Serpientes y Escaleras

Este fin de semana que pasó estuvo muy lindo. Vinieron mi hermana y toda su familia, así como mis primas a unas compras y pendientes.

La noche del viernes estuvimos jugando un juego de mesa de Disney llamado PICTOPIA, una trivia de películas y todo lo relacionado con Walt Disney. Vas avanzando con los dados y respondiendo correctamente unas preguntas.

Tenía rato que no lo jugaba y fue muy entretenido. Se nos olvidan lo divertido que son los juegos de mesa por estar pegados a los celulares ó cualquier aparato tecnológico.

Nos fuimos a unas tiendas el día siguiente. Yo pensando en tantas cosas que nos han pasado y nos van a pasar estos próximos meses me tenìan distraìda.

Es muy rara la sensación de saber qué sigue. Casi siempre nos toman por sorpresa muchas cosas.

Mientras esperaba que se midieran alguna ropa, entre un vestido y otro, me puse a pensar en los juegos de mesa y como la vida es un tablero parecido a SERPIENTES y ESCALERAS.

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Sé que hay un juego llamado LIFE que te pone diferentes escenarios de una vida con diversos problemas que tienes que solucionar pero ojalá fuera tan fácil.

Yo más bien me he sentido en un juego de Serpientes y Escaleras…. trepando y trepando… cayendo y deslizando… y luego te topas otra escalera y vuelves a escalar.

Tal vez digan “Ay, si. A todos nos pasa igual”. Pues sí, es verdad. Todos pasamos por cosas así en nuestra vida.

Cosas que nos paralizan. Situaciones que nos hacen trepar hasta la cima y casi podemos alcanzar nuestra meta. Y luego hay ocasiones en las que caemos desde lo más arriba, ya con la meta a dos pasos.. y deslizamos hasta el cuadrito número uno.

En lo personal, hablando de trabajo, así me siento. En El Paso, creo que dominaba el mercado de bienes raíces en cuestión de saber exactamente como se trabaja. Conocía a los mejores bancos, casas de título, a todos los agentes y podía sacar el precio de una casa muy parecido al de un valuador profesional.

La vida me hizo tirar el dado para ver que seguía después de tomar una decisión muy fuerte y me tocó una serpiente en cuestión laboral. Me deslicé hasta volver a empezar. Fue volver a la escuela para prepararme para mi licencia de bienes raíces en California. Fue estudiar y pasar un examen bien difícil (ó ya estoy bien vieja para andar haciendo exámenes).

Claro, esa deslizada me hizo llegar a la ciudad más bonita que conozco. Siempre había sido mi sueño vivir aquí. Hubo unos años en que pensé que jamás lo lograría, sin embargo, creo que mi subconsciente no me dejó en paz hasta que lo logré.

A nadie le importaba mi sueño y fue cuando decidí que la única persona que puede realizar tu sueño es tú mismo.

Aquí la serpiente me deslizó hasta el principio en lo laboral (aunque con la experiencia sé que volveré a trepar rápido), pero caí en lo que siempre había querido: vivir en San Diego, Ca.

El día 1 de Febrero comienzo oficialmente ya con DEAN AGUILAR GROUP.. http://www.deanaguilargroup.com

 

Me decidí por este grupo porque son una familia muy pequeña, y es justo lo que necesito para comenzar a trepar. Escaleras chiquitas, baby steps, pero muy firmes.

No se si viva aquí siempre, pero mientras esté en San Diego lo voy a disfrutar mucho.

Creo que con mis hijos, hemos tenido puras escaleras y las hemos subido poco a poco. Los deslices han sido muy pocos y verlos a ellos planear a futuro me hace sentir muy orgullosa de todo lo que hemos logrado.

Tenemos todavía el pendiente de mi sobrino Sergio Miguel. Aquí creo que fue una gran serpiente la que nos hizo tocar fondo con su crisis renal inesperada hace 2 meses. Nos sacudió el piso de como un niño tan sano por fuera pudiera estar tan delicado por dentro, sin síntomas ni antecedentes.

