Con Los Ojos Cerrados

Este blog comenzó porque tengo un libro que se llama “List Yourself”  el cual consiste en llenarlo con listas de diferentes temas para ir descubriendo tu verdadera personalidad. 69284643_541956429910918_2941017283008397312_n

Me encanta este libro. Me relaja y me gusta escribir mis listas aunque la verdad uso papeles por separado para seguir usando el libro sin influenciar a nadie. Lo quiero usar con mi familia, amigos, compañeros de trabajo como ejercicio de conocermos todos un poco mejor.

Hoy lo estaba hojeando y me topé con la siguiente lista:

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El libro me indica hacer una lista de TODAS LAS COSAS QUE PUEDO HACER CON LOS OJOS CERRADOS.

Yo soy campeona mundial en caminar por mi casa con las luces apagadas sin ver absolutamente nada. De verdad puedo hacer muchas cosas con los ojos cerrados. Entre ellas:

  1. comer
  2. besar
  3. tomar
  4. dormir
  5. oir música
  6. el amor
  7. servirme un vaso de agua
  8. ir a la alacena y adivinar los productos
  9. abrir el refrigerador y atinarle a lo que estoy tocando
  10. vestirme y desvestirme
  11. lavarme los dientes y despintarme
  12. ir al baño, darme un baño con shampoo y acondicionador y todo.
  13. encender la tv
  14. lavar los platos
  15. acariciar a la Kiara
  16. acomodar los cojines del sofá
  17. barrer medio mal
  18. untarme un pan con mantequilla
  19. abrir una cerveza
  20. descorchar un vino

ETC.

Son muchas las cosas que pude hacer con los ojos cerrados.

Cocinar me dió miedo porque la verdad no me quería quemar.

Manejar ni lo intenté y pues escribir y ver mis redes sociales son imposibles.

Lo que hice fue maquillarme con los ojos cerrados.

Me puse crema, maquillaje, rubor, sombras. Me delinié los ojos y mis labios. Lo hice muy bien. Hasta me sorprendí de lo bien que me conozco mi cara.

Lo que de plano fatal fueron mis cejas. Decidí usar los moldes para pintarlas parejitas y pues la foto se cuenta sola:

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Jajajajaja! Mis cejas mal pintadas, por arriba, manchadas. Pero todo lo demás si pude. 🙂

VER.

¡Qué sentido tan importante!

Para todo necesitamos nuestros ojos, aunque podamos hacer muchas cosas sin la vista, el poder ver nos facilita las cosas, las hacemos rápido y sin pensarla.

Hay muchos dichos donde indican que la falta de vista es un impedimiento, una discapacidad física. Y sí. Aunque conozco personas que no ven desde nacimiento y tienen más talentos que cualquier persona. Tocan piano, manejan (de verdad) y usan sus redes sociales con computadoras con voz.

Existen tambien los que ven la vida con los ojos cerrados por elección.

“Se ciega con su hijo”

“Está ciega de amor”

“No puede ver más allá”

“Se hace la que no ve”

(suspiro)

Son tantas las cosas que nos “ciegan” que eso nos hace seguir con nuestras vidas pero de manera torpe, lenta y con resultados menos perfectos.

La ceguera emocional nos impide tomar decisiones correctas porque no tenemos frente a nosotros todos los elementos para poder hacer las cosas bien.

Nos ciegan tantas cosas.

El miedo, por ejemplo, es un pañuelo que nos tapa los ojos. Esa falta de confianza hace que nuestra vista se nuble y no avanzamos porque no sabemos donde estamos parados.

Nos ciega la desconfianza, nos deslumbran las personas que nos impresionan, nos encandilamos tambien con tantas distracciones materiales.

No vemos claro.

Despues llega el día en el que comenzamos a ver y tenemos un ‘shock’ al conocer la realidad. Hacemos la misma expresión facial que hice yo al verme al espejo con la ceja pintada toda doble y chueca.

¿Porqué es tan difícil quitarnos la venda y abrir los ojos?

Porque vemos que pudimos caminar a ciegas pero que no lo hicimos como queríamos. Sabemos como debían de estar las cosas y por esa ‘ceguera’ fuimos caminando y recorriendo la vida haciendo las cosas a medias ó haciéndolas mal.

