De Lejecitos

Primero que nada quiero ofrecer una disculpa por no haber publicado nada el pasado miércoles 30 de junio. Fue el mero día de la cirugía de mi sobrino y la verdad se me olvidó todo.

Pero ya estamos de regreso, cada día estamos mejor y me siento muy bendecida de tener la familia que tengo.

Hoy quiero que observen las siguientes fotografías. Traten de adivinar que son.

Son cuatro fotografías normales a las que les hice un buen ZOOM (las acerqué) mientras jugaba con mi teléfono y se me ocurrió escribir sobre esto.

Estos llamados CLOSE-UPS tan difíciles. Bien dicen que las pinturas (obras de arte) deben ser observadas desde una cierta distancia para apreciar su belleza.

Cuando uno ve de cerca algo, la imagen se distorciona, se pierde la esencia del todo por irse a lo detallado.

“De lejecitos”, siempre me decía mi abuela cuando le queríamos tomar foto ó cuando hablábamos de alguien que no nos caía bien (jajaja, la extraño).

Ahora bien, lo del acercamiento no solo se refiere a lo visual. Muchas veces creemos conocer a una persona pero entre mas pasa el tiempo y mas te ‘acercas’ a ella, comienzas a darte cuenta que no era tan lindo como cuando era persona lejana.

Lo mismo pasa con las situaciones ó problemas. Tenemos que alejarnos un poco cuando tenemos un problema para poder ver todo el panorama de la situación.

Si vemos de cerca el problema, el error, la situación negativa, entonces jamás podremos ver hacia donde debemos ir ó recorrernos para solucionarlo.

Muchas veces si damos unos pasos hacia atrás podemos ver que la salida está cerca.

Quizá psicológicamente uno se ‘esconde’ a veces de la sociedad que te rodea. Te gusta estar ‘de lejecitos” porque conoces tus errores, tus defectos y tus arrugas (jaja) y no quieres que sepan que no eres lo que ven de lejos.

Es una exageración, tal vez. Yo se que los que estan conmigo me quieren así como estoy, distorsionada, media bruja, media loca, distraída y con la facilidad de expresarme (que puede ser algo malo).

Sin embargo, hay casos, personas y situaciones que las prefiero “de lejecitos”, así no me vuelven a lastimar y se me olvida que una vez las ví de cerca y me perjudicaron.

Me estoy riendo mientras escribo. ¡Cuánta razón tenía mi abuela! Antes pensaba que lo decía por sangrona, pero ahora que estoy más vieja puedo ver que mi abuela lo decía por sabia. Creo que es hora de escribir más de sus dichos y cómo las señoras de antes tenían todas las frases célebres en su cabeza y no en memes de Pinterest.

“¡Uy no mi hijita! De lejecitos ella”. Jajajajaja. Tendré que hacer una junta especial con mis tios y primos para acordarme de su filosofía.

A ver, díganme… ¿supieron que era cada foto que les publiqué arriba?

Aquí estan las respuestas:

Mi consejo de hoy tal vez sea que si no es necesario ver muy de cerca algo, así déjalo. Luego uno se decepciona. Mejor “de lejecitos”.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

De lejecitos, mejor!!!

Botón importante

Estos tiempos de pandiemia me hicieron ver Netflix más que nunca. No sólo Netflix sino todas las aplicaciones de televisión que hay: Hulu, Peacock, Disney+, HBO Max, etc.

La televisión en vivo casi no la veo ya, y mucho menos he tenido tiempo de ver canales de televisión mexicana, (aunque les confieso que a veces extraño esos programas tan llenos de nada y tan nulos pero que me hacían reír).

Series, películas y más series. Mexicanas, americanas, españolas y colombianas. Siempre hay algo que ver en estas aplicaciones. A toda hora, en cualquier episodio, puedes retomar la historia de cada una.

Con los ojos cerrados mis hijos manejan los controles, como si estuvieran en automático. Yo todavía tengo que alejar el control de mi para enfocar mi vista y ver que no le pique a otra cosa (si, ya se. Lentes).

Ahorita nos tiene muy entretenidos la serie de MODERN FAMILY y es una terapia verla en familia. Está prohibido que uno de nosotros avance en capítulos si no estamos los tres. Eso hace que sea un compromiso que disfrutamos mucho.

A veces hacemos “popcorn’, a veces una tablita de quesos y carnes frías. A veces agua y a veces vinito. La serie es tan simple que nos hace sentir muy bien cada que la vemos. Nos reímos y es comedia sana sin ser grosera.

Dentro de todo el ritual de estar viendo la serie, siempre hay alguien que dice “ponle pausa, voy al baño”, ó “ponle pausa, voy por mas vinito” y todos muy de acuerdo nos sincronizamos. Es muy chistosa la manera que se ha convertido en rutina por las noches. Apagamos celulares y no se contestan hasta que terminamos. Es la regla para estar conviviendo sin tecnología.

Al momento de poner la pausa, llego a la conclusión que puede ser el botón más importante en el control de la TV.

Tener el poder mágico de congelar el tiempo de una película para poder hacer otras cosas importantes se me hace a mi algo fantástico.

Nada de adelantarle ni regresarse en la película. No está padre regresarse a ver lo que ya viste ni tampoco está padre adelantarle a lo que va a pasar porque te puedes perder detalles que definan el final.

Lo más importante es ponerle pausa.

Se le pone en pausa cuando no hay nada crítico. Es decir, no le vamos a poner pausa a un episodio donde se hizo una pregunta importante. Vamos a esperar a ponerle pausa cuando esté la escena cambiando sin nada importante que ver.

Pausa.

Yo quisiera un botón de pausa en la vida real.

El botón de regresarme en la vida lo usaría para revivir momentos que me llenaron de felicidad y volver a sentir lo que sentí en su momento. (No la volvería empezar de nuevo, sólo me iría a los momentos bonitos).

