Branson, Bezos y Musk. Tres de los más ricos del mundo han comenzando una competencia de conquista en el espacio. Se tiene trabajando en esto mucho tiempo y hace unos días Branson pudo hacer su paseo espacial por unos minutos.
Mientras el mundo les aplaude y los admira por tener una vida fantástica llena de logros materiales, yo la verdad estoy muy preocupada por otra situación de estos viajes espaciales.
Estoy segura que lo que están planeando es invadir a la Luna. Para mi esto sería casi sacrilégico. La Luna debe de ser intocable. Solo admirada y venerada desde la tierra.
Lo último que necesita el mundo es un mensaje de “si las cosas se ponen peor, me puedo mudar al espacio”. Estos privilegios serán para unos cuantos que quieran gastar una fortuna en explorar el espacio y peor aún, construir viviendas en la luna.
Yo estoy en bienes raíces y conozco la ambición de los que más tienen. Mientras la gran mayoría de nosotros estamos viendo como calificar para comprar un pedacito de propiedad y poder hacer los pagos mensuales, estos billonarios materiales están solo viendo que el mundo ya les quedó chico, sucio y corrompido.
No quiero que toquen la luna. No por envidia sino por cuestiones místicas. (No me regañen, entiendo la diferencia de mi religión y de lo metafísico, pero la Luna es la Luna).
Acusada de ser la causante de los malos humores y personalidades, de los hombres lobos, de mover las aguas oceánicas, de llenar de suerte y de iluminar al caminante nocturno, la Luna no debe ser tocada ni por el más millonario.
Si nos estamos acabando el mundo por los descuidos a su esencia, ¿qué va a pasar si la luna se llena de sucursales de Oxxos?
A mi no me emociona que puedan ir al espacio estas personas. Me impresionarían más si usaran sus recursos en mejoras a su actual planeta.
No vayan a la luna, por favor.
No quiero que invadan la luna porque ella me guarda mis secretos.
En las noches más tristes y llenas de soledad, con ella he platicado.
Me ha visto llorar sin consuelo.
Ha sido testigo de besos que me han robado y de besos que he regalado.
La luna siempre sale, aún cuando se oculta por estar en su fase nueva, siempre está.
Me ha enseñado que es mágica aunque de lejos solo se vea como incompleta.
La luna llena me ha enseñado a que está bien que la gente te admire cuando estás en tu esplendor.
La luna me ha inspirado a escribir los textos más candentes y me he bañado con su luz para sentirme acompañada.
Ella siempre sale para ver si logra ver al sol, aunque sea unos segundos.
La luna me enseñó a ser paciente y a disfrutar cada momento bonito, aunque estos parezcan durar unos segundos nada más.
Si por algo un día tuviera suficiente dinero para ir a verla de cerca, creo que no iría.
Imagínate por fin poder tocarla y no sea lo que te has imaginado toda una vida.
Me quedo con esa magia mística y con el uso de mi imaginación mejor.
Primero que nada quiero ofrecer una disculpa por no haber publicado nada el pasado miércoles 30 de junio. Fue el mero día de la cirugía de mi sobrino y la verdad se me olvidó todo.
Pero ya estamos de regreso, cada día estamos mejor y me siento muy bendecida de tener la familia que tengo.
Hoy quiero que observen las siguientes fotografías. Traten de adivinar que son.
Son cuatro fotografías normales a las que les hice un buen ZOOM (las acerqué) mientras jugaba con mi teléfono y se me ocurrió escribir sobre esto.
Estos llamados CLOSE-UPS tan difíciles. Bien dicen que las pinturas (obras de arte) deben ser observadas desde una cierta distancia para apreciar su belleza.
Cuando uno ve de cerca algo, la imagen se distorciona, se pierde la esencia del todo por irse a lo detallado.
“De lejecitos”, siempre me decía mi abuela cuando le queríamos tomar foto ó cuando hablábamos de alguien que no nos caía bien (jajaja, la extraño).
Ahora bien, lo del acercamiento no solo se refiere a lo visual. Muchas veces creemos conocer a una persona pero entre mas pasa el tiempo y mas te ‘acercas’ a ella, comienzas a darte cuenta que no era tan lindo como cuando era persona lejana.
Lo mismo pasa con las situaciones ó problemas. Tenemos que alejarnos un poco cuando tenemos un problema para poder ver todo el panorama de la situación.
Si vemos de cerca el problema, el error, la situación negativa, entonces jamás podremos ver hacia donde debemos ir ó recorrernos para solucionarlo.
Muchas veces si damos unos pasos hacia atrás podemos ver que la salida está cerca.
Quizá psicológicamente uno se ‘esconde’ a veces de la sociedad que te rodea. Te gusta estar ‘de lejecitos” porque conoces tus errores, tus defectos y tus arrugas (jaja) y no quieres que sepan que no eres lo que ven de lejos.
Es una exageración, tal vez. Yo se que los que estan conmigo me quieren así como estoy, distorsionada, media bruja, media loca, distraída y con la facilidad de expresarme (que puede ser algo malo).
Sin embargo, hay casos, personas y situaciones que las prefiero “de lejecitos”, así no me vuelven a lastimar y se me olvida que una vez las ví de cerca y me perjudicaron.
Me estoy riendo mientras escribo. ¡Cuánta razón tenía mi abuela! Antes pensaba que lo decía por sangrona, pero ahora que estoy más vieja puedo ver que mi abuela lo decía por sabia. Creo que es hora de escribir más de sus dichos y cómo las señoras de antes tenían todas las frases célebres en su cabeza y no en memes de Pinterest.
“¡Uy no mi hijita! De lejecitos ella”. Jajajajaja. Tendré que hacer una junta especial con mis tios y primos para acordarme de su filosofía.
