. Pero tambien quemaría el mundo si estuviera tan “hasta la madre” de mi vida.

Un mariscal de campo se hincó en los juegos de futbol americano en protesta de las injusticias. Protesta pacífica como dicen que debe de ser. Se lo comieron vivo y nada cambió.

Un policía se hincó en el cuello de George Floyd y lo mató. Ya no hay cabida para una marcha pacífica.

Tenía que arder el país para que los voltearan a ver.

Y que arda.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Laberinto…

Tengo varias noches soñando lo mismo. No todas las noches, pero si van ya 3 esta semana.

Voy caminando en un pasillo con una libreta en la mano. Voy palomeando lo que hago en el día, como si fuera cumpliendo ciertas metas.

El pasillo es obscuro mas sin embargo puedo ver perfecto. No me molesta no tener luz en mi camino. El ambiente se siente fresco pero no me da frío.

Al ir caminando, reviso mi libreta y veo que me falta “palomear” algunas cosas en mi lista. Me detengo y al darme la vuelta, me topo con una pared.

Giro a la derecha y luego a la izquierda. Hacia la derecha tambien tengo el camino cerrado. A la izquierda se ve una luz que me invita seguir por allí. Se que es el camino que debo seguir.

Estoy dando vuelta a la izquierda cuando el camino por el pasillo en el que iba, hacia enmedio, me jala. Me gritan mi nombre.

Reconozco las voces. Son mis hijos que me dicen, “sigue derecho”.

Allí me doy cuenta que estoy en un laberinto.

Justo allí es cuando despierto.

Mi corazón late al mil.

Al principio no me acordaba del sueño, pero ya para la tercer vez que soñé lo mismo, causó en mi una inquietud.

¿Qué tan parecido es ese sueño con mi vida actualmente?

Yo creo que TODOS alguna vez nos hemos sentido como ratoncitos en un laberinto.

Todos algunas vez hemos sentido la emoción de “entrar” a un laberinto. Comenzar la nueva aventura es emocionante, vas fresco, con la mente en orden, con las fuerzas y la seguridad de decir “de volada encuentro la salida”.

Al principio vas caminando rápido, encontrando las vueltas que ‘según tu’ has ido dando y que vas por el camino correcto.

¿Cuál es tu sorpresa cuando te das cuenta que en algún momento giraste mal y estas justo en la entrada por donde comenzaste la aventura?

La diferencia es que tienes que volver a empezar pero ya todo cansado y fastidiado contigo mismo.

Y comienzas a dudar de tus capacidades. Pues, ¿qué no era muy fácil?

Cuando te equivocas en el camino, das una vuelta equivocada, sin querer ó pensando que era lo correcto, pierdes el sentido de hacia donde vas. Te “NORTEAS” pues.

Esto puede suceder en donde sea, cual sea tu situación.

Un empleo que te tiene hasta la maiz (por no decir ‘hasta la madre’). Eres ese ratoncito toda la vida correteando el queso dentro del laberinto. Día tras día, soportando las barreras, las voces que te dicen “por acá” y estan equivocadas.

Esa enfermedad que te tiene tan cansado. Día tras día tomando medicamentos, cuidando tu alimentación, pendiente de no recaer ó empeorar.

Ese maestro en la escuela que en su afán de creerse el superior, te da un chorro de trabajo y tarea, en lugar de realmente ver que aprendas la lección.

Esa relación con tu pareja que es tan cansada. Día tras día nomás esperando la respuesta, ya sea de echarle ganas ó finiquitarla. Dar las vueltas equivocadas por tu intuición, ó seguirle derecho sin encontrar la salida porque unas personitas que trajiste al mundo necesitan caminar en ese laberinto junto contigo hasta encontrar la salida.

Es muy curioso.

Desde siempe me han gustado los crucigramas, las SOPAS DE LETRAS y en especial los Laberintos en los libros de pintar. Tengo una visión con un ‘zoom’ a la hora que me ponen un laberinto enfrente.

No se si a alguno de ustedes les pase lo mismo. Yo al ver el laberinto, donde dice ‘START’ si lo alejo de mi vista unos centímetros, mis ojos logran ver el camino!

Es como magia. No soy bruja, es simplemente que el cerebro así funciona. A mi cerebro se le facilita visualizar el camino. Se ilumina literalmente. No se si sea un talento especial ó sea parte de mi dislexia al hablar. Soy buena para resolver ese tipo de rompecabezas.

Cómo quisiera tener la misma visión para mi vida!

Me gustaría encontrar el camino a tantas situaciones. La entrada ha sido fácil. Sé exactamente donde se encuentra la salida. Es mas, VEO la salida. Pero el camino es tan difícil!

Mi laberinto es transparente. Las paredes son de cristal! Es por eso que veo por donde debo salirme de mis inquietudes. Pero me estrello tan fácilmente! Y es cuando me debilito, se me quita la seguridad que tengo de mis capacidades y me aterran las situaciones falsas. Lo que parece ser pero no es.

No puedes hacer chapuza y romper paredes para llegar mas rápido. Temes cortarte.

Agarremos aire, inhalando profundamente. Vamos a seguir hacia adelante, equivocándonos tal vez. Pero vamos a seguirle con la seguridad que en todo laberinto hay dos cosas que son seguras: que existe una entrada y tambien que existe una salida…

Sabemos que el camino es difícil, pero tambien sabemos que toda dificultad tiene un final. Todo pasa. Nomás tenemos que seguirle, y ¿porqué no? Vamos disfrutando el camino por mas chafa que nos sintamos.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES! 🙂