Hemos subido escaleritas con algunos diagnósticos. Hemos subido escaleras grandes gracias al apoyo de tantas maneras de mucha gente que nos quiere.

Todo requiere dinero, deducibles gigantes, pólizas de seguros, cuotas no reembolsables.

Sus oraciones y sus apoyos incondicionales hacen que mi hermana, cuñado y sobrinos se sientan muy queridos, y por lo mismo yo me siento bendecida también, al igual que mi mamá y toda la familia Angulo Dewar.

A veces nos enteramos que nos critican ciertas cosas y como que nos deslizamos un poco porque no entendemos qué ganan con hablar negativamente de nosotros, pero luego nos damos cuenta que no es problema nuestro sino de ellos.

Como pueden ver, no siempre bajar por las serpientes es algo malo. Es simplemente un cambio a tu camino y no pasa nada.

Ahora que por fin pudo visitar el Rady’s Children’s Hospital mi sobrino, sentimos que estamos otra vez en el principio del juego. Con una meta gigante y medio lejos, pero de alguna manera ya sabemos un caminito mas seguro a lograrlo.

Sí, es un poco estresante no saber que sigue en esto. Sólo es aceptar la fecha a un mes más para otra cita y otro estudio.

Seguimos en lo mismo, con mucha fe y ganas de que ya podamos salir de esto.

Siguiendo con la analogía, en el juego de mesa, subir es positivo y bajar es alejarte de ganar. Un juego de mesa, tiene un principio y un final.

Lo único bueno de jugar Serpientes y Escaleras en la vida real es que si de plano te resbalaste hasta el fondo de una meta, hay dos opciones… O cambias de meta ó le sigues sin parar, tirando el dado y esperando que puedas subir más rápido que de lo que caes.

Aquí seguimos, viviendo al día, disfrutando cada amanecer y cada atardecer. Ya me estoy acostumbrando a tanto cambio diario. Creo que lo hace divertido.

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Ahora sí, a trabajar muy duro… vamos a crear un reino lleno de cosas bonitas… para que me visiten, y si se quieren quedar, se queden muy contentos conmigo.

Yo feliz de tenerlos en mi vida.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

 

 

 

 

Agarra Aire

“¿A que no te atreves a lanzarte a la alberca y llegar a la otra orilla sin respirar por debajo del agua?”

Esa era la ‘reta’ de cuando eramos chamacos. A ver quien era el que lo lograba.

¿Has nadado por debajo del agua de una orilla de la alberca a la otra sin respirar?

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Es muy curioso lo que se siente cuando uno lo hace.

Sabes que no peligras porque sólo es cuestión que a medio camino salgas y tomes aire y sigas, pero no lo quieres hacer.

Aún desesperado, no te sales a agarrar aire.

Quieres llegar hasta la otra orilla sin respirar. No se porque pase esto. En algún nivel psicológico debe entrar este ‘auto-reto’ de poder hacerlo así, aunque en los últimos centímetros nos estemos asfixiando.

¿Será mayor la satisfacción personal si logramos algo sin detenernos?

No conozco la respuesta, pero en lo personal soy muy terca y quiero hacer todo rápido, sin escala, sin descanso y sin agarrar aire.

Y sí, me choca cuando no llego a “la orilla” cuando quiero, en los tiempos que quiero. Me frustro toda.

No falta el que se te atraviesa y no te deja avanzar. Esa desesperación que te da cada contratiempo y te quedas flotando en medio de la alberca y no te queda más remedio que sacar la cabeza y agarrar aire.

Pues así comenzamos el 2018. No hemos agarrado aire desde el verano. Le he nadado y nadado y pataleado porque me aventé a una albercototota.

Y ahí vamos, nadando, esquivando contratiempos.

Estas últimas semanas estaba sintiendo que no la iba a hacer sin respirar. Lo que nunca pude adivinar fue que también para subir hacia la superficie era un trayecto largo. Es decir, estaba ya asfixiandome sin poder sacar la cabeza y poder inhalar aire.