A ver, díganme… ¿supieron que era cada foto que les publiqué arriba?
Aquí estan las respuestas:
Mi consejo de hoy tal vez sea que si no es necesario ver muy de cerca algo, así déjalo. Luego uno se decepciona. Mejor “de lejecitos”.
Estos tiempos de pandiemia me hicieron ver Netflix más que nunca. No sólo Netflix sino todas las aplicaciones de televisión que hay: Hulu, Peacock, Disney+, HBO Max, etc.
La televisión en vivo casi no la veo ya, y mucho menos he tenido tiempo de ver canales de televisión mexicana, (aunque les confieso que a veces extraño esos programas tan llenos de nada y tan nulos pero que me hacían reír).
Series, películas y más series. Mexicanas, americanas, españolas y colombianas. Siempre hay algo que ver en estas aplicaciones. A toda hora, en cualquier episodio, puedes retomar la historia de cada una.
Con los ojos cerrados mis hijos manejan los controles, como si estuvieran en automático. Yo todavía tengo que alejar el control de mi para enfocar mi vista y ver que no le pique a otra cosa (si, ya se. Lentes).
Ahorita nos tiene muy entretenidos la serie de MODERN FAMILY y es una terapia verla en familia. Está prohibido que uno de nosotros avance en capítulos si no estamos los tres. Eso hace que sea un compromiso que disfrutamos mucho.
A veces hacemos “popcorn’, a veces una tablita de quesos y carnes frías. A veces agua y a veces vinito. La serie es tan simple que nos hace sentir muy bien cada que la vemos. Nos reímos y es comedia sana sin ser grosera.
Dentro de todo el ritual de estar viendo la serie, siempre hay alguien que dice “ponle pausa, voy al baño”, ó “ponle pausa, voy por mas vinito” y todos muy de acuerdo nos sincronizamos. Es muy chistosa la manera que se ha convertido en rutina por las noches. Apagamos celulares y no se contestan hasta que terminamos. Es la regla para estar conviviendo sin tecnología.
Al momento de poner la pausa, llego a la conclusión que puede ser el botón más importante en el control de la TV.
Tener el poder mágico de congelar el tiempo de una película para poder hacer otras cosas importantes se me hace a mi algo fantástico.
Nada de adelantarle ni regresarse en la película. No está padre regresarse a ver lo que ya viste ni tampoco está padre adelantarle a lo que va a pasar porque te puedes perder detalles que definan el final.
Lo más importante es ponerle pausa.
Se le pone en pausa cuando no hay nada crítico. Es decir, no le vamos a poner pausa a un episodio donde se hizo una pregunta importante. Vamos a esperar a ponerle pausa cuando esté la escena cambiando sin nada importante que ver.
Pausa.
Yo quisiera un botón de pausa en la vida real.
El botón de regresarme en la vida lo usaría para revivir momentos que me llenaron de felicidad y volver a sentir lo que sentí en su momento. (No la volvería empezar de nuevo, sólo me iría a los momentos bonitos).
El botón de adelantarle no me gustaría usarlo para mi vida. Imagínate ver tu futuro y que no sea lo que piensas que va a ser. ¡Qué chafa! Me espero a que pase en vida real mejor.
Pero ese botón de PAUSA. Poder detener el tiempo en cualquier momento y situación. Cuando sale un imprevisto poder ponerlo en pausa para analizar la manera que lo vas a resolver.
Pausa a esos momentos bonitos donde quieres ver detenidamente los detalles de una escena en tu vida. Esos momentos de la vida que no quieres que acaben.
Pausa para respirar. Servirte más vinito para seguirle.
Piensa en uno de los momentos más bonitos de tu vida. Un momento en el que hayas sido feliz en todo, donde te sientes pleno, te sientes volar. Un momento profesional, emocional, personal.
Ahora ponle pausa a ese momento. ¿A poco no es como una sensación de que esa felicidad se prolonga?
La puedes admirar a detalle.
Ahora bien, en vida real y presente, imagina que tienes un problema que te agarra fuera de base (como se dice en el beisbol). Que padre sería poner pausa para organizar los sentimientos y pensar adecuadamente para la solución del mismo.
Ultimamente despierto con la necesidad de encontrarle pausa a mi día para organizarme.
Lo peligroso es que si dejas mucho presionada la PAUSA, automáticamente se apaga la aplicación ó continúa con ó sin ti la película.
Mariana Eres caminaba por el muelle. La brisa salada rizaba sus cabellos. Ese viento en su cara y la emoción de poder irse a ver el atardecer sola en un yate rentado le provocaban una sonrisa medio pícara y contagiosa.
Cansada, estresada y presionada había tenido la audacia de decidir navegar sola, aunque fuera por una tarde.
No iba lejos, solo alrededor de la bahía y siempre supervisada con un GPS que la orientaría desde la torre de control en el puerto de la ciudad.
Un delicioso chardonnay estaba ya puesto en hielos y ella llegaba al pequeño yate, no lujoso ni ostentoso pero lo suficiente para llevarla y perderla por una sola tarde.
Ese yate significaba tanto para ella. Era un escape a una realidad aunque fuera por sólo un momento.
Las clases de navegación que había tomado a escondidas (para evitar críticas) por fin iban a probarse.
“No debo de beber y conducir este barquito“, pensaba Mariana en lo que se servía una copa y se dirigía hacia el timón para salir.
Cuerdas sueltas, velas puestas, yate encendido… Mariana se iba alejando poco a poco de la tierra.
Mariana, alta y espigada con la cara hacia enfrente, dominaba el gran Pacífico. El viento estaba más fresco y cada vez se veía menos la tierra.