El botón de adelantarle no me gustaría usarlo para mi vida. Imagínate ver tu futuro y que no sea lo que piensas que va a ser. ¡Qué chafa! Me espero a que pase en vida real mejor.

Pero ese botón de PAUSA. Poder detener el tiempo en cualquier momento y situación. Cuando sale un imprevisto poder ponerlo en pausa para analizar la manera que lo vas a resolver.

Pausa a esos momentos bonitos donde quieres ver detenidamente los detalles de una escena en tu vida. Esos momentos de la vida que no quieres que acaben.

Pausa para respirar. Servirte más vinito para seguirle.

Piensa en uno de los momentos más bonitos de tu vida. Un momento en el que hayas sido feliz en todo, donde te sientes pleno, te sientes volar. Un momento profesional, emocional, personal.

Ahora ponle pausa a ese momento. ¿A poco no es como una sensación de que esa felicidad se prolonga?

La puedes admirar a detalle.

Ahora bien, en vida real y presente, imagina que tienes un problema que te agarra fuera de base (como se dice en el beisbol). Que padre sería poner pausa para organizar los sentimientos y pensar adecuadamente para la solución del mismo.

Ultimamente despierto con la necesidad de encontrarle pausa a mi día para organizarme.

Lo peligroso es que si dejas mucho presionada la PAUSA, automáticamente se apaga la aplicación ó continúa con ó sin ti la película.

Para pensarse, ¿a poco no?

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES.

¡Flota , Mariana!

Mariana Eres caminaba por el muelle. La brisa salada rizaba sus cabellos. Ese viento en su cara y la emoción de poder irse a ver el atardecer sola en un yate rentado le provocaban una sonrisa medio pícara y contagiosa.

Cansada, estresada y presionada había tenido la audacia de decidir navegar sola, aunque fuera por una tarde.

No iba lejos, solo alrededor de la bahía y siempre supervisada con un GPS que la orientaría desde la torre de control en el puerto de la ciudad.

Un delicioso chardonnay estaba ya puesto en hielos y ella llegaba al pequeño yate, no lujoso ni ostentoso pero lo suficiente para llevarla y perderla por una sola tarde.

Ese yate significaba tanto para ella. Era un escape a una realidad aunque fuera por sólo un momento.

Las clases de navegación que había tomado a escondidas (para evitar críticas) por fin iban a probarse.

No debo de beber y conducir este barquito“, pensaba Mariana en lo que se servía una copa y se dirigía hacia el timón para salir.

Cuerdas sueltas, velas puestas, yate encendido… Mariana se iba alejando poco a poco de la tierra.

Mariana, alta y espigada con la cara hacia enfrente, dominaba el gran Pacífico. El viento estaba más fresco y cada vez se veía menos la tierra.

Mariana ya no estaba en la bahía y no estaba ya tan cerca pero la señal de la navegación aún indicaba que se encontraba en territorio seguro y fácil.

El chardonnay fresco tocaba sus labios y ella disfrutaba cada sorbo lentamente.

Encontró un espacio lejos de toda tierra, en medio de las aguas y detuvo el yate.

Su celular estaba apagado porque no quería enterarse de nada ni de nadie.

Eran Mariana y el mar.. y ese vinito que ya le cosquillaba la cabeza.

En sus grandes ojos se podía ver el resplandor que el sol obsequiaba ese atardecer. Era todo un espectáculo ver el sol ser tragado por la inmensidad del mar.

Con el cielo en tonos morados y la marea un poco picada, Mariana cerraba sus ojos y se dejaba mecer en el yate.

El frío, el silencio y la melodía de las olas la llevaron a un estado de relajación profundo.

Voy a cerrar los ojos un ratito más“, se decía así misma mientras el yate encendía en automático sus luces.

Mariana se dejaba llevar por esa tranquilidad en falso ya que la rodeaban aguas peligrosas y la oscuridad que no se hacía esperar.

Mariana se dormía profundamente…

Un dolor en la espalda como cuchillos la despertaron. El ruido violento de láminas la confundían. No veía nada. Sólo sentía frío y dolor en su cuerpo.

Choqué. Estoy en el mar, atrapada“, medio pensaba en lo que reaccionaba despues de un mal giro que dió el yate en medio del mar.

No quiso averiguar con qué había chocado pero tenía que pedir ayuda antes de que el barco se hundiera.

En un momento su paz y tranquilidad se esfumaron. Mariana se había confiado de un yate y había violado dos reglas importantes de la navegación: No ir solo y no distraerse.

El viento no la estaba ayudando. Mariana estaba ya en el agua y no podía accesar al kit de emergencias para pedir ayuda.

Algo jalaba a Mariana desde abajo. Sus zapatos estaban atorados en algo y ella sentía que una fuerza la hundía.

Mariana comenzó a nadar, a patalear y manotear para mantenerse a flote.

¡No me puedo ahogar!“, gritaba como si la escuchara alguien.

Tenía esa presentación importante en el trabajo. Había que llevar a los niños a los partidos esta semana. Mañana era el cumpleaños de la comadre y ella llevaría el pastel. Los pagos de la casa no estaban en automático y ella tenía que pagarlos. El nunca le regresó la llamada despues de aquella noche. Tenía que ir por los resultados del diagnóstico de ese quiste en su brazo izquierdo. El fin de semana llegaba toda la familia a festejar el inicio del verano. El periódico la estaba esperando con el artículo de los problemas de los migrantes. No le había pedido perdón a una amiga que ofendió sin querer. Ya iba a comenzar su membresía en el gimnasio. La vida la esperaba. Mariana no se podía ahogar.

El cansancio ya era mucho y ella sabía que iba a perder la batalla contra el mar que se la quería tragar.

Mariana comenzaba a hundirse y ya no alcanzaba a agarrar aire. Luchaba y luchaba. Pataleaba y movía los brazos para nadar pero era todo en vano.