Ya abrimos los ojos. ¿Y ahora qué?

Pues a componer lo que se puede arreglar, (como mis cejas) y lo que no pues ni modo, dejarlo como está pero con la intención de que a la otra lo haremos bien,  con los cinco sentidos atentos.

No les voy a mentir, a veces a uno le conviene cerrar los ojos para unas cosas. A veces es mejor evitar el conflicto, cerrar los ojos, que pase todo y luego medio componerlo.

Sin embargo, yo siempre CON LOS OJOS CERRADOS:

  • voy a confiarle todos mis secretos a una sola persona
  • voy a entregarle mi corazón a mis hijos
  • voy a confiar en mi misma
  • volvería a vivir mi misma vida
  • iré tras de él, con los ojos cerrados siempre lo amaré ♫ (no pude evitar escribir esto)

Y tú ¿qué haces con los OJOS CERRADOS?

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Pink Glitter

Aún recuerdo el olor a limpio en el consultorio. Pulcro y frío, olía a limpieza y pureza.

También todavía recuerdo lo frío del estetoscopio al tocar mi pecho. Era un frío profundo que se combinaba con mis nervios de estar con el doctor.

Me hacía preguntas acerca de mi escuela. Me preguntaba sobre mis papás y mis tíos.

En eso sentí que el estetoscopio ya no estaba sobre mi pecho. Era su mano.

Brinqué de la mesa de exploración con el corazón acelerado. Quería llorar pero no podía. Es más, no debía. ¿Cómo explicar que no me había sentido cómoda con la revisión?

Hace 30 años de eso. Nunca dije nada porque no quise hacer escándalo. Despues de todo, ¿quién le iba a creer a una niña de 17 años? Hubiera sido mi palabra contra la de un doctor conocido y respetable.

Con el tiempo lo olvidé ó traté de olvidarlo. Total, no había pasado a mayores. Igual y era normal que me tocara así el doctor.

Phhhhfffftttt!  (Me siento el JOEY de “FRIENDS” cuando se entera que el sastre no debe de tocarle sus partes cuando lo mide para hacerle un par de pantalones)

¿Porqué les escribo de esto?

Porque todavía tengo el nudo en la garganta con todo lo que pasó en estos días en la ciudad de México con el movimiento de protesta de tantas mujeres en contra de la violencia que hay con la mujer y no se hace nada al respecto.

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Ver volar la diamantina rosa (pink glitter) como protesta a todos los femicidios cometidos en México en los últimos años y quedan inpune me puso la piel de gallina.

Yo creo que todas las mujeres hemos sido víctimas de algún tipo de acoso por el sólo hecho de ser mujer. Por más insignificante que sea, en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido ‘violadas’ y no respetadas.

Ahora imagínense que ese doctor hubiera seguido en su ‘exploración’ y no hubiera yo respingado. ¿Cuántas jóvenes no pasarán por algo así? ¿Cómo te escapas de la fuerza física de un hombre?

Pensemos en todas esas niñas violadas por sus mismos familiares y tenerlos que ver todos los días en la mesa del comedor.

Las madres que despidieron a sus hijas para ir a trabajar y no regresaron.

A todas las que sólo les regresaron un zapato con el ADN de la hija chispoteado por todos lados.

Pienso en mi hija, mi hermana, mi sobrina, mi mamá, mis amigas, mis primas, mis tías, mis abuelas, mis jefas, mis empleadas, mis compañeras, mis maestras…

¿Cuántas han callado acosos simples, medianos ó graves por miedo ‘al qué dirán’, a ser juzgadas ó que no les creen?

Confieso que cuando vi el Angel de la Independencia todo grafiteado y pintado con mensajes agresivos y de odio sentí muy feo y no se me hizo correcto. Lo sentí innecesario, fuerte y contraproducente. No me gustaron algunos mensajes de odio hacia todos los hombres. Tampoco se trata de eso.

Pero a medida que leía las historias de las niñas y mujeres desaparecidas y nadie hace nada, menos agresivo se me hacían los incendios y ‘vandalismo’ que provocaron cientos de mujeres desesperadas.