Mariana ya no estaba en la bahía y no estaba ya tan cerca pero la señal de la navegación aún indicaba que se encontraba en territorio seguro y fácil.
El chardonnay fresco tocaba sus labios y ella disfrutaba cada sorbo lentamente.
Encontró un espacio lejos de toda tierra, en medio de las aguas y detuvo el yate.
Su celular estaba apagado porque no quería enterarse de nada ni de nadie.
Eran Mariana y el mar.. y ese vinito que ya le cosquillaba la cabeza.
En sus grandes ojos se podía ver el resplandor que el sol obsequiaba ese atardecer. Era todo un espectáculo ver el sol ser tragado por la inmensidad del mar.
Con el cielo en tonos morados y la marea un poco picada, Mariana cerraba sus ojos y se dejaba mecer en el yate.
El frío, el silencio y la melodía de las olas la llevaron a un estado de relajación profundo.
“Voy a cerrar los ojos un ratito más“, se decía así misma mientras el yate encendía en automático sus luces.
Mariana se dejaba llevar por esa tranquilidad en falso ya que la rodeaban aguas peligrosas y la oscuridad que no se hacía esperar.
Mariana se dormía profundamente…
Un dolor en la espalda como cuchillos la despertaron. El ruido violento de láminas la confundían. No veía nada. Sólo sentía frío y dolor en su cuerpo.
“Choqué. Estoy en el mar, atrapada“, medio pensaba en lo que reaccionaba despues de un mal giro que dió el yate en medio del mar.
No quiso averiguar con qué había chocado pero tenía que pedir ayuda antes de que el barco se hundiera.
En un momento su paz y tranquilidad se esfumaron. Mariana se había confiado de un yate y había violado dos reglas importantes de la navegación: No ir solo y no distraerse.
El viento no la estaba ayudando. Mariana estaba ya en el agua y no podía accesar al kit de emergencias para pedir ayuda.
Algo jalaba a Mariana desde abajo. Sus zapatos estaban atorados en algo y ella sentía que una fuerza la hundía.
Mariana comenzó a nadar, a patalear y manotear para mantenerse a flote.
“¡No me puedo ahogar!“, gritaba como si la escuchara alguien.
Tenía esa presentación importante en el trabajo. Había que llevar a los niños a los partidos esta semana. Mañana era el cumpleaños de la comadre y ella llevaría el pastel. Los pagos de la casa no estaban en automático y ella tenía que pagarlos. El nunca le regresó la llamada despues de aquella noche. Tenía que ir por los resultados del diagnóstico de ese quiste en su brazo izquierdo. El fin de semana llegaba toda la familia a festejar el inicio del verano. El periódico la estaba esperando con el artículo de los problemas de los migrantes. No le había pedido perdón a una amiga que ofendió sin querer. Ya iba a comenzar su membresía en el gimnasio. La vida la esperaba. Mariana no se podía ahogar.
El cansancio ya era mucho y ella sabía que iba a perder la batalla contra el mar que se la quería tragar.
Mariana comenzaba a hundirse y ya no alcanzaba a agarrar aire. Luchaba y luchaba. Pataleaba y movía los brazos para nadar pero era todo en vano.
Mariana sabía que tal vez esto era su final.
Pero una voz dentro de ella le decía “Mariana, flota. Deja de luchar contra la corriente. Déjate ir. Flota, Mariana“.
Mariana se rendía sin fuerzas. Mariana dejó de forzar su cuerpo a nadar. Mariana soltó lo que no podía controlar.
Y Mariana flotó…
Mariana al dejar de luchar contra toda la corriente, se pudo calmar y su cuerpo subió a la superficie.
Mariana agarraba aire de nuevo.
Ella aprendió, casi de inmediato y porque no tuvo otra alternativa, a flotar en medio de la tempestad.
“Mariana, ¡flota!“, se escuchaban ya unas voces con unas luces que venían a rescatarla.
Para el mundo, Mariana había luchado solo unos minutos.
Para Mariana, la lucha contra la corriente del mar fue equivalente a toda una vida tratando de estar a flote.
Mariana esa noche aprendió a flotar, soltando lo que no podía controlar.
Me dió gusto platicarles otro cuento de Mariana Eres, mi personaje ficticio favorito. Porque al final del día, todos somos MARIANA ERES.
Si el león es el rey de la selva, ¿cómo puede ser el rey de la selva si no es el más grande? El elefante es el más grande . Tampoco el león es el más veloz, porque ese es el cheetah (leopardo cazador). Tampoco es el más inteligente. Ahora bien, si no es el más grande, más rápido ni más inteligente, ¿cómo es que el león es el rey?
La respuesta es: su mentalidad.
El león se sabe rey aunque lo rodeen miles de hienas porque el sabe de su poder.
¿Qué pasa si somos unas gacelas?
A las gacelas se les empuja, se les mueve, se les dicta que hacer. La gacela corre si el león va detrás de ellas porque si se detiene, se convierte en la cena del león.
Si a la gacela no la corretean, esa gacela deja de moverse, deja de correr y se queda en el mismo lugar.
En cambio el león siempre se está moviendo porque sabe que tienen que hacerlo por la familia entera de la selva.
El león se mueve porque su mentalidad le dicta que avance.
Si hay algo que nos enseña la naturaleza es que los felinos no solo cazan para comer. Cazan porque les gusta hacerlo.
Les gusta ver a una gacela despistada en medio de la sabana africana. Se emocionan y casi creo que pueden pensar “hmmm, esa mera”.
Disfrutan ir despacio entre el matorral en silencio y escondiendo su cuerpo para no ser detectado por la gacela. Sabe el león que se tiene que acercar lo más que puede.