Mariana sabía que tal vez esto era su final.

Pero una voz dentro de ella le decía “Mariana, flota. Deja de luchar contra la corriente. Déjate ir. Flota, Mariana“.

Mariana se rendía sin fuerzas. Mariana dejó de forzar su cuerpo a nadar. Mariana soltó lo que no podía controlar.

Y Mariana flotó…

Mariana al dejar de luchar contra toda la corriente, se pudo calmar y su cuerpo subió a la superficie.

Mariana agarraba aire de nuevo.

Ella aprendió, casi de inmediato y porque no tuvo otra alternativa, a flotar en medio de la tempestad.

Mariana, ¡flota!“, se escuchaban ya unas voces con unas luces que venían a rescatarla.

Para el mundo, Mariana había luchado solo unos minutos.

Para Mariana, la lucha contra la corriente del mar fue equivalente a toda una vida tratando de estar a flote.

Mariana esa noche aprendió a flotar, soltando lo que no podía controlar.

Me dió gusto platicarles otro cuento de Mariana Eres, mi personaje ficticio favorito. Porque al final del día, todos somos MARIANA ERES.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Mentalidad de León

Si el león es el rey de la selva, ¿cómo puede ser el rey de la selva si no es el más grande? El elefante es el más grande . Tampoco el león es el más veloz, porque ese es el cheetah (leopardo cazador). Tampoco es el más inteligente. Ahora bien, si no es el más grande, más rápido ni más inteligente, ¿cómo es que el león es el rey?

La respuesta es: su mentalidad.

El león se sabe rey aunque lo rodeen miles de hienas porque el sabe de su poder.

¿Qué pasa si somos unas gacelas?

A las gacelas se les empuja, se les mueve, se les dicta que hacer. La gacela corre si el león va detrás de ellas porque si se detiene, se convierte en la cena del león.

Si a la gacela no la corretean, esa gacela deja de moverse, deja de correr y se queda en el mismo lugar.

En cambio el león siempre se está moviendo porque sabe que tienen que hacerlo por la familia entera de la selva.

El león se mueve porque su mentalidad le dicta que avance.

Si hay algo que nos enseña la naturaleza es que los felinos no solo cazan para comer. Cazan porque les gusta hacerlo.

Les gusta ver a una gacela despistada en medio de la sabana africana. Se emocionan y casi creo que pueden pensar “hmmm, esa mera”.

Disfrutan ir despacio entre el matorral en silencio y escondiendo su cuerpo para no ser detectado por la gacela. Sabe el león que se tiene que acercar lo más que puede.

Al león le encanta arrancarse detrás de la gacela que no tiene ni idea que pasa pero sabe que si no corre ya valió.

En resumidas cuentas con lo escrito arriba, al león le gusta el proceso casi más que el resultado.

Nosotros, como seres humanos, a veces nomás queremos que se nos entrega en charola de plata ya servida esa gacela sin tener que cazarla.

Queremos el premio sin pasar por el proceso. Queremos ganar sin participar. Queremos sacarnos la Lotto sin comprar boleto.

No nos gusta el proceso. No nos gusta esa disciplina de tener una meta, de ver los caminos a llegar a ese premio y no nos gusta correr. No lo disfrutamos.

Tenemos que enamorarnos del proceso y las herramientas para llegar a ese premio.

Un verdadero ganador no solo quiere el premio sino que quiere disfrutar la manera en que lo obtiene.

Debemos enamorarnos del proceso sin que nos importe los tiempos en los que lo logramos. Eso sí, no debemos parar hasta conseguir ese premio, meta ó esa gacela.

Tenemos que ser leones en nuestra manera de vivir. Como estudiante, como empresario, como persona….. ser ese león.

Pero tenemos que creernos leones. Dejar de ser esas gacelitas que ven la vida pasar comiendo zacate y esperando a un día tener que correr por nuestras vidas porque los leones de nuestra sociedad nos van a acabar.

Leones. Cazadores. Reyes de la Selva.

Seamos los que controlan lo que hacemos, ignorando críticas (aunque sean constructivas). Un león no anda pidiendo consejos ni opiniones de lo que hace.

El león se levanta con una meta y la logra.

Los leones duermen 20 horas al día lo que nos indica que esas 4 horas restantes las aprovecha al máximo con la mentalidad de que no va a perder tiempo y todo le va a salir bien.

Indestructible, temido y respetado por su actitud y seguridad. (Nada tiene que ver el poder del león con la inteligencia, rapidez, grandeza ni mucho menos la suerte).

(Post data: las cazadoras somos las leonas -hembras-. Los leones protegen a la familia de los enemigos. Trabajo en equipo entre leones. El más sólido que hay).

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Esos 48 años con 12 meses

Cumplí 49 y aunque ya los comienzo a ver y sentir, agradezco a Dios poder llegar a esta edad.

Quiero agradecerle, muy en especial, por mi cuerpo. Pobrecito mi cuerpo. Tanto que lo maltrato.

No le doy de comer a veces porque quiero que esté flaco. Lo insulto cuando no me veo bien en el espejo (según mis estándares de belleza). Le doy vitaminas y tés de especias para hacerlo bello y solo lo dejo indispuesto. A veces hasta lo intoxico con recetas de TikTok que no sirven.

No lo cuido como debería y me quejo de el mucho, últimamente. Que si la espalda, que los pies cuando me pongo tacones, que mis hombros, que mi cintura cada vez menos marcada.

Me enoja no rendir igual en el gimnasio y que me falte el aire cuando subo muy de prisa con las bolsas del mandado hasta el tercer piso de mi edificio.

Soy una malagradecida porque este cuerpo me ha mantenido sana en esta pandemia. No me ha fallado. Tanto que lo insulto y se ha portado a la altura protegiéndome y funcionando como una máquina perfecta para cuidarme de no enfermarme del Covid19.