Los ‘memes’ no faltaron, insultando aún más a todas las mujeres. ¿Porqué la burla? 

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¿Cómo deben de llamar la atención de las autoridades las miles de mujeres que han sido violentadas por los mismos hombres de su entorno?

Yo viví en Cd. Juárez hace muchos años y me aterraba ver una cruz rosa en uno de los puentes internacionales hacia El Paso, TX.

Una cruz con mil clavos. En cada clavo estaba el nombre de una mujer desaparecida ó muerta. Miles. Día tras día. Nadie hacía nada.

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Nada. Ni pistas, ni avances. Lloraban las madres desesperadas por una respuesta, un culpable ó un mínimo que les dieran los restos de sus hijas para ya darle fin a tanta angustia, darles sepultura, poder comenzar un luto. Saber que se hizo algo.Pero no había nada.

Me platicaba Patricia, la señora que me ayudaba en la casa, historias de sus vecinas y sus conocidas. Historias de terror y cómo nadie les hacía caso.

Nada. Como si no importara. Como si se les hubiera extraviado un pasaporte y no una hija ó nieta.

México, líder en femicidios a nivel mundial.

México, el país donde se les lleva serenatas a las mujeres. El país que canta esas canciones de amor al ser mas divino. Ese mismo país que hace todo un día festivo para festejar a las madres.

México,  ese país que uno añora y desea regresar un día.

México, dónde uno la piensa qué ponerse para no provocar.

México, lloras unas paredes con graffiti y unos vidrios rotos.

¿Cuándo vas a llorar por tanta mujer violada, secuestrada, muerta violentamente?

No soy feminista porque amo a los hombres y su manera de complementar la sociedad. Me trato de rodear de puros hombres que me salvarían en caso necesario. Estoy tratando de educar a mi hijo con un amor especial a todas las mujeres.

Pero me pongo en el lugar de todas esas mujeres al borde de la locura con justa razón.

Las mujeres aguantamos mucho. Nuestras madres, abuelas y bisabuelas aguantaban mucho más sin decir nada.

Por eso el día que explotamos, explotamos de verdad.

“Más vale una morada que varias descoloridas” dice el dicho.

Estas mujeres desesperadas ya no quisieron más cartulinas con sus representantes de gobierno.

Ellas necesitaban marcar a México para que todos los medios las escucharan.

Las mujeres, llorando de rabia, marcaron el símbolo nacional de ser independientes, libres y seguros… el ANGEL, que en su base contiene los restos de los héroes de la historia mexicana.

(Como dijo mi amiga Laurelena, “soy pacifista pero si me tocaran a mis hijas ó a mi mamá, querría destrozar todo lo que hubiera en mi paso”).

Así mero.

Yo también.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

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Surfeando

Otra semana más. Es increíble cómo pasan los días, como si fuera una carrera de velocidad sin meta.

Uno se engancha en ese ritmo veloz del día a día. Siempre hay algo qué hacer en la casa, un e-mail que mandar a un cliente, una casa que ir a visitar, una publicación que hacer en un grupo de Facebook, 200 mensajes de Whatsapp por contestar, algún lugar a donde ir, un hijo que ir por el, otra hija que ir a dejar… no tiene fin.

El mártes decidí salirme de ese ritmo por 30 minutos y me fuí al único lugar dónde siempre encuentro paz: El Océano Pacífico.

Me estacioné justo enfrente en Pacific Beach.  Llegué temprano, todavía no estaba el sol expuesto.. era una neblina en la costa muy rica, fresca y corría el aire apenas y moviendo mi cabello.

Me doblé los pantalones y me quité mis sandalias para bajar a la arena fría.

Caminé un poco, meditando, rezando… dando gracias por bendiciones en el trabajo y pidiendo fuerza y paciencia para otros pendientes. Tenía ganas de llorar.

Agradecida con la vida de poder estar allí, absorbí toda la vibra positiva que pudiera brindarme el mar esa mañana.

Se veían a lo lejos algunos ‘surfeadores’ (No sé si así se dice en español sin ser ‘pocha’).

Me senté en la arena para contemplar el mar gris y frío de la mañana.