Al león le encanta arrancarse detrás de la gacela que no tiene ni idea que pasa pero sabe que si no corre ya valió.
En resumidas cuentas con lo escrito arriba, al león le gusta el proceso casi más que el resultado.
Nosotros, como seres humanos, a veces nomás queremos que se nos entrega en charola de plata ya servida esa gacela sin tener que cazarla.
Queremos el premio sin pasar por el proceso. Queremos ganar sin participar. Queremos sacarnos la Lotto sin comprar boleto.
No nos gusta el proceso. No nos gusta esa disciplina de tener una meta, de ver los caminos a llegar a ese premio y no nos gusta correr. No lo disfrutamos.
Tenemos que enamorarnos del proceso y las herramientas para llegar a ese premio.
Un verdadero ganador no solo quiere el premio sino que quiere disfrutar la manera en que lo obtiene.
Debemos enamorarnos del proceso sin que nos importe los tiempos en los que lo logramos. Eso sí, no debemos parar hasta conseguir ese premio, meta ó esa gacela.
Tenemos que ser leones en nuestra manera de vivir. Como estudiante, como empresario, como persona….. ser ese león.
Pero tenemos que creernos leones. Dejar de ser esas gacelitas que ven la vida pasar comiendo zacate y esperando a un día tener que correr por nuestras vidas porque los leones de nuestra sociedad nos van a acabar.
Leones. Cazadores. Reyes de la Selva.
Seamos los que controlan lo que hacemos, ignorando críticas (aunque sean constructivas). Un león no anda pidiendo consejos ni opiniones de lo que hace.
El león se levanta con una meta y la logra.
Los leones duermen 20 horas al día lo que nos indica que esas 4 horas restantes las aprovecha al máximo con la mentalidad de que no va a perder tiempo y todo le va a salir bien.
Indestructible, temido y respetado por su actitud y seguridad. (Nada tiene que ver el poder del león con la inteligencia, rapidez, grandeza ni mucho menos la suerte).
(Post data: las cazadoras somos las leonas -hembras-. Los leones protegen a la familia de los enemigos. Trabajo en equipo entre leones. El más sólido que hay).
Cumplí 49 y aunque ya los comienzo a ver y sentir, agradezco a Dios poder llegar a esta edad.
Quiero agradecerle, muy en especial, por mi cuerpo. Pobrecito mi cuerpo. Tanto que lo maltrato.
No le doy de comer a veces porque quiero que esté flaco. Lo insulto cuando no me veo bien en el espejo (según mis estándares de belleza). Le doy vitaminas y tés de especias para hacerlo bello y solo lo dejo indispuesto. A veces hasta lo intoxico con recetas de TikTok que no sirven.
No lo cuido como debería y me quejo de el mucho, últimamente. Que si la espalda, que los pies cuando me pongo tacones, que mis hombros, que mi cintura cada vez menos marcada.
Me enoja no rendir igual en el gimnasio y que me falte el aire cuando subo muy de prisa con las bolsas del mandado hasta el tercer piso de mi edificio.
Soy una malagradecida porque este cuerpo me ha mantenido sana en esta pandemia. No me ha fallado. Tanto que lo insulto y se ha portado a la altura protegiéndome y funcionando como una máquina perfecta para cuidarme de no enfermarme del Covid19.
Ahorita lo tengo que premiar con cuidados que hace mucho no le doy por falta de ganas, quizá por falta de energía y a lo mejor una ligera depresión por tantas cosas que pasan en mi cabeza.
Así que, públicamente quiero pedirle perdón a mi cuerpo. Perdón por no agradecerle el ser tan sano para que yo pueda disfrutar de mi vida. Espero que siga fuerte por muchos años más.
49. Híjole. No me da miedo decir mi edad. Me da miedo la edad 49 en especial.
Verán, esa edad me da miedo desde 1995.
Mi papá, a sus 49 años y 10 meses de vida se muere de un infarto fulminante en abril de 1995.
Sí, fue doloroso todo, pero les confieso que algo que nunca pude superar fue la edad a la que murió. No murió en accidente ni se suicidó ni fue asesinado. Murió porque hasta esa edad dejó de latir su corazón.
Mi tío Richie Montiel, esposo de la hermana de mi mamá (Tía Norma), a sus 49 años y 10 meses se muere de cáncer en noviembre de 1995.
De esas casualidades de la vida que te hacen pensar y tener mucho miedo.
49. Mi papá y mi tío murieron a mi edad y eso me llena de un sentimiento muy extraño. No vayan a pensar que estoy sientiendo algo, alguna premonición ni veo lo que el futuro tiene para mí, pero simplemente no me gusta tener esta edad.
Así que, quiero mejor tener 48 años y 12 meses.. y luego 48 años y 13 meses hasta llegar a los 50.
Quizá pueda entender un poco el stress que vivía mi papá y mi tío a esta edad. Lo veo porque me doy cuenta como está el mundo laboral, lo que es tener que pensar que negocio hacer para sacar adelante no solo a los hijos sino ahorrar para un futuro.
Entiendo que a esta edad te sientes joven y no te cuidas como deberías. Es por eso que es tan peligrosa. Las mujeres comenzamos otra vez a sentir todas la loquera de hormonas preparando nuestros cuerpos para otra etapa no muy lejana.
Dejamos de dormir, es más fácil tomarte una cheve que un jugo natural, y comes lo que hay sin pensar en una dieta para estar sanos.
El stress que los hijos causan (sin querer) es inevitable. Quieres lo mejor para ellos y por eso se nos olvida cuidarnos por cuidar de ellos. Si ellos están bien, tu estás bien. (Aunque la ciencia y la sociedad nos dicta que es al revés. Una mamá/papá que están sanos y contentos automáticamente ayuda para que los hijos estén bien.)