Ahorita lo tengo que premiar con cuidados que hace mucho no le doy por falta de ganas, quizá por falta de energía y a lo mejor una ligera depresión por tantas cosas que pasan en mi cabeza.

Así que, públicamente quiero pedirle perdón a mi cuerpo. Perdón por no agradecerle el ser tan sano para que yo pueda disfrutar de mi vida. Espero que siga fuerte por muchos años más.

49. Híjole. No me da miedo decir mi edad. Me da miedo la edad 49 en especial.

Verán, esa edad me da miedo desde 1995.

Mi papá, a sus 49 años y 10 meses de vida se muere de un infarto fulminante en abril de 1995.

Sí, fue doloroso todo, pero les confieso que algo que nunca pude superar fue la edad a la que murió. No murió en accidente ni se suicidó ni fue asesinado. Murió porque hasta esa edad dejó de latir su corazón.

Mi tío Richie Montiel, esposo de la hermana de mi mamá (Tía Norma), a sus 49 años y 10 meses se muere de cáncer en noviembre de 1995.

De esas casualidades de la vida que te hacen pensar y tener mucho miedo.

49. Mi papá y mi tío murieron a mi edad y eso me llena de un sentimiento muy extraño. No vayan a pensar que estoy sientiendo algo, alguna premonición ni veo lo que el futuro tiene para mí, pero simplemente no me gusta tener esta edad.

Así que, quiero mejor tener 48 años y 12 meses.. y luego 48 años y 13 meses hasta llegar a los 50.

Quizá pueda entender un poco el stress que vivía mi papá y mi tío a esta edad. Lo veo porque me doy cuenta como está el mundo laboral, lo que es tener que pensar que negocio hacer para sacar adelante no solo a los hijos sino ahorrar para un futuro.

Entiendo que a esta edad te sientes joven y no te cuidas como deberías. Es por eso que es tan peligrosa. Las mujeres comenzamos otra vez a sentir todas la loquera de hormonas preparando nuestros cuerpos para otra etapa no muy lejana.

Dejamos de dormir, es más fácil tomarte una cheve que un jugo natural, y comes lo que hay sin pensar en una dieta para estar sanos.

El stress que los hijos causan (sin querer) es inevitable. Quieres lo mejor para ellos y por eso se nos olvida cuidarnos por cuidar de ellos. Si ellos están bien, tu estás bien. (Aunque la ciencia y la sociedad nos dicta que es al revés. Una mamá/papá que están sanos y contentos automáticamente ayuda para que los hijos estén bien.)

En la numerología significa estabilidad, trabajo y progreso. Es símbolo de continuidad y de persistencia.

En la religión judía representa el nivel más alto de espiritualidad en los humanos. (El nivel 50 ya es de Dios)

Hmmm. A lo mejor tengo que darle una oportunidad a estos 48 años con 12 meses.

Así que si me oyen decir que tengo 48 con 15 meses, recuerden que es por ese estigma del 49 y no porque me quiera quitar la edad.

No creo en eso de quitarme la edad. Es más, mi tío Ariel me descubriría adrede y mis tantos amigos y familia que nacieron en 1972 tambien.

Así que espero que me acompañen en este nuevo año para mi y me lean cada semana para asegurarse que hubo blog como siempre y que los 48 años y 12 meses lleguen rápido en un año lleno de logros personales y profesionales. (Mi deseo al soplar las velitas)

Gracias de nuevo por seguirme leyendo.

Hoy les confesé un secreto muy mío. Me lo guardan pues.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Cerré Los Ojos

Cerré los ojos. No supe exactamente en que momento, pero estaba consciente de que los cerraba.

Los cerré y apagué mis sentidos. No puedo explicarlo, pero me desconecté.

Dejé de oír, de sentir, de estar.

Era una paz tan profunda. Solté todo el cuerpo.

Por primera vez en mucho tiempo (quizá años) yo cerré los ojos.

No sé si fue el cansancio físico, emocional ó mental lo que hizo que me detuviera.

Cerré los ojos y no tuve miedos ni preocupaciones.

Cerré los ojos y nada importaba. Todos los ruidos ambientales y de la gente a mi alrededor no existían.

Cerré los ojos y estoy segura que cerré todo a mi alrededor.

No sentía miedo ni tristeza ni angustia. Solo cerré mis ojos.

Me quedé dormida en un sofá, semi-sentada en medio de todos.

Cerré mis ojos y me regalé una siesta de unos cuantos minutos que, sin saberlo, mi cuerpo me pedía a gritos.

Los que me conocen saben que mi sueño es ligero y que cualquier ruido, luz ó movimiento me hace despertar. Todas las noches me duermo como “de a mentiritas”.

Pero esta tarde fue diferente.

Cerré los ojos superando cualquier ruido y obstáculo.

Los cerré aún con ruidos de mis sobrinos y mis hijos platicando.

Los cerré con los dos perritos encima de mi.

No sentí nada.

Fue una ‘power nap’, una pausa en mí muy necesaria.

No se porque me pasó esto pero lo disfruté.

Pude despegarme de mis actividades, de contestar recaditos, de agendar citas, de pensar en mis hijos, en la casa, en mi.

Cerré los ojos y me gustó no sentir nada. No podía abrirlos. Es más, no quería hacerlo.

Creo que fueron unos 12 minutos los que estuve totalmente dormida.

Al abrirlos exclamé, “Creo que me dormí”.

Nunca había descansado así de esa manera.

Al abrirlos me sentí nueva, llena de pilas para seguirle en el día.

No entendí porque estuvo tan perfecta la siesta en tan poquitos minutos.

Es cuando comprendí lo de “No importa la cantidad sino la calidad”.

Nos enfocamos siempre en la cantidad mensurable que olvidamos que lo que importa realmente es la calidad. (Aplica a todo lo que hacemos).