En eso llegan dos muchachos y se ponen enseguida de mi. Avientan unas mochilas, toallas y comienzan a limpiar sus tablas de surfear.

Me saludaron muy sonrientes con un “good morning” con voz de jóvenes.

Les contesté con otro “gud mornin” con mi voz…

Los observé.

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Me encanta ver a los jóvenes subirse a sus tablas y dominar esas olas del Pacífico.

Veo como se aseguran que la cuerda que amarra la tabla esté bien puesta para luego amarrarla a los tobillos.

Me gusta ver como se meten al agua congelada sin decir nada.

(No como nosotros que gritamos “¡inagtuuu, qué fríaaaa!”, “¡Neeel, no se hace!”, “¡no mamssss!”, “¡Pinkyyyy frío!”)

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Entran a esa inmensidad de agua sin saber qué les espera.

Se meten a esa profundidad seguros y con valentía, aunque lo hacen tan seguido que no se sienten valientes. Se divierten.

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Pacientes esperan esa ola perfecta para tomarla, dominarla, vencerla.

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Esa precisión de saber cómo balancear la tabla.

La fuerza de las piernas para poder pararse sin sujetarse de nada.

Ese balance perfecto de mover con los pies la tabla hacia la dirección que quieres ir.

La importancia de ‘saber caer’ cuando se acaba la ola.

Las ganas de volver a conquistar la ola que sigue.

No entiendo porqué se me vienen a la mente ‘enseñanzas’ con las cosas simples que veo en el día a día, pero estos ‘surfos’ me dieron otra lección de vida.

Pude enteder lo siguiente:

La vida está representada por el mar, por lo tanto la vida es lo máximo.

La tabla de surfear representa todo lo que nos da seguridad como Dios, la familia, los amigos cercanos, tu pareja. Es importante recalcar que deben estar siempre amarrados a uno, aunque sea del tobillo, para no perdernos en la vida.

Los surfos que ví no le ‘sacatearon’ al agua fría. Entraron sin miedo, sin titubear, sin quejarse, decididos y seguros. ¿No les dió frío? Muy probablemente sí pero no iban a perder el tiempo quejándose. Cuando no hay de otra, le entras sin excusas ni pretextos. No le temen a la vida.

Una vez dentro, flotaban sin desesperarse. Estudiaban el agua y sus movimientos. Aplaudían si otro surfo lograba montar la ola de manera perfecta. Esto me hizo sentir que en la vida uno necesita porras de los que te rodean pero es muy importante tambien uno ser porrista del prójimo.

Vi la precisión que tuvieron de decidir cual ola montar. Aquí se combinaba la experiencia con el instincto y sexto sentido. Ni la pensaban, sólo la sentían.

El tiempo que tienen entre la decisión de la ola y poder pararse en la tabla con buen balance es menos de un segundo. Igual que en la vida, hay oportunidades “de oro” que se deben de tomar en el momento, sin titubear ni dudar porque se nos va la “ola”.

Al ir parados, balanceados en esa tabla, nuestros pies deben ser el timón de hacia donde queremos ir. La fuerza y seguridad que tenemos que tener al ir logrando el objetivo sólo se logra con precisión, dirección y sin rendirse.

En el mar como en la vida, algunas veces nos toparemos olas pequeñas. Otras veces podremos irnos en unas olas gigantes y perfectas.

Hay que saber “bajarse de la ola”, cayendo ó solo aventándose al agua. Y salir sonriendo porque lo que haya durado fue divertido, fue experiencia y fue enseñanza.

Es importantísimo que la tabla siempre esté bien atada al tobillo. Es la que nos mantiene a flote. Sin la tabla (Dios, familia, fe, amistades) ni siquiera podemos surfear. La necesitamos.

Los surfos me enseñaron que no pasa nada si algo se termina ó no se da porque siempre hay otra oportunidad de mejorar.

No eran perfectos, no dieron el espectáculo pero a ellos no les importaba. Ellos vivieron sus olas, vivieron su día en el Océano Pacífico y me inspiraron para escribirles hoy.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

La Bolsa Volteada

Si alguna vez han manejado por las carreteras de Estados Unidos, sobre todo en California, saben que muchas entradas y salidas de los ‘freeways’ son curvas, casi una circumferencia.