En eso, de la nada, siento que me avientan un salvavidas.

Un salvavidas disfrazado de un viajecito relámpago a Rosarito con toda mi familia por parte de mi mami para festejar a mi Tia Gloria sus 70 años.

Este salvavidas vino a llenarme de amor con todos los que quiero. Faltaron muchos, pero estaban allí de alguna manera.

El mero viernes 19 de enero aterrizaron en Tijuana procedentes de Hermosillo los 11 integrantes de la familia Rios Soto. No se porque me los imagino como escenas de la película HOME ALONE cuando están todos en el aeropuerto corriendo. 🙂

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A punto de abordar en Hermosillo, después que les cancelaron uno de los vuelos más temprano.

Rentaron dos minivans y nos quedamos de ver todos en el Rosarito Beach Hotel. De Mexicali vinieron mi mamá, hermana y familia. Y de aqui San Diego/Tijuana mis tios y familias. Nos encontramos todos y comenzó ese respiro cuando nos abrazamos.

El fin no empezó muy relajado que digamos ya que se incendió el IGGYS de Rosarito, un antro que está enseguida del hotel donde nos quedamos. El fuego estaba super impresionante y lo peor era el humo negro y espeso que se comenzaba a colar a nuestras habitaciones que estaban en el 7mo piso de la torre del Rosarito Beach Hotel.

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El personal del hotel se portó a la altura con todo el percance no esperado. Nos dieron otras habitaciones, con frente al mar. Unas villas lindas y todas pegadas para caber los veintitantos que fuimos.

Después del susto, comenzó la fiesta.

No tengo palabras para agradecerle a mis tíos la invitación.

Tenía muchos años… AÑOS que no me sentía consentida y tan querida como este fin. No hablo de mi, sino incluyo a todos los que fuimos invitados.

All-inclusive.

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Tuve un momento en el fin de semana que sufrí un tipo ‘shock’ emocional con sentimientos encontrados.

Fue sentir por primera vez en mucho tiempo lo que es tener un papá que te cuida y te lleva de viaje con todo y tus hijos.

Me sentí cuidada como una vez lo estuve en casa de mis papás.

“Fenanina, este fin de semana no te preocupes por nada. Son nuestros invitados”… esas fueron las palabras de mi tío Rospeña. (Se llama Roberto Rios Peña, pero siempre le hemos dicho ROSPEÑA, no se porqué, jejeje)

Fenanina es como me dice desde que nací. Por FERNANDA mi segundo nombre. 🙂

Cuando mis tíos me dijeron esto, algo en mí se sintió otra vez protegida, como cuando vivía mi papá.

Me sentí plena, llena de amor de ese que no tienes que pedir ni quedar bien. Llena de amor incondicional.

¿Saben? Tengo los mejores tíos y siempre están para mi. Nunca falta el asador prendido  cuando estamos juntos (el de mi tío Ariel, que por cierto ya me tiene abandonada), el de mi tío Martín (que viene acompañado por esa seguridad que me da de que todo lo que me proponga voy a lograr. Siempre que me tomo un vino con el me hace sentir que todo lo puedo. Doy gracias a Dios que estoy aquí en San Diego con el y su familia).. y mi tio Memo, que con sus abrazos y manera de agarrar cura me recuerdan a mi abuelo por tierno y abrazador. Luego están todos aquellos tíos que no son de sangre directa pero como si lo fueran. ❤

Estos días en Rosarito fueron días llenos de risas, anécdotas, karaokes, ruido, canto, pisto, baile y comidas deliciosas. Tanto niño, tanta felicidad y tanto convivio me hicieron escaparme de la rutina y de todo lo que ahorita me tiene con tanto pendiente.

¡La vida se va tan rápido! Tenemos que tener mas juntadas así. Juntarnos con las familias y disfrutarnos…

Agarramos aire creo que toda la familia. Pudimos respirar para volver a meter la cabeza bajo el agua esta semana y seguir nadando a la orilla que tenemos que llegar.