Esa cerrada de ojos me hizo ver aunque me contradiga en esta frase.

Me hizo apreciar la calidad y no la cantidad.

Me puso a pensar que debo de aplicar eso en todo lo que me rodea.

Preferible tener pocos amigos pero fieles.

Es mejor tener poca familia pero sincera.

En el trabajo, prefiero tener 3 buenos clientes a 30 que no me harán avanzar.

Cerré los ojos y llegó un momento en que no los quise volver a abrir.

Me sentía tan a gusto.

“Ya estoy vieja”, pensaba cuando me levantaba de ese sofá despues de mi ‘power nap’.

Tal vez.

O realmente estoy joven aún pero con muchas ganas de cerrar los ojos momentáneamente, con calidad, para reponer esa energía que se me escapa en el día a día.

Cerré los ojos y me sentí muy bien.

No se cuando mi cuerpo vuelva a regalarme una siesta igual. De todos modos le voy a echar ganas para tener de nuevo una experiencia así.

Cerraré los ojos pero esta vez quiero soñar con lucidez para así descansar dentro de una fantasía.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Motivos de Disciplina

“La motivación es lo más importante”, nos dicen los Coach de Vida.

Coach de vida. Conozco a muchos. Unos mejores que otros pero al final todos con la intención de enseñarnos a reconectarnos con nuestro más íntimo YO y ver como logramos motivarnos para salir adelante.

Basta abrir cualquier red social para leer una frase motivadora para que nos de esa fuerza de seguir adelante.

“La vida es una, vívela”, nos grita la pantalla del computador cuando abrimos PINTEREST.

Todos tratamos de ser positivos, de siempre verle el lado amable a las cosas, de estar motivados a seguir adelante a pesar de tener muchos motivos para rendirse.

Supongamos que todos estamos motivados por algo. Pueden ser tantas cosas las que nos motiven. Es más, sobran las motivaciones.

Si todos estamos motivados, con la idea clara de lo que queremos y sabemos como lo tenemos que lograr, ¿porqué entonces a veces nos sentimos derrotados, desganados y con intenciones de rendirnos?

La respuesta es sencilla: No tenemos la disciplina para seguir el plan.

Se los explico en el siguiente ejemplo para que visualicen:

Mary compró un bikini, de esos muy pequeñitos donde apenas le va a cubrir lo que debe cubrir. Ella sabe que ahorita no le queda bien porque la pandemia la hizo subir unos kilos. Mary está motivada porque se quiere poner ese bikini en el verano. Ella tiene el plan alimenticio que le dió su nutrióloga y tiene tambien esa membresía del gym para combinar unas rutinas y bajar ese peso.

Anita supo que Mary compró un bikini y se le hizo muy padre hacer lo mismo. “Así nos motivamos las dos”, convencía Anita a Mary cuando le platicó el plan.

Las dos amigas motivadas comenzaron muy bien. Anita un día no fue al gym porque tuvo trabajo a deshoras. Mary no fallaba al gym y cuando no comía lo debido, duplicaba su tiempo en el gimnasio. Anita fallaba seguido y las comidas de negocios interrumpían su dieta. Tenía días que se abstenía de comer totalmente para recompensar sus fallas en dieta y rutina de ejercicios.

Mary en las comidas de negocios se cuidaba y si no podía, buscaba la manera de hacer más ejercicio para quemar las calorías extras.

Anita no bajaba nada aún cuando duraba días sin comer. Mary iba bien, comenzaba a notarse su esfuerzo, dedicación y disciplina.

Tal vez muy nulo el ejemplo pero fue lo único que se me ocurrió para transmitir lo que yo visualizo cuando me dicen que la falta de motivación lleva al fracaso. Yo digo que es la falta de disciplina lo que no nos permite avanzar.

Por más que deseamos algo, queremos lograr algo y estamos totalmente motivados, si no tenemos una disciplina para lograrlo, vamos a fracasar.

Anita nunca se desmotivó. Se sentía con todas las ganas de lograr su objetivo. No es que Anita la tuvo más difícil. Es que Mary supo como esquivar las trabas para no descarrilarse de su plan a lograr el objetivo. Su disciplina fue más fuerte que su motivación.

Ahora bien, ¿qué pasa si somos muy disciplinados y hacemos las cosas bien en algo que no nos gusta hacer?

A lo largo de mi vida he conocido personas tan disciplinadas, tan metódicas que hacen todo perfecto en su area de trabajo. Nunca se equivocan, lo hacen “con los ojos cerrados”.

Esas personas, aún disciplinadas, carecen de motivación porque están en un lugar diferente al de sus sueños. Yo he sido de esas personas muchas veces en muchas ocasiones. Estoy haciendo las cosas muy bien pero no tengo motivación para hacerlo. Me da lo mismo.

Esto tambien lleva al fracaso de los proyectos. Nadie quiere dedicarse a algo que no le gusta hacer.

¿Cuántas veces has tenido un trabajo/proyecto que no te gusta, te cansa pero tienes obligaciones que cumplir y no hay más? Seguir allí te hace disciplinado para poder cubrir los gastos que con ese trabajo logras pagar. Pero no estas motivado y cualquier rato truenas. Pasa y con justa razón.

No podemos avanzar si no balanceamos motivación con disciplina.

Dejemos de decir “Ay, mañana lo hago” y hagamos una lista de pendientes para llegar a un objetivo. La satisfacción de ir tachando la lista es motivación suficiente para seguirle.

Ponte metas diarias, semanales y mensuales. Paso a paso. Día a día. Motívate a que hoy sea mejor que ayer. Al principio se siente como si fuera mucho trabajo pero despues de unos días, la disciplina es espontánea y natural.