Esta semana venía por el 163 South y me salí para agarrar el 8 East. La salida comienza muy tranquila pero luego es una vuelta medio ‘bombérica’.

Venía un poco recio porque siempre me acelero con la música de U2 (que naca, ya se).

Al subirla, sentí que volaba pero lo único que pasó fue que mi bolsa (que llevaba en el asiento del pasajero) se volteó. Abierta.

Van a decir que soy una simple que va a escribir de esta tontería pero no tienen idea lo feo que sentí ver la bolsa abierta voltearse y oír como todo se salía. Celular, monedas, maquillaje, tarjetas de presentación, chicles, llaves, todo.

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De verdad no me podía concentrar manejando en el freeway tan lleno a esas horas (era hora de la comida y como que todo mundo sale por un taco).

No podía pararme porque ya estaba agarrando el 805 South hacia mi casa y ni al caso con el tráfico estacionarme en la orilla.

Entonces allí voy manejando por los próximos 20 minutos con un nudo en el estómago viendo el desmadre de cosas que traía en mi asiento y piso de mi carro.

El celular quedó lejos (que aunque no lo uso manejando, es como un mal de las nuevas generaciones el saber donde está), unos pennies rodaban, mi lipstick se veía debajo de unas llaves. Todo estaba tirado y me comenzó a preocupar esta fobia que tengo que no sabía lo grave que era.

Venía respirando profundo para no perder la concentración de manejar y tranquilizarme.

Me culpaba de no haber cerrado la bolsa.

Me culpaba de no haberle puesto el brazo como lo hacían nuestros padres antes, (cuando no había cinturones de seguridad ó no nos los ponían)

Me culpaba de un descuido tonto que no trajo consecuencias y sabía que todo lo que pudiera traer estaba seguro, en mi carro.

¡Qué tontería! ¿Verdad?

Para no traumarme, me puse a comparar mi sentimiento con cosas que me pasan en la vida real.

“Dejar la bolsa abierta”…. ¿Porqué me dolía?

Lo único que se me vino a la mente es un meme que siempre veo en las redes sociales.

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Cierra la boca, no platiques tus planes, ni tus amores y ni tu situación económica.

Allí asocié mi trauma con la bolsa abierta.. ABIERTA.

He abierto tanto mi vida y corazón  que me han robado mucho. Me he topado con gente que son como esa entrada bombérica al freeway que me han tumbado y derrumbado.

Me han robado ideas en mi carrera que me han dolido. Platiqué planes por tonta y me madrugaron con proyectos.

Me han robado la capacidad de confiar en las personas porque me han traicionado mis mejores amigos.

Por estar abierta mi vida me han robado sonrisas y no me las han devuelto.

Por no cerrar mis pensamientos me he metido en problemas.

Por dejar abierto mi corazón, han entrado y han hecho daño, siempre, desde que era muy chica.

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Por tener abiertos mis perfiles sociales, me han criticado mucho. Si la cheve, si las clases de inglés ridículas, si todo subo (y si eres “nice” no debes subir nada), si las frases candentes,  si este blog. 😦

Por abrir mis pensamientos, me han robado la paz.

Por ser tan abierta, todos piensan que me conocen.

Por eso al voltearme pierdo cosas, se me salen cosas que debí guardar para mí.

Cuando llegué a mi casa, me estacioné y me quité el cinturón.

Despacio me puse a ver todo lo que se me había caído. Todo fui recuperando, celular, lipsticks, tarjetas de presentación, monedas.

Y en eso vi algo que me hizo sonreír.

La bolsa tiene por dentro otro compartimento con zipper. Estaba cerrado con todo lo de más valor dentro. Las cosas que no puedo perder. Esas si están en otra parte, cerradas y nunca se abren mas que cuando de verdad las necesito.

Así mero.

🙂

Tengo en mi vida tambien las cosas de valor que guardo sólo para mí.

Las que me inspiran a despertarme cada mañana y me dan la seguridad de que todo saldrá bien.

Las que me definen y me dictan que cara presentarle al mundo cada día.

Pero de todos modos me molesta que se me voltee la bolsa abierta. 😉

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