Cada uno trae su propia misión que cumplir. Cada uno trae su orilla a la que tiene que llegar. Unos traemos metas fuertes que cumplir, otros problemas de salud que solucionar y otros tenemos que seguir a flote y ayudar al que veamos batallar.

Pude agarrar aire y me dió fuerza para seguirle.

Y ya no quiero hacerme la ‘valiente’ de querer llegar a la orilla sin respirar. Quiero agarrar aire mas seguido, rodeado de mi familia hermosa que siempre está conmigo.

Esa familia que me quiere así, tal como soy… con todo y defectos…

Gracias otra vez por invitarme a este festejo tan maravilloso…

Gracias a Dios por haberlo hecho posible, que pudieramos coincidir todos los que pudimos acudir. ❤

Les dejo un video de las fotos con la canción que cantamos a todo pulmón toda la reunión.. jajaja.. (si la de ADIOS AMOR de Christian Nodal, no me regañen, jajaja!)

 

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

Amor a la Labor

Todos los días llevo a mis hijos a la escuela. No me cuesta nada hacerlo, disfrutamos el camino y me gusta dejarlos como cuando eran niños chiquitos.

Siempre salimos muy temprano, porque si nos esperamos ó se nos hace 5 minutos tarde, el tráfico se comienza a acumular y no nos gusta apresurarnos.

Siempre el mismo caminito. Nos gusta ver lo verde aún siendo Enero. Vemos también algunos árboles que cambiaron de color y que han perdido ya sus hojas. “Arboles de las 4 estaciones”.. 🙂

“Bye mis amores. Tengan bonito día. Cualquier cosa me hablan.”…. Y así, día a día a las 6:45am.

A veces se bajan muy aflojerados. Otros corriendo. Otros días muy contentos.

Uno de estos días se nos hizo 5 minutos tarde. No es nada, pero en el tráfico al entrar a la escuela sí lo es.

Muchos más carros. Papás aventando hijos. Manadas de adolescentes caminando en los semáforos (que por cierto duran eternidades, querida ciudad de Chula Vista.)

Me tocó ese día ir tras un camión escolar de la High School. Iba lento pero yo no tenía prisa y me fuí atrasito.

Se paró en la entrada al sur de la escuela. Al parar y abrir puertas, se activan los símbolos de ALTO, así que supe que ni de chiste podía rebasar, así que me quedé atrás a ver todo.

En lo que sintonizaba la radio de mi carro, pude darme cuenta que no era un camión cualquiera.

No era el típico camión amarillo de las escuelas americanas. O sea, si era pero no.. (Sí, pero no, jajaja)

Por fuera era exactamente igual. Pero cuando comenzaron a abrir las puertas vi que era un camión mágico, especial… era perfecto.

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Comenzaba a moverse algo de adentro, como una grúa. Atada a esa maquinaria en movimiento estaba una silla de ruedas eléctrica con un niño, quizá deba decir adolescente, más ó menos de la edad de mi hijo. De unos 14 años.

Pude ver también a unos 5 maestros en esa parte de la escuela. Platicaban serios, tomando un café antes de comenzar otro día más de escuela.

Lo que me llamó la atención fue como al llegar el camión y cuando se abren las puertas, cada uno de esos 5 maestros cambió su gesto. Les brillaban los ojos, sonreían y de verdad podía ver como se alegraban al ver llegar a sus niños con tal vez necesidades especiales para manejarse en la escuela.

Bajaban uno tras otro.

Sillas y más sillas.

Los maestros aplaudían y los recibían con abrazos y cantos.

Los niños aplaudían. Otros como que se chiveaban con la porra.

Yo, en el carro, me quedaba impresionada y pensando en muchas cosas.

Niños con diferentes discapacidades. Diferentes síndromes. Niños con ceguera bajaban con sus bastones. Bajaban feliz. (Quiero pensar que el trayecto de las casas a la escuela comienza ya con un party en el camión).