En la numerología significa estabilidad, trabajo y progreso. Es símbolo de continuidad y de persistencia.
En la religión judía representa el nivel más alto de espiritualidad en los humanos. (El nivel 50 ya es de Dios)
Hmmm. A lo mejor tengo que darle una oportunidad a estos 48 años con 12 meses.
Así que si me oyen decir que tengo 48 con 15 meses, recuerden que es por ese estigma del 49 y no porque me quiera quitar la edad.
No creo en eso de quitarme la edad. Es más, mi tío Ariel me descubriría adrede y mis tantos amigos y familia que nacieron en 1972 tambien.
Así que espero que me acompañen en este nuevo año para mi y me lean cada semana para asegurarse que hubo blog como siempre y que los 48 años y 12 meses lleguen rápido en un año lleno de logros personales y profesionales. (Mi deseo al soplar las velitas)
Gracias de nuevo por seguirme leyendo.
Hoy les confesé un secreto muy mío. Me lo guardan pues.
Cerré los ojos. No supe exactamente en que momento, pero estaba consciente de que los cerraba.
Los cerré y apagué mis sentidos. No puedo explicarlo, pero me desconecté.
Dejé de oír, de sentir, de estar.
Era una paz tan profunda. Solté todo el cuerpo.
Por primera vez en mucho tiempo (quizá años) yo cerré los ojos.
No sé si fue el cansancio físico, emocional ó mental lo que hizo que me detuviera.
Cerré los ojos y no tuve miedos ni preocupaciones.
Cerré los ojos y nada importaba. Todos los ruidos ambientales y de la gente a mi alrededor no existían.
Cerré los ojos y estoy segura que cerré todo a mi alrededor.
No sentía miedo ni tristeza ni angustia. Solo cerré mis ojos.
Me quedé dormida en un sofá, semi-sentada en medio de todos.
Cerré mis ojos y me regalé una siesta de unos cuantos minutos que, sin saberlo, mi cuerpo me pedía a gritos.
Los que me conocen saben que mi sueño es ligero y que cualquier ruido, luz ó movimiento me hace despertar. Todas las noches me duermo como “de a mentiritas”.
Pero esta tarde fue diferente.
Cerré los ojos superando cualquier ruido y obstáculo.
Los cerré aún con ruidos de mis sobrinos y mis hijos platicando.
Los cerré con los dos perritos encima de mi.
No sentí nada.
Fue una ‘power nap’, una pausa en mí muy necesaria.
No se porque me pasó esto pero lo disfruté.
Pude despegarme de mis actividades, de contestar recaditos, de agendar citas, de pensar en mis hijos, en la casa, en mi.
Cerré los ojos y me gustó no sentir nada. No podía abrirlos. Es más, no quería hacerlo.
Creo que fueron unos 12 minutos los que estuve totalmente dormida.
Al abrirlos exclamé, “Creo que me dormí”.
Nunca había descansado así de esa manera.
Al abrirlos me sentí nueva, llena de pilas para seguirle en el día.
No entendí porque estuvo tan perfecta la siesta en tan poquitos minutos.
Es cuando comprendí lo de “No importa la cantidad sino la calidad”.
Nos enfocamos siempre en la cantidad mensurable que olvidamos que lo que importa realmente es la calidad. (Aplica a todo lo que hacemos).
Esa cerrada de ojos me hizo ver aunque me contradiga en esta frase.
Me hizo apreciar la calidad y no la cantidad.
Me puso a pensar que debo de aplicar eso en todo lo que me rodea.
Preferible tener pocos amigos pero fieles.
Es mejor tener poca familia pero sincera.
En el trabajo, prefiero tener 3 buenos clientes a 30 que no me harán avanzar.
Cerré los ojos y llegó un momento en que no los quise volver a abrir.
Me sentía tan a gusto.
“Ya estoy vieja”, pensaba cuando me levantaba de ese sofá despues de mi ‘power nap’.
Tal vez.
O realmente estoy joven aún pero con muchas ganas de cerrar los ojos momentáneamente, con calidad, para reponer esa energía que se me escapa en el día a día.
Cerré los ojos y me sentí muy bien.
No se cuando mi cuerpo vuelva a regalarme una siesta igual. De todos modos le voy a echar ganas para tener de nuevo una experiencia así.
Cerraré los ojos pero esta vez quiero soñar con lucidez para así descansar dentro de una fantasía.
Por fin, despues de estar cerrado por más de 400 días, el parque de Disneyland abrió sus puertas. Bueno, parcialmente.
Fue una experiencia totalmente diferente a las que he tenido en este parque de diversiones. No sólo por llevar en silla de ruedas a mi hijo (se fracturó su pie), sino por todas las restricciones y nuevas reglas por la pandemia.
(Hago un paréntesis para felicitar de nuevo a THE WALT DISNEY COMPANY por su manera tan incluyente de tener diseñado sus parques para que personas con sillas de rueda puedan trasladarse y disfrutar todo el parque. Lo único que les reclamo es el estacionamiento LEJISIMOS del parque sin el tren que te traslada y que no me quisieron rentar la silla de ruedas eléctrica porque el Coco mi hijo no cumple 18 hasta Mayo 22. Muy buen ejercicio el que hice ese sábado).
Las reservaciones para ir a Disneyland las hizo mi hija en abril, a finales, en cuanto se abrieron los horarios del 2021 exclusivamente para residentes de California.
Unas semanas despues, ya a 3 días de ir a Disney despues de tanto tiempo, el Coco mi hijo se fractura el pie. Ni modo, sin dejar que nada nos detuviera, nos fuimos el sábado 15 de Mayo a las 6am a Disneyland en Anaheim.