Así que ya saben. Háganle caso a sus coach de vidas y tambien a sus mentores que siempre tienen todas las herramientas para disciplinarte fácilmente.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

Puertas cerradas

¿Cuántas veces nos hemos lamentado que algo no se nos cumple?

Cuestionamos todo sobre el porqué algo no se va a hacer. Nos enojamos a veces, dudamos de nuestra fe, de nuestra capacidad y nos sentimos rechazados.

La vida está llena de oportunidades. Están al alcance de cada uno de nosotros. Si no las tomamos, es porque no nos atrevemos y mejor decimos que ‘no hemos tenido oportunidad’.

Estoy segura que ahora que me lees, se te viene a la mente una oportunidad que la puedes ver en frente de ti pero no te atreves a tomarla, por miedo a que sea realidad ó miedo a levantar expectativas.

Supongamos que las oportunidades en nuestra vida son representadas por puertas. Como todos sabemos, una puerta puede ser una ‘apertura’ hacia algo. La puerta para entrar a ese nuevo negocio. La puerta para decirle que SI a esa persona especial, la puerta para tener el valor de pedir un aumento de sueldo.

Siempre que pensamos en PUERTA, pensamos en entrar. Pero una puerta tambien puede ser usada para SALIR, ESCAPAR, dejar ir la oportunidad si ya la habías tomado.

Quizá eso es lo mágico de ellas, que son portales para poder ir en cualquier dirección, ya sea para adentro ó para afuera.

En mi depa, solo tengo una puerta. Me llama la atención lo que siento cuando entro y cuando salgo por ella.

Es totalmente diferente mi sentir.

Al entrar, tengo que sacar la llave y abrir. A veces batallo porque la llave está hasta el fondo de mi bolsa y traigo otras cosas cargando. Es muy difícil entrar aún teniendo la llave para abrir.

Sin embargo, cuando salgo, todo es diferente. Voy haciendo un recuento de lo que llevo puesto, mis lentes, mi bolsa con celular, las llaves del carro y las llaves de la casa. Reviso de reojo si tiene agua y comida la Kiara y me salgo con esa seguridad que la puerta se cierra sola. Realmente es mucho más fácil salir de mi casa que entrar lo cual me hace sentir que vivo en un lugar seguro.

Estos días he tenido varias puertas frente a mi. Las tengo cerca, a mi alcance. Es más, las tengo catalogadas de acuerdo a la importancia que tiene cada una. Es que cada puerta abre cosas diferentes.

Para unas tengo la llave y sólo es cuestión que las abra.

Otras puertas están ya semi-abiertas y puedo ver un poco lo que hay dentro. Pero siento que al entrar se cierran y me sería difícil salirme.

Y hay otras puertas, que la verdad ya estaba encariñada con ellas, ya las había abierto y hasta había entrado a ver lo que tenían dentro. Tenía todo un sistema de como entrar y salir sin problemas, pero cuando menos lo pensé, esa puerta se cerró (conmigo fuera) y he perdido la llave porque no la necesitaba ya.

Mi intuición me dicta que inconcientemente uno se sale y la cierra tirando la llave para no volver a entrar. Yo estoy comenzando a creer que uno tiene esa capacidad mental de cerrar puertas inconcientemente aunque nos duela hacerlo.

Y luego están esas puertas que deseamos abrir pero no tenemos ni idea como hacerle. Puertas que para nosotros abren el paso a lo que nos hace feliz. Puertas especiales con una combinación de candados que pareciera imposible de abrir.

Y queremos entrar. Nos morimos por entrar a esa puerta. Pero no hay llave. Perdemos tiempo pensando en esa puerta y en entrar.

No nos damos cuenta que se comienzan a abrir mil puertas más para nosotros. Se nos pasan esas oportunidades por estar siempre aferrados a puertas que quizá nunca se abran.

Muchas veces me pregunto si los seres humanos somos adictos a los imposibles. ¿Será que lo difícil de obtener es lo que más deseamos? Tal vez sí.

Hay un dicho que una vez leí “Si todos lo pueden obtener, entonces yo ya no lo quiero”.

A lo mejor por eso dejamos pasar oportunidades y nos enfocamos en abrir esa puerta sin ni siquiera saber si es lo que nos conviene.

Así que, en cada puerta que entres, ten la seguridad de salirte cuando ya no quieras estar allí. Asegúrate de cerrarla pero nunca tires la llave. Uno nunca sabe cuando se tendrá que volver a entrar.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂

La Espera

Si hay algo que nos pone a prueba la paciencia hoy en día es la espera. Ese sustantivo y tambien verbo que nos hace tener que confiar, desear, y quedarnos quieto viendo cuando llegará algo que deseamos.

La vida de hoy nos ha ‘echado a perder’ con tanta tecnología e información con la cual en fragmentos de segundos tenemos la respuesta a lo que buscamos.

Nada mas hay que ‘googlear’ lo que buscamos y lo tenemos.

Sin embargo, hay cosas que por mas modernos que seamos, no se logran sin la debida espera.

Y esto de la espera, desespera.

Esperas que fortalecen nuestra paciencia son:

  • Ese texto de la persona especial que no llega rápido
  • Esa quincena en la cual te van a depositar
  • La fecha añorada de algun evento bonito
  • Volver a reunirse
  • El regreso del Pumpkins Spice Cold Brew en Starbucks
  • La publicación de las calificaciones de los maestros al final del semestre
  • Ver Resultados de la dieta
  • Ese correo electrónico que te dice si te aceptaron ó no en esa universidad
  • Ver Resultados del gimnasio
  • Que llegue el momento perfecto
  • Por la mesa para sentarse a comer en un restaurant de moda
  • La fila de regreso de México a Estados Unidos
  • Tu turno para la vacuna
  • Para saber si te dieron el trabajo despues de esa entrevista
  • Muchos tipos de esperas más

Sin embargo, estos días pude experimentar otro tipo de espera que me debilitó. La espera de un ser querido que está siendo intervenido quirúrgicamente.

