El semáforo

En todas las semanas, todos los días durante casi todo el día, uno anda corriendo en la calle. Manejando a mil para llegar del Punto A al Punto B.

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Si no es llevando clientes a ver algunas propiedades, es llevando hijos a escuelas, prácticas ó por la eterna cartulina necesaria para las tareas.

El caso es que uno maneja y maneja y maneja.

No se si les pase que van manejando y cuando menos piensan llegaron del Punto A al Punto B.

A mi me pasa seguido. Voy ‘en automático’ como si fuera un robot. Obedezco las reglas del tráfico, los señalamientos y todo pero de manera inconsciente.

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De repente me doy cuenta que ya llegué a donde iba.

NO se si sea que le tengo una confianza enorme a los señalamientos, a los semáforos y a los demás conductores pero ando bien tranquila por la calle siempre.

Pero esta semana tan rara, he estado manejando mas avispada porque hay muchísimas construcciones en toda la ciudad de El Paso, Texas.

Estaba en un semáforo en rojo. Parada totalmente, la primera de la calle en avanzar y con varios carros atrás de mi.

No estaba texteando, ni revisando mi maquillaje en el espejo. Ni siquiera le estaba subiendo el volúmen a un playlist que escuchaba en mi Spotify del celular.

Estaba viendo hacia enfrente. El semáforo de los carros que estaban pasando frente a mi se puso en rojo.

El mío se puso en verde pero no le dí. Me quedé parada, como sabiendo perfectamente bien lo que hacía.

Los carros de atrás me pitaron, pero yo solo le comencé a dar despacio.

En eso se pasa el semáforo en rojo uno y con bastante tiempo pude frenar.

No se porque pude presentir algo. Hace mucho que no me pasaba ó la verdad he andado tan preocupada y estresada que no me he detenido a analizar mi alrededor y mi sexto sentido.

No me asusté ni nada. Como que sabía que iba a pasar.

Mi día siguió su marcha, sin pena ni gloria.

Si reflexioné de como las cosas pasan en un momento. El Hubiera no existe, pero si yo ‘hubiera’ estado viendo mi cel, haciéndole caso al semáforo en verde, u obedeciendo a los pitidos de los carros de atrás, me hubieran chocado de mi lado.

Otro día me topé otro semáforo.

Este semáforo estaba bien raro.

Descompuesto, mas bien.

Estaba en rojo.

Se ponía en verde 1 segundo. (les juro que solo por un segundo).

Luego amarillo y rojo al mismo tiempo.

Mi carro y yo estábamos como que jugando al “Gallo, gallina, pollito”. Se acuerdan cual? Cuando caminas con un pie en frente del otro cantando “gallo, gallina, gallo, gallina”, una persona de un lado y la otra del otro lado.

El fin es irse acercando.

Al ya estar bien próximo y ver que no cabe un pie entero entre los dos, se dice POLLITO. Y ese es el que gana.

Era usado como la versión mas larga de un volado con una moneda.

Pues asi estaba yo con el carro en el semáforo.

Le aceleraba al ponerse en verde y luego, Pum! frenaba porque ya estaba amarillo/rojo.

El semáforo estaba mas confundido en sus decisiones que yo. Es la verdad.

Me dió risa que el pobre semáforo traía los cables cruzados!

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Los otros carros estaban pitando y el semáforo logró confundirlos.

No sabían si ignorarlo y hacer como si fueran 4 altos.

Poco a poco fueron haciendo eso, como que ignorando el semáforo para poderlo dejar atrás y seguir con la marcha.

NO se si son señales de Dios, de la vida, del Universo, pero ese semáforo lo sentí como un espejo.

Así siento que ando. Con todo el entusiasmo doy LUZ VERDE, pero inmediatamente FRENO y ponto todo en ALTO.

En AMARILLO y ROJO, como simbolizando que voy frenando en seco.

Y así, con esos frenos que traigo por traer a lo mejor los ‘alambres cruzados’, la gente a mi alrededor se confunde.

No sabe si frenar, darle, seguirle… juegan a GALLO GALLINA conmigo y cuando es tiempo de decir POLLITO, doy un paso agigantado hacia atrás.. casi casi diciendo “AVESTRUZ” mientras escondo mi cabeza. (Eso de AVESTRUZ lo inventé yo, por si no les sonaba ese paso. Es por eso).

La gente a mi alrededor (como la del semáforo) se enoja y desespera muy seguido.

Unos se quedan allí, atorados conmigo hasta que mis alambres se desatoren. Esas personas que están conmigo son mis verdaderos amigos y familia. Allí están, frenados sin desesperarse, ni enojarse. Están seguros que al rato mis luces cambian y vuelven a la normalidad. No me dicen nada, ni se enojan. Sólo están.

Otros que se quedan un rato, se desesperan y se van pero vuelven porque me quieren. Me regañan todo el día. Pitan y pitan como los carros desesperados. No se cuanto duren. Ahorita están, mañana quien sabe.

Y luego están los que de plano mejor se dan reversa y se van por otra calle, aunque tengan que rodear, no tienen tiempo para perder con un ‘semáforo’ confundido con los cables cruzados. Estas personas solo son conocidas. Si se quedan bien, sino tambien.

Esa fue mi semana con los semáforos.

Por fin algo bueno salió de manejar todo el día!!

Una buena reflexión que estoy segura algo bueno dejará en cada uno del que lo lee.

Puede ser el poner más atención al conducir;

No confiar en demasía lo que marca un semáforo. Siempre hay alguien que lo desobedece.

Ver quien de tu alrededor se quedaría cuando tus ‘alambres’ se crucen y no sepas que luz emitir.

Atesora los que están contigo siempre. Sin enojarse, ni desesperarse. Aunque te digan que lo hacen “por tu bien”, atesora los que te toman de la mano y llevan tu ritmo de recuperación.

Así que, LUZ VERDE a lo positivo, LUZ AMARILLA al miedo y LUZ ROJA a tus inseguridades.!!!

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

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