A gusto, sin tráfico, íbamos por el I-5 Norte (vivimos a 98 millas de Disneyland).
“A las meras 7am abren las reservaciones para RISE OF THE RESISTANCE”, me explicaba Luisa Fda mientras íbamos pasando por San Clemente y pasando la immigración (como los Tigres del Norte, jeje).
“No entiendo. ¿Cómo que reservar? ¿Reservar qué?”. La verdad estaba en la ignorancia total y eso que me considero fan de Disney desde siempre.
Me explicaban mis hijos acerca del App que tienes que bajar en tu teléfono para hacer todo lo que se tiene que hacer en Disneyland.
Comenzaban mis preguntas pero a las 6:59am me callaron y todos listos para que Luisa Fda en su app del celular pudiera reservar un lugar y hora para podernos subir al nuevo RISE OF THE RESISTANCE, el juego nuevo de Star Wars.
A las meras 7:00 am le picó al botón para reservar y una leyenda en el teléfono decía:
“FULLY BOOKED. SORRY”. (En milésimas de segundos se acabaron los lugares).
No podía creer que Disney fuera capaz de hacer esto. Hacerte pagar un boleto sin garantizar que te pudieras subir a la nueva atracción.
“¿Y luego?”, les pregunté a mis hijos.
Nos medio entristecimos con esto porque era a lo que ibamos. A conocer RISE OF THE RESISTANCE.
Me explicaron que abren de nuevo reservaciones a las 12:00pm y que donde estuvieramos en el parque tendríamos que reservar.
Bajamos el app de Disney en todos los teléfonos y ligamos los boletos a la cuenta.
Llegamos a las 7:45 am al estacionamiento (que queda lejísimos de la entrada al parque) y es caminar bastante. Lo bueno es que pudimos rentar desde el estacionamiento la silla de ruedas para Nicolás.
En cuanto abrieron, 9:00am en punto, comenzamos la aventura en Disneyland.
foto cortesía de Luisa Fernanda Andreu
Igual de lindo, el castillo pintado y remodelado un poco y los empleados “cast members” con ese peculiar trato especial a todos.
Me gustaba revisar el app en mi cel. porque te va diciendo cuanta fila hay en cada juego.
“Ya reservé lugar en Indiana Jones a la 1:30pm”, me dijo mi hija. (Me tocó ver a varias personas llegar a la fila sin reservación, como siempre se ha hecho, y sus caras decepcionadas cuando les dicen que ya no hay reservaciones. Muy mal eso).
El andar con alguien en silla de ruedas ya no es lo mismo en Disney. Antes, cuando Luisa Fda estaba con el tobillo torcido, tambien fuimos en silla de ruedas y eramos los primeros en entrar a los juegos.
Con el tiempo, la gente fue abusando y rentaban las sillas de ruedas nomas para no hacer filas. Conozco gente cercana que eso hacía ó hace. Sólo espero que nunca les pase un accidente y tengan ahora si que usar silla de ruedas. Con eso no se juega pero cada quien.
Ahora, con la silla de ruedas, te dan una hora para volver tipo (Fast Pass).
“¿A qué hora van a querer comer y dónde?”, me preguntaba mi hija.
Tambien la comida se ordena por medio del app y tu escoges el horario para ir por ella.
Era un maneje de tiempos y distancias (con la silla de ruedas no era fácil correr de un lado a otro para alcanzar los tiempos reservados).
Nos habíamos ya subido a varios juegos cuando vemos que son las 11:50am. Se acercaba la hora de la segunda posibilidad de reservar RISE OF THE RESISTANCE.
Estábamos en FANTASYLAND, el área mas típica de Disneyland y pude notar una tensión en la gente. Era poca gente (capacidad al 20-25%) pero de todos modos éramos bastantes.
Había en el parque una ‘pausa’ en el ambiente y todos los de a mi alrededor estaban en bola, viendo sus celulares, con el app en la opción de reservar RISE OF THE RESISTANCE.
Los tres nos ‘estacionamos’ saliendo del baño frente al DUMBO con los celulares en las manos para tener 3 oportunidades de reservar.
A las 11:59 se escuchaba silencio. Era una sensación tan rara. Se dan las 12 de medio día y le pico al botón de mi celular para reservar. No podía porque el celular como que ‘refrescó’ la memoria y me asusté. Mi hijo haciendo lo mismo cuando escuchamos un “Woohooooo!” de Luisa Fda. Nuestras pantallas decían “Ya tienes reservación. Vete al juego en 240 minutos”.
Se escuchaban aplausos y gritos de júbilos de varios a mi alrededor. Otros tantos con cara de tristeza por no haber conseguido reservación para el juego.
240 minutos. 6 horas, así que sabíamos que de 12 a 6 podíamos seguir haciendo muchas cosas mas. Decidimos comer a las 3pm en FRENCH MARKET porque a las 2pm nos subiríamos a los Piratas del Caribe y a las 3:35pm a Splash Mountain.
A la 1 nos sacaron de Indiana Jones porque algo pasó y nos citaron a las 4:00 para volvernos a subir. A las 4:45pm teníamos la cita en Big Thunder Mountain y a las 5 ya estábamos dirigiéndonos hacia Star Wars Galaxy Edge, lo nuevo de Disneyland que abrieron el año pasado antes de la pandemia y hasta ahora pudimos conocer.
