Eres Muy Fuerte

Mariana alistaba las cosas en su portafolio. La junta con los directivos había durado más de lo previsto. Su propuesta era firme y no se dejó vencer por las negativas de la directora de mercadotecnia ni por los números del director de finanzas del corporativo. Había ganado su lugar en el consejo administrativo aunque el día de hoy tuvo que pelear por lo que creía que era mejor para la empresa.

“Eres muy fuerte Mariana”, le dijo el jefe mientras le cerraba un ojo. “Felicidades, muy buena presentación. Reúne a todo el equipo el próximo viernes para explicarles el nuevo proyecto que tu vas a encabezar”.

Mariana sonreía mientras le retumbaban en la cabeza esas 3 palabras “Eres muy fuerte“.

Bajaba por las escaleras del edificio viejo. El ascensor no funcionaba el día de hoy y no había otra opción más que tomar las escaleras desde el 5to piso. 

Le dolía el hombro derecho del cual colgaba una mochila con su laptop, su bolso con sus pertenencias personales y un termo de agua fría que no se había terminado en todo el día.

Llegó al estacionamiento donde había dejado su camioneta blanca. Guardó todo en la cajuela menos su bolso y celular.

Se quitó los tacones finos que llevaba y que la estaban matando de dolor todo el día.

“Ugh. Tan caros estos zapatos”, suspiraba mientras se subía al coche y los aventaba al asiento de atrás. 

Por fin se sentaba despues de un día tan largo de trabajo.

Sonreía porque todo el sacrificio personal había valido la pena. La junta y su proyecto habían sido todo un éxito. 

Bajaba el espejo del visor para ver su cara. Una de las luces del mismo estaba fallando. 

“¡Ay, Mariana! Te ves cansada”, se decía así misma, mientras limpiaba un poco de delineador café debajo de sus ojos y corregía un poco el labial que se le comenzaba a escurrir de un lado del labio inferior.

Mariana reía, sola, encerrada en el carro. “Ay sí. Mariana la fuerte“, decía mientras reía menos y regresaba una mirada triste a su rostro.

No podía entender cómo la veían fuerte, en especial los directivos importantes de la corporación.

Mariana había despertado ese mismo día en su cama, sola y fría. Tenía años que Alejandro se había ido con la pasante de su despacho. Tenía otra familia ya y ella se había quedado con sus dos hijos para criarlos sola.

Armando y Arturo, sus hijos, unos gemelos con problemas severos de déficit de atención y un ligero roce de autismo, eran el motor de su día a día. 

Mariana no se creía fuerte ya que había levantado a sus hijos a gritos debido a una falla en el despertador. Si no corrían, todos llegarían tarde. 

Ella no se creía fuerte porque había ‘mal servido’ un desayuno que consistía en dos chocomilks, 2 panes tostados con mermelada y dos jugos de té verde.

Ella sabía que no era fuerte porque la desesperaban lo lento de sus hijos el día de hoy, y tenía que volver a gritarles para que se apresuraran al ponerse los uniformes del colegio.

Mariana no se sentía fuerte porque en cuanto encendía la regadera con agua caliente y el agua tocaba su rostro, ella rompía en un llanto inconsolable. Ya era rutina romper en llanto al bañarse mientras el enjuague barato perfumaba su cabello mal pintado. Allí en ese baño lleno de vapor ella respiraba, inhalando esperanza y exhalando un llanto que describía estrés y depresión.

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No, Mariana no se creía una mujer fuerte porque ya estaba cansada a las 7:30am. Un cansancio que ni un café cargado alivianaba. 

Mariana no se sentía esa mujer fuerte debido a que no podía dejar a medias el cigarrillo que no era nada bueno para su salud física pero que de alguna manera calmaba su salud mental.

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No, Mariana no se sentía fuerte porque al salir de casa volvía a sentir esa presión al ver los recibos de la luz, agua, gas, cable y la hipoteca que estaban pendientes ya. Todos con recargos por pagarse tarde.

Ella no se sentía fuerte porque había días en los que quisiera salir corriendo y dejarlo todo.