Para empezar, pensé en el valor de las mamás de soltar a sus hijos desde su casa. Qué manera de hacerlos independientes, útiles y también darles las herramientas para valerse por sí sólos sin acentuar su tal vez problema físico.

También tengo que reconocer este país y sus prestaciones para que estos niños sean integrados a la comunidad, sean hombres y mujeres de bien, dentro de sus limitaciones.

Quizá lo que mas se quedó en mi pensamiento ese día fue la importancia de estar en un trabajo donde realmente amas lo que haces. Esa entrega que vi en los maestros no se puede comparar con nada.

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No creo que sea un trabajo fácil, al contrario. Han de trabajar el doble que los maestros que trabajan con niños completamente sanos.

Pude sentir una cierta “envidia” por esos maestros. ¡Qué ENVIDIA estar rodeados por esos niños y poder darles cariño, paciencia, entrega y un poco de tus conocimientos!

Eso quiero yo para mi. Un trabajo donde me encante levantarme para comenzar el día. Quiero enamorarme de mi trabajo, como una vez lo estuve.

Ya casi me llega mi licencia de Bienes Raíces en California y eso quiero ser yo. Quiero ser como esos maestros, aplaudirles a los clientes y acompañarlos con lo que quieran hacer en este negocio. Orientarlos en las tomas de decisiones, llevarlos de la mano en cada paso, y siempre tratar de que no se me desesperen si no les salen las cosas como lo planearon.

Quiero ser un agente de bienes raíces que inspire la confianza a todo cliente, que me depositen toda la responsabilidad de que voy a trabajarles fielmente en todo movimiento.

Ya casi estoy lista para volver a trabajar… y enamorarme de mi trabajo… Quiero lograrlo. 🙂

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enero Cuesta

Toda la vida, en todos los noticieros y periódicos vemos las leyendas de “La Cuesta de Enero”.

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Esto es haciendo referencia a que iniciamos todos el año nuevo con la frescura de todos los comienzos.

No todos somos así.

La gran mayoría seguimos con los mismos problemas del año que se fue. No estamos empezando de cero sino de enmedio tal vez. O quizá estemos solo continuando con el desenlace de algo.

Enero no siempre es ‘borrón y cuenta nueva’.

Enero CUESTA.

Cuesta del verbo COSTAR.

Enero viene con el precio alto de las expectativas que nos marcamos con cada uva saboreada el día 31 de diciembre cuando se llegan las 12am del día primero. Esas uvas que llenamos de deseos para cada mes. Deseos a veces ambiciosos que no basta con no ahogarte con las semillas de las uvas que la tía compró en la esquina del Periférico, sino que deben de ir atadas a un plan para lograrlas.

Enero, mes de “arranque”. (Kickoff, como dice mi amigo Arturo G.)

Enero cuesta como todo arranque.

Si no calentamos bien motores, a la hora de arrancar no vamos a llegar lejos.

Si arrancamos demasiado rápido sin percatarnos de los cambios, sólo vamos a quemar llanta. Eso sí, haremos mucho ruido y vamos a impresionar a los que nos rodean. Pero al final, arrancar así solo nos deja en una nube llena de humo y con marcas en el camino. Van más lejos los que salieron a paso uniformado, con seguridad y sin acelerar demasiado.

Enero cuesta dinero.

¿A poco no? O como dicen los españoles, ¿A qué sí?

Ya saben de lo que hablo.

Hablo de los montos en las tarjetas de crédito que se usaron este diciembre. Hablo de los recibos de luz, gas, agua que se incrementaron por la visita, por cocinar, por el clima.

Hablo de que se expiran algunas licencias y hay que pagar las membresías anuales.

Enero te recibe con deudas adicionales. Te cachetea con la realidad de que hay que trabajar y organizar las finanzas para que te alcance sin andar sufriendo.

Enero cuesta.

Cuesta mucho trabajo guardar las decoraciones navideñas en esas cajas feas. En lo personal, me despido de cada decoración como si pudieran escucharme. No se, que miedo cuando esté más viejita. Me cuidan o me encierran, ¿bueno?