Se nos llegó la hora de subirnos a RISE OF THE RESISTANCE y no tengo palabras para describirlo. No puedo decirles más porque de verdad es algo que deben de experimentar. Con razón es la locura conseguir reservación, pero Disney debe de encontrar otra manera para que todos los que visiten el parque tengan la oportunidad de subirse. No se vale que todos paguen la misma cantidad por entrar al parque y solo unos pocos consigan reservación. Se me hizo injusto, aunque nosotros hayamos corrido con suerte, para los demás. Me pongo a pensar en los que viajaron de lejos, ahorraron para poder ir y que al llegar no puedan conocer lo nuevo. No sé, a lo mejor ando muy melodramática pero para $154dlls la entrada, todos merecen subirse a ese juego. (Mi opinión muy personal)
“¿Se te irá antojar un pipo a las 8pm para reservarlo?”, me preguntaban mis hijos. Ibamos con la intención de subirnos a RISE OF THE RESISTANCE y cenarnos un PIPO (corndog) en la noche. Jajajaja.
“Ay, no se, pero pídelo pues. Ya para esa hora a lo mejor traemos hambre”, les dije.
Disneyland 2021 fue una experiencia totalmente diferente, única. Empujar una silla de ruedas con el Coco arriba por 12 horas y con el cubrebocas me hace merecedora de un premio, jajaja. Eramos todo un espectáculo. Y un aplauso a mi hija Luisa Fda que le tocó andar corriendo de juego en juego consiguiendo reservaciones.
Me han escrito para preguntarme muchas cosas acerca de la visita a Disneyland. Les paso unos tips:
Es muy importante bajar el app en sus celulares, la verdad sin esto no la van a hacer.
Tienen que planear bien el día para que los horarios no se empalmen.
Lleven buen celular con buen internet
Lleven cargadores extras (pilas cargadas) para que no se queden sin celular
No esperen abrazar a Mickey. Todos los personajes los puedes ver de lejos nada mas.
No hay cohetes (sniff, lo que más me gusta) ni desfiles para evitar que se amontone la gente
Estaba cerrado Jungle Cruise y Matterhorn (a este último si me quería subir)
No porque sea 25 % de capacidad es porque no habrá filas. Tambien los juegos son a 25% de capacidad así que es la misma.
Despues del 15 de junio, Disneyland en California abre para todos. Estudien bien el app para que aprovechen todo.
A pesar de tantos cambios, de llevar al Coco con muletas y silla de ruedas, de tener que reservar todo el día y coordinar los tiempos, los 3 estuvimos felices y emocionados y si me invitan mañana, con gusto vuelvo a ir. Sin pensarlo.
“La motivación es lo más importante”, nos dicen los Coach de Vida.
Coach de vida. Conozco a muchos. Unos mejores que otros pero al final todos con la intención de enseñarnos a reconectarnos con nuestro más íntimo YO y ver como logramos motivarnos para salir adelante.
Basta abrir cualquier red social para leer una frase motivadora para que nos de esa fuerza de seguir adelante.
“La vida es una, vívela”, nos grita la pantalla del computador cuando abrimos PINTEREST.
Todos tratamos de ser positivos, de siempre verle el lado amable a las cosas, de estar motivados a seguir adelante a pesar de tener muchos motivos para rendirse.
Supongamos que todos estamos motivados por algo. Pueden ser tantas cosas las que nos motiven. Es más, sobran las motivaciones.
Si todos estamos motivados, con la idea clara de lo que queremos y sabemos como lo tenemos que lograr, ¿porqué entonces a veces nos sentimos derrotados, desganados y con intenciones de rendirnos?
La respuesta es sencilla: No tenemos la disciplina para seguir el plan.
Se los explico en el siguiente ejemplo para que visualicen:
Mary compró un bikini, de esos muy pequeñitos donde apenas le va a cubrir lo que debe cubrir. Ella sabe que ahorita no le queda bien porque la pandemia la hizo subir unos kilos. Mary está motivada porque se quiere poner ese bikini en el verano. Ella tiene el plan alimenticio que le dió su nutrióloga y tiene tambien esa membresía del gym para combinar unas rutinas y bajar ese peso.
Anita supo que Mary compró un bikini y se le hizo muy padre hacer lo mismo. “Así nos motivamos las dos”, convencía Anita a Mary cuando le platicó el plan.
Las dos amigas motivadas comenzaron muy bien. Anita un día no fue al gym porque tuvo trabajo a deshoras. Mary no fallaba al gym y cuando no comía lo debido, duplicaba su tiempo en el gimnasio. Anita fallaba seguido y las comidas de negocios interrumpían su dieta. Tenía días que se abstenía de comer totalmente para recompensar sus fallas en dieta y rutina de ejercicios.
Mary en las comidas de negocios se cuidaba y si no podía, buscaba la manera de hacer más ejercicio para quemar las calorías extras.
Anita no bajaba nada aún cuando duraba días sin comer. Mary iba bien, comenzaba a notarse su esfuerzo, dedicación y disciplina.
Tal vez muy nulo el ejemplo pero fue lo único que se me ocurrió para transmitir lo que yo visualizo cuando me dicen que la falta de motivación lleva al fracaso. Yo digo que es la falta de disciplina lo que no nos permite avanzar.
Por más que deseamos algo, queremos lograr algo y estamos totalmente motivados, si no tenemos una disciplina para lograrlo, vamos a fracasar.
Anita nunca se desmotivó. Se sentía con todas las ganas de lograr su objetivo. No es que Anita la tuvo más difícil. Es que Mary supo como esquivar las trabas para no descarrilarse de su plan a lograr el objetivo. Su disciplina fue más fuerte que su motivación.
Ahora bien, ¿qué pasa si somos muy disciplinados y hacemos las cosas bien en algo que no nos gusta hacer?
A lo largo de mi vida he conocido personas tan disciplinadas, tan metódicas que hacen todo perfecto en su area de trabajo. Nunca se equivocan, lo hacen “con los ojos cerrados”.