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No se sentía fuerte porque una vez mas utilizaría la olla de cocción lento para otro estofado más, insípido y que los gemelos hacían ruidos de descontento cuando se los servía de nuevo. “Ugh, esta carne otra vez”, decían casi al mismo tiempo los dos.

No era fuerte porque se sentía insegura con la ropa que llevaba puesta para su presentación. La plancha no había calentado lo suficiente y ella estaba consciente de unos pliegues arrugados al frente de la falda.

No, no era fuerte porque al dejar a los hijos en el colegio sentía un alivio de que ya no eran su pendiente por las próximas 7 horas, sino eran responsabilidad de las maestras y psicólogas.

Mariana no se sentía fuerte porque tenía que tragarse su orgullo y hablar con Alejandro para explicarle que el seguro médico de los niños había aumentado debido a la terapia adicional de psiquiatría que necesitaban ahora que eran casi adolescentes. Ella necesitaba a Alejandro todavía. No, no era fuerte.

Mariana no era fuerte porque todavía sentía feo cuando Graciela, la nueva esposa de Alejandro era la que contestaba el teléfono, inclusive su celular personal. 

Mariana no se sentía fuerte porque había dejado ropa en la lavadora mojada sin secar y ropa arrugada en la secadora sin planchar.

Ella no se sentía fuerte porque sentía morir los días que no iba Lucrecia, la señora que le ayudaba de vez en cuando con el quehacer de la casa. Hoy le tocaba a Lucrecia descansar y Mariana no se sentía fuerte sin la ayuda.

No, Mariana no se sentía fuerte porque parpadeaba el foco de aviso del motor de la camioneta y no le gustaba andar con los mecánicos que sólo le veían la cara cada vez que iba.

Mariana no se sentía fuerte porque había gastado un poco demás de lo presupuestado en unos zapatos finos de tacón que la hacían sentir segura ese día.

Ella no se sentía fuerte porque había perdido la fé y se había alejado de su religión sin razón.

Mariana no se sentía fuerte porque todavía se enamoraba de todo el que le hablara bonito. Era débil ante la caricia de los hombres y estaba segura que eso la hacía menos fuerte ante los demás. Amaba la idea de tener una relación pero no se sentía fuerte para volver a un compromiso. 

“No soy fuerte”, decía mientras encendía la camioneta y se dirigía a la escuela donde sus hijos de seguro la estarían esperando, hambrientos y con mil pendientes de tarea donde ella los tendría que ayudar.

Si, un poco de ficción para cambiarle al blog un poco.

Ficción que nos deja muy en claro que todos (hombres y mujeres) hemos sido Mariana en algún momento de nuestras vidas.

Mariana se quedó con lo negativo del día, el “creer que no era fuerte” y olvidó que ese día había logrado triunfos en lo profesional mientras hizo todo lo que estuvo a su alcance por lo personal.

Mariana dejó que ganara lo negativo en un día tan positivo.

A la otra que nos digan “Eres muy fuerte” (seas hombre ó mujer), vamos a decir con la cabeza en alto “Ya lo sé”.

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

 

 

4 thoughts on “Eres Muy Fuerte

  1. Gina: Bueno como siempre. Te leo tanto que me pareces familia. Si vienes por Seattle me lo dices para invitarte a tomar un cafecito. Keo

  2. Capullo, me atrapaste otra vez y esta vez con una ficción, nada mal lo tuyo.

    Buen retrato marcando las distancias entre lo privado cotidiano y lo social.

    Dos mundos para un mismo personaje y además ese personaje somos todos.

    Escrito por una mujer mujer, retratando el sentir de otra mujer mujer.

    Sin duda Mariana es fuerte pero tiene la naturaleza de la mujer, de la que no puede escapar y esta bien que así sea.

    Somos lo que somos y nadie escapa a su naturaleza.

    Juanas de Arco, gatas Floras y Marías de las Angustias, todas esas son Mariana y vos.

    Las peripecias de Mariana no me suenan demasiado diferentes a las tuyas, con tu trabajo y tu casa.

    Y Mariana es tan querible como vos.

    Entenderlas no lo veo posible, al menos para mi, pero si quererlas.

    Cariños.

    ¨rubenardosain.wordpress.com¨

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