Cuesta quitar las luces, guardar las velas con olor a pino, guardar la vajilla navideña. La casa se ve ‘bichi’, oscura y sin alegría.

Se te vienen a la mente mil ideas de decoraciones para la casa ‘vacía’, pero luego ves el saldo de tu VISA y dices, “Se ve bonito así el depa, sencillo”. (jejeje)

Enero cuesta.

Cuesta mucho darte cuenta que tus pantalones se encogieron mágicamente en el mes de diciembre. Ese sofoco que provocan los jeans después de la ausencia del gimnasio y el exceso de comidas y bebidas. 😛

Cuesta mucho dejar el ritmo de la comida de fiesta. De tomarse una copita para brindar en las diferentes casas que visitaste durante el mes de las Posadas, peregrinaciones, intercambios, fiestas decembrinas del trabajo, etc.

Enero cuesta.

Cuesta aceptar que todos están volviendo a su ritmo de la rutina y tu debes hacer lo mismo. Ya no hay invitaciones todos los días. Ya no hay pendientes de ir a comprar regalos, de ir a los festivales navideños y sobre todo cuesta mucho ver que el ‘buen humor’ del adviento se ha ido.. se la ha llevado el viento, algo así.

Todo lo anterior pareciera que estoy escribiendo toda amargada desde la alfombra de mi recámara porque tengo mi laptop conectada a una televisión porque se me cayó en la casa de mi mamá y se me rompió toda la pantalla. Pues no. O sea, sí estoy así pero no estoy amargada.

Estoy muy pensativa viendo como a muchos seres que me importan les afecta este mes. Enero cuesta.

No por nada se disparan en todos lados las visitas a psiquiatras, psicólogos y terapeutas. Hay más venta de antidepresivos y se aumentan los porcentajes de suicidios y muertes naturales en los viejecitos.

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Enero cuesta porque es frío y oscuro. Es muy contradictorio que el inicio del año comience con un poco de oscuridad.

Los invito a tomar este tiempo para de verdad planear su año. Desempolven sus conocimientos de excel y actualicen sus presupuestos en hojas de cálculo. Aprendan de sus finanzas, sus créditos y métodos de ahorro y de inversión.

En tu trabajo ponte metas alcanzables para que te motives al lograrlas y cada vez quieras subirle al nivel de complejidad de lo que quieres alcanzar.

Disfruten esta nostalgia y soledad que enero trae. Su silencio y su sentimiento “no fiestero” que lo acompaña.

Desintoxicate de la gente que te pone triste, aunque a veces eso signifique no volver a saber de gente que quisiste mucho.

Aprovecha la ausencia de compromisos sociales y acomoda tu casa, tus closets.

Disfruta a tu familia inmediata, en tu casa, inventando comidas sanas que te harán volver a tu peso de noviembre. jajaja.

El mes de enero es como el PRóLOGO de un libro. En ningún lado dice que la historia comienza el 1 de enero. Si te fijas bien, las obras literarias llevan un índice y un prólogo antes de comenzar la historia.

Enero puede ser tu prólogo del 2018. Enero cuesta. Pero vale la pena la inversión.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

  • Este blog se lo dedico a mi amiguito RODRIGO SANCHEZ CELIS, quien falleció apenas ayer, martes 9 de enero. Siempre me leíste y eras de las únicas personas que me hablaba por teléfono en mi cumpleaños porque me merecía más que un texto ó felicitación en redes sociales. Y si no, me mencionabas en tu columna del periódico, aún viviendo yo lejos de Mexicali.  IMG_20180109_232237.jpgNo sabes como se te va a extrañar. Eras verdaderamente el amigo de todos. Descansa en Paz mi Rorris. ❤

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No, gracias.

“No, gracias”.

Para todo mi sobrina Olivia usa esas palabras. Su voz tan tierna al decirlas.

“Olivia, ¿quieres un chicle?”