Esas personas, aún disciplinadas, carecen de motivación porque están en un lugar diferente al de sus sueños. Yo he sido de esas personas muchas veces en muchas ocasiones. Estoy haciendo las cosas muy bien pero no tengo motivación para hacerlo. Me da lo mismo.
Esto tambien lleva al fracaso de los proyectos. Nadie quiere dedicarse a algo que no le gusta hacer.
¿Cuántas veces has tenido un trabajo/proyecto que no te gusta, te cansa pero tienes obligaciones que cumplir y no hay más? Seguir allí te hace disciplinado para poder cubrir los gastos que con ese trabajo logras pagar. Pero no estas motivado y cualquier rato truenas. Pasa y con justa razón.
No podemos avanzar si no balanceamos motivación con disciplina.
Dejemos de decir “Ay, mañana lo hago” y hagamos una lista de pendientes para llegar a un objetivo. La satisfacción de ir tachando la lista es motivación suficiente para seguirle.
Ponte metas diarias, semanales y mensuales. Paso a paso. Día a día. Motívate a que hoy sea mejor que ayer. Al principio se siente como si fuera mucho trabajo pero despues de unos días, la disciplina es espontánea y natural.
Así que ya saben. Háganle caso a sus coach de vidas y tambien a sus mentores que siempre tienen todas las herramientas para disciplinarte fácilmente.
¿Cuántas veces nos hemos lamentado que algo no se nos cumple?
Cuestionamos todo sobre el porqué algo no se va a hacer. Nos enojamos a veces, dudamos de nuestra fe, de nuestra capacidad y nos sentimos rechazados.
La vida está llena de oportunidades. Están al alcance de cada uno de nosotros. Si no las tomamos, es porque no nos atrevemos y mejor decimos que ‘no hemos tenido oportunidad’.
Estoy segura que ahora que me lees, se te viene a la mente una oportunidad que la puedes ver en frente de ti pero no te atreves a tomarla, por miedo a que sea realidad ó miedo a levantar expectativas.
Supongamos que las oportunidades en nuestra vida son representadas por puertas. Como todos sabemos, una puerta puede ser una ‘apertura’ hacia algo. La puerta para entrar a ese nuevo negocio. La puerta para decirle que SI a esa persona especial, la puerta para tener el valor de pedir un aumento de sueldo.
Siempre que pensamos en PUERTA, pensamos en entrar. Pero una puerta tambien puede ser usada para SALIR, ESCAPAR, dejar ir la oportunidad si ya la habías tomado.
Quizá eso es lo mágico de ellas, que son portales para poder ir en cualquier dirección, ya sea para adentro ó para afuera.
En mi depa, solo tengo una puerta. Me llama la atención lo que siento cuando entro y cuando salgo por ella.
Es totalmente diferente mi sentir.
Al entrar, tengo que sacar la llave y abrir. A veces batallo porque la llave está hasta el fondo de mi bolsa y traigo otras cosas cargando. Es muy difícil entrar aún teniendo la llave para abrir.
Sin embargo, cuando salgo, todo es diferente. Voy haciendo un recuento de lo que llevo puesto, mis lentes, mi bolsa con celular, las llaves del carro y las llaves de la casa. Reviso de reojo si tiene agua y comida la Kiara y me salgo con esa seguridad que la puerta se cierra sola. Realmente es mucho más fácil salir de mi casa que entrar lo cual me hace sentir que vivo en un lugar seguro.
Estos días he tenido varias puertas frente a mi. Las tengo cerca, a mi alcance. Es más, las tengo catalogadas de acuerdo a la importancia que tiene cada una. Es que cada puerta abre cosas diferentes.
Para unas tengo la llave y sólo es cuestión que las abra.
Otras puertas están ya semi-abiertas y puedo ver un poco lo que hay dentro. Pero siento que al entrar se cierran y me sería difícil salirme.
Y hay otras puertas, que la verdad ya estaba encariñada con ellas, ya las había abierto y hasta había entrado a ver lo que tenían dentro. Tenía todo un sistema de como entrar y salir sin problemas, pero cuando menos lo pensé, esa puerta se cerró (conmigo fuera) y he perdido la llave porque no la necesitaba ya.
Mi intuición me dicta que inconcientemente uno se sale y la cierra tirando la llave para no volver a entrar. Yo estoy comenzando a creer que uno tiene esa capacidad mental de cerrar puertas inconcientemente aunque nos duela hacerlo.
Y luego están esas puertas que deseamos abrir pero no tenemos ni idea como hacerle. Puertas que para nosotros abren el paso a lo que nos hace feliz. Puertas especiales con una combinación de candados que pareciera imposible de abrir.
Y queremos entrar. Nos morimos por entrar a esa puerta. Pero no hay llave. Perdemos tiempo pensando en esa puerta y en entrar.
No nos damos cuenta que se comienzan a abrir mil puertas más para nosotros. Se nos pasan esas oportunidades por estar siempre aferrados a puertas que quizá nunca se abran.
Muchas veces me pregunto si los seres humanos somos adictos a los imposibles. ¿Será que lo difícil de obtener es lo que más deseamos? Tal vez sí.
Hay un dicho que una vez leí “Si todos lo pueden obtener, entonces yo ya no lo quiero”.
A lo mejor por eso dejamos pasar oportunidades y nos enfocamos en abrir esa puerta sin ni siquiera saber si es lo que nos conviene.
Así que, en cada puerta que entres, ten la seguridad de salirte cuando ya no quieras estar allí. Asegúrate de cerrarla pero nunca tires la llave. Uno nunca sabe cuando se tendrá que volver a entrar.