Me encontraba con mi hermana en la sala de espera del hospital de niños en San Diego. Mi sobrino Sergio Miguel estaba ya en quirófano en donde le hicieron un procedimiento delicado pero muy necesario para poder avanzar con su tratamiento y camino a estar sano de nuevo.

“Serán unos 45 minutos”, nos decía el cirujano urólogo pediátra.

En mi mente pensaba “Ok, 45 minutos. Menos de la hora, menos de lo que dura un episodio de Gilmore Girls. Fácil”.

No sé exactamente qué me pasó pero mi fortaleza para apoyar en todo a mi hermana Michele mientras operaban a su hijo simplemente no estaba.

No sabía qué hacer ó qué decir para que mi hermana no estuviera nerviosa en esos minutos. Muy raro porque no es la primera vez que estamos en una situación igual y sin embargo esta vez me sentía tan inútil.

Compré un par de café lattes con vainilla, calientitos para quitarnos el frío. No sabía que decirle porque sentía que en cualquier momento lloraba y no quería que eso pasara. Ella es fuerte, es la doctora de la familia y siempre es la que nos dice “todo está bien”, pero si llora entonces para mi es que nada está bajo control.

Mi miedo era hablar y que mi voz le molestara.

Platicaba de tontadas y yo se que ella en el fondo se estaba riendo de mi por eso. Lloramos y nos reímos pero no recuerdo de que era la plática.

(He notado que tengo memoria selectiva y que borro totalmente sucesos y personas de mi vida. No sabía que era tan buena para hacer eso. Un talento nuevo que acabo de descubrir en mí).

Nos turnábamos en ir a ver los monitores deseando que dijeran que ya se encontraba en recuperación pero no, la cirugía seguía.

En ningún momento dije en voz alta “ya se tardaron”, pero lo pensé todo el tiempo cuando vi que esos 45 minutos ya era mas de una hora y media.

Con los ojos nos comunicábamos, y luego nos reíamos de algún tema nulo y simple. Despues de quien sabe cuantos minutos más, los doctores mandaron llamar a mi hermana y entró a ver qué pasaba.

Otra espera y mil conclusiones mentales inventadas despues, sale mi hermana y me dice que ya lo pasarán a recuperación.

Hemos dado un ligero avance en su camino a estar sano, pero falta mucho por recorrer.

Y hoy, en este blog que escribo a las 11:40pm con un tema que no tenía ni siquiera planeado, afirmo y anuncio que no hay peor espera que la de cuando un hijo (o casi hijo) está en una sala de operación y tu en una sala donde no entiendes como los minutos pasan tan lento.

Un abrazo a todas esas familias que han tenido que pasar por esperas de este tipo. Mis oraciones para todos ustedes. Los admiro.

NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES. 🙂

La Gina Dewar

Ajonjolí de todos los Moles

Apresurada me dirigía el domingo tempranito al Rady’s Children’s Hospital, donde desde el jueves estuvo internado mi sobrino. Seguimos en el camino largo de encontrar la solución a su problema de salud y por primera vez en mucho tiempo vemos avances.

Manejaba, sin música y viendo hacia enfrente el freeway vacío. Podía escuchar mi propia respiración y cuando menos lo pensé, lloraba. Primero una lágrima rodó y despues supe que nada impediría el manantial salado que se avecinaba.

No sé que fue lo que hizo que yo me soltara llorando. No me gusta llorar mientras manejo porque no veo. Se me borran los carriles y los letreros.

Creo que por fin solté el cuerpo y me dejé llevar por todos los sentimientos encontrados que estuve aguantando.

Mientras lloraba y manejaba, comencé a recapitular todo lo vivido el pasado 15, 16 y 17 de abril en las playas de Rosarito, BC.

Viví, gracias a Gente Bonita Magazine, lo que fue el Festival del Mole en el paradisiaco Rosarito. (Los que me conocen saben que en Rosarito me quiero morir, frente al mar, porque es mágico para mi.)

El Festival del Mole, creado y organizado por el chef de chefs, Ariosto Antonio que junto con su esposa Mary y su equipo (Vanessa, Angel, sus primos y toda la familia) vino a levantar las esperanzas a nuestro estado de BC de que todo va a estar bien, la vida va a seguir y vamos a salir adelante.

Todo el staff de Hotel Las Rocas Resort and Spa se lucieron en ser los anfitriones de tal evento. Dirigiendo la batuta, el Chef Mario Medina, quien es el mero mero chef del hotel y además embajador del mole en Baja California, le dieron la bienvenida a 19 chefs de toda la república. Unos locales, otros desde Yucatán, pero al final todos con el mismo fin: darnos la mejor versión de sus talentos en la cocina para presentarnos el mole, el platillo típico y representativo de nuestro México y nuestra herencia culinaria prehispánica.

Seguía manejando y mis lágrimas ahora eran por reírme de recordar tantas cosas que sucedieron “detrás de cámara” pero que por lo mismo hicieron que este festival fuera un éxito:

*El clima mágico el mero día del evento

*Las reservaciones de los cuartos y las confusiones con las llaves

*La llegada de las carpas y la velocidad con la que las montaron

*Manny Hinojosa (embajador mundial de Tequila Cazadores) me hizo perderle el miedo al tequila despues de 15 años con una margarita de mole increíble.

*Por fin conocer a Ariosto Antonio, el creador de todo el festival (admirable por que lo que se propone lo logra. Para el no hay imposibles y nos lo demostró)

*La búsqueda de la habitación 413 (que despues de mucho tiempo buscándola supimos que no existe)

*Las manos trabajadoras de las cocineras de tradición moliendo chiles, semillas, ingredientes secretos hasta formar pastas bases de mole. Una abrazo a Graciela Reyes de Michoacán, Suri Guzmán de Chiapas, Sandra Mendoza de Oaxaca, Catalina Lucas de Oaxaca e Ivonne Justo de Michoacán.