Y ella dice siempre, “No, gracias”. (quizá sí quiere, pero esa costumbre de decir NO GRACIAS para ser educada).

No se porque nos educan a negarnos muchas veces cosas que nos hacen feliz.

No es el caso de mi Olivia, pero su manera de decir “No, gracias” me hace pensar en esa analogìa.

Muchas veces tenemos la costumbre de ver que todo a nuestro alrededor esté bien. Eso significa un sacrificio personal para que esto se logre.

Nos acostumbramos a decir “no, gracias” a situaciones porque interfieren con el balance de nuestro entorno.

Son innumerables las veces que uno deja pasar oportunidades por no incomodar la paz de los que nos rodean.

Ahora que lees esto, estoy segura que se te viene a la mente algo a lo que le tuviste que decir “No, gracias”, aunque lo querías ó necesitabas con todo el alma.

A lo mejor alguna oportunidad de trabajo que tuviste que decir “No, gracias” porque en el momento significaba sacrificar otras cosas personales.

No sé, tal vez el miedo a el cambio te hizo tomar esa decisión.

Me pongo a pensar en HUBIERA, aunque no exista siempre se manifiesta.

“Hubiera aceptado la oferta”. “Hubiera acomodado todo para poder hacer esos viajes de trabajo”. “No me HUBIERA dado miedo”.

Y pasan así las cosas hasta que un momento menos esperado ves que las oportunidades se las comienzan a brindar a todos, menos a tí. Tú estás conforme, gris sin problemas. Tus superiores saben que si van contigo les puedes decir “No, gracias” y la verdad les da ya flojera tomarse el tiempo para “ver” qué decidirás.

No hay nada más fácil que quedarse en la plataforma de la comodidad donde nunca pasa nada. No me malinterpreten. A veces necesitamos esa plataforma de seguridad para sacar adelante otros proyectos.

Lo que digo es que no nos debemos estacionar por miedo a que pase.

En el amor es lo mismo. Amor de pareja, amor de padres, hermanos y amigos.

¿Cuántas veces decimos ‘no gracias’ para darle prioridad a los demás?

Como mamá, creo que está en nuestra esencia el ‘sacrificio’ involuntario. Ejemplos tan simples como desayunar lo que sobra de los platos de los niños en lugar de sentarte a la mesa y disfrutar con ellos.

Sacrificios de no poder hacer algo el fin de semana porque está como prioridad los deportes y sus actividades.

“No, gracias” a eventos con los compadres y/o amigos.

“Phhhhftttt, nunca pueden”. Es la voz colectiva de todos los que ven que nunca puedes.

Te acostumbras a no salir. A estar de sacrificada porque pues es para tus hijos.

Pero un día crecen y ellos seguirán sus caminos.

Y es cuando te cae el veinte de que dijiste muchas veces “No, gracias” en lugar de tratar de balancear para que todos tuvieran lo justo.

En el amor, a veces sacrificamos mucho pensando que así la relación dura para siempre. Tanto hombres y mujeres dicen muchas veces “No, gracias” para no incomodar ó meterse en un problema.

No hablo simplemente de tentaciones, ni de nada así.

Hablo de sacrificios simples como “¿a dónde vamos?” “¿qué película vemos?”…

Creo que ambos debemos decir “No, gracias”, así no se carga la balanza a un solo lado. Porque por más que aguante alguien, siempre llega el momento en que uno capta de todo lo que dejó pasar.

Pero la vida es muy curiosa y aunque parece patético, todo lo que te sucede te está preparando para lo que viene.

A veces llegan las mejores oportunidades cuando estás cansada de decir “NO, gracias” y le das un “SI” tan esperado que captas que era como tenía que ser.

Llegan oportunidades que te dictan tu valor porque con tanto decir “No, gracias” se te ha olvidado lo que te mereces.

Espera esa oportunidad. Cuando menos piensas te comienzan a tratar como la persona que se avienta a todo. Que corre el riesgo sin miedo. Que ama sin presiones. Que ya no dice “No, gracias”. Que dice SI. Que vive.

 

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

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