*Conocer a Javier Plascencia, master chef con reconocimiento internacional y poder homenajear su trayectoria en el festival.

*Doña Guille Muñoz y sus rebozos. Aparte de haber sido chef para el Papa y para los Reyes de España, teje unos rebozos de hilo de algodón increíbles.

*Gerardo S Mares y su plática, de todo lo que ha logrado y piensa hacer.

*Eduardo Santacruz y su magia al combinar todo lo que sobró de mole para prepararnos unas pizzas y frittatas a la 1am y la nieve de mole que nadie probó y era digna de concurso. (Que la guarde para San Diego)

*Las llaves perdidas de Andrea Barrios a las 3am, jajajajaja… Andrea, mi amiga y creadora de Casa Veracruz ganó el tercer lugar con un tamal azul relleno de pescado y bañado en un mole a base de guayaba rosa.

*Chef Bebo Bernal y su primo José Carlos Gastélum hicieron que todo el festival le perdiera el miedo a decir la palabra “panocha” (como todos los sonorenses, me incluyo) cuando nos hizo unos chamorros empanochados al bacanora. Ese bacanora, ¡como rindió hasta la madrugada! (¡Arriba Sonora Mía!)

*El brownie de mole de Dani Montero se llevó el segundo lugar. Una sorpresa al paladar este postre exquisito.

*Angel Bohon desde BCS y su plática intensa con todos. Tipazo de chef.

*La alerta ambar de Wilson Alonzo cuando no lo encontrábamos. Me encantó conocer al tremendo Chef Wilson y se me hace que tengo que ir a Yucatán a visitarlo pronto por más cochinita.

*El totopo de don Pepe Ochoa, con ese plátano macho frito en un mole que no tienen idea de lo delicioso que está. Una delicia llena de historia, desde Jalapa, Veracruz.

*Alejandro Tornero y sus fans chavorrucos que estuvimos cantando hasta que nos dolió la garganta.

*Los alumnos de la UABC y su ayuda maravillosa a todos los chefs.

*Las autoridades presentes, amables y con ganas de que Rosarito se posicione en un destino turístico de altura. COTUCO, CANIRAC, SEST, gobierno de BC y gobierno local de ROSARITO.

*Chef Carina Santiago fue la ganadora del primer lugar con un mole oaxaqueño. El usar diversos chiles, semillas y varios ingredientes secretos hizo que los jueces la prefirieran.

*Los jueces de lujo: Chef Martin San Román, pionero en nuestro estado y con una trayectoria increíble; Vicente Ortiz que vino desde Los Angeles, Ivette Casillas (subsecretaria de turismo) y la anfitriona de la ciudad de Rosarito, la alcaldesa Lic. Araceli Brown, degustaron y calificaron los platillos. No había a cual irle. Todos fueron ganadores.

*Nunca voy a olvidar la croqueta de risotto empanizada y frita bañada en mole del Chef Oskar Celedón. Deliciosa y lo mejor es que ¡está en San Diego!

*Doña Josefina Sánchez de Hacienda de Badú fue homenajeada tambien en el evento. Cocina tradicional por excelencia y de toda la vida en Rosarito, BC. Tienen que ir a visitarla.

*Cesar Rivera, gracias por abrirnos la cocina a esas horas de la noche para darle de comer a los chefs. Esos ‘paros’ no se olvidan.

*Nos quedamos sin pila por dejar las luces prendidas del carro.

*El Océano Pacífico, gran testigo del evento.

*El atún sellado de Raíces Baja International Cuisine (Chef Jesús Villicaña) y el Chardonnay de Barón Balché

*El ojo artístico de nuestros fotógrafos Paulo Neira y Tomás Sánchez quienes estoy segura que captaron todos los momentos vividos.

*Nuestro maestro de ceremonia, Daniel Flores y su nato talento de hablar en público, ¡felicidades!

*El hoyo de Tijuana y la ponchada de llanta del otro carro.

*Los hermanos Maple y su invitación a La Estancia de Santa Rosa donde probé uno de los carajillos más ricos del mundo.

*El stress, adrenalina y nervios en diferentes situaciones hicieron unir más los equipos que lograron este evento.

*El americano colado que confundimos con un inversionista importante y le dimos trato de VIP y el nomás iba pasando. JAJAJAJAJAJA

*Willy Llamas y la paciencia y amabilidad que siempre nos tiene a todos los de Gente Bonita Magazine. Te queremos Willy!

*La ida al Valle de Guadalupe donde me decidí escribir un libro junto con Ariosto Antonio y el regreso con Sam Brown y su plática amena.

*La señora que limpia los baños en el hotel Las Rocas parece que tiene el poder de la bilocación. En todos lados la veía limpiando.

*No traer efectivo para las casetas.

*Hablar con Augusto Folliero en italiano y acordarme que no hablo italiano.

*Fabiola Galvez, directora de Gente Bonita Magazine y su entrega a la ayuda incondicional de quien se lo pide. La admiro por generosa, movida y porque para ella todo se puede. ¡Mucho que aprenderle!

*La fila eterna de regreso.

Ya cuando recordé y recapitulé todo lo que viví, mi corazón sonreía y llegué feliz a ver a mi hermana y a mi sobrino al hospital, el cual en unas horas lo dejaron salir y estuve allí para ayudarlos.

Me siento muy bendecida de que pude ser parte (mínima) de este evento y estoy esperando que el de San Diego CA el 7 de agosto sea igual de maravilloso (ó mejor).

Hoy en día, con más seguridad les puedo decir, que yo soy AJONJOLI de todos los MOLES. ¿A poco no?

(Las fotos son cortesía de todos los que hicieron de este evento algo maravilloso).

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NOS VEMOS EL PROXIMO MIERCOLES 🙂